Cuando la Biblioteca de Alejandría se quemó, el progreso humano retrocedió 1.000 años.
Allí no se quemaron "libros". Se quemaron la cura de enfermedades, los planos de máquinas de vapor romanas y mapas de estrellas que no volveríamos a ver hasta el Renacimiento.
Para entender la pérdida, hay que entender el lugar. No era sólo un almacén, porque los Ptolomeos decretaron una ley fascinante: cualquier barco que entrara en el puerto debía entregar sus libros. Los escribas los copiaban, devolvían la copia... y se quedaban el original. Así acumularon más de 700.000 rollos de papiro, creando una especie de "backup" de la civilización En esos pasillos había diseños como la "eolípila" de Herón de Alejandría, una máquina de vapor funcional, que usaban por ejemplo para abrir puertas de templos automáticamente. Si esos planos hubieran llegado a las manos correctas, la Revolución Industrial podría haber empezado en el año 100 d.C., no en el 1700... ¿te imaginas?
Tampoco Copérnico fue el primero. Unos 1.700 años antes que él, un astrónomo llamado Aristarco de Samos dejó escrito en la Biblioteca que la Tierra giraba alrededor del Sol.
Ese conocimiento se fue con el humo, y la humanidad pasó el siguiente milenio creyendo que éramos el centro del universo... simplemente porque desapareció la prueba de lo contrario Tampoco Copérnico fue el primero. Unos 1.700 años antes que él, un astrónomo llamado Aristarco de Samos dejó escrito en la Biblioteca que la Tierra giraba alrededor del Sol.
César quemó por accidente una parte en una batalla. Luego, fanáticos religiosos cristianos bajo Teófilo y más tarde musulmanes según las crónicas destruyeron lo que quedaba por considerarlo "pagano" o innecesario. El último aliento de la Biblioteca tiene nombre de mujer: Hipatia. Matemática, astrónoma y filósofa. Fue la última guardiana.
Su brutal asesinato en el año 415 d.C. a manos de una turba marca, para muchos historiadores, el fin de la Antigüedad Clásica y el inicio real de la Edad
Su brutal asesinato en el año 415 d.C. a manos de una turba marca, para muchos historiadores, el fin de la Antigüedad Clásica y el inicio real de la Edad Media. Se apagó la luz.
Tras su destrucción, entre muchísimas cosas que no sabremos jamás, olvidamos cómo hacer hormigón (el secreto del cemento romano se perdió), olvidamos cómo hacer cesáreas seguras y olvidamos la forma de la Tierra.
Tuvimos que "reinventar la rueda" durante siglos, tropezando con piedras que los alejandrinos ya no tropezaban. El gran Carl Sagan decía que la Biblioteca de Alejandría es la prueba de que el progreso no es una línea recta. Podemos ir hacia atrás. Y es que el conocimiento no se hereda genéticamente. Si no se protege y se transmite, desaparece. Y con él, nuestro futuro.
Fuente:
Leonardo D'Anchiano
Compartido por Enrique Hopman

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