Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios...

sábado, 18 de mayo de 2013

La Palabra Guaraní, otra palabra es posible.


Escribe Bartomeu Melia
No son muchos los que tienen la dicha y suerte de estar algunos días con los Guaraníes en sus aldeas. Notas algo nuevo, que de momento no sabes definir. No estás ciertamente en la «tierra sin mal» –un concepto muy propio del pensamiento guaraní– pero notarás que con ellos se desvanecen muchos de tus males.
Yendo a los Guaraníes no te preguntes qué podrás hacer por ellos. Más bien piensa qué harán ellos contigo. Sientes que la experiencia te coloca en otro mundo, un mundo diferente, pero no tan distante que te sea del todo extraño. Sientes que estás en algo nuevo, enteramente nuevo, si se quiere, pero comprensible, envidiable y atrayente; posible incluso, bajo ciertas condiciones. Más aún –ingenua ilusión tal vez– sientes que puedes ser guaraní.
Hermano Guaraní - Foto: Os Guaraní Mbya
Tienes la sensación de haber entrado en una modernidad y contemporaneidad que nuestra sociedad sólo se atreve a ver en un lejano porvenir, como proyecto y utopía difícil e irrealizable.

¿Qué tienen hoy los Guaraníes si no su palabra?
La primera de esas experiencias es la palabra. La filosofía occidental, con Grecia como cuna, sería también una filosofía de la palabra. Sin embargo, con el tiempo ha desconfiado de esa palabra y la ha usado como poder de dominación. Pero anhelamos de nuevo una palabra que no sólo sea nuestra, sino compartida y dialogada en libertad. La palabra, y sobre todo la palabra dada y recibida, vuelve a estar en el centro de nuestro afán. Si destruimos la palabra, ya nadie se puede reconocer ni en sí ni en el otro.
Para el Guaraní la palabra lo es todo. Y todo para él es palabra. La psicología y la teología guaraníes son la peculiar experiencia religiosa de la palabra compartida.
Cuando escuchamos los cantos de los Mbyá-Guaraní, una de las etnias guaraníes, tal como los recogió el paraguayo León Cadogan y están transcritos en el libro Ayvu Rapyta («Palabra fundamental») nos percatamos que estamos tocando el centro y origen de toda palabra humana.
Para que se entienda mejor y más concretamente lo que queremos decir, tenemos que copiar aquí un largo texto de los Mbyá —especialmente expresivo, pero no único— sobre el fundamento de la palabra.

El verdadero padre Ñamandú, el primero,
de una parte de su propio ser de cielo,
de la sabiduría contenida en su ser de cielo
con su saber que se va abriendo como flor,
hizo que se engendrasen llamas y tenue neblina 
Habiéndose incorporado y erguido como hombre,
de la sabiduría contenida en su ser de cielo
con su saber que se abre cual flor
conoció para sí mismo la fundamental palabra que había de ser.
 
Conociendo ya para sí la palabra fundamental que había de ser,
de la sabiduría contenida en su propio ser de cielo,
en virtud de su saber que se abre en flor,
conoció para sí mismo el fundamento del amor al otro.

Habiendo ya hecho abrirse en flor el fundamento de la palabra que había de ser
habiendo ya hecho abrirse en flor un único amor,
de la sabiduría contenida en su ser de cielo,
en virtud de su saber que se abre en flor,
hizo que se abriera en flor un canto alentado.

Después de todo esto, el verdadero padre Ñamandú,
a la que estará frente a su propio corazón,
a la futura verdadera madre de los Ñamandú,
hizo que se conociera como (divinamente) celeste.

Por haber ellos asimilado ya la sabiduría celeste de su propio
Primer Padre,
por haber ellos asimilado ya el fundamento de la palabra,
por haber ellos asimilado ya el fundamento del amor,
por haber ellos asimilado ya las series de palabras del canto esforzado,
por haber ellos asimilado ya la sabiduría que se abre en flor,
a ellos, por eso mismo, los llamamos:
excelsos verdaderos padres de las palabras,
excelsas verdaderas madres de las palabras.
(León Cadogan, Ayvu Rapyta. Asunción 1992:32-41).

