Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

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jueves, 1 de agosto de 2024

Latinoamérica unida puede pedir justicia climática



Ante el liderazgo regional en procesos multilaterales y el inicio de nuevos gobiernos como el de la científica Claudia Sheinbaum en México, es momento de construir una estrategia regional para afrontar dilemas de acción colectiva, como los riesgos climáticos y el financiamiento.

Para las personas que habitamos el subcontinente de América Latina y el Caribe, no cabe la menor duda de que el cambio climático está afectando ya a un sinnúmero de comunidades desde México hasta la Patagonia. Es también evidente que, al ser nuestra región la más desigual del planeta, en la medida que el 10% de la población más rica tiene ingresos 12 veces mayores que el 10% más pobre, hay un porcentaje importante de nuestras poblaciones que son altamente vulnerables a los efectos adversos del cambio climático, muchas de las cuales no tienen la capacidad de adaptarse y están en franca desventaja frente a los impactos que se avecinan en años y décadas por venir.

¿Y está pasando algo al respecto? Sí, de hecho, los gobiernos y las comunidades latinoamericanas y caribeñas han ido fortaleciendo sus servicios y políticas climáticas en los últimos años. Por ejemplo, la mitad de los países de la región han elaborado y presentado ante Naciones Unidas sus respectivos planes y comunicaciones nacionales de adaptación al cambio climático. Asimismo, la gran mayoría de países en la región cuenta con compromisos climáticos con esfuerzos de reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero y de adaptación a los impactos antes mencionados aunque, por supuesto, unos son más ambiciosos y alineados con la ciencia que otros.

Más aún, como hemos mencionado en ocasiones anteriores, Colombia y Brasil se han puesto a la cabeza de las negociaciones climáticas y de biodiversidad como presidentes entrantes de las Cumbres de Diversidad Biológica y de Cambio Climático, en 2024 y 2025, respectivamente, lo cual es relevante a la luz de que América Latina cuenta con 40% de la biodiversidad mundial y 12% de la superficie total cultivable. Brasil también ha asumido la presidencia del Grupo de los 20 este año, y ha incluido entre sus prioridades estratégicas la lucha contra el hambre, la pobreza y la desigualdad, el desarrollo sostenible y la reforma de la gobernanza mundial.

América Latina y el Caribe hacen estos esfuerzos para reducir los impactos del cambio climático y sostener un liderazgo proactivo y, sin embargo, es la región que menos financiamiento climático recibe (Asia 36 %, África 29 %, América Latina y el Caribe 10 %). Del total de financiamiento climático que los países desarrollados dicen proveer al conjunto del mundo en desarrollo, 55% son préstamos que continúan perpetuando ciclos de endeudamiento y sólo 28% responde a adaptación, es decir 32.400 millones de dólares sobre 115.900 millones. Esto para nuestra región exacerba el hecho de que en 2020 la deuda pública superó el 70% del PIB regional, tendencia que no ha dejado de incrementar desde la crisis financiera mundial y, el financiamiento climático, que debería apoyar a nuestros países a tener mejores prospecciones de desarrollo y de atender esta crisis, en realidad está profundizando la insostenibilidad de los esquemas de deuda.

Mientras tanto, las necesidades de adaptación y sus costos se siguen incrementando, en tanto la ambición climática de mitigación es insuficiente. La brecha de financiamiento para adaptación conforme a las necesidades de los países en desarrollo se encuentra entre 194.000 y 366.000 millones de dólares anuales, y los costos y necesidades de adaptación son entre 10 y 18 veces superiores a los flujos actuales. Al tiempo que la necesidad media anual de adaptación de los países de América Latina y el Caribe es —al menos— de 51.000 mil millones de dólares para 2030. La Cepal ha calculado que para cumplir con sus compromisos climáticos, los países de la región requieren una inversión de entre 3,7 % y 4,9 % del PIB regional por año hasta 2030. Dado que a 2020 el financiamiento está dado por el 0,5 % del PIB regional, cerrar la brecha de financiamiento climático requiere aumentar la movilización entre 7 y 10 veces.

América Latina y el Caribe ha logrado, en contadas ocasiones, tener una voz común para defender sus necesidades y prioridades en foros internacionales. Sin embargo, el péndulo político hacia la izquierda y la derecha, y las afinidades personales de presidentes y ministros en muchos casos han prevalecido frente a un escenario que año tras año se recrudece: mayores impactos y menor acceso a financiamiento adecuado y justo.

