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sábado, 7 de septiembre de 2019

El regreso del cacique Calfucurá: actividades para repensar la historia del “líder indígena más importante del siglo XIX”


Escrito por Andrea Montalvano

En unos meses sus restos serán restituidos y un grupo de intelectuales, artistas y activistas organizaron una jornada cultural para dar visibilidad a la problemática indígena. ¿Quién fue este lonco mapuche, Jefe Supremo del Gobierno de las Salinas Grandes durante casi cuarenta años, y por qué es necesario repensar su figura?


En 1873, hace casi 150 años, murió Juan Calfucurá (en idioma mapuche: piedra azul). Fue un cacique de los pueblos indígenas de la región pampeana y de la Patagonia oriental, el Jefe Supremo del Gobierno de las Salinas Grandes durante casi cuarenta años. En palabras de la investigadora Maristella Svampa, "el líder indígena más importante del siglo XIX, sin dudas". 

Seis años después de su muerte, su tumba fue profanada por oficiales de la llamada Campaña del Desierto, comandada por Julio Argentino Roca, y su calavera terminó en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, inventariada bajo el número 241. Pero esos oscuros tiempos empiezan, de a poco, a revertirse: en los próximos meses sus restos serán restituidos.

Esto se logró gracias al activismo de diferentes organizaciones indígenas del sur argentino, entre las cuales se encuentra la Confederación Mapuche del Neuquén. Actualmente se encuentran planificando una serie de actos que serán realizados durante este año, ligada a la restitución y reparación por parte del Estado. 

Por un lado, se está debatiendo sobre el destino de los restos del líder mapuche, y por otro, se está trazando el mapa de lo que se ha denominado "la ruta del Toki", una serie de hitos a instalar en diversos puntos del Wallmapu (territorio que los mapuche históricamente habitaron), como muestra de la enorme influencia que tuvo y tiene Calfucurá en su vida de resistencia y organización de su pueblo-nación.

Uno de los puntos de esta ruta será la Ciudad de Buenos Aires, donde se ubica una comisión especial, la Comisión Intercultural Piedra Azul, formada por intelectuales y activistas que organizaron una Jornada Cultural en el hall del Teatro San Martín, el día martes 17 de septiembre, de 19 a 22 horas. Con apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo, se realizarán varias actividades. Se trata de un homenaje a este gran cacique, para sacarlo del olvido y repensar su historia. De esta forma, esos oscuros tiempos empiezan, de a poco, a revertirse.

La Comisión Intercultural Piedra Azul está compuesta por Roberto Aramayo (referente diaguita, Parlamento Plurinacional), Miram Liempe (referente mapuche y representante de los pueblos originarios en a CTA Autónoma), Nilo Cayuqueo (referente mapuche de la provincia de Buenos Aires); Silvina Ramírez (abogada, especialista en derechos indígenas), Guillermo David (curador y escritor) y Maristella Svampa (socióloga y escritora).

Junto a otros activistas políticos y artísticos que se sumaron (Diana Dowek, Graciela Hernández, Maggie de Koenigsberg, Diulio Pierri , Felipe Pigna, Daniel Santoro, Nora Cortiñas y Adolfo Pérez Esquivel), buscan difundir la tarea de restitución y dar visibilidad a la problemática indígena. Al respecto, la comisión escribió un documento titulado "La relevancia de Juan Calfucurá en la construcción de un Estado Plurinacional".



A continuación, un pequeño fragmento: "Como parte del pueblo Argentino, nosotros y nosotras, intelectualxs , artistas, academicxs, trabajadorxs de la cultura y los más de treinta pueblos originarios, reconocemos y reivindicamos la figura de Juan Calfucurá como líder del pueblo mapuche supone, ya avanzado el siglo XXI, revisar retrospectivamente la construcción de nuestro Estado, a la luz de una historia nunca terminada de narrar, aquella que incorpora la presencia ineludible de referentes que lucharon, resistieron y se convirtieron en emblemas políticos y espirituales, generando al Estado una deuda todavía pendiente con los pueblos indígenas: la construcción política de una genuina plurinacionalidad".

Alrededor de la figura se han creado muchos mitos, pero lo que sí es cierto es que ocupó un lugar predominante entre los pueblos originarios de la época previa a la Campaña del Desierto, tal es así que fue el líder de un Estado-Nación durante cuarenta años cuando Chile y Argentina aún no tenían la extensión geográfico que tienen hoy. Fue hijo del cacique Huentecurá, uno de los jefes que ayudó a José de San Martín en su cruce de los Andes y abuelo de Ceferino Namuncurá, que murió en Roma en 1905 y fue beatificado en 2007.

