Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

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sábado, 2 de noviembre de 2024

Tanta Wawa.



El Tanta Wawa, que en quechua significa «pan bebé», es un elemento culinario y simbólico en las festividades de Todos los Santos y Día de los Difuntos. Con forma de muñeco o bebé, decorado con colores vivos, representa el ciclo de la vida y la muerte, una alegoría perfecta de la dualidad con la que nuestros antepasados entendían la existencia.
Este pan, elaborado con harina, anís y frutas, se convierte en un ritual: se hornea en familia y muchas veces se regala como un gesto de cariño, reconectando con aquellos que ya no están.
Orígenes prehispánicos del pan de vivos y muertos
El Tanta Wawa tiene raíces en las culturas andinas prehispánicas, donde la muerte era vista como una etapa de transición y no el final de la existencia. Con la llegada de los españoles, esta tradición se fusionó con el cristianismo, dando lugar a las festividades actuales.
La forma de bebé representa el ciclo de la vida y la renovación. También refleja el amor y el deseo de mantener el recuerdo de los seres queridos.
Para este día especial se preparan muchos de estos bizcochos con recetas locales con la intención de compartir en casa y darlas como obsequios a compadres, ahijados y cualquier ser querido que llegue de visita a casa ese día.
Suele servirse con ponche de habas o una taza caliente de chocolate peruano, especialmente en las regiones de clima frío.
Fuente: https://www.rumbosdelperu.com/.../pan-tanta-wawa-dia.../....
#efemerides #cultura

Compartido por Enrique Hopman

jueves, 2 de noviembre de 2023

2 de noviembre: el retorno de las almas



En el noroeste argentino, cada 2 de noviembre se conmemora el Día de las almas, una jornada en la que las casas y los cementerios se preparan para recibir la visita de aquellos seres queridos que han abandonado el mundo terrenal.

Para los pueblos andinos, con la llegada de la muerte la relación entre el cuerpo y el alma no se termina sino que se modifica. Nuestra fuerza vital ingresa a un nuevo modo de existencia que puede afectar la vida de los vivos. Dicen que para que las almas de los muertos no vaguen sin rumbo y cometan maldades o travesuras, los ritos funerarios son fundamentales.

Las figuras de pan, las flores en papeles de colores y las calaveras de azúcar no son solo patrimonio mexicano. La religiosidad andina cree que en la madrugada del 1 al 2 de noviembre, el alma de los muertos regresa a las casas donde vivieron para participar de un banquete que sus familiares le preparan con amor y dedicación. Animales hechos de pan, fotos, las comidas y bebidas preferidas, hojas de coca, flores de colores, son algunos de los elementos que no pueden faltar en las mesas de las casas o en los cementerios, según la ceremonias que realice cada pueblo de la Puna o de los valles Calchaquíes.

Para René Machaca -antropólogo nacido y criado en Tilcara y experto en cosmovisión andina- ese sincretismo entre el culto católico que conmemora el día 1 de noviembre como el Día de los Santos y el 2 de noviembre como el de los Día de los Fieles Difuntos, y las ceremonias pre-hispánicas para recibir el retorno de la almas, no forma parte de una hibridación sino más bien de una armonización entre esos dos universos de creencias.

"Para el mundo andino hay una esencia, una fuerza vital, un espíritu que da la vida y eso no muere, vive eternamente, se transforma, va y viene. En Aymara eso se de dice qamasa. Y en el Kai Pacha, el mundo del aquí y del ahora, cuando la forma de la vida es en el cuerpo humano, vive el tiempo vital que vivimos todos los seres humanos pero después esa esencia de la vida se va a otra dimensión, al alax pacha, al mundo de arriba, al de las deidades celestes.