Palabra, Luz, Espíritu (Foto: Permahabitante)

Este texto, escuchado y registrado en lengua mbyá-guaraní por Cadogan, no es un himno fijo. Es uno de esos cantos, que escucharás muchas veces en forma de plegaria, que los Mbyá-Guaraní entonan en su reuniones rituales, pero también en su casa, al anochecer o al amanecer.
La vida del Guaraní en todas sus instancias críticas –concepción, nacimiento, recepción de nombre, iniciación, paternidad y maternidad, enfermedad, vocación chamánica y muerte– y se define a sí misma en función de una palabra única y singular que hace lo que dice.
El hombre, al nacer, es una palabra que se pone de pie y se yergue hasta su estatura plenamente humana.
«Cuando está por tomar asiento un ser que alegrará a los adornados con plumas, a las adornadas, envía, pues, a nuestra tierra, una palabra buena que ahí ponga el pie», dice Nuestro Padre Primero a los verdaderos Padres de las palabras de sus propios hijos.
(León Cadogan 1992:67).

Hermana Guaraní y el Templo OPY - Foto Vera Poty (Sao Miguel das Missoes)
Los Padres de las palabras-almas, desde sus respectivos cielos, se comunican, de ordinario, a través del sueño al padre. Y es la palabra soñada la que, comunicada a la mujer, toma asiento en ella y comienza la concepción del nuevo ser humano. Se reconoce, es cierto, la necesidad de las relaciones sexuales para la concepción, pero la criatura es enviada por Los de Arriba. «El padre la recibe en sueño, cuenta el sueño a la madre y ésta queda embarazada», Egon Schaden, Aspectos fundamentais da cultura guarani, São Paulo, USP, 1974:108). La palabra «toma asiento» en el seno de la madre -oñemboapyka-, tal como la palabra que desciende sobre el chamán, éste también sentado en un banquito ritual en forma de «tigre». Concepción de un ser humano y concepción del canto profético se identifican.
La historia de nuestra palabra
Lo más importante, sin embargo, está en la convicción de que el alma no se da enteramente hecha, sino que se hace con la vida del hombre y el modo de su hacerse es su decirse; la historia del alma guaraní es la historia de su palabra, la serie de palabras que forman el himno de su vida.
El Guaraní no «se llama» de tal o cual manera, sino que «es» tal o cual. Los Guaraní encuentran ridículo que el sacerdote católico tenga que preguntar a las padres del niño cómo ha de llamarse su hijo.
El nombre es parte integrante de la persona y se lo designa en lengua guaraní con la expresión ‘ery mo’ã a, «aquello que mantiene en pie el fluir del decir» (Cadogan 1992:68-73).
La educación del Guaraní es una educación de la palabra y por la palabra, pero no es educado para aprender y mucho menos memorizar palabras ya dichas (y menos textos), sino para escuchar las palabras que recibirá de lo alto, generalmente a través del sueño, y poderlas decir. El Guaraní busca la perfección de su ser en la perfección de su decir. Nosotros somos la historia de nuestras palabras. Tú eres tu palabra, yo soy nuestras palabras. Che ko ñandeva.
En potencia, cada Guaraní es un profeta -y un poeta-, según el grado que alcance su experiencia religiosa.

Aldea Ysyry - Wanda - Misiones (Foto: Rodrigo Terrén)