Es de suma importancia traer a la lógica del realismo político, la cruda realidad de que la vulnerabilidad socioeconómica y climática no conoce de derechas e izquierdas. La justicia climática que hoy reclaman las poblaciones más vulnerables -que ya están siendo desplazadas- y las generaciones más jóvenes que heredarán los resultados de nuestra acción -o de nuestra inacción-, hoy se unen a las luchas históricas de los pueblos originarios de nuestra América por el saqueo de sus recursos, y redundan en una “estructura contemporánea del despojo”, como afirmaba Galeano, que no opera como articulador de posiciones políticas.

Ante el liderazgo regional en procesos multilaterales y el inicio de nuevas gestiones gubernamentales, entre ellas la de la científica Claudia Sheinbaum, que tiene una obligación clara de ejercer un nuevo papel protagónico y progresista en México, es momento de construir una visión y una estrategia regional común para afrontar dilemas de acción colectiva, como los riesgos climáticos transfronterizos, y el financiamiento insuficiente. Las construcciones conjuntas pueden ayudar a remediar el incremento del malestar social y económico con el ansiado desarrollo que se ha hecho esperar para un conjunto mayoritario de las comunidades, a lo que se añade la recurrencia del olvido.

Han escrito este artículo:
Alejandra López Carbajal es directora de diplomacia climática en Transforma y María del Pilar Bueno Rubial es directora ejecutiva de Argentina 1.5ºC y subsecretaria de Cambio Climático y Transición Ecológica Justa de Rosario, Argentina.
Para El País el 1°de Agosto de 2024

jueves, 25 de enero de 2024

El ‘reloj del fin del mundo’ sitúa a la humanidad a 90 segundos del apocalipsis, el peor registro de su historia



La guerra en Gaza y el auge de la inteligencia artificial mantienen a la misma distancia de la medianoche que el año pasado la hora simbólica que desde 1947 fijan los expertos de Boletín de Científicos Atómicos.

Faltan 90 segundos para el fin del mundo. Antes de salir corriendo al refugio nuclear, debe saber que, por más que inquietante, no se trata sino de un cálculo simbólico que cada año efectúa un comité convocado por el Boletín de Científicos Atómicos. Es una de esas tradiciones (como la cuesta de enero, el compromiso de abstemia del dry January o el Blue Monday) que hacen del primero del año el mes más cruel, y consiste en desvelar cuán próxima consideran estos expertos que está la humanidad en el Reloj del Apocalipsis (Doomsday Clock) de su medianoche, eufemismo tras el que se esconde el exterminio total. Cuanto más cerca, menos quedaría para el fin del mundo. La buena noticia es que las manecillas se mantienen a la misma distancia que el año pasado. La mala: el de 2023 fue el registro más preocupante desde que se puso en marcha el reloj allá por 1947.

¿Los motivos de preocupación? Los custodios de las manecillas del apocalipsis citaron este martes en la presentación en Washington de sus conclusiones el auge de la inteligencia artificial, la proliferación de armas nucleares, la guerra entre Rusia y Ucrania y la que libra Israel en Gaza, las amenazas biológicas, la crisis climática y la desinformación rampante promovida en muchos casos por los propios Estados. En el acto, que empezó, ay, con retraso, contaron con el popular divulgador científico Bill Nye, y la voz cantante la llevó Rachel Bronson, presidenta y consejera delegada del Boletín de Científicos Atómicos. Esta explicó que se trata de contestar a dos preguntas: “¿Está la humanidad más segura o corre mayor riesgo este año que el año pasado?”. Y: “¿Está la humanidad más segura o en mayor riesgo este año, en comparación con los más de 75 años que hace que llevamos a cabo este ejercicio?”.

No es un mundo estable

Bronson pidió también que nadie se engañara: “Fijar el reloj a 90 segundos de la medianoche no es una indicación de que el mundo esté estable. Todo lo contrario. Las tendencias siguen apuntando ominosamente hacia una catástrofe global. La guerra en Ucrania sigue planteando un riesgo siempre presente de escalada nuclear. Y el ataque del 7 de octubre [de Hamás] en Israel y la guerra en Gaza ilustran una vez más los horrores de la guerra moderna, incluso sin que medie una escalada nuclear. Por si fuera poco, los países con armas nucleares están involucrados en programas de modernización que amenazan con crear una nueva carrera armamentista”, dijo Bronson.

Sobre el cambio climático, la experta recordó que “la Tierra experimentó el año más caluroso jamás registrado” y que “se han arraigado inundaciones masivas, incendios y otros desastres relacionados con el clima. Y la falta de acción sobre el cambio climático amenaza a miles de millones de vidas y medios de subsistencia”. En el debate que siguió al anuncio, la inteligencia artificial, con sus promesas de avance para la humanidad y sus amenazas, fue otro tema estrella, con especial atención a lo que esa nueva tecnología puede hacer para influir en el ánimo de los votantes, con el empleo de trucos como los deepfakes, en un año electoralmente decisivo para una gran parte de la población mundial.

