Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

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jueves, 11 de diciembre de 2025

LA GUERRA QUE NOS CONTARON MAL: CUANDO LA HISTORIA SE CANSÓ DE LOS MITOS - ROBERTO ARNAIZ





La Guerra de la triple Alianza

Hay verdades que uno aprende a los golpes, como quien descubre que el mundo no está hecho de lirios ni de discursos almibarados, sino de fierros fríos, documentos manchados de tinta y silencios que pesan como metralla. Y hay mentiras que se repiten tanto, que terminan oliendo a humedad, como esas paredes viejas donde la pintura ya no puede tapar el moho. Entre esas mentiras cómodas, instaladas como muebles a los que nadie se anima a tirar, está la versión edulcorada de la Guerra de la Triple Alianza.

Pero basta pasar un dedo por ese vidrio empañado para que aparezca la forma verdadera de los hechos. Y lo que surge es un golpe seco, sin adornos: un país fue invadido. No hay metáfora ni laberinto dialéctico que suavice eso. Los paraguayos entraron a Corrientes el 13 de abril de 1865, apresaron al gobernador, ocuparon la ciudad y desplegaron bandera. ¿Qué debía hacer Argentina? ¿Decir gracias? ¿Hacer silencio? ¿Discutirlo en una sobremesa?

Los hechos —cuando están escritos en pólvora— no necesitan defensores. Se imponen solos.

El ruido de las botas antes que el ruido de las palabras

Para entender cómo se llega a esa mañana en Corrientes, hay que retroceder. Y al retroceder se ve algo claro como un tajo: Paraguay declaró la guerra primero, en noviembre de 1864, y al mes siguiente invadió Mato Grosso, territorio brasileño. Tomaron fuertes, subieron por los ríos, avanzaron sin titubeos. Una ofensiva abierta, planificada, sostenida.

De modo que cuando algunos historiadores modernos afirman que Paraguay fue "víctima", uno no sabe si reír por piedad o llorar por cansancio. Víctima es el que recibe la puñalada sin verla venir. Aquí no. El primer golpe lo dio Solano López, con plena conciencia y ambición.

Luego vendría la declaración de guerra a Argentina, el 18 de marzo de 1865. Pero López no esperó diplomacias: cruzó el Paraná igual, como quien cruza la puerta de una casa ajena sin anunciarse.

Ahí se acabó cualquier debate moral. Un país invadido se defiende o desaparece.

La fábula del modelo perfecto y la verdad de los cañones

Hay quienes, enamorados de los mitos como quien colecciona estampitas, insisten en romantizar la figura de Solano López, convirtiéndolo en un mártir antiimperialista. Les encanta pensar que Paraguay era un modelo económico perfecto que incomodaba al mundo. Es un relato atractivo, sí, pero no por verdadero: por cómodo.

Es sencillo hacer de López un héroe desde un escritorio con calefacción. Difícil es imaginarse calculando municiones, evaluando fronteras, midiendo el desgaste de un ejército sobredimensionado y aislado del comercio exterior.

El Paraguay previo a la guerra tenía muchos méritos, pero también una fragilidad estructural: una fuerza militar gigantesca para su población y un proyecto político encerrado en sí mismo. Y cuando a eso se le suma un gobernante que confunde voluntad con destino, el desastre deja de ser posibilidad y se vuelve consecuencia.

López atacó Brasil sin aliados firmes. Declaró la guerra a Argentina confiando en una ingenuidad que nunca existió. Prolongó una guerra perdida, arrastrando a su pueblo a un sacrificio inútil. Pero para algunos, siempre es más sencillo culpar a terceros.

La puerta que ningún país puede dejar abierta

Volvamos a Corrientes. Pensemos la escena sin poesía: tropas extranjeras ocupan una ciudad argentina. ¿Qué nación del mundo dejaría pasar eso sin reaccionar? ¿Qué país, con un mínimo instinto de supervivencia, entregaría su soberanía sin hacer ruido?

Decir que Argentina "eligió" entrar en la guerra es desconocer la esencia misma de un Estado. A Argentina no la invitaron ni la sedujeron: la empujaron a golpes hacia el conflicto.

¿Había alternativa? Sí, una sola: rendirse. Arriar la bandera, ceder el territorio, aceptar administraciones extranjeras. Convertirse en una sombra. ¿Eso querían los románticos del mito? ¿Una Argentina dócil, servil, entregada sin luchar?

Mitre, con todos sus defectos, sabía que un país que no se defiende no merece ser país.