Son conmovedoras las experiencias a través de las cuales el indio guaraní recibe el don del canto místico, como lo notó el alemán, bautizado guaraní, Curt Unkel Nimuendajú, hacia 1905.
Con mucha propiedad se ha dicho que «toda la vida mental del Guaraní converge hacia el Más-Allá... Su ideal de cultura es la vivencia mística de la divinidad, que no depende de las cualidades éticas del individuo, sino de la disposición espiritual de oir la voz de la revelación. Esa actitud y ese ideal son los que determinan la personalidad» (E. Schaden, «O estudo do indio brasileiro ontem e hoje», América Indígena, XIV, 3, 1954: 248-249).
Ponerse en estado de escuchar las palabras buenas hermosas, incluso con ayunos, continencia sexual, observación de modos austeros de vivir, de comer y de dormir, es una práctica todavía constante en los Guaraní contemporáneos, especialmente entre los Mbyá; son comportamientos, actitudes y posturas que propician la oración: ñembo’e (etimológicamente: «decirse»).
La palabra no es enseñada ni es aprendida humanamente. Y para muchos Guaraní resulta insensato y hasta provocador el pretender enseñar a los niños en la escuela; de ahí su recelo y a veces su enérgico rechazo de la enseñanza escolar en términos occidentales. La palabra es un don que se recibe de lo alto, y no un conocimiento aprendido de otro mortal.
La reciprocidad
¿Serían los Guaraníes una especie de monjes de la selva? Lo cierto es que no son nómades ni se limitan a una incierta caza y una afanosa recolección, que la antropología clásica califica como propia de salvajes. Son agricultores, y solían vivir en aldeas de dos tres o cuatro casas grandes. Su modo de vida tradicional por desgracia está desapareciendo. Desaparecidas las selvas y poluidas las aguas de su entorno, la «civilización» les trae no sólo pobreza sino miseria.
Les queda todavía la palabra y saber el origen de su palabra y el modo como ella se hace mediante el don de la comunicación. Asegurada la subsistencia familiar, todavía hay algo o mucho para dar. Este es el sentido de la fiesta, del arete, el «día verdadero». En verano, cuando es abundante la cosecha del maíz y no faltan otros productos, como batata, frijoles y calabazas, son frecuentes las fiestas.
En la casa grande de los Guaraníes Pãi, por ejemplo, se prepara la chicha -bebida ligeramete alcohólica-, con varios días de anticipación. El maíz es pisado en el mortero; mezclado con agua, es hervido en grandes ollas -la cerámica antigua atestigua la magnitud y la importancia de esa preparación-; después de entibiado, es masticado y ensalivado por las mujeres de la casa y colocado en una batea o «canoa» de cedro, donde fermentará. Hoy se puede medir la prosperidad y bienestar de una comunidad por el número de bateas disponibles en las casas, y por las casas que disponen de bateas.
En el día señalado van llegando los convidados, generalmente en grupos, que hacen su saludo ritual. Al anochecer se inicia el mborahéi puku, el grande y largo canto, que se prolongará durante la noche. Lo dirige, de pie y sin sentarse en toda la noche, uno de los raros hombres que sea capaz de desenvolverlo sin desvíos ni tropiezos. Con la mano derecha agita la maraca; con la izquierda agarra el bastón. El ritmo tranquilo y un tanto monótono de su danza sugiere un caminar, si bien los danzantes «caminan» sin mudar de lugar. Dentro de la gran casa los hombres que acompañan con su canto y con su paso rítmico al «dueño» del canto, están dispuestos, uno al lado de otro, en hileras paralelas. Permanecen colocados frente al mba’e marangatu, la «cosa santa», especie de altar sumamente despojado, que consiste en unos palos clavados en el suelo, sin objetos especiales de veneración, apenas adornado a veces con algunas plumas. Esa «cosa santa» no es propiamente un objeto de culto, sino un lugar de referencia.
El gran canto ritual de Nuestro Grande Abuelo, el Absoluto -Ñané Ramõi Jusú Papá ñengareté- recogido y transcrito por Samaniego, y traducido y comentado por Cadogan (1968), se desarrolla en 58 estancias que son como otros tantos niveles de una marcha ascendente; de hecho, los cantores como que caminan, avanzan, entran y toman lugar en las nuevas tierras y en los nuevos cielos designados por el canto, porque el mismo canto realiza el acceso místico a la realidad significada. Cantando y danzando, los Guaraníes Pãi entran en una nueva realidad.
A la manera de una metáfora de la economía de reciprocidad, la fiesta guaraní supera la dimensión economicista, pero también la meramente simbólica. La fiesta no es el resultado de excedentes económicos que en ella se distribuyen igualitariamente; no es la solución que pueden haber encontrado como «primitivos» para un consumo comunitario de los recursos. La fiesta no sólo consume y distribuye excedentes; ella los produce. Cuando no hay fiestas de participación, la producción económica baja sensiblemente. La fiesta es el principio temporal y «filosófico» de la economía.
La palabra guaraní, común a todas las etnias guaraníes, y que ha quedado también en el guaraní de sociedad paraguaya, del don y la dádiva es jopoi, cuya etimología es: mutuamente-manos-abiertas. Esta es la ley fundamental de la economía, la ley de la casa y de las casas entre sí. Ahora bien, cuando el sistema de mercado, la compra y venta, llega al mundo de los Guaraníes, a esas acciones que los indios entienden como crueldad egoísta, les aplicaron la misma palabra que venganza: tepy; el precio de las cosas es una venganza; una cosa cara de precio, es una gran venganza.
El Guaraní es lo que dice; él mismo es una palabra. No se llama así o asá; él es su nombre.
Y te preguntas: ¿cuánto tiempo podrá durar este sistema? Las selvas han desaparecido y la fuente de recursos de los Guaraní es cada vez más el trabajo asalariado o algunas ayudas provenientes de instituciones públicas o privadas. La tierra es todavía de derecho comunitario, pero está en rápido proceso de deterioro. La ecología guaraní, en los pequeños refugios que les restan, es difícil de mantener. Hay motivo para pensar que estamos en el crepúsculo de una noche sin día.
Como nunca antes, escuela y diversas religiones de carácter fundamentalista se instalan en las aldeas guaraníes. Los suicidios en algunas aldeas, sobre todo en el Brasil, han alcanzado cifras alarmantes. Con profunda tristeza y gran sagacidad algún Guaraní ha dicho que ante estos hechos, «no hay camino para la palabra».
Oo - Foto: Os Guaraní Mbyas
La cultura guaraní sin duda ha influenciado profundamente a la sociedad paraguaya y el hecho de que ésta hable la lengua guaraní es de por sí aval y garantía de lealtad y apego a formas de vida auténtica. Ser guaraní tiene exigencias que no se pueden tergiversar. Los Guaraní son amables y abiertos, pero sospechan de la colonización de mentes y almas que esconde la civilización occidental.