Estos relojeros del apocalipsis suelen recibir críticas por su alarmismo, pero ellos defienden que de eso precisamente se trata, de alertar a la humanidad de los peligros que la acechan. El grupo lo forman expertos de primer nivel, premios Nobel incluidos, que se prestan a un juego de hipótesis que empezó poco después de las primeras bombas atómicas y de que Albert Einstein, J. Robert Oppenheimer y varios integrantes del Proyecto Manhattan pusieran en marcha el Boletín.

En 2018, el reloj dio las 23.58. Nunca se habían quedado tan cerca de la medianoche, salvo en una ocasión: fue en 1953 cuando Estados Unidos y la Unión Soviética se hallaban en plena carrera armamentística con las bombas termonucleares. Desde aquel récord de hace seis años, se han sucedido uno tras otro. En enero de 2020, lo dejaron a 100 segundos del final. Después, llegó la pandemia del coronavirus (y el reloj no se movió). Más tarde, una guerra en Europa provocó que en 2023 solo 90 segundos, otra marca histórica, nos separaran del final de los tiempos.

En su primera edición, en 1947, lo colocaron a siete minutos. Desde entonces, se ha movido 25 veces al tiempo que iba convirtiéndose en un referente de la cultura popular, gracias a sus cameos en películas como Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú?, de Stanley Kubrick, o canciones de grupos de rock como Smashing Pumpkins. Los mejores registros llegaron a principios de los años noventa, con la caída del bloque soviético y del Muro de Berlín. En 1991, las manecillas se quedaron a 17 minutos de la medianoche, 7 minutos antes que el año anterior. Desde entonces, y con la salvedad de 2010, el reloj no ha parado de adelantarse o de quedarse quieto. En 2007, se incluyó el cambio climático como un peligro grave para la humanidad y ese factor no ha dejado en todos estos años de dar cuerda a los malos presagios.

Escrito por Iker Seisdedos para el Diario El País el 23 de Enero de 2024

https://elpais.com/ciencia/2024-01-23/el-reloj-del-fin-del-mundo-situa-a-la-humanidad-a-90-segundos-del-apocalipsis.html


miércoles, 18 de noviembre de 2020

Las mujeres (indígenas) que alimentan a América Latina



Dentro de su Campaña Global para el Empoderamiento de las Mujeres Indígenas para el Hambre Cero, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) junto al Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y la Agencia de Noticias de Mujeres Indígenas y Afrodescendientes (NOTIMIA) han organizado un concurso fotográfico en el que las imágenes debían estar tomadas por las propias mujeres. Esta fue una de las que recibió mención honorífica. "Las mujeres Mayas Pocomch’i participamos en nuestras comunidades en la ejecución de proyectos productivos. Soñamos un mundo sin hambre o malnutrición, donde mujeres, hombres, niños y niñas tengan igual acceso a alimentos nutritivos y sanos, así como acceso a los medios para producir, vender y comprar alimentos. Nosotras soñamos con un mundo libre de violencia por motivo de género donde los roles, responsabilidades, oportunidades sean iguales para hombre como para las mujeres". 
BERINDA JANETH HERRERA.


Esta foto muestra a Rosenda, una de las mujeres tlahuica pjiekakjoo. En su mano izquierda, nos muestra el hongo de olotito o mazorquita (Morchellasp), una especie muy apreciada dentro del pueblo pjiekakjoo por su exquisito sabor. En la comunidad existe una parte de la amplia diversidad de hongos comestibles silvestres que aún se conoce, consume y comercializa. Nuestra comunidad es una de las comunidades más micófagas de México y el mundo, al consumir más de 160 especies de hongos comestibles. La mayoría de las mujeres de la comunidad aprendieron desde niñas a reconocer y recolectar los hongos comestibles silvestres, las veredas, los parajes, los tipos de bosques en los que fructifican, y el patrón fenológico gracias a la enseñanza de su madre. Según la FAO, existen cerca de 185 millones de mujeres indígenas en el mundo, quienes a través de actividades sociales y productivas contribuyen en gran medida al desarrollo sostenible de sus comunidades. Sin embargo, esta contribución no siempre es reconocida. Esta imagen recibió mención de honor. 
ELISEETE RAMIREZ CARBAJAL.


