Escribe:
Sonia Obregon
El
Ministerio de Cultura declaró Patrimonio Cultural de la Nación a los
conocimientos, saberes y técnicas relacionados a la construcción de putucos en
los distritos de Taraco, en la provincia de Huancané; y Samán y Arapa, en la
provincia de Azángaro, departamento de Puno, transmitidos de generación en
generación.
En los
distritos de Taraco, provincia de Huancané, y de Samán y Arapa, provincia de
Azángaro, los pobladores del altiplano son herederos de un sistema de
construcción ancestral denominado putucos. Aquí te explicamos en qué consiste
esta tradición puneña.
Ante el
rigor del frío en el altiplano, sus pobladores idearon un sistema constructivo
conocido como putucos, que les permitió adaptarse al medioambiente y continuar
con sus actividades ganaderas y domésticas con normalidad. Esta tradición
ancestral, recientemente declarada Patrimonio Cultural de la Nación, constituye
una original expresión de nuestra ingeniería andina.
Técnica
de construcción
Los
putucos son construcciones tradicionales elaboradas a base de barro y pasto.
Con la mezcla, denominada champa, se arman las paredes y los techos. Según el
arquitecto e investigador Fernando Ferrucio Marussi, la champa está conformada
por bloques de tierra con raíces entrecruzadas de ichu y otras plantas
silvestres, como chiji o quemello.
Durante
la época más húmeda, cuando el suelo es más suave, los pobladores de Puno
extraen el material y lo dejan secar para que adquiera dureza y consistencia.
Ellos saben que el tipo de composición del suelo, mezclado con las raíces
vegetales, genera una combinación perfecta para que la mezcla adquiera
plasticidad, durabilidad y peso liviano.
Aunque
los putucos de adobe son comunes, muchos optan por los bloques de barro y
pasto, ya que es más resistente a la erosión y tiene un alto grado de
impermeabilidad. El sistema, que es propio de las provincias de Huancané y
Azángaro, tiene una base rectangular y un techo que termina en punta. Cuenta,
además, con pequeñas aberturas para la ventilación.
Uno de
los beneficios de esta tradición ancestral, que cuenta con una sola puerta baja
y angosta, es mantener el calor en una zona que se carece de recursos naturales
para construir viviendas. Desde la antigüedad, no solo ha sido considerado un
excelente hogar para las personas, sino también un espacio ideal para conservar
los víveres y refugiar al ganado.
Tradición
vigente
El primer
paso para construir un putuco es preparar el terreno, nivelándolo si es
necesario. Luego, continúa el proceso de trazado, en el que se establecen las
dimensiones de los cuatro lados de la base, que tienen forma de cuadrado o
rectángulo. Cuando el muro está listo se agregan refuerzos de madera que
permiten edificar el techo de forma cónica o piramidal.
Aunque la
obra está a cargo de los hombres de la familia, quienes heredaron la técnica de
sus padres y abuelos, a veces se contrata el servicio de maestros expertos. El
periodo elegido para la edificación, que dura de dos a cuatro días, coincide
habitualmente con la etapa seca del año, cuando el suelo y las champas,
previamente extraídas, están secas y duras.
El
sistema ancestral forma parte de un complejo habitacional rural mayor, que
usualmente se complementa con otros putucos. Una familia puede tener varios
putucos, que serán usados como cocina, habitación y refugio de animales. Según
los recursos y los gustos de las personas, los espacios cuentan con diversos
acabados mediante el tarrajeo.
Gracias a
nuestros antepasados, los habitantes transmiten los conocimientos y las
técnicas de este sistema constructivo a las nuevas generaciones. Aunque la
palabra putuco tiene un origen lingüístico incierto, representa una tradición
ancestral que se mantiene vigente y de la cual todos somos herederos y estamos
orgullosos.
Fuente: Identidades Peruanas.
Saludos desde Oaxaca, México, donde soy colaborador (traductor) para una revista bilingüe de arquitectura vernácula--HORIZONTES. Voy a compartir los datos acerca de los putucos para ver si hagamos un articulo acerca de ellos en una edición futura. Mi correo: profesor.colibri@gmail.com. Atentamente, Mtro. Robert A. Fredericks S. - "Profesor Colibrí"
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