¿Seremos todos guaraníes?
Los Guaraníes no son problema; son solución. Con su palabra inspirada, con sus cantos y danzas, están convencidos de que pueden salvar al mundo, a cada uno de nosotros. Lo escucharas más de una vez si participas en sus prolongados rezos. Con qué consuelo le oía decir a una anciana, que dirigía el canto: «Tú, que estás con nosotros, cuando llegue el día de la gran desgracia, no entrarás en las tinieblas».
¿Podría un «blanco», un juru’a, un «bigotudo», llegar a ser Guaraní?
Como le decía un notable chamán mbyá a León Cadogan, «para aprender estas cosas, deberás permanecer un año conmigo en la selva. Comerás miel, maíz y frutas, y de vez en cuando un trozo de carne de pecarí (saíno). Dejarás de leer, porque la sabiduría que viene de los papeles te impedirá comprender la sabiduría que nosotros recibimos, que viene de arriba y que nos permite entender, entre otras cosas, los mensajes de Los de Arriba» (León Cadogan, extranjero, campesino y científico; memorias (Asunción 1990:186).]
No todos pueden y quieren entrar en esa experiencia. Para los más nos es imposible. Pero sin duda es grato admirar ese crepúsculo de atardecer que ya anuncia el crepúsculo de la mañana. No extraña que los Guaraní tengan tantos admiradores. Los sientes como contemporánea memoria de futuro, más modernos y con más sentido que los modos de vida que nos toca vivir.

Fuente: Agenda Latinoamericana – Año 2.006

martes, 14 de mayo de 2013

Familia


Según se sabe en el África negra y en la América indígena, tu familia es tu aldea completa, con todos sus vivos y sus muertos.
Niños Guaraníes en Brasil - Foto: Odan Jaeger

Y tu parentela no termina en los humanos.
Tu familia también te habla en la crepitación del fuego, en el rumor del agua que corre, en la respiración del bosque, en las voces del viento,
en la furia del trueno, en la lluvia que te besa y en el canterío de los pájaros que saludan tus pasos.

Eduardo Galeano “ Los Hijos de los Días

viernes, 10 de mayo de 2013

La Medicina del Tambor

El tambor se usa para activar y curar nuestro espíritu, alineando la vibración de nuestro corazón con el de la Madre Tierra. Cada tambor tiene su propio sonido sin igual. Es usado en ceremonias, danzas, canciones y celebraciones. Es una parte de ti. Tu tambor podrá ayudarte a percibir tu unidad con todo a nuestro alrededor. Nosotros somos sagrados y el tambor es sagrado, el sonido es sagrado.

