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Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

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domingo, 29 de agosto de 2021

“Yo tengo un sueño”: el día que Martin Luther King pidió no juzgar a nadie por su color de piel y conmovió al mundo






El 28 de agosto de 1963, ante 250 mil personas en Washington, el líder afroamericano pronunció un discurso decisivo para el movimiento de derechos civiles estadounidense. Su lucha por la igualdad y su horrendo asesinato.

-I have a dream (Yo tengo un sueño).

Empezó con estas cuatro palabras que se grabaron para siempre en la historia. Martin Luther King, en aquel caluroso verano de 1963, se había puesto a la cabeza de la colosal Marcha sobre Washington: las 250 mil personas que llegaron hasta al pie del Lincoln Memorial oyeron el más conmovedor de sus discursos.


A diferencia de Malcolm X y su discurso: “Los negros al poder, porque sólo un poder puede matar a otro poder”. A diferencia de los Panteras Negras y sus proclamas “¡Muerte a los blancos!”. A diferencia de los Musulmanes de color y su sectarismo. A diferencia de toda reivindicación racial a costa de sangre derramada, trepado en las escalinatas del Monumento a Lincoln, él se inspiró en Gandhi

Hijo de un ministro bautista, nació en Atlanta, Georgia, el 15 de enero de 1929. Martin estudió teología en la Universidad de Boston, y en 1954, ya pastor bautista como su padre, se hizo cargo de una iglesia en Montgomery, Alabama. En uno de los más crueles corazones del racismo. Y dispuesto a darles batallas… sin armas de fuego. Había agregado el “Luther” a su nombre como homenaje a Martin Lutero (1483-1546), el teólogo y fraile católico que revolucionó a la Iglesia con su Reforma: ataque frontal contra la corrupción interna que la socavaba.


Desde sus 20 años vivió obsesionado por una causa: los derechos civiles de los negros. De su raza.

No le faltaron enemigos: le sobraron. Para las organizaciones negras violentas, el Black Power armado, era el Tío Tom. El “negro manso y obediente” de la novela La Cabaña del Tío Tom, de la escritora Harriet Beecher Stowe, publicada el 20 de marzo de 1852. Pero era un mote injusto y sesgado. La novela, un alegato contra el monstruoso crimen de la esclavitud, presentaba a dos hombres de color: el de la casa y el del campo. El primero, sí, era sumiso, obediente y resignado al látigo. Pero el segundo era un hombre dispuesto a todo para terminar con ese cáncer. Un hombre como Martin Luther King.

Que en 1964 recibió el premio Nobel de la Paz.

Justamente por su elección del modo de luchar. A lo Gandhi. A lo Nelson Mandela.

Y ese mismo año, como eco del Nobel, el presidente Lyndon Johnson, sucesor de John Kennedy desde el trágico magnicidio de Dallas, Texas, 22 de noviembre, 1963, promulgó la Ley de Derechos Civiles. Consagración de la igualdad de todos los ciudadanos sin distinción de color.

Un triunfo de Martin que despertó más odio entre los negros radicales adictos al maoísmo, el comunismo, la anarquía, el fanatismo religioso. Un odio que empezó a fundir la bala que lo mataría.
Cada uno de sus pasos, preso o libre, fue la afirmación de sus ideas y sus principios. Es difícil soslayar, por ejemplo, su célebre Carta desde la Prisión de Birmingham, de 1963, publicada por la revista francesa Esprit un año después. O sus obras La Fuerza de Amar, 1965, El Clarín de la Conciencia, 1968, y sobre todo la esencial Por qué no podemos esperar: un pasional recuerdo de los sucesos del verano del 63: la histórica marcha sobre Washington.

Recordemos algo de ese discurso en el Lincoln Memorial:

“Hace cien años, un gran americano, bajo cuya sombra simbólica nos encontramos hoy, firmó la Proclama de la Emancipación. Este trascendental decreto apareció como un gran fanal de esperanza para millones de esclavos marcados con el fuego de una flagrante injusticia. Llegó como el amanecer jubiloso de la larga noche de su cautiverio. Pero cien años después, la América de color sigue sin ser libre”.

“¡Yo tengo un sueño hoy! Yo tengo el sueño de que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada y toda la carne la verá al unísono. Esta es nuestra esperanza”

Hasta hoy, y acaso por siempre, el discurso que empezó con aquel I have a dream está considerado como una obra maestra de la oratoria.

En uno de sus párrafos dijo: “Sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán algún día en una nación donde no se les juzgará por el color de su piel sino por las cualidades de su carácter”.