Los ríos que ardieron y las provincias que entendieron

Las provincias del Litoral no necesitaban tratados ni discursos para entender lo que estaba pasando. Lo sintieron en el agua del Paraná, que empezó a ser frontera viva, tensa, cargada de presagios. Corrientes ardía; Entre Ríos afinaba sus milicias; Santa Fe vigilaba el horizonte.

Mientras en las capitales algunos debatían teorías, allá se luchaba por horas de vida. Barcos improvisados, milicianos con más coraje que recursos, familias abandonando ranchos con lo puesto. La guerra no se debatía: se respiraba.

Héroes, fantasmas y una tragedia inevitable

Después vinieron Tuyutí, Curupaytí, Humaitá, Lomas Valentinas. Fueron cementerios abiertos. El pueblo paraguayo peleó con valentía trágica: mujeres que sostuvieron el país entero, niños enviados al combate cuando ya no quedaban hombres. Una resistencia conmovedora, heroica… pero incapaz de revertir lo irreversible.

Porque la valentía, por admirable que sea, no cambia el origen de los hechos:

Paraguay atacó primero.

Paraguay invadió territorio argentino.


López prolongó una guerra perdida.

Argentina, en cambio, hizo lo que cualquier nación con dignidad habría hecho: defenderse. No por ambición, no por intereses extranjeros, no por capricho político. Lo hizo por algo más elemental: supervivencia.

La mentira que tantos prefieren

¿Por qué, entonces, la otra versión —la dulce, la romántica— sigue circulando? Porque es más tentadora. Porque nos gusta creer que siempre somos víctimas o villanos, nunca responsables de decisiones complejas. Porque es más fácil hablar del imperialismo inglés que mirar los documentos de la época.

Las teorías conspirativas seducen: ofrecen enemigos claros y héroes impecables. Pero la historia real es más incómoda. Tiene bordes filosos y las manos manchadas.

La verdad, en cambio, es simple:

Un país invadido se defiende. No pide permiso para hacerlo.

Recuperar el sentido común

Este texto no busca convencer fanáticos. Busca iluminar a quienes prefieren pensar antes que repetir. Porque la historia no es un altar para depositar mitos, sino una herramienta para comprender cómo se sobrevive.

En 1865 la ecuación era brutal y directa:

O defendíamos Corrientes, o dejábamos de ser Argentina.

Y cuando la disyuntiva es tan clara, no hay espacio para interpretaciones caprichosas.

La verdad duele, pero también ordena

Nadie celebra una guerra. Nadie festeja un millón de muertos. Pero negar los hechos no resucita a nadie. Argentina no provocó la guerra. No la buscó. No la deseó.

La guerra llegó como un rayo, sin pedir permiso.

Y aun así, supimos plantarnos.

Esa es la verdad incómoda: no fuimos agresores ni cómplices de conspiraciones. Fuimos un país que se defendió cuando lo atacaron.

Y gracias a eso, seguimos acá.

Bibliografía

La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas – León Pomer – Editorial CEAL – 1971 – Buenos Aires.

La Guerra del Paraguay – José Ignacio García Hamilton – Editorial Sudamericana – 1996 – Buenos Aires.

La Guerra de la Triple Alianza – Thomas L. Whigham – Editorial Taurus – 2010 – Buenos Aires.

La Argentina y la Guerra del Paraguay – Carlos A. Page – Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba – 2015 – Córdoba.


La Guerra del Paraguay: Historia y Tragedia – Efraím Cardozo – Editorial El Lector – 1987 – Asunción.


El Imperio del Brasil y la Guerra del Paraguay – Francisco Doratioto – Editorial Emecé – 2002 – São Paulo.


La Guerra del Paraguay (1864–1870) – Tulio Halperin Donghi – Siglo XXI Editores – 1980 – México D.F.


La Guerra de la Triple Alianza – Luis G. Benítez – Editorial Servilibro – 2008 – Asunción.


La Columna de la Muerte – Guido Rodríguez Alcalá – Editorial El Lector – 1992 – Asunción.


Historia de la Nación Argentina, Tomo VII: La Guerra del Paraguay – Academia Nacional de la Historia – Editorial El Ateneo – 1940 – Buenos Aires.


El Mariscal Francisco Solano López – Cecilio Báez – Editorial Nizza – 1938 – Asunción.


La Triple Alianza: Una Revisión Historiográfica – Ricardo Scavone Yegros – Editorial Cervantes – 1998 – Asunción.


La Guerra del Paraguay: Invasión, Resistencia y Derrota – Milda Rivarola – Editorial Servilibro – 2014 – Asunción.