El Tambor tiene un papel central en los rituales chamánicos. El chamán considera su tambor como un caballo que le lleva a otras realidades en busca de conocimiento, poder y cura. Construir su propio tambor es entrar en contacto con esta sabiduría ancestral, buscar la fuerza y la inspiración en nuestro corazón y hacer nacer en nuestra realidad un instrumento de poder, un compañero y un maestro. Traer a la vida un tambor es como el nacimiento de una fuerza magnífica en nuestra realidad.

El Tambor tiene una medicina poderosa y profunda, capaz de tocar el alma. Cada tambor es único, así como nosotros. Cuanto más entramos en sintonía con él, más revelaciones nos serán mostradas.

Fuente: Luna Llena Astro Madre

domingo, 5 de mayo de 2013

Los Esquimales distinguen más de 30 tonos de color blanco


Para los que habitamos otro lugar, generalmente el blanco es uno, pero los esquimales, que viven rodeados de nieve, reconocen más de 30 tipos de tonalidades del blanco transformándose en una facultad visual muy importantes para ellos.

Diferenciar los distintos tonos de blancos es un sistema de defensa y sobrevivencia para los esquimales.

La palabra esquimal ha sido utilizada durante muchos años por los europeos y por los americanos para referirse a los los distintos pueblos indígenas que habitan las regiones árticas de América y parte de Siberia. Se denomina así a dos grupos étnicos relacionados: Los inuit y los yupik aunque no es una palabra de esa región. Se piensa que es una palabra de los indios Ojibva que significa "comedores de carne cruda". Por lo general los habitantes del Ártico, se referian asimismos con palabras que significaban "seres humanos verdaderos"
A pesar de que no forman ni pertenecen a ninguna nación y habitan una superficie muy extensa con escasas ocasiones de reunión, han conservado sus hábitos y su cultura con una uniformidad impresionante. Después de un aislamiento tan extremo, es el contacto con la civilización occidental lo que más ha alterado sus modos de vida. Pese a ello, son un pueblo solidario, pacífico y hospitalario.

Su religión cree en la existencia de seres superiores a los que no es necesario rendir culto ni rezar. Sedna es la diosa del mar y Sila el espíritu del aire. La Luna, que vive en incesto con su hermano el Sol, es la diosa de la reproducción. Creen también en muchos espíritus que habitan en todos los seres y objetos de la naturaleza y entienden la enfermedad como un mal que roba el alma. Sus hechiceros utilizan un lenguaje ritual pero en general se limitan a conjurar sortilegios y preparar amuletos para protegerse de los espíritus. También realizan rituales para intentar controlar la meteorología y establecer un vínculo con los espíritus.

Son el ejemplo perfecto de adaptación al medio, concretamente a unas condiciones que por su dureza no permiten siquiera el crecimiento de ninguna planta, por lo que su actividad es únicamente de caza y pesca. Las teorías más extendidas afirman que su asentamiento en las regiones más frías del planeta se debe al rechazo de que fueron objeto por parte de los indios americanos hace 12.000 años cuando llegaron a Alaska desde el nordeste de Asia y a través del Estrecho de Bering. 

Su convivencia se basa en la hospitalidad y la camaradería. Sus pocas disputan se resuelven pacíficamente mediante una especie de ritual poético-musical (tordlotut) en que intentan ridiculizarse mutuamente ante la asamblea tribal. El jefe se limita a liderar las expediciones de caza, por lo que es siempre el mejor cazador. Se establece un cierto comercio de trueque entre los esquimales de la costa y los del interior, mediante un tipo de expediciones comerciales en los que la tacañería y el regateo están considerados de pésimo gusto.

Desde el siglo XVIII se ha extendido entre ellos la fe del cristianismo como consecuencia de su contacto con misioneros, tramperos y comerciantes norteamericanos, que también trajeron enfermedades que les eran desconocidas (tuberculosis, gripe, sífilis, alcoholismo). La poca fecundidad de las mujeres y la alta mortalidad infantil hizo peligrar su supervivencia como raza aunque durante este siglo se ha ido recuperando.

Sin embargo su mayor amenaza es el descubrimiento de que debajo del hielo que habitan se esconden vastos yacimientos de petróleo y gas natural. El hecho de que no tengan una organización nacional y su carácter abierto y afable les sitúan en una posición desventajosa que hace peligrar su forma de vida.