Pasado más de medio siglo, en 2018 su nieta Yolanda Renee King -entonces 9 años- recordó sus palabras no como protesta contra la segregación: contra las armas. Los millones de armas en manos de millones de norteamericanos, y la perpetua tentación que explota cada tanto: el demencial y mortal ataque con armas en las escuelas.

Una precoz King, que heredó de su abuelo la voluntad de lucha, dijo en Washington: “Mi abuelo tuvo el sueño de que sus cuatro nietos no serían juzgados por el color de su piel, sino por su personalidad. Yo tengo el sueño de que ya es suficiente. ¡Pido un mundo sin armas! Difundan la palabra. Donde sea que estén. ¡En toda la nación! Vamos a ser una gran generación…”.

En 1964, un año después del discurso de Martin Luther King, la humilde costurera negra Rosa Parks, subió a un autobús y se negó a sentarse en la parte trasera, destinada a los negros:

–Estoy muy cansada –dijo.

Fue a parar a la cárcel. Pero Martin organizó y se puso a la cabeza de un boicot de más de un año contra la segregación en los autobuses municipales. Ninguna persona de color, en ese largo y tenso año, volvió a tomar uno. Caminaron, viajaron en bicicleta, los que tenían auto cargaron a cuantos pudieron, y por supuesto, crujieron las arcas: sólo entraban los centavos de los blancos.



Antes, en 1960 se sumó a una sentada de protesta de estudiantes de color en Birmingham, Alabama, para desplegar una vasta campaña nacional por la causa de los derechos civiles de sus hermanos.

Cayó preso. Pero fue liberado gracias a la intervención de un político en camino hacia la presidencia. Sí: John Fitzgerald Kennedy. Y la campaña no fue en vano: Martin logró para su raza la igualdad de acceso a los comedores, las bibliotecas y los lugares de estacionamiento.

El 4 de abril de 1968 se convirtió en el funesto y trágico día en que el fanático segregacionista James Earl Ray mató de un balazo en la garganta a Martin Luther King mientras éste, desde el balcón del Lorraine Motel (Memphis, Tennessee), defendía los derechos de los basureros de color de esa ciudad, en huelga por mejor salario y mejor trato: a diferencia de los basureros blancos, no cobraban cuando el clima hacía imposible trabajar.


Sus últimas palabras fueron un pedido al músico Ben Branch:

–Bren, prepárate a tocar Precious Lord, Take My Hand (Señor, toma mi mano). Tócala de la manera más hermosa.

El asesino, prófugo, fue capturado en el aeropuerto Heathrow de Londres, listo para huir a Canadá con un pasaporte falso.

Juzgado en la misma ciudad del crimen, se declaró culpable para evitar la pena de muerte. Fue condenado a 99 años de prisión.

Martin tenía apenas 39 años. Estaba Casado con Coretta Scott (1927–2006) con quien tuvieron cuatro hijos: Yolanda, Martin Luther III, Dexter y Bernice. No pudo ver su sueño cumplido, pero permitió que millones soñaran.

Fuente: Infobae - 29 de Agosto de 2021.
https://www.infobae.com/historias/2021/08/28/yo-tengo-un-sueno-el-dia-que-martin-luther-king-pidio-no-juzgar-a-nadie-por-su-color-de-piel-y-conmovio-al-mundo/



lunes, 21 de junio de 2021

Plantar árboles...


viernes, 28 de agosto de 2020

Un 28 de Agosto de 1963 Martin Luther King expresó: "Tengo un sueño"

Con su discurso Martin Luther King extendería por Estados Unidos la conciencia pública sobre los derechos civiles.


El 28 de agosto de 1963 tuvo lugar, en la capital estadounidense de Washington, la "Marcha de derechos civiles", donde el activista Martin Luther King dio un discurso, ante más de 200 mil personas, en el que enfatizó la frase: "Tengo un sueño".

Al dar su discurso, King se consolidó como uno de los más grandes oradores de la historia estadounidense. Comenzó hablando de la Proclamación de Emancipación que había sido firmada hacía cien años (1863), y de cómo todavía existía la segregación a pesar de lo que ese y otros documentos históricos de su país prometían.

Hizo hincapié en que ese era el momento para hacer el cambio. Pidió justicia y cambio, y afirmaba que era el comienzo de la lucha, aunque descartaba la violencia como medio.

Describió el padecimiento de la raza negra en ese momento con ejemplo contundentes y les pidió a todos que sigan luchando por sus ideales.

