Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

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martes, 27 de octubre de 2020

Iguazú fué fundada el 10 de Mayo de 1626


Un maestro español y un músico francés, junto a miles de guaraníes, fundaron Iguazú el 10 de mayo de 1626. Llamaron al pueblo Santa María del Yguasu, y estaba ubicado a pocos kilómetros de las Cataratas, río arriba. Llegó a tener hasta 8 mil habitantes, entre ellos músicos, artistas, constructores...


Ante esta magnitud histórica, nada tiene que hacer la llegada del primer contingente de turistas a inicios de los 1900, establecida como fecha fundacional de este pueblo.

Unos 68 años después que el adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca pasara por las Cataratas, más precisamente en 1609, la Compañía de Jesús había fundado su primera reducción, San Ignacio Guazú, en la zona del Paraguay actual, y comenzaba el trabajo misionero en esta zona del Iguazú, conocida como Alto Paraná, por orden de Pedro de Oñate, quien asumía como Padre Superior en 1615.

A partir de este año, el misionero jesuita Roque González de Santa Cruz comenzó a recorrer estas regiones, distinguiéndose como pionero y gran conocedor del idioma y costumbres guaraníes, que habitaban todas estas tierras de la Selva Paranaense junto a otras tribus.

El conocimiento de González sirvió a todos los demás misioneros jesuitas, que sirviéndose de su información pudieron acercarse a los asentamientos nativos con más facilidad y encontrando mejor predisposición.

Entre los padres que aprovecharon este trabajo previo de González, para evangelizar esta región iguazuense estaban el historiador y maestro español Diego de Boroa, y el músico francés Claudio Ruyer, quienes participaron de la fundación y desarrollo de varios de los pueblos jesuitas en la zona de la confluencia de los ríos Paraná e Iguazú.

Fue Boroa quien principalmente siguió la orden del Padre Superior de laborar en “la conversión de aquellos infieles hasta el Salto del Guayrá y los del Río Iguazú”, y en este esfuerzo, el historiador debía cumplir con los objetivos de tener control sobre las dos principales vías de comunicación, el Paraná y el Iguazú; el primero como “camino” hacia el norte y el sur, y el segundo como la vía que unía Asunción con el Atlántico.

Pero no todo fue fácil en la misión de controlar esta región, porque primeramente la zona de las Cataratas del Iguazú era conocida como “impenetrable” para los europeos que “colonizaban” en esos años, por la gran dificultad que representaba el terreno para recorrerlo, y además porque los nativos no recibieron con agrado a los padres, pues su experiencia con los otros españoles fue dramática: los tomaban como esclavos a ellos y a sus hijos, engañándolos con falsas promesas de bienestar.

Por ello, el primer contacto con los guaraníes fue frustrante para Boroa. En 1623 el padre entra con una canoa por el Iguazú con unos doce indios que lo acompañaban desde San Ignacio, y ni siquiera puede llegar a los saltos, porque unos espías avisan a los de los pueblos cercanos, quienes no le permiten el paso, por más que Boroa les ofrece “dones”.

Dos años después vuelve con otros indios, y logra pasar las Cataratas para llegar hasta uno de los pueblos, en donde se queda unos días haciendo amistad con un buen grupo de nativos, sin embargo uno de los principales caciques, llamado Taupá, lo obliga a retirarse diciendo que no confiaba en los blancos.

El tercer intento fue el definitivo. Tanto era el amor y la voluntad que demostraban los padres por entablar una relación “diferente” a las anteriores que habían marcado negativamente a los guaraníes, que volvieron a principios de mayo de 1626 acompañados por otro cacique, Tabacamby, y logran ser aceptados.

Así fue que el día 10 de mayo de 1626 se instalan en la zona, fundando el pueblo Santa María del Yguazú a unos 15 kilómetros al norte de los saltos, en la margen derecha del río, hoy Iguazú, Misiones, Argentina.

Hugo López

Referencias

Cartas annuas de Jesuitas e Bandeirantes no Tapé 1615 – 1641 – Colección Angelis, Jaime Cortesão, Edición de la Biblioteca Nacional, División Publicaciones y Divulgación – 1969.

El imperio Jesuítico – Leopoldo Lugones – Buenos Aires 1904.

El Universo Misionero- Guaraní – Esteban A. Snihur – Golden Company, 2007.

Misiones y sus pueblos Guaraníes – Guillermo Furlong – Buenos Aires 1962.

