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Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

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jueves, 6 de noviembre de 2025

Indígenas desterrados por Itaipú exigen reparación y llevarán reclamo a la COP30



Los Ava Guaraní Paranaenses emitieron un pronunciamiento demandando la restitución territorial y reparación integral a la hidroeléctrica binacional, tras medio siglo de despojo, dispersión y silencio impuesto. Representantes llevarán este reclamo a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) 2025.

Los representantes de diversas comunidades, reunidos en el taller preparatorio “Los pueblos Avá Guaraní Paranaenses hacia la COP30: participación, incidencia y defensa del territorio”, emitieron un pronunciamiento dirigido a la Itaipú Binacional y a los gobiernos paraguayo y brasilero, donde expresan sus reclamos que también llevarán al encuentro en Belém do Pará, en la Amazonía brasileña, donde se realizará la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) 2025.

“Somos un pueblo milenario del bosque Alto Paraná-Mata Atlántica, del río y de la palabra. Fuimos arrancados de nuestras tierras ancestrales por la construcción de la hidroeléctrica binacional de Itaipú, que entre 1979 y 1982 inundó nuestros bosques, nuestras casas, nuestros cementerios y nuestras memorias”, señala el pronunciamiento.

Agrega que, a través de remociones forzadas, quema de viviendas y una serie de otras violencias, les arrancaron de al menos 55 comunidades donde vivían en la margen del río Paraná —36 en Paraguay y 19 en Brasil— obligándolos a vivir en lugares ajenos a su modo de vida, junto a otros pueblos, lejos del bosque y del río que sostienen su cultura, espiritualidad y subsistencia.

“Desde entonces vivimos el despojo, la dispersión y el silencio impuesto. La desterritorialización rompió nuestros lazos comunitarios, interrumpió nuestras prácticas de pesca, caza y ceremonias, y nos dejó sin reparación. Décadas después, seguimos enfrentando el desplazamiento continuo, precariedad, traumas, cementerios profanados y tierras ocupadas por empresas agroindustriales. A pesar de todo, resistimos. Mantenemos vivas nuestras comunidades y organizaciones, y seguimos reconstruyendo nuestra vida en torno al territorio y a la naturaleza que nos da sustento”, señala el comunicado.

Destacaron que, en los últimos años, sus voces comenzaron a ser escuchadas por instituciones del Estado brasileño, que por determinación judicial (ACO 3555), iniciaron procesos de justicia territorial, en los cuales su reivindicación abarca 50.000 hectáreas, y hasta el momento, solo existe el compromiso de compra de 3.000 hectáreas.

Paraguay

“Este proceso aun no es acompañado por el Estado Paraguayo, aunque persistentemente hemos reclamado nuestros derechos conforme el marco jurídico nacional e internacional. No hemos aceptado, ni podemos aceptar que solo se repare solo 2.000 hectáreas en el lado paraguayo, cuando fueron aproximadamente 78.000 hectáreas las inundadas por el embalse de la represa de Itaipú”, indica el pronunciamiento de los Avá Guaraní Paranaenses.

Los representantes indígenas reafirman que la restitución territorial y la reparación histórica no son favores, ni gestos simbólicos, sino derechos colectivos que deben cumplirse con justicia, dignidad y participación plena.

“El cambio climático no comenzó para nosotros con las sequías o los incendios; comenzó cuando nos expulsaron de nuestras tierras y de nuestro río, cuando destruyeron nuestras selvas y desviaron nuestros ríos. Las mismas empresas y gobiernos que hoy hablan de transición energética y desarrollo sostenible siguen repitiendo los patrones de destrucción bajo nuevos nombres”, expresaron.

Denuncian además la estrategia de propaganda de Itaipú, que se presenta como “energía limpia” (greenwashing), mientras continúa violando derechos humanos y destruyendo territorios.

