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Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

domingo, 29 de enero de 2017

La última y única hablante viva yagana: Aún existe discriminación a los pueblos originarios en Chile


Cristina Calderón es la última persona que sabe cómo hablaban los integrantes de una de las etnias más australes del mundo. En este artículo, nos conversa sobre la discriminación contra los pueblos originarios, sobre la violencia contra la mujer y cómo resiste para que no se pierda su cultura.

“Ei Guafa Cristina Calderón”, así se presenta la mujer de 88 años, quien es la última mujer yagana que habla su idioma. Ha escrito tres libros sobre la cultura yagana pero le urge que su lengua no se pierda. A pesar de que tuvo 10 hijos y tiene 19 nietos, ninguno habla yagán, producto de la discriminación que vivió cuando era joven; no era bien mirado por los otros niños que sus hijos hablaran un idioma diferente.

Poco a poco se ha perdido la cultura y ella es la única hablante viva de la lengua yagán y quiere que su lengua no se pierda. La mujer no tiene nombre yagán producto de la evangelización. Su familia le puso Cristina debido a la influencia de los sacerdotes anglicanos que llegaron a la zona.

Cristina vive en Villa Ukika, a dos kilómetros de Puerto Williams. La artesana de caminar pausado y de pocas palabras ostenta varios premios y títulos por ser la última mujer de uno de los pueblos más australes del mundo. Es Hija Ilustre de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, ganadora de la iniciativa social Nuevos Héroes y fue nombrada por la Unesco en 2003 como Tesoro Humano Vivo. También fue nominada entre las 50 mujeres protagonistas del Bicentenario de la República de Chile.
Ya no puede hablar con nadie

Ei Guafa Cristina Calderón

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 ¿Qué se siente ser la última mujer yagana que conoce la cultura de forma completa?
̶ Me siento orgullosa, aunque a veces me da pena porque me acuerdo de mis ancestros y me doy cuenta que soy la última y no tengo con quien conversar porque nadie de mis hijos pudo aprender.

̶ ¿Cuál es su palabra favorita en yagán?
̶ Tengo muchas pero mis favoritas son luna que se dice januja y sol se dice lamp.

̶ ¿Qué es lo que caracteriza a la cultura yagana?
̶ Somos una raza pasiva y muy respetuosa. No nos gustan los conflictos ni las peleas. Recuerdo que los niños, los jóvenes, respetaban mucho a los ancianos, no como ahora.

̶ ¿Qué es lo que deberíamos aprender como chilenos de su cultura?
̶ Yo diría que la mayor enseñanza que nos dejó nuestro pueblo es a ser una persona muy pasiva, respetuosa… si con la pena de haber perdido tan pronto la cultura, tan luego, que hoy no existan. Porque se fueron extinguiendo, les quitaron sus costumbres, su manera de vivir, se fueron enfermando y bueh…

̶ En relación a las costumbres yaganas ¿cuál es su mejor recuerdo de infancia?
̶ Anduve varias veces en bote con mi prima, comiendo cosas que se comían antes y que ahora no se comen, porque está prohibido comer, huevos de pájaros de la zona, éramos recolectores y cazadores, antes nos alimentábamos de esas cosas. Cuando chica me daban huevos cocidos, fritos, pero huevos de gaviota, eran parecidos a los de gallina pero con un gusto a pescado. También lobos de mar.

̶ ¿Y los hombres a qué se dedicaba?
̶ También recuerdo que los hombres jugaban a tirar piedras no más, tirar hondas, cazaban pajaritos chicos, nada más,  a eso ellos jugaban. Para nosotras el juego era la ronda, claro que también jugábamos al Kálaka. Ese juego es igual que el ping-pong.
La vida de la última yagana
Cristina no tuvo una vida fácil. Quedó huérfana cuando tenía cuatro años y fue criada por su abuelo, quien le enseñó algunas cosas sobre la cultura yagana. Iban de caza y escuchaba las historias de sus ancestros y como resistieron la violencia con que los colonos los trataban. Aprendió el oficio de artesana desde pequeña mirando a sus tías hacer cestas con juncos.