Su discurso completo

«Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy en la que quedará como la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestra nación. Hace cien años, un gran americano, cuya sombra simbólica nos cobija, firmó la Proclama de Emancipación. Este importante decreto se convirtió en un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros que fueron cocinados en las llamas de la injusticia. Llegó como un amanecer de alegría para terminar la larga noche del cautiverio. Pero 100 años después debemos enfrentar el hecho trágico de que el negro aún no es libre. Cien años después, la vida del negro es todavía minada por los grilletes de la discriminación. Cien años después, el negro vive en una solitaria isla de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después, el negro todavía languidece en los rincones de la sociedad estadounidense y se encuentra a sí mismo exiliado en su propia tierra.

Y así hemos venido aquí hoy para dramatizar una condición extrema. En cierto sentido, llegamos a la capital de nuestra nación para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaración de Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería heredero. Esa nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de 'vida, libertad y búsqueda de la felicidad'. Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a sus ciudadanos de color. En vez de honrar su obligación sagrada, Estados Unidos dio al negro un cheque sin valor que fue devuelto con el sello de 'fondos insuficientes'. Pero nos rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos rehusamos a creer que no hay fondos en los grandes depósitos de oportunidad en esta nación. Por eso hemos venido a cobrar ese cheque, un cheque que nos dará las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia.

También hemos venido a este lugar sagrado para recordarle a Estados Unidos la urgencia feroz del ahora. Este no es tiempo para entrar en el lujo del enfriamiento o para tomar la droga tranquilizadora del gradualismo. Ahora es el tiempo de elevarnos del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el iluminado camino de la justicia racial. Ahora es el tiempo de elevar nuestra nación de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la sólida roca de la hermandad. Ahora es el tiempo de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento. Este sofocante verano del legítimo descontento del negro no terminará hasta que venga un otoño revitalizador de libertad e igualdad. 1963 no es un fin, sino un principio. Aquellos que piensan que el negro sólo necesita evacuar su frustración y que ahora permanecerá contento, tendrán un rudo despertar si la nación regresa a su rutina.

No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que el negro tenga garantizados sus derechos de ciudadano. Los remolinos de la revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que emerja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que debo decir a mi gente, que aguarda en el cálido umbral que lleva al palacio de la justicia: en el proceso de ganar nuestro justo lugar no deberemos ser culpables de hechos erróneos. No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas de la resistencia a la fuerza física con la fuerza del alma. Esta nueva militancia maravillosa que ha abrazado a la comunidad negra no debe conducir a la desconfianza de los blancos, ya que muchos de nuestros hermanos blancos, como lo demuestra su presencia aquí hoy, se han dado cuenta de que su destino está atado al nuestro. Se han dado cuenta de que su libertad está ligada inextricablemente a nuestra libertad. No podemos caminar solos. Y a medida que caminemos, debemos hacernos la promesa de marchar siempre hacia el frente. No podemos volver atrás.

Hay quienes preguntan a los que luchan por los derechos civiles: '¿Cuándo quedarán satisfechos?' Nunca estaremos satisfechos mientras el negro sea víctima de los inimaginables horrores de la brutalidad policial. Nunca estaremos satisfechos en tanto nuestros cuerpos, pesados por la fatiga del viaje, no puedan acceder a un alojamiento en los moteles de las carreteras y los hoteles de las ciudades. No estaremos satisfechos mientras la movilidad básica del negro sea de un gueto pequeño a uno más grande. Nunca estaremos satisfechos mientras a nuestros hijos les sea arrancado su ser y robada su dignidad con carteles que rezan: 'Solamente para blancos'. No podemos estar satisfechos y no estaremos satisfechos en tanto un negro de Mississippi no pueda votar y un negro en Nueva York crea que no tiene nada por qué votar. No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta que la justicia nos caiga como una catarata y el bien como un torrente.

No olvido que muchos de ustedes están aquí tras pasar por grandes pruebas y tribulaciones. Algunos de ustedes acaban de salir de celdas angostas. Algunos de ustedes llegaron desde zonas donde su búsqueda de libertad los ha dejado golpeados por las tormentas de la persecución y sacudidos por los vientos de la brutalidad policial. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen su trabajo con la fe de que el sufrimiento sin recompensa asegura la redención. Vuelvan a Mississippi, vuelvan a Alabama, regresen a Georgia, a Louisiana, a las zonas pobres y guetos de las ciudades norteñas, con la sabiduría de que, de alguna forma, esta situación puede ser y será cambiada. No nos deleitemos en el valle de la desesperación. Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño. Es un sueño arraigado profundamente en el sueño americano.

Yo tengo un sueño de que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo: 'Creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales'.

Yo tengo el sueño de que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.

Yo tengo el sueño de que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.