Calfucurá regresa hoy y golpea este presente para repensar su historia y la historia de la Argentina y de América Latina. "La aplicación de los derechos de los pueblos indígenas es una gran deuda histórica del Estado argentino", comenta Maristella Svampa.


Cronograma

19 horas | Panel sobre la significación de la figura de Calfucurá

Participan: Guillermo David, Graciela Hernández, Jorge Nahuel y Felipe Pigna

Coordina: Maristella Svampa

20:30 horas | Fragmento de la obra teatral Luna Kakana, de Patricia Casalvieri

Interpretación de la actriz Isabel Quinteros

Musicalización de Miriam García

21 horas | Palabras de artistas sobre las obras alusivas a Calfucurá

Participan: Pablo Bernasconi, maggie de Koenigsberg, Diana Dowek, Diulio Pierri y Daniel Santoro

21:15 horas | Canciones de Beatriz Pichi Malen

21:45 horas | Cierre y lectura del documento elaborado por la Comisión Intercultural Piedra Azul.

Fuente: INFOBAE - 5 de Septiembre de 2.019

lunes, 11 de diciembre de 2017

Calfucurá: El poderoso




Calfucurá -Piedra Azul, en castellano- fue el último Señor de las Pampas que negoció con gobernantes y combatió contra el ejército criollo, hasta que en su vejez fue vencido por tropas del presidente Domingo Faustino Sarmiento en la batalla de San Carlos, actualmente el partido bonaerense de Bolívar.

Según la tradición, Calfucurá nació al oeste de los Andes en Llaima, en el Ngulu Mapu; sin embargo, otra versión sitúa su nacimiento entre Pitrufquén y el lago Colico, también en el actual territorio chileno. Posiblemente entre 17603 y 1780. E incluso en una fecha tan tardía como 1790. Sería por tanto, un moluche (nguluche, “occidental”) desde el punto de vista de los mapuches asentados al este de los Andes, posiblemente huilliche o pehuenche con algo de sangre huilliche, ya que al llegar a las pampas iba acompañado precisamente de jinetes de esos grupos étnicos. Era hijo del cacique Huentecurá (piedra de arriba), nacido hacia 1730, uno de los jefes que había ayudado a José de San Martín en su cruce de los Andes.3 Tenía por hermanos a Antonio Namuncurá (pie de piedra), padre del cacique Manuel Lefiñancú, y al poderoso toqui Santiago Reuquecurá o Renquecurá (piedra que hace dos -lava de volcán-), que vivió entre 1800 y 1887, líder de numerosas tribus pehuenches, podía poner en pie de guerra más de 2.500 hombres.

Calfucurá, el soberano absoluto de su pueblo durante unos 40 años, murió de pena, rodeado por la “chusma” (mujeres), pocos años después de que reconociera que, al caer sus lanzas, estaba todo perdido para los suyos. Una de las consecuencias de la derrota fue que su tumba fuera profanada por soldados de la denominada “Campaña del Desierto” contra el indio, que encabezó Julio Argentino Roca desde 1879, y que sus huesos terminaran en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

Más allá del respeto por todos los caciques que surcaron estas tierras, los descendientes de los “antiguos” sienten por Calfucurá una admiración especial por haber sido el último gran emperador de la extensa Pampa, desde Mendoza hasta Buenos Aires.
La historia de poderío de este araucano llegado de Chile puede comenzar a contarse a partir de 1829, cuando Rosas asumió el gobierno de la provincia de Buenos Aires y dijo que negociaría con los indios pacíficos y enfrentaría a los insumisos. El entonces líder de los rebeldes era el cacique pampa Toriano, secundado por Calfucurá y su hijo Namuncurá (padre de Ceferino, “el santito de las pampas”), finalmente vencido por tropas de Rosas y de sus amigos indios borogas. Tras el fusilamiento de Toriano en Tandil, los borogas comenzaron a perseguir y matar a los vencidos y cometieron varias masacres, hasta que tres años después Calfucurá los emboscó, mató a unos mil guerreros y se llevó cautivas a todas sus mujeres.