̶ ¿Recuerda alguna historia?
̶ Sí, me acuerdo que mi abuelo y tías contaban historias que les habían pasado a mis abuelas. Una vez un hombre se las llevó hasta su casa porque querían sanarlas, y ellas estaban medias enfermas pero la verdad es que las tenían ahí y nos las dejaban salir. Después ellas cuando se querían ir, llegó un amigo de la familia que las escondió en una de las canoas que tenían y cuando preguntaron, el amigo dijo que no sabía  y ellas estaban escondidas en la parte de adentro de la canoa.

̶ ¿Qué es lo que le gustaría que se recordara de los yaganes en los libros?
̶ Nuestra forma de vida y cultura. Quisiera traspasar mis historias a los jóvenes para que aprendan mi raza, mi lengua, hacer talleres de artesanía, enseñar todo lo yagan, como en esas reuniones donde van los viejitos a contar historias, aprender cosas. Me gustaría que todos los chilenos aprendieran a hablar mi idioma porque sería bonito, pero no se interesan.

̶ ¿Cuál era el rol de la mujer?
̶ La cestería con juncos, la recolección de moluscos (no caza) y ser parteras en los nacimientos. Las mujeres remábamos mientras los hombres cazaban.

̶ ¿Qué hace para evitar la pérdida de la lengua yagana?
̶ Mi nieta está escribiendo un diccionario con la lengua yagana, y además ha escrito otros dos libros con la cultura. Está también el jardín de mi zona que ha sido muy importante, porque gracias a su trabajo permanente se está sabiendo más de la historia, porque de repente muestran algo por ser folklórico y luego lo olvidan, pero ellas trabajan permanentemente con Julia que es de la comunidad.
Pero lo que nosotros estamos pidiendo es que eso se pueda integrar en la malla curricular y que sea todos los años en el colegio, no sólo en el jardín, porque después pasan al colegio y se les olvida.

Ei Guafa Cristina Calderón

-¿Su nieta habla yagán?
-Ella estuvo viviendo conmigo tres años y ahí aprendió algunas palabras, aunque hablamos en español casi todo, pero aprendió mucho y ella es la que más maneja la lengua. Ella se siente orgullosa de ser yagana y de hecho tiene un pedazo demarcado allá en el sur para que se haga su casita a mi lado.

-Y ¿sus otros nietos se sienten orgullosos de ser yagán?
Sí, todos. Tengo una nieta de nueve años que quiere aprender yagán y yo me esfuerzo por enseñarle porque uno debe aprender desde pequeño. Ella dice que quiere ser como yo para viajar y difundir la cultura. Yo me siento muy feliz porque a pesar de todo, ellos han sabido preservar el orgullo y parte de la cultura, que es lo que no quiero que se pierda.

Discriminación y violencia
Aunque vive cerca de sus hijos y ha formado una comunidad ahora que es mayor, Cristina explica que la discriminación a lo largo de los años hizo que ella perdiera algunas de sus costumbres y que sus hijos para integrarse a la sociedad occidental no las adquirieran.

̶ ¿Por qué sus hijos no aprendieron la lengua?
̶ Mi hija no aprendió a hablar yagán, no sabe mucho porque su papá no era yagán. Es complejo porque siempre me casé con blancos y uno debe enseñarle esas cosas de guagüitas. Yo aprendí porque mi papá y mi mamá eran yaganes. Mi papá se llamaba Juan Calderón y mi mamá se llamaba Carmen Harbant.

̶ ¿Sintió discriminación en algún momento por saber hablar otro idioma?
̶ Sí, está malo el tema de la discriminación. Me dieron una casita en Puerto Williams, es muy bonita, pero me gustaría estar en Mejillones, en un lugar un poco más cálido. Algunos de mis familiares están allá, migraron. Yo trabajo haciendo canastos, también sé hacer canoas pero las manos ya no me dan, también tejidos de lana, telar y para vender sería bueno poder estar allá en verano.

̶ ¿Pero alguna vez lo sintió?
̶ Creo que está mal lo de la discriminación, igual a nosotros nos prohibieron muchas cosas como cazar aves, ya no podemos hacerlo y se pierden también costumbres ahí.

-¿Sus hijos sintieron discriminación alguna vez?
-Cuando mi hija Lidia fue al colegio, fue un período que pasó por mucho tiempo por una discriminación terrible que le hicieron en el colegio, que ella no la entendía cuando era pequeña. Lo vivió bien feo. Sobre todo porque pensaba que era tan malo ser indígena, por ejemplo el profesor decía “Va a salir la Lidia” y llegaban periodistas, les sacaban fotos y decían “Esa es la india de acá”.

