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Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

domingo, 23 de abril de 2017

DOÑA PETRA: La abuela indígena que ha vivido toda su vida en una cueva


Petra Sinaloa es una indígena tarahumara que vive en una cueva de una piedra volcánica a las afueras del municipio de Creel en Chihuahua (México), un lugar que en ocasiones es frecuentado por curiosos turistas que se ven atraídos por la historia de ella, su familia y la cueva.

Doña Petra tiene 76 años y ha dedicado su vida a la papa, los fríjoles, el maíz, los duraznos, las manzanas, las gallinas y allí, en la cueva, su familia ha vivido por más de cien años, ahí nació y creció con sus hermanos.  Según ella, el lugar (a pesar de no estar en una zona sísmica) se creó hace 65 millones de años por erupciones volcánicas y terremotos pero no se ha reportado actividad sísmica. Este mismo sitio, es el lugar que ha sido testigo de los giros de su vida, allí tuvo a sus seis hijas y hace 30 años vio morir a su marido después de que una piedra, por desgracia, cayera sobre él.  Su vida no ha sido fácil, sus hermanos han muerto y también dos de sus hijas.

Su hogar es una piedra volcánica de cinco metros cuadrados de profundidad por cinco de ancho y es el único lugar donde se siente bien, en plenitud, como para pasar todos los días de su vida, independientemente de que no hay energía ni agua potable. Hace un tiempo, el Gobierno le construyó una casa cercana a la cueva pero ella se negó a cambiar de hogar, de cierto modo no logró acostumbrarse a cambiar el calor absorbido por la roca porosa, por el adobe. Son muchas las agencias y los turistas que llegan a conocer esta particular puerta que lleva a las entrañas de la cueva, muchos de ellos son una de las fuentes de ingreso con la que doña Petra se mantiene a sí misma y a su familia. Además, realizan artesanías, las exponen y las venden.

El interior es sencillo; las ollas, algunas plantas, la cama, un mueble, la cocina de leña y el comedor. Afuera, desde afuera se ve un lavadero de piedra, una mesa hecha con llantas y los baldes con los que recogen el agua del río. Aunque la esperanza de vida en las mujeres de esa comunidad es de 70, ella ya los pasó hace años y, aparentemente, vivirá otros más.


Fotografía: Marcela Díaz Sandoval
Fuente>La Voz de la Madre Tierra – 20 de Abril de 2.017

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