"Las mujeres indígenas con discapacidad queremos ser vistas como agentes de cambio y contribuidoras en la erradicación del hambre, y solo podemos lograrlo cuando somos empoderadas y nos encontramos en igualdad de condiciones que el resto de las indígenas. El lema de la agenda 2030: 'no dejar a nadie átras' es nuestra inspiración", señala la autora de esta imagen del pueblo nahua, que recibió una mención de honor.
OLGA MONTÚFAR CONTRERAS.


Desde el origen de los tiempos han sobrevivido mujer y maíz, ambas semillas de vida que cíclicamente se tejen al ritmo lunar. En el vientre del tiempo la semilla del maíz alimentó el espíritu del pueblo originario; la mano de la mujer transformó la semilla sagrada, gracias a ella el maíz se come, se muele, se bebe, se ríe, se canta, se teje, el maíz se sueña. Mujer-maíz, mujer semilla, mujer luna, mujer-madre-hija-abuela, mujer que siembra y enseña a sembrar, mujer que teje su cultura ancestral en el arte diario de vivir, mujer maíz. Esta imagen del pueblo camëntsa, en Colombia, recibió una mención de honor. 
ELIANA MARÍA MUCHACHASOY.


El amaranto es una semilla criolla nativa, rica en minerales, que contiene aminoácidos de alto valor biológico que ayuda a la memoria. Tras dos meses de trabajar la tierra, un grupo de 10 mujeres están listas para recoger la cosecha. Esta fotografía del pueblo kaqchikel en Guatemala también fue premiada con una mención honorífica. 
INGRID LORENA COLÓ COCOLAJAY.


"El chile es uno de los principales productos consumidos diariamente en México. La comunidad nahua de Tlaola produce tradicionalmente el chile serrano entre los meses de abril y junio. Los chiles rojos se dejan madurar en la planta y se secan bajo el sol. Se cultivan de manera agroecológica y luego los transforman en diferentes tipos de salsas para generar una alternativa económica para las mujeres, promoviendo un sabor ancestral bueno, limpio y justo que además comparten y pretenden heredar las futuras generaciones". 
DALÍ NOLASCO CRUZ.


Otra fotografía con mención de honor, esta vez desde Otavalo (Ecuador): "La comida es el eje central de la cultura kichwa, a través de ella nos relacionamos con nuestra comunidad, con nuestros antepasados y con la Pachamama. Al migrar a Canadá luchamos mucho por mantener vivas nuestra cultura y tradiciones. Uno de mis recuerdos más tempranos fue cuando mi mamá me mando fritada a la escuela, los niños se burlaban del olor y de que diferente era mi comida. Esto es algo muy común que enfrentan niños de familias indígenas cuando están en espacios fuera de sus comunidades. La vergüenza de nuestra comida, aprendida desde pequeños, contribuye mucho a las decisiones alimenticias que tomamos de los adultos cambiando granos por productos procesados. Lo indígena por lo 'desarrollado". 
ELIZABETH FARINANGO.


Esta fotografía, que recibió el segundo premio, muestra a una mujer Maya Q´eqchi´ (de Guatemala) comadrona comunitaria. "En su bolsa siempre lleva su comida y agua, la misma bolsa le sirve para traer frutas, verduras, en este caso lleva hierbas (Makuy) para su consumo y plantas medicinales para sus pacientes. La agricultura es la principal alternativa para el bienestar de su economía familiar, de esa manera promueve su digna autonomía, en el cual refleja que la mujer es la principal defensora de la vida y de la madre tierra". 
ALICIA ROXANA MUCÚCHOC.


La fotografía que recibió el primer premio es esta, del pueblo zapoteco en México. "Las mujeres indígenas de la mixteca oaxaqueña son pilares en la producción del café, realizan tradicionalmente la cosecha, limpieza y selección de los granos. De sus ventas obtienen el sustento familiar. En sus manos, no solo están marcadas las huellas del trabajo arduo sino también la conservación de sus recursos, cultura e historia; en sus ojos reflejan el amor por la tierra, este mismo amor que debe ser conservado y transmitido a las nuevas generaciones". 
JAQUELINE ROQUE CANDELARIA.


El tercer premio fue para esta imagen de los aimara, desde la zona sur de Perú: "Después de realizar una actividad en nuestra comunidad, es costumbre compartir nuestros alimentos. Nos hemos reunido para tejer nuestras artesanías Lupaca, y como es habitual hemos tendido nuestras incuñas y llicllas (mantas tejidas) en el centro. En ella hemos vaciado nuestro fiambre que contiene, principalmente, papa, chuño, quispiño de quinua, habas, maíz y torrejas. Va acompañado de un aderezo especial a base de queso y huevo, todos son productos naturales de la zona. Año tras año planificamos con anticipación qué alimentos vamos a producir y cómo vamos a prepararlos para que no solo sean nutritivos, sino ricos. Nos sentimos orgullosas de tener aún terrenos fértiles y sin contaminación, pues eso nos permite producir alimentos orgánicos". 
ROSA AJROTA INQUILLA.


