Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

domingo, 13 de abril de 2025

Oración para Sahumerio


Éramos Uno


sábado, 12 de abril de 2025

Corazón, Amor y Magia


El chamamé, un rugido del alma


En las entrañas del litoral argentino, en mi querido Corrientes, donde el calor sofoca tanto como las penas, el chamamé no es solo música, no es un baile ni una costumbre: es una herida que sangra al ritmo del acordeón. Es la voz profunda de una tierra roja y generosa, de ríos que reflejan las lunas de los amantes y que llevan consigo los suspiros de los que se quedan esperando.

El chamamé es mucho más que un estilo musical: es la esencia misma de una cultura que respira el perfume del chipá, del humo del asado de los domingos, y de las historias contadas bajo los algarrobos. En cada golpe de zapateo, en cada zapucay desgarrado, está el eco de generaciones que han aprendido a resistir, a amar y a llorar con dignidad.

Yo nací en la Patagonia, tierra de vientos que tallan las almas y horizontes que se pierden en la nada. Pero me casé con una gringa correntina, y con ella llegué a conocer una familia que hizo también suya mi vida. En ese abrazo que me dieron sus costumbres y tradiciones, descubrí al chamamé, ese idioma del alma que no necesita traducción. Desde entonces, aunque mis pies pertenezcan a otras tierras, mi corazón late al ritmo de esa música que habla de ríos, ausencias y amores imposibles.

En las noches correntinas, cuando el bandoneón y el acordeón empiezan a trenzarse en melodías, todo cobra sentido. Los hombres y mujeres de caras curtidas por el sol se abrazan al compás de una danza que no distingue entre pobres y ricos, entre los que poseen tierras y los que solo poseen sus sueños. En los casamientos, en los velorios o en la fiesta de San Baltasar, siempre hay un chamamé para recordarnos que la vida, a pesar de sus golpes, sigue adelante.

Los músicos son los verdaderos chamanes del chamamé. Con su acordeón brillante como un cuchillo afilado, conjuran recuerdos y emociones que se derraman como el agua del Paraná. “Kilómetro 11”, “Merceditas”, “El Toro”: ¿quién no ha sentido que su alma se desploma y renace con esas canciones? Porque en cada acorde está la alegría y la tristeza de una tierra que vive en un constante vaivén entre el dolor y la esperanza.

Y está el zapucay, ese grito desgarrado que atraviesa el aire y se clava en el corazón de quien lo escucha. El zapucay no es solo un sonido: es una declaración de vida, un estallido de pasión y dolor, una afirmación de que, a pesar de todo, seguimos aquí. Es un puente entre el presente y el pasado, entre quienes estamos y quienes ya se fueron, un grito que conecta a todos los presentes en un instante que es puro alma.

La letra del chamamé, a veces simple y otras profundamente poética, es siempre un mazazo directo al corazón. Habla de amores que nunca llegaron a ser, de la luna que espía entre las ramas, del monte que guarda secretos, y del río que se lleva las promesas. Pero también habla de esperanza, de volver a empezar y de encontrarle sentido a esta cosa absurda que llamamos vida.

Cuando el chamamé suena en una madrugada de verano, mientras el mate pasa de mano en mano y los mosquitos zumban su propia melodía desafinada, uno entiende que no es solo música. Es la voz de una tierra que habla a través de sus hijos, es un espejo que nos muestra tal como somos: frágiles, valientes y llenos de sueños.

El chamamé no se explica; se vive. Y en ese vivir, mientras los pies marcan el ritmo y el alma se remonta como un ave libre, entendemos que todo lo que importa está en ese instante. Porque el chamamé, con su poder de desnudarnos y abrazarnos al mismo tiempo, nos recuerda que estamos vivos. Y eso, en un mundo que tantas veces conspira contra nosotros, ya es suficiente.

Cuando el último acorde se apaga y el silencio regresa, un zapucay se eleva al cielo, desgarrado y poderoso, como una oración. Porque el chamamé nunca termina: sigue resonando en la tierra roja, en el aire cargado de historia, y en los corazones de quienes se atreven a sentirlo.

Vivir de verdad...


Amor



Si pierdes el amor ... Lo pierdes todo...
Nunca dejes de amarte y amar bonito. 
El amor es lo único que nos salva y nos mantiene vivos. 
La Poeta.