El catolicismo también cree en una perdurabilidad de la vida más allá del cuerpo, incluso ya en la época medieval se celebraba el día de todos los santos y de los difuntos. Considero que esa 'coincidencia' es un movimiento que tiene que ver con la espiritualidad de la humanidad más antigua, casi universal. Muchas culturas del mundo coinciden y celebran el regreso de los difuntos".
Aya Marq'ay Killa

La festividad de los difuntos forma parte de un calendario cultural agrario ritual: el Aya Marq'ay Killa, junto al culto de la Pachamama, es una de las festividades más importantes para el mundo andino.

"Algunos pueblos dicen que son dos las almas, otros dicen que son cuatro almas que van, vienen, retornan para el Aya Marq'ay Killa y reclaman que los seres queridos las esperen con un banquete para que se puedan servir todo lo que gusten. Si no cumplís con ese pago ritual a las almas, a los seres que se transportan a otra dimensión, eso puede volverse en contra. Hay que hacerlo para equilibrar las fuerzas de la naturaleza", comenta René.



La mesa

René Machaca relata que el día 1 de noviembre se comienza a prepara la mesa con todo lo que solía gustarle al difunto para que esa esencia de la vida, esa alma que retorna, que viene de visita espiritualmente, pueda servirse y trastocarse en un ser viviente disfrutando de sus platos y bebidas preferidas.

"Esa mesa ritual que se prepara tiene elementos que no deben faltar nunca: las figuras de pan amasadas con los mismos ingredientes con los que se hacen los "bollos'. Figuras de palomas y de animales como llamas, ovejas, caballos. En el armando de las t'antawawas (bebés de pan), los niños tienen una participación muy activa, son los que más juegan con las masas y tal vez hacen una tortuga o un dinosaurio y eso es como una actualización de las tradiciones culturales porque los pibes quieren hacer figuras que les gustan en la actualidad. Las doñas le dicen 'si mi'hijito, podés hacer un dinosaurio pero tenés que hacerle su par'.

Todas las figuras que se hacen son consideradas ofrendas y tienen que tener su par porque en el mundo andino todo es dual, todo cuerpo animado tiene su sombra. El mundo andino entiende, al igual que los mapuches, que es bueno reflejarse en la propia sombra. Los animales, además, son importantes para esa idea de sentirse parte de la naturaleza. Los seres humanos somos tierra que andamos", describe René.

Más allá del precio en que se encuentre la harina, se amasa en cantidad. Tal vez algunas familias amasen 400 kilos de ofrendas y trabajan durante varios días, sobre todo las que tienen "almas nuevas".

"A las almas nuevas, las que dejaron en cuerpo físico entre los últimos tres meses antes del mes de noviembre, se les prepara una mesa especial porque son las más hambrientas y sedientas. Estas almas van de casa en casa, por los sitios que habitaron, porque necesitan alimentarse y saborear más que las almas antiguas porque están iniciando su tránsito. La tierra te cría y la tierra te come", reflexiona René.

Se cree que las almas caminan de casa en casa durante toda la noche del 1 hasta el amanecer del día 2. Luego, el banquete y las ofrendas se reparten y comparten entre la comunidad, sea en la casa o en el cementerio. Algunas familias invitan a levantar la mesa durante la mañana del 2 de noviembre, y otras lo hacen después de la misa para los difuntos que tiene lugar en la iglesia o en el cementerio. Las tumbas también se decoran con flores de colores y algunos objetos preferidos del difunto.

René comenta que los pueblos andinos reelaboran el dolor por la muerte de un ser querido desde otro soporte cultural porque al comprender que la vida tienen continuidad, no existe la sensación de un desenlace fatal sobre la muerte.

"Creemos que no se han ido para siempre y creemos que esas almas, tal como los sueños, son guías y son reflejo. El mundo de lo onírico es muy importante para la cosmovisión andina porque son aprendizajes para la vida. Los recuerdos, las historias no están detrás, están delante tuyo. Son una manera de construir aprendizaje y conocimiento. Unos ñawi (ojos) ñaupa (tiempo que está detrás) es como decir 'la historia va delante tuyo'. La experiencia está delante y es un reflejo donde te tenés que mirar. No es lineal, el pasado no está atrás, es tu delante porque la experiencia es nuestra guía".