La venganza de Calfucurá provocó un incesante avance de tropas de Rosas, que mataron uno a uno los caciques que encontraban y ese fue el momento en que “Piedra Azul” tomó el mando de todas las tribus conformando la Confederación Araucana, tras matar al cacique chileno Railef. El cuartel central del nuevo caudillo pampa fueron las tolderías de Salinas Grandes, donde, en forma inteligente, formó espías y perfeccionó su lenguaje castellano para comenzar a negociar de palabra y por escrito con Rosas (y después de la caída del Restaurador de las Leyes en la batalla de Caseros, con otros gobernantes).

Al descubrir que los nuevos gobernadores no tenían la mano dura de Rosas, pero persistían en usurpar las tierras pampas, Calfucurá lanzó una nueva campaña de grandes malones, saqueando estancias y pueblos enteros.

Mientras tanto, recibía los diarios de Buenos Aires y Paraná y se enteraba que, aprovechando la desunión nacional, podía negociar con el caudillo entrerriano Justo José Urquiza.

Tras sellar la paz con Urquiza, desconoció todo poder bonaerense y sus “conas” (guerreros) llegaron con sus “chuzas” (lanzas) hasta pocos kilómetros de la ciudad de Buenos Aires y hasta vencieron en la batalla de Sierra Chica (Olavarría) a Batolomé Mitre. Luego de Mitre fue el turno del general Hornos, quien enfrentó al poderoso ejército de Calfucurá en Tapalqué y también resultó vencido, por lo que los porteños, con la indiada a sus puertas, comenzaron a padecer el terror de ser invadidos en la propia gran ciudad.

Cuando su poderío parecía no tener límites, Calfucurá intentó una decisiva hazaña y le declaró formalmente la guerra al presidente Sarmiento. Fue su último gran error: resultó impensadamente vencido en la batalla de San Carlos y nunca más volvió a guerrear. Recluído en Salinas Grandes, Calfucurá pasó en adelante sus días inmerso en la tristeza hasta que el 4 de junio de 1873 dejó el legado de “no abandonar Carhué al huinca”, porque ese era el paso obligado hacia el centro de la Confederación, y murió.

Calfucurá fue sepultado con los honores de un gran cacique y en su tumba fueron colocados sus ponchos, sus armas, su platería y unas 20 botellas de anís y ginebra, las que fueron bebidas por sus saqueadores años después, sin que les importara el valor sagrado de esas ofrendas. El teniente Levalle fue el encargado de recolectar los huesos y las pertenencias de quien había sido el temerario dueño y señor de las pampas, las que finalmente recalaron a fines del 1800 en el museo platense.

El éxito de la Campaña del Desierto terminó dándole la razón a Calfucurá como gran estratega de la guerra contra el “huinca”: tras su muerte, Roca ordenó a su ejército ingresar por Carhué, arrasar Salinas Grandes y terminar con Choele Choel, el lugar secreto por el que la Confederación traficaba ganado a Chile.

Leyendas
En torno a la figura de Calfucurá se han tejido numerosas leyendas, incluso mientras estaba con vida. Se decía, por ejemplo, que tenía dos corazones o que tenía a su servicio a un witranallwe (jinete fantasmal) que le ayudaba en las batallas.

Según creían sus seguidores cuando Calfucurá era niño recibió una pequeña piedra cherüwfe (meteorito) de color azul de manos de un huecufu (espíritu maligno), convirtiéndolo en invencible. Fue por los años 1780 o 1790. Cuentan que apareció en el wall-mapu, una brillante luz surcando los cielos. Que una roca cayó a la tierra cerca de una aldea en Llaima, la parte occidental del país de los mapuches. Al tiempo que caía del cielo se oía el llanto de un recién nacido, y como la piedra era de color azul, bautizaron al niño con el nombre de “Calfu-Cura” que en mapudungun (la lengua mapuches) quiere decir piedra azul.

Hicieron con un fragmento de la roca un amuleto que colgaron al cuello, porque según dijo la machi (la chamán), era un regalo de Ngueñechen para proteger al elegido que lideraría a su pueblo a la libertad.

Cuentan también que el día de su nacimiento, se despertaron los pillanes (espíritus de los volcanes) para entregarle en ofrenda dos corazones que lo harían invencible.

Cafulcurá llegaría a ser conocido como uno de los más grandes caciques de la nación mapuche.

Fuente
AIM Agencia de Informaciones Mercosur (Paraná – Entre Ríos -  Argentina – 1 de Junio de 2.017