Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

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lunes, 28 de octubre de 2024

La Guitarra - Atahualpa Yupanqui



La guitarra, antes de ser instrumento, fue árbol, y en él cantaban los pájaros. La madera sabía de música mucho antes de ser instrumento. Porque la música no se aprende, se lleva adentro, como el árbol lleva su canción en el viento. La madera que suena en las cuerdas tiene memoria de aquellos pájaros, de los días de sol y de la lluvia. Cada acorde es una conversación con la tierra, un canto que viene de antes, mucho antes de nosotros.” 

Atahualpa Yupanqui


jueves, 1 de febrero de 2024

Tu Pueblo - Atahualpa Yupanqui


“Si tu no crees en tu pueblo
Si no amas ni esperas, ni sufres
ni gozas con tu pueblo
No alcanzarás a traducirlo
nunca."

Atahualpa Yupanqui
Todas las reaccio

miércoles, 29 de agosto de 2018

El tiempo del hombre - Atahualpa Yupanqui



La partícula cósmica que navega en mi sangre
Es un mundo infinito de fuerzas siderales.
Vino a mí tras un largo camino de milenios
Cuando, tal vez, fui arena para los pies del aire

Luego fui la madera. raíz desesperada.
Hundida en el silencio de un desierto sin agua.
Después fui caracol quién sabe dónde.
Y los mares me dieron su primera palabra.

Después la forma humana desplegó sobre el mundo
La universal bandera del músculo y la lágrima.
Y creció la blasfemia sobre la vieja tierra.
Y el azafrán, y el tilo, la copla y la plegaria.

Entonces vine a américa para nacer en hombre.
Y en mí junté la pampa, la selva y la montaña.
Si un abuelo llanero galopó hasta mi cuna,
Otro me dijo historias en su flauta de caña.

Yo no estudio las cosas ni pretendo entenderlas.
Las reconozco, es cierto, pues antes viví en ellas.
Converso con las hojas en medio de los montes
Y me dan sus mensajes las raíces secretas.

Y así voy por el mundo, sin edad ni destino.
Al amparo de un cosmos que camina conmigo.
Amo la luz, y el río, el silencio, y la estrella.
Y florezco en guitarras porque fui la madera.

lunes, 5 de marzo de 2018

El tiempo del hombre - Atahualpa Yupanqui



La partícula cósmica que navega en mi sangre

Es un mundo infinito de fuerzas siderales.

Vino a mí tras un largo camino de milenios

Cuando, tal vez, fui arena para los pies del aire.




Luego fui la madera raíz desesperada.

Hundida en el silencio de un desierto sin agua.

Después fui caracol quién sabe dónde.

Y los mares me dieron su primera palabra.




Después la forma humana desplegó sobre el 

mundo

La universal bandera del músculo y la lágrima.

Y creció la blasfemia sobre la vieja tierra.

Y el azafrán, y el tilo, la copla y la plegaria.



Entonces vine a américa para nacer en hombre.

Y en mí junté la pampa, la selva y la montaña.

Si un abuelo llanero galopó hasta mi cuna,

Otro me dijo historias en su flauta de caña.



Yo no estudio las cosas ni pretendo entenderlas.

Las reconozco, es cierto, pues antes viví en 

ellas.

Converso con las hojas en medio de los montes

Y me dan sus mensajes las raíces secretas.



Y así voy por el mundo, sin edad ni destino.

Al amparo de un cosmos que camina conmigo.

Amo la luz, y el río, y el silencio, y la estrella.

Y florezco en guitarras porque fui la madera.