Fuente
Ministerio de Cultura de la República Argentina

miércoles, 2 de noviembre de 2016

2 de Noviembre Día de los Difuntos


En México, los vivos invitan a los muertos, en la noche de hoy de cada año, y los muertos comen y beben y bailan y se ponen al día con los chismes y las novedades del vecindario.

Pero al fin de la noche, cuando las campanas y la primera luz del alba les dicen adiós, algunos muertos se hacen los vivos y se esconden en las enramadas y entre las tumbas del camposanto. Entonces la gente los corre a escobazos: ya vete de una vez, ya déjanos en paz, no queremos verte hasta el año que viene.
Es que los difuntos son muy quedados.
En Haití, una antigua tradición prohíbe llevar el ataúd en línea recta al cementerio. El cortejo lo conducen en zig-zag y dando muchas vueltas, por aquí, por allá y otra vez por aquí, para despistar al difunto y que ya no pueda encontrar el camino de regreso a casa.
En  Haití, como en todas partes, los muertos son muchísimos más que los vivos.
La minoría viviente se defiende como puede.
Eduardo Galeano Los hijos de los días, Siglo XXI, Buenos Aires, 2012.


Infografía : Verbiclara

Los pueblos originarios reciben a los espíritus de los difuntos


Kollas, qheshwas, mapuches, diaguitas y querandíes entre otros se reúnen con sus familias alrededor de una mesa con las comidas y bebidas favoritas del familiar que ya no está en este plano, para celebrar juntos el reencuentro.

Los pueblos originarios celebran hoy el Día de los Muertos, sin llanto ni luto sino con bailes, chicha, guirnaldas de flores y la alegría de saber que sus difuntos vuelven a visitarlos.

"La expansión del catolicismo en Latinoamérica resignificó los cultos a los muertos, desde México al altiplano de Argentina, y muchos de estos rituales pasaron a realizarse el 1 de noviembre, Día de todos los Santos, o el 2, Día de los Muertos, manteniendo las características originarias "conjugadas con creencias católicas. Estas fechas son parte de la construcción de nuevas identidades donde conviven el pasado indígena, el pasado europeo y un presente bien nuestro", explicó a Télam el antropólogo Fernando Pepe.

El especialista en restituciones de restos óseos de los pueblos originarios destacó que "durante la expansión del culto católico al norte de Europa incorporó rituales celtas, el más conocido el Halloween -contracción de all hallows' eve, o Víspera de Todos los Santos-, también llamado Noche de Brujas, que internacionalmente se celebra en la noche del 31 de octubre, sobre todo en la angloesfera".

"Halloween es una fiesta moderna resultado del sincretismo originado por la cristianización del `Samhain´, que eran las fiestas del fin de verano celtas, y la festividad cristiana del Día de Todos los Santos, celebrada por los católicos el 1 de noviembre, y que llega a nuestro continente a raíz de la emigración irlandesa a Estados Unidos”, explicó.

Por eso, "ver a Halloween como opuesto al Día de los Muertos" es una falsa antinomia simplista que niega la complejidad cultural de nuestro territorio" pues "las dos festividades fueron básicamente `establecidas´ por la iglesia católica antes o después del Día de Todos los Santos", concluye Pepe.

"Para los pueblos andinos, y en general para la mayoría de los pueblos originarios, la vida no es lineal, no es nacer, crecer y morir sino que es un ciclo: el cuerpo vuelve a la Pacha (Tierra) pero el espíritu, la energía, el alma o newen, como le llaman los mapuches, se va a otro plano y ese día se abre una puerta y vuelven a visitarnos, por lo que hay que esperarlos con alegría”, explicó a Télam Valentín Palma Callamullo, colla e integrante del Movimiento en Defensa de la Pacha (MDP).

El 1 de noviembre al mediodía "se recibe al difunto con una mesa con las comidas y bebidas que le gustaban y se hacen cantaguagua, que son muñequitos de pan que al día siguiente se reparten entre los familiares que participaron de la celebración", detalló.