Mitre y la Nación – José Luis Busaniche – Editorial Pampa y Cielo – 1947 – Buenos Aires.


Bartolomé Mitre: Historia y Política – Ricardo Levene – Editorial Eudeba – 1960 – Buenos Aires.


La Organización Militar Argentina (1810–1900) – Instituto Argentino de Historia Militar – Imprenta del Ejército – 1998 – Buenos Aires.


Operaciones Navales en la Guerra del Paraguay – Mariano T. de Vedia y Mitre – Imprenta del Congreso – 1928 – Buenos Aires.


La Estrategia en la Guerra del Paraguay – Juan Beverina – Círculo Militar – 1921 – Buenos Aires.


La Guerra del Paraguay a través de la Correspondencia Diplomática – Alfredo Seiferheld – Editorial El Lector – 1985 – Asunción.


La Nación en Armas: Historia del Ejército Argentino (Tomo II) – Comisión de Estudios Históricos del Ejército – Imprenta del Ejército – 1960 – Buenos Aires.


XVI Encuentro Internacional de Historia sobre las Operaciones Bélicas de la Guerra de la Triple Alianza – Instituto Argentino de Historia Militar – Imprenta Dorrego – 2025 – Buenos Aires.

sábado, 16 de marzo de 2019

La historia de las mujeres que donaron sus joyas para financiar al ejército de Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza



Las mujeres de la alta sociedad concurrieron a la entrega oficial de las joyas y "Libro de oro" en 1867. (Foto: El Centinela/Colección CAV/Museo del Barro)
Mil mujeres se reunieron hace 150 años frente a lo que hoy es la Catedral Metropolitana de Asunción.
Su objetivo era votar por la creación de una serie de comisiones regionales encargadas de recolectar las donaciones de joyas y alhajas de mujeres de todo Paraguay, destinadas a "aumentar los elementos bélicos de la heroica defensa de la patria", según actas de la época.
Esta reunión del 24 de febrero de 1867 es considerada la primera asamblea femenina de Sudamérica y la razón por la que Paraguay festeja el Día de la Mujer en una fecha distinta al 8 de marzo.
Pero también es el origen de lo que se conoce como el ejército de retaguardia de Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza, el enfrentamiento internacional más sangriento de la historia de América Latina.
En los cinco años de guerra que enfrentaron a Paraguay con Argentina, Brasil y Uruguay, entre 200.000 y 300.000 paraguayos murieron, al menos la mitad de su población.
Entregar sus joyas para financiar el ejército fue el primer gran paso que ellas dieron en lo que terminaría siendo "el país de las mujeres".

El "Libro de oro"


Durante cinco meses, ciudad por ciudad, más de 5.000 mujeres entregaron lo más preciado que tenían: aros y peinetas de oro, collares de coral, anillos y prendedores de diamantes, relojes de bolsillo, vajilla con incrustaciones en piedra, espuelas de plata.



El "Libro de oro" tiene una cobertura con grabados en oro, un delicado trabajo de orfebrería anónimo. (Foto: Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay)
Algunas lo hicieron convencidas con la causa nacional, en apoyo a la guerra que había desatado su presidente, el mariscal Francisco Solano López, al invadir Brasil por diferencias geopolíticas en 1864 y que, un año después, se convertiría en un conflicto transnacional imposible de ganar para Paraguay.
Otras mujeres, en cambio, fueron coaccionadas a entregar las joyas y reliquias familiares que con orgullo vestían a diario, tal como indicaba la tradición local de la época.
Pero todas ellas quedaron inmortalizadas como "las hijas de la patria" en el llamado "Libro de oro", un volumen que detalla el nombre, a veces el apellido y siempre el lugar de residencia de cada donante.

Francisco Solano López
         Se trata de un ejemplar de 10 kilos, con 96 páginas y una cobertura con grabados en oro, que fue entregado el 8 de septiembre de 1867 junto con todas las joyas para Solano López.
"El 'Libro de oro' es invaluable, es una reliquia que representa la voluntad de un pueblo por sobrevivir", Fernando Griffith, ministro de la Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay, sobre el texto que el mes pasado se expuso por primera vez al público general en el Archivo Nacional de Asunción.
"Por ahora no tenemos el dato preciso de cuántas mujeres donaron ni del valor de las joyas", le dice a BBC Mundo Vicente Arrúa Ávalos, director del Archivo Nacional de Asunción.
Sin embargo, como el texto iba acompañado de otros tres volúmenes que contienen el inventario completo de qué donó cada paraguaya, pronto los historiadores podrán desentrañar algunos de los misterios que lo rodean.