viernes, 22 de septiembre de 2017

El legado de Atahualpa Yupanqui y los pueblos originarios



Pinturas rupestres en un alero de la serranía de Cerro Colorado, Córdoba (foto de www.turismoencordoba.net).
La casa-museo del recordado cantautor y antiguas pinturas rupestres son los mayores atractivos de Cerro Colorado, en el norte de la provincia de Córdoba.
Cuando se sale de la ruta 9, a 150 kilómetros de la ciudad de Córdoba, se entra en la zona mítica de Atahualpa Yupanqui, que refirió pueblos, describió paisajes e inauguró una región imaginaria conocida como Cerro Colorado.
Ese límite impreciso lo marca Santa Elena, donde la llanura seca y chata empieza a despertar a los cerros. Al oeste corre la cadena montañosa de Ambargasta. A 11 kilómetros de la ruta, bordeado por las tortuosas ramas del mato y otros arbolitos empecinados, el camino se va acomodando a los caprichos de un río. Al final asoma Cerro Colorado, la localidad, y más adentro el propio cerro.
El cerro no sorprende por su color ni por su altura. Es un montículo cónico tapizado de piedras, arbustos y pastizales, que, cuando uno se va acercando, deja ver unos socavones. Allí asoman sus entrañas coloradas. Esos huecos cavados por el tiempo, las escasas lluvias y una brisa gozosa conforman los famosos aleros que atesoran las señales vitales de los pueblos originarios que habitaron la región.
Cerro Colorado atrae por las pictografías que asombran y emocionan y una de las casas que habitó el gran trovador Atahualpa Yupanqui, ubicada en la espalda del cerro, si se mira desde el pueblo. Más allá de los hitos, el visitante descubre un pueblo encantador, desparramado en medio de las serranías y marcado por la omnipresencia del arroyo de Los Molles y, sobre todo, del río Los Tártagos, un curso de agua transparente y manso que siembra verde a su paso y construye el ideal de los tomadores de mate y los hacedores de asado. Las parrillas públicas, bajo las sombras de talas y molles, son una tentación.
Este lugar, donde el sabor de la tradición toma perfiles casi bucólicos, está encajonado en la Reserva Cultural Natural Cerro Colorado. Con una superficie de 3 mil hectáreas, es considerado uno los yacimientos arqueológicos y pictográficos más importantes y bellos del continente. Los aleros y las cuevas, que utilizaron los pueblos nativos para dejar testimonio de su arte y su forma de vida, son una particularidad de estos cerros, accesibles para casi todo el mundo. A través de sólidas pasarelas de madera, el visitante se adentra en ese mundo natural, a veces agreste, otras de una belleza delicada y serena.
El frente de la casa donde vivió Atahualpa Yupanqui, en Cerro Colorado, Córdoba (foto de Claudio Elías).
La localidad toma su nombre del cerro, bautizado así por el ligero tono rojizo de las areniscas. Piedra, verde, cuevas y agua en movimiento dibujan un escenario que invita a permanecer sin levantar la voz. El monte, cerrado a veces, espinudo en ocasiones, conserva las palmas, el manzano de campo y los piquillines, característica del bosque chaqueño serrano.
Los originarios comechingones y sanavirones habitaron alternativamente estas tierras. Los primeros son reconocidos por haber ocupado zonas montañosas, mientras los sanavirones tenían su conglomerado más importantes cerca de la laguna de Ansenuza (Mar Chiquita), que asoma a unos 100 kilómetros hacia el este.
Unos y otros dejaron marcas en los aleros color ladrillo, donde son notorios las pictografías, dibujos realizados en tres colores, como en otras culturas originarias de Latinoamérica: blanco, negro y rojo, aunque es difícil encontrar inscripciones realizadas con este color. Las pictografías fueron consumadas en diferentes períodos. Unos cien aleros naturales cobijan más de 3 mil pictografías rupestres, que datan de hace unos 1500 años. Las más recientes fueron hechas hace unos 400 años.
Llama la atención que muchas pictografías son muy accesibles a los visitantes. Si bien están protegidas y no se permite ingresar sin un guía, solo se requiere el esfuerzo mínimo de subir unas pequeñas cuestas para llegar. De gran valor arqueológico, la zona fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1961. Para acceder al recorrido gratuito hay que registrarse en el Museo Antropológico, a metros del camino Yupanqui.
Los dibujos representan la fauna del lugar, como llamas, guanacos, búhos, yaguaretés y víboras. El sol, los pájaros y las “reuniones” dejan lugar a historias y suposiciones que rondan lo fantástico. En algunos casos, por su orientación en las cuevas es posible arriesgar que las figuras respetan una “jerarquía mágica”. Por ejemplo, el cóndor es interpretado por algunos como un tótem. Los turistas agitan su imaginación y descifran contenidos sobrenaturales en las imágenes del sol, aves o danzas, en las que todos parecen abrazados.
Las pictografías también registran las batallas, en las que sobresale el “flechero”, un guerrero con un tocado de plumas. Los conquistadores montan sus caballos, excesivamente largos si se los compara con las vicuñas. Da cuenta, quizás, de la sorpresa que generó ese animal entre los pueblos originarios.
Si bien es una reconstrucción, en una esquina del pueblo, un artesano instalado hace casi 20 años diseñó una Casa “pozo”, que reproduce el tipo de vivienda subterránea de los grupos étnicos de la zona. La dimensión dependía del tamaño de la familia. En algunas hasta se guardaban los animales. El pozo estaba cubierto por un techo de palos tipo rancho, impermeabilizado con paja y barro. Por una contribución voluntaria, los visitantes pueden informarse sobre estas costumbres y recorrer el lugar, decorado con cueros, calabazas, utensilios de barro y las “cocinas”, perforaciones en las paredes para preparar los alimentos.
De noche, el cerro se torna lechoso. Don Gigena, aquerenciado en ese paisaje, dice: “Mire la energía que tiene”. Se refiere a cómo, aun en una noche cerrada y con un cielo encapotado, el cerro muestra su perfil blancuzco recortado sobre la oscuridad. Es curioso cómo esas piedras, que de día no llaman la atención, de noche se aclaran y delimitan el perfil del cerro.
Detrás, por un camino que bordea su falda, se accede a la casa del cantor. Hay que caminar un kilómetro por un sendero perfumado. En auto son 2 km por un camino con menos sorpresas. Se divisa una tranquera y, detrás y debajo, una gran casa. No se ve el río, por lo cual el lugar se denomina Agua Escondida. Sin embargo, no bien se baja unos metros se descubre el caprichoso curso del rio Los Tártagos, que parece acomodar su cauce -un rumor cristalino bordeado de piedras verdes- a la casa y sus terrazas escalonadas.
El cerro y el pequeño poblado están ubicados a 150 kilómetros de la ciudad de Córdoba.
Atahualpa Yupanqui llegó a Cerro Colorado en 1938 y quedó hechizado por sus encantos. Fue su residencia alternativa durante muchos años, hasta que la dictadura lo obligó a mudarse a París, donde murió en 1992, añorando quizás ese paisaje rojizo con sonido de pájaros y los perfumes de las florcitas amarillas del espinillo.
La casa es ahora un museo, el gran imán de Cerro Colorado. Bajo un cedro europeo que plantó cuando nació su último hijo fueron esparcidas las cenizas del cantor: una pirca señala el lugar y una placa que mira hacia el río lo nombra. Al igual que a su amigo entrañable, Santiago Ayala, El Chúcaro, que descansa junto a él.
El Centro Cultural Agua Escondida acoge una guitarra de Yupanqui, su bombo, algunos de sus libros, fotos dedicadas por los más grandes artistas del siglo y un sinnúmero de objetos que guardaba con devoción. Y el piano de Nenette, su esposa franco-canadiense Antonieta Paula Pepin Fitzpatrick, a la que había conocido en 1942 en Tucumán y que compuso con él decenas de canciones con el seudónimo Pablo del Cerro. En ese piano sonó por primera vez “Luna tucumana” y decenas de composiciones inolvidables.
Sentarse en los patios permite recuperar algo de ese mundo de ondulantes serranías, trinos de pájaros y relinchos lejanos que vienen de otro mundo. Cruzando el río, la imponente falda del cerro muestra sus entrañas ferrosas y su orgulloso pasado: la memoria del poblador originario. Como dice Atahualpa, “que muy mucho ha caminado / y ahora vive tranquilo / y en el Cerro Colorado.”
Fuente: Clarin (Buenos Aires) – 21 de Septiembre de 2.017