Toda la casa se viste de fiesta, con colores alegres, fotos del difunto y guirnaldas de flores, y se baila y canta en su memoria hasta el día siguiente, cuando vuelve al otro plano.

El movimiento que integra Palma Callamullo lucha por preservar un sitio sagrado de los querandíes, ubicado a 35 kilómetros de Capital Federal, que fue un cementerio indígena y hoy corre peligro ante el avance del sector inmobiliario, que construye en la zona barrios privados náuticos. Punta Querandí está en Dique Luján, en la calle Brasil y canal Villanueva, a un kilómetro y medio de la Ruta 26, en el partido de Tigre.

"El 1 de noviembre celebraremos allí, de manera privada, la ceremonia del Día de los Muertos y el próximo 6 de noviembre realizaremos una jornada cultural abierta a toda la comunidad, con talleres y charlas donde se reclamará la repatriación de los restos de más de un centenar de personas enterradas en este sector ", anunció.

Por su parte la antropóloga Paula Churquina, explicó a Telam que "mientras que para los cristianos la muerte es el pasaje de una vida a otra y hay que orar por los espíritus que están en el Purgatorio, para la percepción indígena generalmente es de un ciclo infinito de renovación constante".

"El culto a los muertos incluye relaciones con lo sobrenatural, en una acción colectiva, promoviendo la cohesión social a través de estas ceremonias. Son mecanismos de socialización mediante los cuales se expresan las comunidades conjuntamente, de manera organizada y con manifestaciones particulares en torno a los antepasados, reafirmando su identidad religiosa y cultural", resumió la especialista.


El hombre de conocimiento qheshwa Carmelo Sardinas, Tayta Ullpu, explicó a ElOrejiverde que “los 1 y 2 de Noviembre son muy significativos desde la espiritualidad. Para la cultura andina, es un contacto que se produce en estos días, cuando el espíritu de nuestros difuntos visita a cada uno de sus descendientes, hijos/as o nietos/as”.

“Cada año, en estas ceremonias, tomamos contacto con nuestros antepasados para nunca desvincularnos de ellos. A través de las tradiciones volvemos a reafirmar la unión de nuestro cordón umbilical con el espíritu de la Pachamama, el Cosmos y los que alli habita. Como sabemos que ellos se presentan les preparamos las llamadas "ofrendas", que son todas las comidas y bebidas que le gustaba en vida a cada uno de los difuntos. No tenemos que hablar de las bebidas alcohólicas que hoy se conocen porque fueron producto de la invasión y la imposición de otras vivencias que no son nuestras, desde 1492”.

“Para nuestra cultura andina” –continúa Carmelo- “la muerte es el paso de una vida hacia la otra vida, donde el ser humano cumple su ciclo; el alma y el espíritu se desprenden del cuerpo. El espíritu se eleva hacia el espacio cósmico al encuentro con sus ancestros, a prepararse para volver y posar en otro ser y el alma queda para cuidar y guiar a sus descendientes”.

“Por eso en la cultura andina siempre pedimos y honramos con nuestra hoja sagrada la Mama koka, a nuestros abuelos como también asperjamos con las bebidas antes de tomar primero a ellos que son nuestros guardianes y guías en nuestro andar de todos los días de la vida, en el camino”.

Fuentes: Telam/ElOrejiverde – 1º de Noviembre de 2.016

sábado, 1 de noviembre de 2014

Plegaria Indígena / Duelo



No te acerques a mi tumba sollozando.
No estoy allí. No duermo ahí.
Soy como mil vientos soplando.

Soy como un diamante en la nieve, brillando.
Soy la luz del sol sobre el grano dorado.
Soy la lluvia gentil del otoño esperado,

cuando despiertas en la tranquila mañana.


Soy la bandada de pájaros que trina,
soy también las estrellas que tilitan,
mientras cae la noche en tu ventana.
Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando

No estoy allí. Yo no morí.