Santa María del Yguazú, 1626 – Investigación – Dr. Luís Honorio Rolón, Iguazú.

Fotografía: Película La Misión.

domingo, 4 de febrero de 2018

Los Guaraníes ante los ojos de Alvar Núñez Cabeza de Vaca


Por Eduardo Silva

CUANDO LA EXPEDICIÓN DE ALVAR NÚÑEZ QUEDABA YA SIN BASTIMENTOS, LUEGO DE DIECINUEVE DÍAS DE ABRUPTAS TRAVESÍAS, SE ENCUENTRAN CON LOS PRIMEROS POBLADOS GUARANÍES. AQUEL HISTÓRICO CHOQUE DE CULTURAS TAN DIFERENTES TENDRÁ, SIN EMBARGO, UN TONO POCO CONOCIDO. 

De los comentarios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca redactados por su escribano, surgen numerosas y a veces contradictorias noticias sobre los naturales que habitaban el camino recorrido.
Como se trata de un inigualable testimonio histórico, sería importante que recorramos algunas de sus páginas, para ir viviendo las primeras impresiones de aquella expedición, transmitida directamente, en forma inductiva, derecha y reflexivamente como aproximaciones sucesivas para que, de esa manera podamos acercarnos al tema lo más objetivamente posible.
En primer lugar, se constata el área de influencia. Desde la costa atlántica, que comienza la larga travesía, hasta la ciudad de Asunción, que es punto de llegada de aquella histórica caminata, todo el mencionado territorio estaba habitado por tribus guaraníes. Cada poblado que en el camino se encontraba, decía pertenecer a la “nación” de los guaraníes.
Otra característica es importante destacar, por lo constante y significativa: el espíritu jovial, alegre y bondadoso con que las distintas tribus guaraníes recibían la cansada caravana. Así, una y otra vez. Salvo la mención hecha de los payaguás, ubicados por Alvar Núñez como indios chameses, y que habían atacado, crueles y sangrantes, la expedición de Ayolas, el recibimiento que los guaraníes hacia los españoles, no tuvo, en verdad, nada absolutamente nada de violento.
Los testimonios son innumerables y reiterados. Cuando la expedición de Alvar Núñez quedaba ya sin bastimentos, luego de diecinueve días de abruptas travesías, se encuentran con los primeros poblados guaraníes. Aquel histórico choque de culturas tan diferentes tendrá, sin embargo, un tono poco conocido.
Nada de guerra, ni de emboscadas, ni trampas. Con el cacique Toncaguazú a la cabeza, aquella tribu guaraní, que por primera vez surgía ante los ojos de la caravana, salía a recibir a Alvar Núñez en el camino. pero no de pura curiosidad, y con las manos vacías, sino “cargados con muchos bastimentos, muy alegres, mostrando gran placer con su venida”. Son palabras textuales de las Memorias de Cabeza de Vaca.
De aquella primera descripción, surgen ya, ricos y complementados, muchos de los elementos componentes de la nueva cultura descubierta que, entendemos, debemos retener desde ahora. “Esta gente y generación que se llaman Guaraní”-, dicen los Comentarios, “son labradores, que siembran dos veces en el año maíz, y, así mismo”, continúa, “siembran cazabí, crían gallinas a la manera de nuestra España, y patos; tienen sus casas muchos papagayos, y tienen ocupada muy gran tierra, y todo es una lengua”. Bondadosos y alegres, agricultores de dos siembras al año, con aves de la selva ya domesticadas tal es la primera impresión que nos transmiten los conquistadores de esta expedición sobre aquellos guaraníes.
No es el transcripto un pasaje excepcional, ni único, que pudiera ser cuestionado por su carácter especial. Nada de eso. Cuando la caravana de Alvar Núñez llega al río Tibagí, nuevamente otra población guaraní sale a recibirlo con la misma actitud de la primera. “De dos leguas cerca de este río”, dice, “vinieron los indios con mucho placer a traer a la hueste bastimentos para la gente, por manera que nunca les faltaba que comer, y aun a veces lo dejaban sobrado por los caminos”.
El relato es coherente y claro. Y siempre nos va diciendo lo mismo. La información es constante al respecto: se alegraban al ver a los blancos, hablaban un idioma muy dulce, vivían en pueblos asentados, mostraban, casi siempre, sorpresa y espanto ante las cabalgaduras españolas.
La marcha continúa y el mundo guaraní va emergiendo claro mostrando, en forma silvestre, sus elementos componentes. “Yendo caminando por la tierra”, dice, el gobernador y su gente, llegó a un pueblo de indios de la generación de los guaraníes, y salió el señor principal de este pueblo al camino con toda su gente, muy alegre a recibirlo, y traían miel, patos y gallinas, y harina y maíz; y por lengua de los intérpretes les mandaba hablar y sosegar, agradeciéndole su venida, pagándole lo que traían, de que recibían mucho contentamiento allende de esto al principal de este pueblo, que se decía Pupebajé, mando dar graciosamente algunos rescates tijeras y cuchillos y otras cosas, y de allí pasaron prosiguiendo el camino, dejando los indios de este pueblo tan alegres y contentos, que de placer bailaban y cantaban por todo el pueblo”.