Fuente: Culturas Originarias.

sábado, 27 de abril de 2013

La Leyenda Inca del Eclipse


Al inicio del tiempo, antes de que los seres humanos y todo lo que conocemos sobre la tierra existan y luego de crear a este planeta, Viracocha (Dios Inca creador de todo el universo), dio origen a dos astros para iluminarlo y permitir la vida sobre él, estos astros eran el sol y la luna. Uno marcaría la llegada del día y la otra de la noche una vez que su máxima creación, a la que llamaría, hombre habitara la tierra.
Pero ellos no conocían el destino para el que habían sido creados y se enamoraron profundamente, vivieron un intenso romance hasta que un día su creador terminó de formar al mundo y puso al hombre a vivir en él, entonces decidió que era el momento de crear la división entre el día y la noche, así el sol y la luna debieron separarse.
El sol al ser el más fuerte de los dos soportó con valentía el dolor de la separación y brillaba con toda su fuerza y poderío pero la luna no consiguió la fuerza para soportar no estar con su amor y solo podía brindar al mundo una luz tenue y gris que nada iluminaba. El todopoderoso Viracocha al ver la tristeza de la luna que no le permitía desplegar la intensidad de luz con la que Él la había dotado para iluminar el camino de los enamorados en la oscuridad y por no conocer que causaba tanto pesar, decidió crear brillantes estrellas que la acompañaran con sus luces en el cielo nocturno, pero esto no lograba hacer sentir mejor a la luna ya que la única compañía que la haría feliz sería la de su sol.
Mientras tanto el sol, que no soportaba ver sufrir a la luna, brillaba con más y más fuerza para intentar así que su calor llegara hasta su amada y hacer que lo sintiera más cerca de ella, de esta forma, de tanto brillar consiguió el título de astro rey, pero esta distinción no lograba matar la tristeza de saber que su querida luna era tan infeliz. La luna, que no consiguió sentir el calor del sol ya que estaban tan lejos cayó en una tristeza tan profunda que su luz se apagaba cada vez más y su pesar aumentó cuando supo que su creador había diseñado un fenómeno celeste que se apreciaba desde la tierra en el que ese planeta se interponía entre los rayos del sol y ella, esto no solo provocaba que ella no fuera visible para los hombres sino que también causaba que no pudiera ver a su amor ni siquiera de lejos como hasta antes de ese raro acontecimiento, al que los hombres llamaron eclipse de luna.
El generoso Dios al enterarse por una de las estrellas, que se había convertido en confidente de la luna, cuál era el motivo de su tristeza decidió, con su infinita bondad, crear un momento único donde los dos astros más luminosos que había creado pudieran estar juntos, este momento recibió el nombre de eclipse de sol.
Desde ese instante el sol y la luna brillan ilusionados esperando ese mágico y raro momento en el que pueden permanecer juntos en el cielo y amarse.
Aquí en la tierra los hombres esperan con impaciencia para ver ocurrir ese maravilloso evento en el que el astro sol y la luna, que finalmente logro convertirse en la luz guía de los enamorados, se aman como lo habían hecho al inicio de su existencia cuando no conocían su destino.
Pero los seres humanos no pueden presenciar este espectáculo de frente porque quedarían ciegos al instante ya que sus ojos no soportarían el resplandor de tanto amor desatado en el firmamento.
Fuente: La Hospedería del Silencio

miércoles, 24 de abril de 2013

El misterio de la ciudad perdida de Paititi


Paititi o Paitití o Gran Paitití es una ciudad legendaria de la cual se dice está actualmente perdida al este de los Andes, escondida en alguna parte de la selva tropical del sureste del Perú, norte de Bolivia y suroeste de Brasil1 (especialmente en los Estados de Rondonia y Acre). Es una "continuación" de El Dorado porque esta ciudad era rica en oro. El origen de la leyenda amazonica del Paititi continúa en 1635 cuando en las cronicas de Lizarazu, se nombra el Inca Guaynaapoc y su viaje de vuelta hasta el reyno de su padre Manco, en el Paititi, más allá del Río Guaporé (Estado de Rondonia).
En el Perú la leyenda gira en torno al héroe cultural Inkarri, quien después de fundar Q'ero y Cusco se retiró hacia la selva de Pantiacolla, a vivir sus últimos días en la ciudad de su refugio, Paitití.
Otras versiones de la leyenda habla de Paititi como un refugio de los Incas en la zona fronteriza entre Bolivia y Brasil.