¿Qué pasó con las joyas?


Existen muchas teorías sobre qué hizo Solano López con las joyas.
En algunos libros de historia se afirma que el presidente mandó a acuñar monedas de oro para efectivamente financiar al ejército.
También están los que sostienen que usó la donación para forjarse una espadade puño y vaina de oro sólido, adornados con piedras preciosas.
Incluso hay quienes aseguran que las joyas fueron a engrosar las arcas de la compañera del mariscal, la irlandesa Elisa Lynch.

En cualquier caso, la historiadora paraguaya Mary Monte de López Moreira le dice a BBC Mundo que es imposible que las joyas pudieran haber sido comercializadas para comprar armas debido al bloqueo que poco después sufriría el país.


El "Libro de oro" fue digitalizado por completo el mismo día en que llegó al Archivo Nacional de Asunción. (Foto: Secretaría Nacional de Cultura de Paraguay)
Por su parte, Arrúa Ávalos afirma que todo esto es anecdótico porque "el objetivo principal de la donación era simbólico: demostrar la fidelidad a la patria".
En este sentido, sobre la fecha de la donación, Solano López escribió: "La solicitud del bello sexo para usar los colores nacionales en lugar de sus joyas y alhajas durante la guerra es eminentemente patriótica".
"Pero —continuó— no considero que la mujer paraguaya, que tantas pruebas ha dado de su amor a la patria, necesite hacer ostentación externa de los colores que lleva impreso en su corazón ni veo por qué ha de renunciar al uso de sus joyas".

Lo cierto es que si esas joyas estaban aún en Asunción en 1869, cuando los ejércitos de Argentina, Brasil y Uruguay invadieron la capital, es muy probable que se convirtieran en botín de guerra.
La Guerra de la Triple Alianza que enfrentó a Paraguay con Argentina, Brasil y Uruguay se extendió entre 1865 y 1870.


De hecho, el propio "Libro de oro" estuvo en manos del gobierno brasileño hasta 1975, cuando fue devuelto a Paraguay.
Arrúa Ávalos cuenta que por 42 años el libro estuvo en el palacio de gobierno, donde se lo conservó en óptimas condiciones, pero inaccesible para historiadores y público. Desde su entrega al Archivo Nacional de Asunción, en septiembre pasado, se encuentra escaneado y disponible online.

Heroínas anónimas

La donación de joyas es apenas uno de los tantos roles que asumieron las mujeres paraguayas durante la Guerra de la Triple Alianza.
"Los primeros registros de mujeres luchando son de diciembre de 1868", le cuenta a BBC Mundo el historiador paraguayo Fabián Chamorro.
Pero desde un principio, agrega Monte de López Moreira, las mujeres trabajaron la tierra para suministrar el alimento a los soldados y participaron como enfermeras, lavanderas y cocineras en los campos de batalla.
"Encontré registros de algunas mujeres que iban hasta el campo enemigo, le sacaban los uniformes a los caídos, los lavaban y adaptaban para los soldados paraguayos", explica la historiadora.
Por su parte, Arrúa Ávalos afirma que, "a pesar de que la donación de joyas resuena como la máxima expresión de patriotismo", además hicieron cuantiosas entregas de comida, ropa y aguardiente, por citar algunos ejemplos.

También fueron ellas las que tuvieron la difícil tarea de reconstruir el país al terminar la guerra, en 1870.

Hombres y mujeres, niños y ancianos terminaron peleando por Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza. (Foto: Gregorio Cáceres/Semanario Cabichuí/Colección Hemeroteca Carlos A. López/Biblioteca Nacional)
Según los registros historiográficos más aceptados, 80% de los paraguayos que murieron durante el conflicto eran hombres. Ellas, entonces, se encargaron de plantar la tierra y faenar, pero también de otras tareas como comercializar y estibar en el puerto.
Y, por supuesto, debieron repoblar el país en tiempos en que había cuatro mujeres por cada varón y hasta la pareja se compartía.
Incluso, en algunas regiones de Paraguay, la proporción llegaría a ser de 20 a uno, lo cual provocó el apodo coloquial del "país de las mujeres".
No obstante, estas mujeres permanecen como heroínas anónimas. Para ellas no hay estatuas con sus rostros ni calles o plazas con sus nombres y apellidos.
En palabras de Chamorro: "En un país reconstruido por mujeres, nuestra historia no las recuerda".
Fuente: BBC Mundo - 22 de Diciembre de 2.017
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