“Desde nuestra cosmovisión y nuestra espiritualidad, la solución está en volver a vivir en equilibrio con la tierra. Somos defensores del bosque, guardianes del agua, del clima y de la vida. Nuestros conocimientos y formas de manejo del territorio son parte esencial de la respuesta a la crisis climática. Por eso exigimos que la COP30 reconozca a los pueblos indígenas no como invitados, sino como protagonistas y guardianes del planeta”, destacan.

Demandas

Respecto a las demandas de los Avá Guaraní Paranaenses, las mismas son:
1. Restitución territorial reparación integral del Pueblo Avá Guaraní Paranaense. Como base de toda justicia climática y reparación histórica, exigimos la restitución de los territorios ancestrales en ambos márgenes del río Paraná, junto con una reparación integral que reconozca los daños históricos, culturales y ambientales sufridos.

2. Reconocimiento de los derechos territoriales como política climática global. Instamos a que los derechos territoriales de los pueblos indígenas sean reconocidos como pilares de las políticas de mitigación y adaptación al cambio climático, en línea con el Acuerdo de París y el Marco Global de Biodiversidad.

3. Participación indígena en la gobernanza climática y energética. Reclamamos el derecho a decidir sobre los proyectos que afectan nuestros territorios, con participación plena y vinculante en todas las etapas de planificación y ejecución.

4. Protección efectiva de defensores del territorio y del ambiente. Demandamos mecanismos internacionales vinculantes para proteger a quienes defienden la vida y el territorio frente a amenazas, criminalización y violencia, especialmente en contextos de megaproyectos energéticos, agro productivos extractivistas.

5. Transición energética justa sin hidroeléctricas ni extractivismo en territorios indígenas. Rechazamos las falsas soluciones climáticas que reproducen el despojo. Exigimos una transición energética que respete los derechos indígenas, excluya hidroeléctricas, monocultivos y proyectos extractivos en comunidades y territorios indígenas, y priorice modelos comunitarios y descentralizados.

6. Incorporación del caso Itaipú como deuda ecológica y energética en informes oficiales de la COP30. El caso Itaipú debe figurar como ejemplo emblemático de injusticia climática, desplazamiento forzado y deuda histórica con los pueblos indígenas.

7. Fondo de reparación integral para los pueblos y comunidades desplazadas por hidroeléctricas. Proponemos la creación de un fondo binacional, con administración indígena, para reparar los daños causados por represas como Itaipú.

8. Auditoría independiente sobre los impactos de Itaipú en territorio Avá Guaraní Paranaense. Exigimos una evaluación rigurosa de los impactos sociales, ambientales y culturales, con participación de peritos indígenas y organismos internacionales.

9. Apoyo técnico y financiero a iniciativas indígenas de restauración ecológica y soberanía territorial. Solicitamos recursos directos para fortalecer las capacidades locales en restauración, agroecología, monitoreo ambiental y autogobierno.

10. Reconocimiento del Bosque Atlántico y los territorios indígenas como zonas de protección climática, espiritual y de biodiversidad. Demandamos que el Bosque Atlántico y el Alto Paraná —territorios sagrados del Pueblo Avá Guaraní Paranaense— sean reconocidos como barreras vivas frente al colapso climático. Estos ecosistemas son fuentes de vida, equilibrio hídrico y biodiversidad regional, y deben recibir estatus especial de protección como espacios clave para la justicia climática, la pervivencia cultural y la soberanía territorial indígena.

“La justicia climática no será posible sin justicia para los pueblos indígenas. La reparación del pasado es condición para garantizar un futuro común. Reafirmamos nuestro compromiso de seguir caminando unidos como Pueblo Avá Guaraní Paranaense, desde ambos lados del río, llevando nuestra voz y nuestra memoria a la Cumbre de los Pueblos y a la COP30. Nuestra palabra es resistencia y esperanza. Somos hijos e hijas de la selva. Defender la tierra es defender la vida”, culmina el pronunciamiento firmado el pasado 30 de octubre.