domingo, 23 de julio de 2017

Somos Cosmos


Yo no estudio las cosas ni pretendo entenderlas.
Las reconozco, es cierto, pues antes viví en ellas.
Converso con las hojas en medio de los montes
y me dan sus mensajes las raíces secretas.
Y así voy por el mundo, sin edad ni destino.
Al amparo de un Cosmos que camina conmigo.
Amo la luz, y el río, y el silencio, y la estrella...
Atahualpa Yupanqui 💚




Compartido por Amanda Ajeet

domingo, 14 de mayo de 2017

Los Hermanos - Atahualpa Yupanqui

Yo tengo tantos hermanos,
que no los puedo contar,
en el valle, la montaña,
en la pampa y en el mar.
Cada cual con sus trabajos,
con sus sueños cada cual,
con la esperanza delante,
con los recuerdos, detrás.
Yo tengo tantos hermanos,
que no los puedo contar.

Gente de mano caliente
por eso de la amistad,
con un rezo pa’ rezarlo,
con un llanto pa’ llorar.

Con un horizonte abierto,
que siempre está más allá,
y esa fuerza pa’ buscarlo
con tesón y voluntad.
Cuando parece más cerca
es cuando se aleja más.
Yo tengo tantos hermanos,
que no los puedo contar.
Y así seguimos andando
curtidos de soledad,
nos perdemos por el mundo,
nos volvemos a encontrar.
Y así nos reconocemos
por el lejano mirar,
por las coplas que mordemos,
semillas de inmensidad.
Y así seguimos andando
curtidos de soledad,
y en nosotros nuestros muertos
pa’ que naide quede atrás.
Yo tengo tantos hermanos,
que no los puedo contar,
y una novia muy hermosa
que se llama libertad.
Atahualpa Yupanqui

Compartido por Rosana Gonzalez Rey

martes, 28 de febrero de 2017

Sueños


"Van floreciendo mis sueños a la par de mis tristezas, también precisa cuidados el alma como la tierra..."