En Bolivia, muchos exploradores españoles la buscaron, descubriendo pueblos indígenas que fueron evangelizados posteriormente por los misioneros. Llegaron a toparse con cantidades de oro, pero no era lo que se describía según la leyenda del Paitití.

El 4 de noviembre de 1780 se inician el movimiento de José Gabriel Condorcanqui contra la dominación española, adoptando el nombre de Túpac Amaru II, en honor de su antepasado el último Inca de Vilcabamba. Túpac Amaru se declara Inca y además Señor del Amazonas con dominio en el Gran Paititi, y jura con el siguiente bando su coronación: "...Don José Primero, por la gracia de Dios, Inca rey del Perú, Santa Fe, Quito, Chile, Buenos Aires y Continentes de los Mares del Sur, Duque de la Superlativa, Señor de los Césares y Amazonas con dominio en el Gran Paititi, Comisario Distribuidor de la Piedad Divina, etc..."

En 2001, el arqueólogo italiano Mario Polia descubrió en los archivos de los Jesuitas en Roma un informe del misionario Andrea López. En este informe, cuyo origen data de alrededor del año 1600, López habla de una ciudad grande, rica en oro, plata y joyas, ubicada en medio de la selva tropical, cerca de una catarata llamada Paititi por los nativos. López informó al Papa de su descubrimiento, pero algunas teorías conspiracionistas cuentan que el lugar exacto de Paititi ha sido mantenido en secreto por el Vaticano.

Quienes suponen que el mito refleja una realidad concreta, sugieren que la ciudad del Paititi y sus riquezas se encuentran probablemente en las selvas montañosas del sureste peruano, en el departamento de Madre de Dios, en algunos de los valles actualmente íncluidos dentro del Parque Nacional del Manú, al este del Cerro Atalaya, hacia los lugares llamados Pantiacolla en cuyas cercanías existen sugestivos montículos llamados "pirámides" de Paratoari, aunque estos llamativos montículos piramidales vistos desde el aire y recubiertos de densa yunga parecen ser formaciones geológicas naturales. (En 1996 alcanzado por el equipo de Gregory Deyermenjian y confirmado como formaciones naturales, de arenisca).

En cuanto a la malograda expedición realizada por Percy Harrison Fawcett, éste buscaba una ciudad perdida en la Amazonia en zonas próximas a las fronteras de Brasil con Bolivia y Perú, a tal ciudad le dio el nombre Ciudad perdida de Z, en las hipótesis de éste explorador tal ciudad se confundía con la supuesta del Paititi aunque más al este, en la región del río Xingú (o Shingu). Lo más probable es que Fawcett haya mal interpretado textos (en los que resonaba la leyenda del Paititi) y relatos antiguos creyendo que el sistema de grandes aldeas pobladas por amazonidos agricultores e interconectadas por pistas constituían una urbe en el sentido usual de la palabra (con palacios y edificios de mampostería).

Últimamente la estudiosa italiana Laura Laurencich Minelli ha divulgado el contenido del libro Blas Valera Exul immeritus populo suo, del jesuita Blas Valera, y dos grabados originales del 1618, donde se describe el Paititi con vista desde la selva y desde la sierra. Aunque este libro no ha obtenido el reconocimiento universal se han desarrollado nuevas hipótesis sobre la ubicación del Paititi.
Desde entonces, se han llevado a cabo investigaciones más serias asociadas con Paititi en lugares perdidos de montañas y selvas peruanas. Algunos de estos nuevos exploradores han sido el médico y explorador peruano Carlos Neuenschwander Landa, el sacerdote salesiano argentino Juan Carlos Polentini Wester, por informaciones y relatos del hacendado Aristides Muñiz Rodríguez de la zona de Lares y Lacco como lo relata el libro "Paititi En la Bruma de la Historia", y "Paititi" de Editorial Salesiana y, desde 1984, hasta fechas recientee (2007), el psicólogo/explorador Gregory Deyermenjian (EEUU) y el explorador/cartógrafo Paulino Mamani (Perú).

Expediciones para encontrar Paititi
1925 — Percy Harrison Fawcett, en la región de Mato Grosso (Brasil).
1954-55 — Hans Ertl, en Bolivia.