Religión


10 Frases de un Jefe Oglala (Sioux) Lakota

10 Frases de un Jefe Oglala (Sioux) Lakota
Que harán que cuestionemos todo sobre la cultura "moderna".

El jefe Luther "Oso Parado", representante nativo-americano; pudo experimentar el estilo de vida de los nativos así como de los ciudadanos "civilizados". A lo largo de su vida publicó una serie de escritos incluyendo 4 libros.

Aquí hay 10 frases que en verdad harán que cuestionemos muchas cosas, disfruten:

1. La alabanza, adulación, modales exagerados y palabras altisonantes no eran parte de los modales Lakota. Modales excesivos son considerados como no sinceros; y aquel que hablaba mucho era considerado grosero y desconsiderado. Las conversaciones nunca se iniciaban sin motivo y nunca se hacían de manera apresurada.

2. A los niños se les enseñaba que la cortesía se definía en acciones más que en palabras. También a los niños no se les permitía pasar entre el fuego y una persona mayor o un visitante, hablar mientras otros hablaban, o burlarse de una persona lisiada o con alguna deformación. Si un niño sin saberlo intentaba hacerlo; alguno de sus padres lo corregía en forma tranquila.

3. El silencio era muy significativo para los Lakota, además que brindar un espacio de silencio antes de hablar era practicado como un verdadero signo de cortesía y recordatorio de "el buen pensamiento viene antes del discurso"... y en medio del dolor, la enfermedad, la muerte o la desgracia de cualquier tipo, y en presencia de personajes notables y destacados; silencio era la marca del respeto. La estricta observación de este principio de buen comportamiento, sin duda fué la razón por la que el hombre blanco confundió las caracterizaciones de la persona. El hombre nativo ha sido juzgado por ser tonto, estúpido, indiferente e insensible.

4. Nosotros no pensamos en las grandes llanuras abiertas, las hermosas colinas, los arroyos serpenteantes con cauces enredados como algo "salvaje". Solo para el hombre blanco la Naturaleza tiene "salvajismo" y sólo para él está "infestada" de animales "salvajes" y gente "salvaje". Para nosotros le domesticaron la mente. La tierra es abundante y nos rodea con las bendiciones del Gran Misterio.

5. El parentesco con todas las criaturas de la tierra , el cielo y el agua era un principio real y activo. En el mundo animal y de las aves ,existía un sentimiento fraternal que mantuvo al Lakota seguro entre ellos. Y los que lo hicieron así de cerca de algunos de sus amigos emplumados y peludos. formaron una verdadera hermandad que hablaba una lengua común.

6. Este concepto de la vida y sus relaciones era humanizador y daba a los Lakotta un amor perdurable. Llenó su ser con la alegría y el misterio de vivir; le dió reverencia para toda su vida, hizo un lugar para todas las cosas en el esquema de la existencia con la misma importancia para todos.

7. Era bueno para la piel entrar en contacto con la tierra, y a los ancianos le gusta quitarse los mocasines y caminar con los pies descalzos sobre la tierra sagrada ... el viejo indio todavía se sienta en la tierra en lugar de apoyándose y lejos de sus fuerzas. Para él , sentarse o acostarse en el suelo es ser capaz de pensar más profundamente y sentir más agudamente . Él puede ver más claramente en los misterios de la vida y acercarse en parentesco con otras vidas sobre él.

8. Todo posee una personalidad , sólo que difiere de nosotros en forma . El conocimiento era inherente a todas las cosas. El mundo era una biblioteca y sus libros eran las piedras, hojas, hierba , arroyos, y los pájaros y animales que compartían , por igual con nosotros; las tormentas y las bendiciones de la tierra. Aprendimos a hacer lo que sólo el estudiante aprende de la naturaleza, y que era sentir la belleza. Nunca injuriaba a las tormentas, los vientos furiosos, y las heladas y nieves . Hacerlo intensificaba la futilidad humana , así que sin importar lo que viniera sobre nosotros, haciamos un mayor esfuerzo y energía si es necesario, pero sin quejarse.

9. ... el viejo Lakota era sabio. Él sabía que el corazón de un hombre, lejos de la Naturaleza, se vuelve duro. Sabía también que la falta de respeto por lo que crece y por los seres vivos pronto lo llevaría a perder el respeto por los humanos también. Así que mantiene a sus niños cerca de la influencia sutil de la Naturaleza.

10. La "civilización" ha sido impuesta sobre mí ... y no ha añadido una pizca de mi amor por la verdad, la honestidad y la honestidad “
Mitakuye Oyasin
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Come


Información y Aprendizaje - Laura Lewin


viernes, 11 de abril de 2025

Libertad



El que ha superado sus miedos será verdaderamente libre. 
Aristóteles