-Y ¿cómo reaccionaba su hija?
-Ella me decía que se sentía súper mal, porque los otros niños se burlaban y ella decía “que rabia ser indígena, porqué nos tratan así” y era como que lo más malo eras tú.

-¿Y cuáles eran los valores que le enseñaba a sus hijos?
-Mis hijos son unos caballeros, creo que mis hijas se sienten orgullosas de eso. Y es porque uno se esfuerza en que sean buenas personas, que es lo más importante, que uno debe ser respetuoso de los otros, así como quieren que sean con uno.

-¿Y cómo siente que tratan ahora a los pueblos originarios?
-Es triste porque hoy día se habla mucho de la no discriminación de los pueblos originarios y aún existe, nosotros lo vemos día a día.  Como te digo, a nosotros nos caracteriza ser un pueblo más pasivo, estamos al extremo sur de Chile, en Puerto Williams, en el Cabo de Hornos, y ahí seremos 300 personas que descendemos de esa raza que estamos en comunidad y de pronto hablamos con la autoridad de forma respetuosa por el conducto regular  y hacemos queja por no tener terreno para nosotros.

-¿Cómo toman sus hijos ahora el ser yaganes?
-Ahora las cosas son mejores, porque uno no puede hablar sólo de discriminación. También hay personas que entienden y nos dan el espacio para hablar sobre lo que creemos y somos. Algunos de mis nietos tienen nombres yaganes y veo como mis hijos les enseñaron el respeto por la cultura y eso me hace sentir orgullosa.

-Y en cuanto a la petición  de territorios ¿cómo van en ese tema?
-Hay una extensión grande de terreno que se nos dio en el año 91, con Patricio Aylwin que en paz descanse, pero de ahí ha sido difícil adquirir otros terrenos para vivienda o para pequeños emprendimientos que la gente quiera hacerlo de forma particular, porque se nos ponen muchas trabas.

-¿A qué se debe eso?
-Voy a ser súper sincera: las trabas que yo veo es que obviamente tenemos menos ingresos, entonces viene gente con mucho dinero y para ellos se les hace muy fácil, porque se le da un plus a la isla por ser turística, se vende mucho , entonces a nosotros nos cuesta mucho tener espacios para nuestra gente. Si yo quiero tener el derecho de estar en mi tierra, no es sólo para generar recursos, es porque yo quiero estar ahí, quiero respirar mi aire, quiero estar frente al canal Beagle, siento que es un derecho de nosotros.

-Y el terreno que tienen ahora ¿han formado comunidad?
-El terreno que nos dieron de regreso de la democracia es de la comunidad yagana, pero nos ha costado trabajar en comunidad, porque nosotros somos más de clanes familiares, nuestra raza siempre fue así, hacemos actividades
juntos pero como clan familiar, no como comunidad. No nos peleamos, pero tenemos diferencias “yo no quiero hacer esto, me gustaría hacer aquello”, queremos algo realmente propio.

-¿Quién le enseñó a hablar yagán?
̶ Yo me quedé huérfana cuando era chiquitita, a mi papá no lo conocí y a mi mamá la conocí un poquito, murió cuando tenía 4 años. Después estuve con mi abuelo, Alapainsh, pero murió al poco tiempo, así que terminé creciendo con una tía y una prima.

̶ ¿Cuándo fue la última vez que tuvo una conversación en yagán?
̶ Con mis hermanas Úrsula y Emelinda. No termino nunca. No hablo con nadie… pero solita cualquier cosa hablo. Hace 20 años que no converso con otra persona, hablábamos de todo, las echo mucho de menos.

-Ha recibido muchos premios y condecoraciones por ser la última yagana ¿cómo se siente con eso?
La verdad es que me tratan bien, me regalonean harto y eso me gusta. Lo que no me gusta mucho es salir de viaje porque me gusta mucho estar en mi casa, en mi tierra con mi gente.

̶ ¿Cuál es su opinión sobre la violencia contra la mujer?
̶ Me parece terrible, no queremos que nos violenten más. Quiero que se termine la violencia contra la mujer, esto no puede seguir pasando.

Escrito: Hanaan Hernández M.

Fuente: El Ciudadano – 27 de Enero de 2.017
http://www.elciudadano.cl/2017/01/27/354647/765-2/

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