Varios elementos más importantes, como decíamos, componentes de la cultura guaranítica, surgen aquí y allá, de los relatos de Alvar Núñez. El 7 de diciembre, por ejemplo, otro pueblo guaraní aparece en el camino, y el mismo retrato: impresión de alegría, ofrenda de bastimentos, el habla dulce y el recibimiento. De manera que todos los pueblos por donde habían de pasar-, dice, “los hallaban muy pacíficos, y los salían a recibir a los caminos antes que llegasen a sus pueblos, cargados de bastimentos”.
Y así, semana tras semana. El relato se podría decir que se repite, de donde emerge, claro y siempre, el mismo trasfondo: “A 19 de dicho mes, llegaron a un lugar de indios de la generación de los guaraníes, los cuales, con su principal, y hasta las mujeres y los niños, mostrando mucho placer los salieron a recibir al camino dos leguas del pueblo, donde trajeron mucho bastimento de gallinas, patos y miel y batatas y otras frutas, y más harina de piñones (que hacen muy gran cantidad de ellas), porque hay en aquella tierra muy grandes pinares”. “Las piñas son grandes, los piñones del tamaño de bellotas, la cáscara grande de ellos es como de castañas, difieren en el sabor a los de España: los indios los cojen y de ellos hacen gran cantidad de harina para su mantenimiento”.
No solamente se reitera el jovial recibimiento indio, sino que, además, nos enteramos, como expresión viva de una cultura, de las producciones que arrancan a la tierra: piñas de pinares, harina de esas piñas, frutas, miel y patos domesticados. Nos vamos adentrando en la cultura de los guaraníes. Si detrás de lo que cada comunidad produce, pueden dibujarse las relaciones sociales donde va asentada la comunidad misma, el relato no deja de ser ilustrativo e interesante.
Las impresiones personales del relato coinciden con el relato mismo, dado que la sensación que transmite el escritor es inequívoca y surge de su prosa a cada paso: “Toda este tierra es muy alegre”-, continua, y de muchas aguas y arboledas; toda la gente de los pueblos siembran maíz y cazabí y otras semillas, y batatas de tres maneras: blancas y amarillas y coloradas, muy gruesas y sabrosas, y crían patos y gallinas y sacan mucha miel de los árboles, de lo hueco de ellos”.
Cuando el relato nos cuenta de la llegada al Iguazú, además de darnos de nuevo los datos sobre las producciones y crías de aves diversas, nos deja un pasaje, importante de retener, como elemento fundamental de análisis en el tema del asentamiento de Las Misiones. Dice: “En la ribera del cual, según la relación, tuvieron los naturales, y por lo que vio, por vista de ojos, está muy poblado, y es la más rica gente de toda aquella tierra y provincia, de labrar y criar, porque crían muchas gallinas, patos y otras aves, y tienen mucha caza de puercos y venados, y dantas y perdices, codornices y faisanes, y tienen en el río gran pesquería, y siembran y cojen mucho maíz, batatas, cazabí, mandibíes, y tienen otras muchas frutas, y de los árboles tienen gran cantidad de miel”.
“… y la gente que vive en ella, de la generación de los guaraníes, y todos son labradores y criadores de patos y gallinas, y toda gente muy doméstica y amiga de cristianos, y que con poco trabajo verán en conocimiento de nuestra fe católica, como se ha visto por experiencia”.
Región de guaraníes asentados y agricultores en verdadera abundancia, con poblados de hasta ochocientas casas, según estas memorias, con casas de troncos y techos de paja, en una actitud bondadosamente inusual donde hasta limpiaban los caminos para que pasasen los conquistadores, con mantas tejidas y tinajas grandes para guardar vestimentas, agricultores y criadores de animales, que usaban flechas envenenadas en sus guerras con brazaletes, coronas y vasijas de oro y plata traídas desde el Perú lejano, es así como nos presenta la cultura de los guaraníes Alvar Núñez Cabeza de Vaca.
Por Salvador Cabral Arrechea – Fragmento del trabajo La Cultura Guaraní”. Enciclopedia de Misiones.
Fuente
Visitemos Misiones –  7 de Abril de 2.015
https://www.visitemosmisiones.com/noticias/notas-2/los-guaranies-ante-los-ojos-de-alvar-nunez-cabeza-de-vaca/



