La combinación de ajo y limón se utiliza porque actúa directamente en el sistema digestivo y en el ambiente interno del cuerpo. Cuando hay digestión pesada, gases, inflamación o sensación de suciedad interna, esta mezcla ayuda a ordenar el proceso desde adentro.
El ajo actúa reduciendo microorganismos que alteran el intestino y provocan fermentación. Cuando esa fermentación baja, el estómago y el intestino trabajan con menos carga. El limón ayuda a estimular los jugos digestivos y favorece que los alimentos se descompongan mejor, evitando que se queden estancados y generen inflamación.
Para prepararlo se toma un diente de ajo crudo, se pela y se machaca ligeramente. Se deja reposar unos minutos para que libere sus compuestos. Después se exprime el jugo de un limón fresco y se mezcla con un vaso de agua tibia, no caliente. El ajo se agrega al final y se mezcla bien.
La forma de consumirlo es en ayunas, una vez al día. Se toma despacio y después se espera al menos 20 a 30 minutos antes de comer. No se toma varias veces al día ni se combina con otros brebajes. El uso suele mantenerse por 7 a 10 días, dependiendo de cómo responda el cuerpo.
Durante esos días es importante evitar comidas pesadas, exceso de azúcar y alcohol, porque si no se quita lo que irrita, la mezcla pierde efecto. Lo que hace es ayudar al cuerpo a limpiar y equilibrar, no tapar excesos.
Muchas personas notan menos gases, menos inflamación abdominal, digestión más ligera y sensación de alivio interno. Esto ocurre porque el intestino deja de estar saturado y el hígado recibe menos carga.
No es para tomarse todo el mes ni de forma permanente. Se usa como apoyo puntual. Si causa ardor fuerte o malestar, se suspende. Cada cuerpo responde distinto.
La limpieza real no viene de vaciar el cuerpo, sino de permitir que vuelva a funcionar sin estorbos. Ajo y limón ayudan cuando se usan con orden y constancia, no cuando se abusa de ellos.

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