Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

viernes, 8 de julio de 2016

¿200 años de independencia?


Escribe: Mariana Aquino. 7 de Julio de 2.016 .
Fuente: Cítrica Cooperativa de Trabajadores del Diario Crítica.

Los pueblos originarios no tienen nada para festejar. A dos siglos de romper las cadenas con los españoles, la historia oficial los sigue negando y el Estado los ignora. El testimonio de los referentes de las comunidades.

Los españoles llegaron a estas tierras hace cinco siglos. La independencia de Argentina, hace dos. Los pueblos originarios llevan entonces 500 años de sufrimiento, negación y desprecio. Ven cómo les roban las tierras, cómo los monocultivos destrozan sus métodos de producción y alimentación ancestrales, y cómo les quitan hasta el agua.

Mientras se conmemora el bicentenario de la independencia, los originarios acampan y reclaman; siguen denunciando la apropiación de territorios, el exterminio sistemático y la negación de sus identidades culturales. El Estado moderno les priva el derecho a la tierra e intenta aniquilarlos; pero aún no lo ha conseguido.

Los referentes de distintas comunidades que consultamos coinciden en que aquello que la historia oficial llamó el descubrimiento de América no fue más que el inicio de una persecución étnica que no termina. La opresión hacia los pueblos cambió de dueño y de argumentos pero no de objetivo. “No tenemos nada que festejar. Pasaron doscientos años de independencia relativa. Hoy los originarios seguimos ausentes, seguimos siendo los convidados de piedra de la historia”, afirma Valentín Palma Yallanullo, miembro de la organización Punta Querandí, de la provincia de Buenos Aires.

En la idea de Estado-Nación se debe repensar el surgimiento del propio país, que obtuvo muchas de sus victorias, alabadas en las páginas doradas de la historia, mediante el sometimiento de los pueblos. Así lo fue la Conquista del Desierto para las comunidades del sur del país. “Nuestro pueblo quiere poner en agenda el genocidio que dio origen a la Argentina a través de la matanza, la apropiación de territorios y el borramiento de lo que fue la identidad de distintos pueblos indígenas”, enfatiza Lorena Cañuqueo, miembro de la comunidad Mapuche de Bariloche.

Marcha de los Pueblos Originarios 2010. Crédito PABLO VITALE
El proceso revisionista –desde lo académico– intenta darle un lugar en la historia al originario como actor social; sin embargo su protagonismo en las primeras rebeliones contra los españoles no se registra en datos oficiales, ni existen estadísticas que marquen hasta qué punto se destruyeron pueblos enteros en nombre de la patria y la unificación nacional. Eduardo Galeano los llamó los nadies. La contundencia de la definición hiere a los ojos sensibles de quien lee al escritor uruguayo que se ocupó de denunciar en Las venas abiertas de América Latina a los invasores: “Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore”, sentenció Galeano.

Los territorios de la mayoría de las comunidades originarias son aún presa fácil para la avaricia del sistema capitalista. Los violentos desalojos –impulsados por la Justicia en complicidad con los gobiernos provinciales y ejecutados con saña por las fuerzas de seguridad– se encuentran con valientes resistencias a lo ancho y largo del país. Esas tierras son ideales para los ambiciosos proyectos de megaminería a cielo abierto, extracción de petróleo, monocultivo y emprendimientos inmobiliarios. Para Cañuqueo, "siempre fue difícil que el Estado nos reconozca como colectivo político”. “Y ahora que tenemos un retorno a las políticas neoliberales, nosotros corremos más riesgos que nunca”, agrega.

La defensa del territorio no tiene sólo que ver con una necesidad básica de mantenerse con vida en un lugar, más bien con la reparación histórica de parte del Estado. “Hasta el trabajador pobre, que es parte de nuestro pueblo, discrimina al indígena. Hace y dice lo que esa elite parasitaria y racista quiere. Hoy más que nunca el Estado está alineado a los poderes imperiales de Estados Unidos y Europa. Hay que apuntar a la cultura y la educación para cambiar la realidad”, destaca Palma Yallanullo.

No caben dudas: Argentina cumple 500 años de persecución hacia los pueblos nativos. Y la deuda es del Estado. “Nuestro reclamo es el de toda la clase obrera. Estos gobiernos no le van a dar los territorios a los originarios pero tampoco le darán nada a los trabajadores ni a nadie”, asegura Enrique Mamani, presidente de la Organización de Comunidades de Pueblos Originarios (Orcopo) y referente de la comunidad Kolla Quechua Aymara. “Nosotros somos nativos que nos reconocemos como tales, hay otros que lo son y aún no se reconocen; esos trabajadores, desocupados y excluidos sociales en algún momento van a tomar conciencia de su verdadera identidad”, remarca Mamani. Y coincide Palma Yallanullo: “En Buenos Aires está la mayor población indígena del país, es un gigante dormido.”

La organización Punta Querandí nació para proteger el territorio amenazado por los emprendimientos inmobiliarios en el límite entre Tigre y Escobar. Desde hace varios años mantiene el reclamo por un predio de media hectárea que fue un espacio sagrado. Se trata de un sitio arqueológico amenazado actualmente por los avances de la especulación inmobiliaria en la zona. “Hay un resurgimiento de una oligarquía terrateniente racista que avanza por todos lados. Aunque lo dibujen con diálogo con algunos referentes, no les creemos. Hasta que el Estado no se descolonice nada va a cambiar. Nuestra agenda es construir poder por nuestros derechos”, afirma el dirigente querandí.

En cambio, para Félix Díaz, referente de la comunidad Qom La Primavera, en Formosa, se han logrado avances en los últimos tiempos. “Tras una lucha de nuestros líderes de todo el país se pudo incorporar la legislación indígena a nivel nacional y también se ven cambios en la legislación internacional. El pueblo pudo participar en cuestiones de Estado, como la defensa del territorio. Ese respeto lo vemos en este último tiempo”, señala Díaz, quien lideró un acampe en pleno centro porteño durante el gobierno anterior para que el Estado restituya territorios.

“Fuimos cooptados por el enemigo, por la colonia al principio y por los partidos políticos en este último tiempo. Nos encontramos con originarios del PRO, otros kirchneristas y otros radicales. Todas esas diferencias hacen que nos alejemos de nuestra verdadera manera de construir. Tenemos que apuntar a la reafirmación de nuestra cultura”, refuta Palma Yallanullo.
El genocidio de ayer, la invisibilización de hoy y la usurpación de las tierras de siempre son indiferentes a la agenda de la clase dominante, hoy encarnada en los grandes medios de comunicación. Pero acá están ellos, alzando su voz, la de nuestros orígenes, la de nuestros ancestros, la nuestra. Resistiendo.

Fuente: Mariana Aquino. (7 de Julio de 2.016) Cítrica Cooperativa de Trabajadores del Diario Crítica



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