sábado, 3 de febrero de 2018

Guaraníes Preexistentes en Cataratas del Iguazú


GUARANIES - PREEXISTENTES EN CATARATAS DEL IGUAZU
ANCIANA DE LA ALDEA JEJY (MISIONES-ARGENTINA) OBSERVA PRIMERA VEZ LAS CATARATAS DEL IGUAZÚ
FOTOGRAFÍA: MARCOS IRALA 
MEDIO PERIODÍSTICO: EL INDEPENDIENTE IGUAZÚ 

Nada de guerra, ni de emboscadas, ni trampas. Con el cacique Toncaguazú a la cabeza, aquella tribu guaraní, que por primera vez surgía ante los ojos de la caravana, salía a recibir a Alvar Núñez en el camino, pero no de pura curiosidad, y con las manos vacías, sino “cargados con muchos bastimentos, muy alegres, mostrando gran placer con su venida”.

De aquella primera descripción, surgen ya, ricos y complementados, muchos de los elementos componentes de la nueva cultura descubierta que, entendemos, debemos retener desde ahora. “Esta gente y generación que se llaman Guaraní”-, dicen los Comentarios, “son labradores, que siembran dos veces en el año maíz, y, así mismo”, continúa, “siembran cazabí, crían gallinas a la manera de nuestra España, y patos; tienen sus casas muchos papagayos, y tienen ocupada muy gran tierra, y todo es una lengua”. Bondadosos y alegres, agricultores de dos siembras al año, con aves de la selva ya domesticadas tal es la primera impresión que nos transmiten los conquistadores de esta expedición sobre aquellos guaraníes.

Relato de Alvar Nunez Cabeza de Vaca a su llegada a las Cataratas del Iguazú

Escrito: Salvador Cabral Arrechea.
                     Fragmento del trabajo “La Cultura Guaraní” – Enciclopedia de Misiones.

A través del Proyecto Ava Arandú Rapé presentado por los docentes José Javier Rodas y Eulalia Estela Britez Obregón por el que se bautizan las calles de las 600 hectáreas de Puerto Iguazú con toponimia exclusivamente guaranítica contempla que el nombre de una de las arterias sea TONCAGUAZÚ en homenaje a dicho Cacique.

Dicho Proyecto fue aprobado y declarado:

§     De Interés Municipal según Ordenanza N° 11/08 del día 17 de Abril de 2.008 por el Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Puerto Iguazú.
§     De Interés Educativo por el Ministerio de Cultura y Educación de la Provincia de Misiones según Resolución N° 1098/08 del día 03 de Diciembre de 2.008.
§     De Interés Provincial por la Cámara de Representantes de la Provincia de Misiones Dictamen 25-2009 del día 19 de Mayo de 2.009.



domingo, 29 de mayo de 2011

Guaraníes preexistentes, Cataratas y la llegada de Alvar Núñez el 31 de Enero de 1.542

Cuando Alvar Nuñez Cabeza de Vaca llegó a estas tierras y "descubrió" las Cataratas, esta región estaba poblada por los Guaraníes. Ello habla de la preexistencia de nuestros hermanos en estas tierras.
Decir "descubrir" es hablar desde la óptica europea... Esta región tenía pobladores que la habitaban de manera milenaria, la Nación Guaraní refleja en la geografía con sus nombres la existencia previa.

Los Guaraníes ante los ojos de Alvar Núñez Cabeza de Vaca

De los comentarios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca redactados por su escribano, surgen numerosas y a veces contradictorias noticias sobre los naturales que habitaban el camino recorrido.

Como se trata de un inigualable testimonio histórico, sería importante que recorramos algunas de sus páginas, para ir viviendo las primeras impresiones de aquella expedición, transmitida directamente, en forma inductiva, derecha y reflexivamente como aproximaciones sucesivas para que, de esa manera podamos acercarnos al tema lo más objetivamente posible.