Fuente:

Diario Última Hora de Asunción - 4 de Noviembre de 2025

https://www.ultimahora.com/indigenas-desterrados-por-itaipu-exigen-reparacion-y-llevaran-reclamo-a-la-cop30

sábado, 3 de agosto de 2019

Indígenas expulsados por la Itaipú sufren invasión sojera


En 1982, 20.000 indígenas fueron reubicados por la binacional en asentamientos donde ya existían otros grupos, violando la Ley 63/68. Los lugares donde fueron depositados los avá guaraní paranaenses hoy están invadidos por extensos campos de soja y sus agroquímicos.
Despojo: los terrenos que eran de la Comunidad Sauce hoy son sojales. Los lugares donde fueran reasentados por Itaipu tambièn

A principios de los ochenta, la creación de la hidroeléctrica Itaipú expulsó a unos 60.000 indígenas avá guaraní en ambos países (40.000 en Brasil y 20.000 en Paraguay). Hoy en día, estos grupos sobreviven abandonados e invadidos por los cultivos de soja y sus agroquímicos, alrededor y dentro de sus comunidades.


La expropiación en Paraguay por parte de Itaipú, desde Hernandarias hasta Salto del Guairá, expulsó a 38 comunidades indígenas avá guaraní, pero no así a sojeros y ganaderos, la mayoría brasileños.

Gran parte de estos potentados de la soja y la ganadería invaden los territorios expropiados por Itaipú, por el cual recibieron indemnizaciones. Incluso montan puertos clandestinos para el contrabando y narcotráfico, y en otros casos, grupos empresariales montaron clubes y condominios privados de lujo, según se vio en esta serie.

Esta investigación de ÚH, realizada con el apoyo de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación del ICFJ en alianza con Connectas, presenta en este capítulo las ilegalidades cometidas por Itaipú en el proceso de desalojo de los nativos de la zona, así como la realidad actual de estas comunidades expulsadas por Itaipú y hoy invadidas por el agronegocio.

La invasión
Los asentamientos donde actualmente viven con otros grupos los avá guaraní paranaenses expulsados por Itaipú se encuentran, al igual que la mayoría de las comunidades del país, rodeados e invadidos por extensos campos de cultivo de soja.
Los sojales rodean a las comunidades sin la franja de protección que ordena la Ley 3724 y avanzan dentro mismo de sus territorios a través de acuerdos de arrendamiento que los indígenas son empujados a aceptar, mediante engaños, extorsión o sobornos a los líderes.
Esta mecánica viola lo establecido por la Constitución Nacional y la Ley 752/81 “De los Pueblos Indígenas”, donde el Estado se compromete a proveerles tierras no susceptibles de garantizar obligaciones contractuales ni de ser arrendadas.
Mediante los datos registrados por la Dirección General de Encuesta, Estadísticas y Censos (Dgeec) y sistematizados por la Federación por la Autodeterminación de los Pueblos Indígenas (FAPI), así como el uso de mapas satelitales y el reporteo en la zona, comprobamos que sojales invaden las tierras que deberían ser de uso exclusivo de las comunidades.
Los empresarios sojeros consiguen avanzar con una mecánica ilegal e inconstitucional.
Los cultivos traen graves enfermedades provocadas por los agroquímicos, según el relato de los propios nativos y otros testigos, y acordes con los últimos estudios científicos respaldados por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).
El profesor Simón Oviedo Villalba, supervisor administrativo y pedagógico de las escuelas indígenas de los distritos de Itakyry, Minga Porã y Mbaracayú, señaló que la presencia de agroquímicos está afectando la salud de la gente y que un problema grave era el suicidio de los jóvenes a través de la ingesta de los plaguicidas.
“Muchos niños nacen con malformaciones, otros mueren a consecuencia del envenenamiento con agroquímicos dentro de las comunidades. Los venenos que se utilizan son muy peligrosos, ya tuvimos muchas muertes, algunos tienen problemas familiares y económicos, y utilizan el veneno para sacarse la vida, ya que tienen ahí a lado”, detalló.
El destierro
En los años 70, los avá guaraní que vivían en las costas del río Paraná eran indígenas prósperos, ya que sus balsas de traslado servían de taxi y a la vez vehículo para comerciar productos de ambas márgenes del río.
El reconocido antropólogo y sacerdote jesuita Bartomeu Melià formó parte del equipo de estudio que impulsó Itaipú en 1975. Dijo a ÚH que el informe no servía para determinar el número de grupos indígenas que serían afectados y respaldó el trabajo de Mariblanca Barón y también el de antropólogos del Brasil, que hablan de 38 comunidades afectadas en Paraguay (unas 20.000 personas).
Las recomendaciones de los estudios señalaban aspectos fundamentales para la recuperación y dignificación de la cultura de dichas comunidades, pero lo que impulsó la binacional fue totalmente lo opuesto.
El estudio recomendaba crear 23 nuevos asentamientos, pero lo que hizo la Itaipú fue distribuir a las 38 comunidades en ocho asentamientos donde ya existían otros grupos, y en tierras compradas en su mayoría por la Iglesia Católica, según la investigación de Mariblanca Barón, publicada por el Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica de Asunción (Ceaduc), en el 2017.
Según reconoce la propia Itaipú, apenas 2.000 hectáreas fueron pagadas por la entidad para estos grupos. Las comunidades fueron trasladas por la Itaipú a través del denominado Proyecto Guaraní, programa auspiciado por la Asociación Indigenista del Paraguay (AIP) y la Misión de Amistad de los EEUU.
Barón dijo que una de las mil hectáreas que Itaipú dice que compró, Itabó, el propietario anterior le dijo que ellos donaron las tierras y que Itaipú no pagó nada.