1972 — Bob Nichols.
1984 a 2000 — en total 14 expediciones por Gregory Deyermenjian en las más remotas zonas de alturas y selvas de las Provincias de La Convención, Calca, y Paucartambo en Cusco y de Manu en Madre de Dios, el Perú.
1997 — Lars Hafksjold, en la región de Madre de Dios (Perú).
1998 — En agosto, el joven explorador chileno Camilo Valdivieso realiza sus primeras indagaciones en los petroglifos de Pusharo y su relación con la ciudad perdida.

2000 — Investigaciones hacia el río Alto Madre de Dios, desarrolladas por Valdivieso y un grupo internacional.

2001 — En junio, la expedición Kota Mama II liderada por John Blashford-Snell localizaron unas ruinas antiguas significativas en la selva al este de Lago Titicaca en Bolivia, las cuales se creen que ya eran descubiertos antes por Hans Ertl.

2002 — Jacek Palkiewicz, en la región de Madre de Dios (Perú).
2002 — Camilo Valdivieso accede hacia cercanías de las nacientes del río Sinkibenia, encontrando importantes evidencias arqueológicas sobre la presencia Inca en zonas no exploradas anteriormente.
2004 — En junio, el equipo de exploración Quest For Paititi de Deyermenjian y Mamani descubrieron varias ruinas incas importantes a largo de la Carretera Inca de Piedra, encima de la cumbre del¨"Último Punto" en el norte de la región de Pantiacolla, Perú.
2005 — la expedición más reciente de Thierry Jamin y Herbert Cartagena.
2006 — Paititi Expedición: Más Allá de la Meseta de Pantiacolla y al Alcance Más Extremo de los Incas, llevado a cabo por Gregory Deyermenjian y Paulino Mamani en junio del 2006, al Río Taperachi norte del Yavero. Aquí encontraron los asentamientos más lejanos hasta ahora identificados de los Incas, más allá de los restos que encontraron en las zonas montañosas en el “Último Punto” en 2004.
2006 — En noviembre, la expedición Destinia.com liderada por Juan José Revenga proponía buscar Paititi en la región del Rio Madre de Dios.
2008 — En diciembre, el Genetista franco-peruano Jhoan Garcôa Tapia inicia la búsqueda del Paititi en la región Cusco - Apurímac.
2009 — En junio, el investigador italiano Yuri Leveratto y las guías peruanas Fernando Rivera Huanca y Saul Robles Condori llegan a la Cumbre del cóndor, una de las Pirámides de Pantiacolla, comprobando su origen natural. Describen también algunos petroglifos de origen amazonico en el Rio Inchipato.
2011 - En septiembre, los investigadores Gregory Deyermenjian, Ignacio Mamani, Alberto Huillca, Yuri Leveratto y Javier Zardoya, en una expedición en la cual hallaron las ruinas de la Ciudadela pre-inca de Miraflores.
Fuente: Blog Mundos Paralelos

jueves, 18 de abril de 2013

Pueblos Originarios Actuales en el Territorio Argentino


La Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas (ECPI) 2.004 – Complementaria del Censo Nacional de Población y Viviendas 2.001 – reveló el autorreconocimiento de 30 Pueblos Originarios en el territorio actual argentino, preexistentes al Estado Nación.

Se detalla a continuación cada uno de ellos:
-Atacama.
-Ava Guaraní.
-Aymara.
-Chané.
-Charrua.
-Chorote.
-Chulupi.
Niñas Mbya Guaraníes - Foto: Pablo Martin Longo Laporte
-Comechingón.
-Diaguita/Diaguita Calchaqui.
-Guaraní.
-Huarpe.
-Kolla.
-Lule.
-Mapuche.
-Mbya Guaraní.
-Mocoví.
-Omaguaca.
-Ona.
-Pampa.
-Pilagá.
-Qom.
-Quechua.
-Querandí.
-Rankulche.
-Sanaviron.
-Tapiete.
-Tehuelche.
-Tonocoté.
-Tupí Guaraní.
-Wichí.

Fuente: Silvia Hirsch y Adriana Serrudo en “La Educación en comunidades indígenas de la Argentina: de la Integración a la Educación Intercultural Bilingüe” – Página 40. Del libro La Educación Intercultural bilingüe en Argentina – Identidades, Lenguas y Protagonistas. Editorial Noveduc.