Guaraníes,  pobladores originarios
Guaraníes,  pobladores originarios
En primer lugar, se constata el área de influencia. Desde la costa atlántica, que comienza la larga travesía, hasta la ciudad de Asunción, que es punto de llegada de aquella histórica caminata, todo el mencionado territorio estaba habitado por tribus guaraníes. Cada poblado que en el camino se encontraba, decía pertenecer a la “nación” de los guaraníes.

Otra característica es importante destacar, por lo constante y significativa: el espíritu jovial, alegre y bondadoso con que las distintas tribus guaraníes recibían la cansada caravana. Así, una y otra vez. Salvo la mención hecha de los payaguás, ubicados por Alvar Núñez como indios chameses, y que habían atacado, crueles y sangrantes, la expedición de Ayolas, el recibimiento que los guaraníes hacia los españoles, no tuvo, en verdad, nada absolutamente nada de violento.
Los testimonios son innumerables y reiterados. Cuando la expedición de Alvar Núñez quedaba ya sin bastimentos, luego de diecinueve días de abruptas travesías, se encuentran con los primeros poblados guaraníes. Aquel histórico choque de culturas tan diferentes tendrá, sin embargo, un tono poco conocido.

Nada de guerra, ni de emboscadas, ni trampas. Con el cacique Toncaguazú a la cabeza, aquella tribu guaraní, que por primera vez surgía ante los ojos de la caravana, salía a recibir a Alvar Núñez en el camino. pero no de pura curiosidad, y con las manos vacías, sino “cargados con muchos bastimentos, muy alegres, mostrando gran placer con su venida”. Son palabras textuales de las Memorias de Cabeza de Vaca.
De aquella primera descripción, surgen ya, ricos y complementados, muchos de los elementos componentes de la nueva cultura descubierta que, entendemos, debemos retener desde ahora. “Esta gente y generación que se llaman Guaraní”-, dicen los Comentarios, “son labradores, que siembran dos veces en el año maíz, y, así mismo”, continúa, “siembran cazabí, crían gallinas a la manera de nuestra España, y patos; tienen sus casas muchos papagayos, y tienen ocupada muy gran tierra, y todo es una lengua”. Bondadosos y alegres, agricultores de dos siembras al año, con aves de la selva ya domesticadas tal es la primera impresión que nos transmiten los conquistadores de esta expedición sobre aquellos guaraníes.

No es el transcripto un pasaje excepcional, ni único, que pudiera ser cuestionado por su carácter especial. Nada de eso. Cuando la caravana de Alvar Núñez llega al río Tibagí, nuevamente otra población guaraní sale a recibirlo con la misma actitud de la primera. “De dos leguas cerca de este río”, dice, “vinieron los indios con
mucho placer a traer a la hueste bastimentos para la gente, por manera que nunca les faltaba que comer, y aun a veces lo dejaban sobrado por los caminos”

El relato es coherente y claro. Y siempre nos va diciendo lo mismo. La información es constante al respecto: se alegraban al ver a los blancos, hablaban un idioma muy dulce, vivían en pueblos asentados, mostraban, casi siempre, sorpresa y espanto ante las cabalgaduras españolas.

La marcha continúa y el mundo guaraní va emergiendo claro mostrando, en forma silvestre, sus elementos componentes. “Yendo caminando por la tierra”, dice, el gobernador y su gente, llegó a un pueblo de indios de la generación de los guaraníes, y salió el señor principal de este pueblo al camino con toda su gente, muy alegre a recibirlo, y traían miel, patos y gallinas, y harina y maíz; y por lengua de los intérpretes les mandaba hablar y sosegar, agradeciéndole su venida, pagándole lo que traían, de que recibían mucho contentamiento allende de esto al principal de este pueblo, que se decía Pupebajé, mando dar graciosamente algunos rescates tijeras y cuchillos y otras cosas, y de allí pasaron prosiguiendo el camino, dejando los indios de este pueblo tan alegres y contentos, que de placer bailaban y cantaban por todo el pueblo”.

Cataratas del Iguazú


Varios elementos más importantes, como decíamos, componentes de la cultura guaranítica, surgen aquí y allá, de los relatos de Alvar Núñez. El 7 de diciembre, por ejemplo, otro pueblo guaraní aparece en el camino, y el mismo retrato: impresión de alegría, ofrenda de bastimentos, el habla dulce y el recibimiento. De manera que todos los pueblos por donde habían de pasar-, dice, “los hallaban muy pacíficos, y los salían a recibir a los caminos antes que llegasen a sus pueblos, cargados de bastimentos”.