Atahualpa Yupanqui


Compartido por Rosana González Rey

lunes, 30 de enero de 2017

Sueños


"Van floreciendo mis sueños a la par de mis tristezas, 

también precisa cuidados el alma como la tierra..."

Atahualpa Yupanqui



Compartido por Rosana González Rey

sábado, 24 de diciembre de 2016

Sigue tu sueño


Desparejo es el camino,

hoy ando senderos ásperos,

piso la espina que hiere,

pero mi huella está abajo,

quizás un día la limpien,

los que sueñan caminando...

Atahualpa Yupanqui


Compartido por Edgar Loss 

miércoles, 29 de junio de 2016

La Pura Verdad – Atahualpa Yupanqui


Lo que dentra a la cabeza
De la cabeza se va
Lo que dentra al corazón
Se queda y no se va más.
La pura verdad, palabrita 'i Dios,
La pura verdad.

Para cantar baguala
La música está demás.
Contale tu pena al viento
Y el viento la cantará

Pa cantar bagualas no cuenta la voz,
Solo se precisa
Poner en la copla
Todo el corazón...

(...)

La pura verdad

(Atahualpa Yupanqui/Pablo del Cerro)


Compartido por Rosana González Rey


domingo, 5 de junio de 2016

Encontrar la huella en uno mismo


Llena de piedras la senda, 
lleno de sueños el aire.
La vida es un lazo largo 
estira'o sobre la tierra. 
En una punta una dicha, 
y en la otra punta una pena.
Hay que mirar dentro de uno 
para encontrar la huella...


Atahualpa Yupanqui



Gentileza de Edgar Loss


jueves, 2 de junio de 2016

Amigo


-¿Qué es un amigo para usted? 

-"Un amigo...


Pensó, fumo dos pitadas y dijo:

-Un amigo es uno mismo con otro cuero" 

Don Atahualpa Yupanqui



Fuente: La botella de klein

domingo, 8 de mayo de 2016

Yo tengo tantos hermanos – Atahualpa Yupanqui
Yo tengo tantos hermanos,
que no los puedo contar,
en el valle, la montaña,
en la pampa y en el mar.
Cada cual con sus trabajos,
con sus sueños cada cual,
con la esperanza delante,
con los recuerdos, detrás.
Yo tengo tantos hermanos,
que no los puedo contar.
Gente de mano caliente
por eso de la amistad,
con un rezo pa’ rezarlo,
con un llanto pa’ llorar.
Con un horizonte abierto,
que siempre está más allá,
y esa fuerza pa’ buscarlo
con tesón y voluntad.
Cuando parece más cerca
es cuando se aleja más.
Yo tengo tantos hermanos,
que no los puedo contar.
Y así seguimos andando
curtidos de soledad,
nos perdemos por el mundo,
nos volvemos a encontrar.
Y así nos reconocemos
por el lejano mirar,
por las coplas que mordemos,
semillas de inmensidad.
Y así seguimos andando
curtidos de soledad,
y en nosotros nuestros muertos
pa’ que naide quede atrás.
Yo tengo tantos hermanos,
que no los puedo contar,
y una novia muy hermosa
que se llama libertad.
Atahualpa Yupanqui

Fuente: Corazón de Latinoamérica

domingo, 13 de marzo de 2016

Tierra Mía – Atahualpa Yupanqui

"¿Qué tendrás, tierra mía
para que yo me sienta
un poco de tu drama
y un poco de tu fiesta...?
¡Eres la vida misma!
Claridad de tus cumbres,
horizonte de pampas,
libertad de tus vientos,
cantos de tus mañanas.
Coraje de tu voz en los torrentes.
Fuerza de tu silencio cuando callas.
¡Quién como tú, sintiera
frescores en el alma
después de la tormenta!
¡Y tener de tus cielos
la divina grandeza!
¡Y tener la magnífica
gravedad de tu selva!
¡Y tener tus silencios
para sembrar en ellos
inspiraciones buenas!.


miércoles, 22 de julio de 2015

Amistad


_¿Qué es un amigo para usted?
_"Un amigo....-pensó, fumo dos pitadas y dijo:
_Un amigo es uno mismo con otro cuero"

Don Atahualpa Yupanqui


Arte Ricardo Celma

Fuente: Mujer Arbol