Yo tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter. ¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo el sueño de que un día, allá en Alabama, con sus racistas despiadados, con un gobernador cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación; un día allí mismo en Alabama, pequeños niños negros y pequeñas niñas negras serán capaces de unir sus manos con pequeños niños blancos y niñas blancas como hermanos y hermanas. ¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo el sueño de que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada y toda la carne la verá al unísono. Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que regresaré al sur. Con esta fe seremos capaces de esculpir en la montaña de la desesperación una piedra de esperanza. Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.

Este será el día, este será el día en que todos los niños de Dios serán capaces de cantar con un nuevo significado: 'Mi país, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra donde mis padres murieron, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera, dejen resonar la libertad'. Y si Estados Unidos va a convertirse en una gran nación, esto debe convertirse en realidad. Entonces dejen resonar la libertad desde las prodigiosas cumbres de Nueva Hampshire. Dejen resonar la libertad desde las grandes montañas de Nueva York. Dejen resonar la libertad desde los Alleghenies de Pennsylvania. Dejen resonar la libertad desde los picos nevados de Colorado. Dejen resonar la libertad desde los curvados picos de California. Dejen resonar la libertad desde las montañas de piedra de Georgia. ¡Dejen resonar la libertad de la montaña Lookout de Tennessee. Dejen resonar la libertad desde cada colina y cada montaña de Mississippi, desde cada ladera, dejen resonar la libertad! Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día en que todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo espiritual negro: '¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!'».

miércoles, 7 de febrero de 2018

Luz


lunes, 15 de enero de 2018

Tengo un sueño - Martin Luther King

Hoy, Estados Unidos celebra el natalicio número 89 de uno de los primeros líderes de los derechos civiles en Estados Unidos, el reverendo Martin Luther King Jr.  Quien hizo templar y erizar la piel con su  discurso, “Tengo un sueño” el cual  causó grandes cambios en la sociedad estadounidenses e inspiró a otras sociedades, a seguir el mismo ejemplo de valentía de éste gran líder.
Recordar la dura lucha por la que atravesaron los negros para liberarse de la esclavitud a los que estaban sometidos y a la segregación que los acompaño.

El discurso que estremeció a los Estados Unidos: (Siempre es bueno re-leerlo)
Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que sera ante la historia la mayor manifestacion por la libertad de nuestro pais.
Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.
Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
Es obvio hoy en día, que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligación, Estados Unidos ha dado a los negros un cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello de “fondos insuficientes”. Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de la oportunidad de este país. Por eso hemos venido a cobrar este cheque; el cheque que nos colmará de las riquezas de la libertad y de la seguridad de justicia.
También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad.
Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento y no darle la importancia a la decisión de los negros. Este verano, ardiente por el legítimo descontento de los negros, no pasará hasta que no haya un otoño vigorizante de libertad e igualdad.
1963 no es un fin, sino el principio. Y quienes tenían la esperanza de que los negros necesitaban desahogarse y ya se sentirá contentos, tendrán un rudo despertar si el país retorna a lo mismo de siempre. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás.
Hay quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles, “¿Cuándo quedarán satisfechos?”
Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipí no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que “la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente”.
Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde en su búsqueda de la libertad, han sido golpeados por las tormentas de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador.
Regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza.
Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño “americano”.
Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: “Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”.
Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.
Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.
Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.
¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.
¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.
Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.
Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, “Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a ti te canto. Tierra de libertad donde mis antecesores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad”. Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.
Por eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¡Que repique la libertad desde las poderosas montañas de Nueva York! ¡Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania! ¡Que repique la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve en Colorado! ¡Que repique la libertad desde las sinuosas pendientes de California! Pero no sólo eso: ! ¡Que repique la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia! ¡Que repique la libertad desde la Montaña Lookout de Tennesse! ¡Que repique la libertad desde cada pequeña colina y montaña de Misisipí! “De cada costado de la montaña, que repique la libertad”.
Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: “¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!”




Martin Luther King


jueves, 21 de julio de 2016

El silencio de los inocentes



"Lo que me preocupa no es el grito de los corruptos, de los violentos, de los deshonestos, de los sin carácter, de los sin ética.

Lo que me preocupa es el silencio de los inocentes…"

Martin Luther King


Fotografía: Alice Kohler

Fuente: Guardianes de Atinis

lunes, 5 de octubre de 2015

Convivencia


Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el arte de vivir juntos, como hermanos.

Martin Luther King



sábado, 29 de agosto de 2015

Yo Tengo Un Sueño - Martin Luther King


Fuente: Eduardo Galeano - Los hijos de los días


domingo, 5 de julio de 2015

Tengo un sueño - Martin Luther King


Fuente: Un Lugar llamado mundo