Y así, semana tras semana. El relato se podría decir que se repite, de donde emerge, claro y siempre, el mismo trasfondo: “A 19 de dicho mes, llegaron a un lugar de indios de la generación de los guaraníes, los cuales, con su principal, y hasta las mujeres y los niños, mostrando mucho placer los salieron a recibir al camino dos leguas del pueblo, donde trajeron mucho bastimento de gallinas, patos y miel y batatas y otras frutas, y más harina de piñones (que hacen muy gran cantidad de ellas), porque hay en aquella tierra muy grandes pinares”. “Las piñas son grandes, los piñones del tamaño de bellotas, la cáscara grande de ellos es como de castañas, difieren en el sabor a los de España: los indios los cojen y de ellos hacen gran cantidad de harina para su mantenimiento”.

No solamente se reitera el jovial recibimiento indio, sino que, además, nos enteramos, como expresión viva de una cultura, de las producciones que arrancan a la tierra: piñas de pinares, harina de esas piñas, frutas, miel y patos domesticados. Nos vamos adentrando en la cultura de los guaraníes. Si detrás de lo que cada comunidad produce, pueden dibujarse las relaciones sociales donde va asentada la comunidad misma, el relato no deja de ser ilustrativo e interesante.

Las impresiones personales del relato coinciden con el relato mismo, dado que la sensación que transmite el escritor es inequívoca y surge de su prosa a cada paso: “Toda este tierra es muy alegre”-, continua, y de muchas aguas y arboledas; toda la gente de los pueblos siembran maíz y cazabí y otras semillas, y batatas de tres maneras: blancas y amarillas y coloradas, muy gruesas y sabrosas, y crían patos y gallinas y sacan mucha miel de los árboles, de lo hueco de ellos”.
Mural alusivo en Puerto Iguazú
Cuando el relato nos cuenta de la llegada al Iguazú, además de darnos de nuevo los datos sobre las producciones y crías de aves diversas, nos deja un pasaje, importante de retener, como elemento fundamental de análisis en el tema del asentamiento de Las Misiones. Dice: “En la ribera del cual, según la relación, tuvieron los naturales, y por lo que vio, por vista de ojos, está muy poblado, y es la más rica gente de toda aquella tierra y provincia, de labrar y criar, porque crían muchas gallinas, patos y otras aves, y tienen mucha caza de puercos y venados, y dantas y perdices, codornices y faisanes, y tienen en el río gran pesquería, y siembran y cojen mucho maíz, batatas, cazabí, mandibíes, y tienen otras muchas frutas, y de los árboles tienen gran cantidad de miel”.

“… y la gente que vive en ella, de la generación de los guaraníes, y todos son labradores y criadores de patos y gallinas, y toda gente muy doméstica y amiga de cristianos, y que con poco trabajo verán en conocimiento de nuestra fe católica, como se ha visto por experiencia”.

Región de guaraníes asentados y agricultores en verdadera abundancia, con poblados de hasta ochocientas casas, según estas memorias, con casas de troncos y techos de paja, en una actitud bondadosamente inusual donde hasta limpiaban los caminos para que pasasen los conquistadores, con mantas tejidas y tinajas grandes para guardar vestimentas, agricultores y criadores de animales, que usaban flechas envenenadas en sus guerras con brazaletes, coronas y vasijas de oro y plata traídas desde el Perú lejano, es así como nos presenta la cultura de los guaraníes Alvar Núñez Cabeza de Vaca.

Escrito: Salvador Cabral Arrechea.
                     Fragmento del trabajo “La Cultura Guaraní” – Enciclopedia de Misiones.

Nota Anexa: El Proyecto Ava Arandú Tapé presentado por los docentes José Javier Rodas y Eulalia Estela Britez Obregón por el que se bautizan las calles de las 600 hectáreas de Puerto Iguazú con toponimia exclusivamente guaranítica contempla que el nombre de una de las arterias sea TONCAGUAZÚ en homenaje a dicho Cacique.

Dicho Proyecto fue aprobado y declarado:

§     De Interés Municipal según Ordenanza N° 11/08 del día 17 de Abril de 2.008 por el Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Puerto Iguazú.
§     De Interés Educativo por el Ministerio de Cultura y Educación de la Provincia de Misiones según Resolución N° 1098/08 del día 03 de Diciembre de 2.008.
§     De Interés Provincial por la Cámara de Representantes de la Provincia de Misiones Dictámen 25-2009 del día 19 de Mayo de 2.009.