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domingo, 24 de septiembre de 2017

San Martin y los Pueblos Originarios: La guerra de la zapa: Los Pehuenches en el Parlamento de San Carlos

La guerra de zapa: Los pehuenches en el Parlamento de San Carlos
Escrito por Oriana Pelagatti, Facultad de Filosofía y Letras, UNCuyo
San Martín sostenía una red de espías que difundían noticias falsas y alentaban el descontento de los pobladores de la campaña. El Parlamento con los indios de 1816 fue parte de aquel entramado de engaños destinados a confundir al enemigo.
Hacia 1816 la incertidumbre dominaba las Provincias Unidas. Aunque acababan de declararse independientes, se encontraban amenazadas por las fuerzas de la corona española que intentaba recuperar sus antiguas posesiones. En el norte, las milicias dirigidas por Güemes resistían el avance de los realistas desde 1815; en el este los portugueses habían ocupado la Banda Oriental y Artigas lideraba a los autonomistas que controlaban el Litoral. En la frontera oeste, San Martín organizaba un ejército para enfrentar los más de 5.000 soldados veteranos que habían reconquistado Chile en 1814. A la guerra y los desacuerdos políticos políticos se sumaba una difícil situación económica que ya agobiaba a los habitantes.
En julio de aquel año, San Martín se había asegurado el apoyo del Director Supremo y, en agosto, había dejado el mando de la Intendencia de Cuyo a Luzuriaga. Recién en setiembre los cabildos cuyanos comenzaron a seleccionar los esclavos para completar la infantería mientras intentaban conseguir dinero, vestuario, animales, víveres. Se acercaba el verano y faltaban tiempo, hombres y dinero para terminar de dar forma al ejército, preparar el cruce de la cordillera y proyectar la batalla. San Martín afinaba la estrategia para dividir las fuerzas realistas a lo largo del territorio chileno. Sostenía una red de espías que difundían noticias falsas y alentaban el descontento de los pobladores de la campaña. El Parlamento con los pehuenches de 1816 fue parte de aquel entramado de engaños destinados a confundir al enemigo que, por entonces, se conocía como guerra de zapa.

El contexto
Los pehuenches constituían un conjunto de parcialidades ubicadas en las dos partes de la cordillera. Los que vivían al sur de Mendoza se convirtieron en indios amigos en las últimas décadas del siglo XVIII. Custodiaban la frontera a cambio de protección contra sus enemigos y algunos privilegios comerciales. No era extraño verlos en la ciudad vendiendo sal, pieles, plumas y ponchos. La alianza estableció cierta tranquilidad en el área y hacia 1805 la frontera avanzó hasta el Diamante.
En los alrededores del fuerte de San Rafael se instalaron algunas tolderías. La revolución alteró el equilibrio en la frontera y redimensionó las relaciones con los indígenas porque podían aliarse con los enemigos. En 1812 varios grupos indígenas de la Araucanía se unieron a las fuerzas españolas que llegaban al sur de Chile desde el Perú. Ese mismo año, el Comandante de Frontera realizó un parlamento en San Carlos con los pehuenches que se aliaron con los revolucionarios.
En 1814, cuando los revolucionarios chilenos fueron derrotados en Rancagua, San Martín ordenó ratificar la alianza ante la posibilidad de que los realistas invadieran Cuyo desde el sur. El Comandante de Frontera y los caciques pehuenches volvieron encontrarse en San Carlos, donde acordaron que los pehuenches interrumpirían sus relaciones con los chilenos. Los caciques se obligaron controlar la circulación en el área e informar sobre los movimientos enemigos. La situación no era sencilla para los indios amigos, que quedaron atrapados entre dos fuegos: el vínculo con los mendocinos los enfrentaba con las parcialidades pehuenches mapuches aliadas con los realistas. Los pehuenches respetaron la alianza proporcionando información y seguridad a cambio de la satisfacción de sus pedidos y algunos beneficios materiales. Sin embargo, el cierre de la cordillera avivó las tensiones entre los caciques y deterioró la confianza de las autoridades de la frontera que vigilaban a los sospechosos. En este contexto, se convocó el parlamento de 1816 a mediados de setiembre.
La reunión
El episodio se conservó en la tradición oral por décadas y el mismo San Martín lo describió en carta al general inglés William Miller, quien lo incluyó en sus memorias. De acuerdo con su relato, a las ocho de la mañana los caciques pehuenches comenzaron a aproximarse a la explanada del fuerte donde se encontraban formadas las autoridades militares, una compañía de caballería del ejército venida de Mendoza y doscientos milicianos. La comitiva indígena estaba integrada por los indios de guerra armados con lanzas, hachas y cuchillos, las mujeres y los niños. Iban montados en caballos adornados y preparados para la guerra: el pelo largo suelto, el torso desnudo, los cuerpos pintados. Cada parcialidad era encabezada por una partida de granaderos y su llegada se saludaba con disparos al aire. Luego se inició un simulacro de batalla en el que los guerreros exhibieron sus habilidades ecuestres al ritmo del fuego de los cañones del fuerte.
El ejercicio militar se extendió hasta la tarde, en la que se realizaron las negociaciones en la plaza de armas. Los caciques y capitanejos se sentaron alrededor de una mesa de acuerdo con su importancia. San Martín, el Comandante del fuerte y fray Francisco Inalicán, que hacía de traductor, se ubicaron en la cabecera. Entonces San Martín les pidió que permitieran que el ejército pasara por su territorio para invadir a los españoles por el paso de El Planchón. Los pehuenches reflexionaron en silencio por un cuarto de hora y luego el cacique gobernador Neycuñan dirigió un debate. Todos se expresaron con tranquilidad y sin interrumpirse. Tres caciques se opusieron, pero Neycuñan aceptó y prometió contener a los disconformes, colaborar con ganado y vigilar la frontera. Cuando concluyó el acuerdo todos -salvo los tres disconformes- se abrazaron.
Entonces se inició el agasajo para el que se habían llevado desde la ciudad 120 pellejos de aguardiente, 300 de vino y fruta seca. Los caciques sacrificaron algunas yeguas, cuya carne apreciaban. Más de dos mil pehuenches sentados en círculo en la explanada celebraron ruidosamente durante varios días. El cuarto se dedicó al intercambio de regalos: los caciques entregaron a San Martín ponchos con dibujos de colores tejidos por las mujeres y recibieron con agrado los sombreros y vestidos galoneados. Además se distribuyeron un gran número de bridas, espuelas con labrados, pañuelos y cuentas de cristal.
La noticia del parlamento traspasó la cordillera a través de desertores, comerciantes, arrieros, espías o los mismos pehuenches disconformes. La magnitud del parlamento hizo pensar a los realistas que el ejército revolucionario atravesaría la cordillera por el sur. Para confundir más al enemigo, San Martín puso en circulación el rumor de que había enviado a un ingeniero francés al río Diamante a construir el puente que usaría el ejército.  La estrategia tuvo buen resultado y en el verano el grueso del ejército atravesó la cordillera por los pasos altos de Los Patos y Uspallata mientras unos cien hombres la cruzaron por El Planchón para atacar Talca. Algunos historiadores han sostenido que los pehuenches, debido a su natural perfidia, traicionaron a San Martín, olvidando así la colaboración que prestaron durante las guerras revolucionarias en los márgenes australes de la jurisdicción.
Fuente:Diario Los Andes (Mendoza-Argentina) – 7 de Enero de 2.017
http://www.losandes.com.ar/article/la-guerra-de-zapa-los-pehuenches-en-el-parlamento-de-san-carlos

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