Calvario

Carmen Sixta Martínez, quien vivió el proceso de desalojo en 1982, recordó llorando cómo les llevaron en camiones de noche a un lugar llamado Vacaretá y de ahí caminaron a oscuras con lo poco que rescataron hasta otro punto denominado Yukyry.


En este lugar no había agua, monte, ni animales silvestres. Dijo que cada tanto recibían comida en mal estado enviada por Itaipú a través del Proyecto Guaraní.

“Nos dijeron que podíamos volver cuando las aguas bajen, y después descubrimos que gran parte de nuestras tierras no se inundaron, pero ya no nos dejaron volver y ahora todo eso está en manos de los sojeros, nos hubiéramos quedado si sabíamos”, lamentó.

Estos procedimientos violaron la entonces vigente Ley Nº 63/68 que ratificó el Convenio relativo a la protección e integración de las poblaciones indígenas.

“No deberá trasladarse a las poblaciones en cuestión de sus territorios habituales sin su libre consentimiento, salvo por razones previstas por la legislación nacional relativas a la seguridad nacional, al desarrollo económico del país o a la salud de dichas poblaciones”, reza el artículo 12.

Agrega que “cuando en esos casos fuere necesario tal traslado a título excepcional, los interesados deberán recibir tierras de calidad por los menos igual a las que ocupaban anteriormente”, lo cual no ocurrió.


Binacional falseó datos para no indemnizar


El reportero de ÚH llegó hasta el lado brasileño, en Guaíra, en el estado de Paraná, donde visitamos la comunidad indígena avá guaraní Guavirá, quienes mediante una intensa lucha y, tras años de despojo y sufrimiento, lograron conquistar tierras, pero no gracias a Itaipú. Estas están en proceso de demarcación, lo cual también les trae conflicto con los agroempresarios
brasileños. Un informe reciente del Ministerio Público Federal de Brasil reveló que Itaipú falseó datos de los indígenas para
no pagar indemnizaciones. El documento propone una indemnización por las tierras inundadas o indebidamente tituladas por particulares, la demarcación definitiva de la tierra de los avá guaraní, el reconocimiento público de la violación de los derechos y acciones de reparación y resarcimiento con la participación directa de los nativos.

Fuente: Diario Última Hora (Asunción-Paraguay) - 3 de Agosto de 2019