Fuente: El País / España - 10 de Mayo de 2018

miércoles, 27 de febrero de 2019

La pérdida de biodiversidad amenaza la variedad de alimentos que conocemos

Un nuevo informe de la FAO denuncia la disminución de especies vegetales en las explotaciones agrícolas, el aumento de razas ganaderas en peligro de extinción y de la sobrepesca.



Agricultores siembran arroz antes de la temporada de verano en Naypyitaw, Birmania. HEIN HTET (EFE)
Más variedad de plantas y animales implica más opciones para encontrar distintos nutrientes, más resistencia ante las plagas, más principios activos para medicinas o más riqueza de productos. Pero la biodiversidad del planeta se destruye y por ende se agrava la inseguridad alimentaria, según revela El estado de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura en el mundo, el primer informe en este ámbito realizado la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). De unas 6.000 especies de plantas que se cultivan para obtener alimentos, menos de 200 contribuyen de manera sustancial a la producción alimentaria mundial, y nueve representan el 66% del total de la producción agrícola, revela este texto que ha tardado cinco años en elaborarse y se basa en información de 91 países y de una veintena de organizaciones. “Si no preservamos la biodiversidad, nosotros también estamos en peligro. La situación está llevando a nuestra ya frágil seguridad alimentaria al borde del colapso”, ha alertado el director general de la FAO, José Graziano da Silva, en la presentación del texto este viernes en Roma.
Entre sus principales conclusiones expone que la producción ganadera mundial se basa en unas 40 especies animales, de las cuales solo varias proporcionan la mayor parte de la carne, la leche y los huevos. Destaca también que de las 7.745 razas de ganado locales, el 26% está en peligro de extinción. En el ámbito de la pesca, el 33% está sobreexplotada, y el 60% han alcanzado su límite de aprovechamiento sostenible. "Una vez perdida, esta biodiversidad ya no puede recuperarse", se lee en el texto, que incluye a las plantas y animales, tanto silvestres como domésticas, que abastecen de alimentos, piensos, combustible y fibra, además de los microorganismos que los sustentan. 
“Ya no podemos perder más tiempo”, ha señalado durante la presentación Bernard Lehmann, secretario de Estado para la Agricultura de Suiza, que ha señalado la importancia de vincular la recuperación de especies con los mercados y las políticas gubernamentales. “La biodiversidad no puede quedarse solo en la conservación, se tiene que utilizar para la alimentación”, ha instado Lehmann sobre un estudio que incluye a los insectos, murciélagos, aves, manglares, corales, praderas marinas, lombrices, hongos y bacterias como agentes que mantienen a los suelos fértiles, polinizan las plantas, purifican el agua y el aire, mantienen sanos peces y árboles, y combaten las plagas y enfermedades de los cultivos y el ganado.
“El informe requiere acción y que los países y la comunidad internacional traten las causas. Hay que transformar el sector porque tiene que seguir alimentando de manera adecuada a la población creciente y a la vez dejar de degradar los ecosistemas”, ha agregado en Roma Naoko Ishil, directora de la asociación Global Environment Facility. El ser humano está detrás de la mayoría de las causas, tanto en los usos del suelo como por el cambio climático. La expansión a gran escala de la agricultura comercial, la deforestación, la urbanización, la sobrepesca o sobreexplotación, la sobreutilización de pesticidas e insecticidas que se filtran al agua y a la tierra o la sustitución de alimentos tradicionales por comerciales inciden en la pérdida. “Antes había casi tantas variedades como agricultores y cada una de ellas era diferente. Eso servía de amortiguador ante enfermedades o cambios medioambientales, pero la obligación por ley a utilizar determinadas semillas crea dependencia de las multinacionales y de sus productores y homogeneíza el cultivo, la uniformidad es pérdida”, apunta el genetista José Esquinas, que indica también como la inseminación artificial de especies ganaderas reducen también la diversidad biológica.
También limita la riqueza de especies el cambio climático. “Genera inundaciones, sequías, tormentas, fuegos, o aumentos de temperaturas que afectan a la propagación de especies invasoras o a los océanos. Por ejemplo, los corales y sus hábitats”, detalla Julie Bélanger, coordinadora del informe y miembro del departamento de la Comisión de Recursos Genéticos de la Alimentación y la Agricultura. Bélanger resalta también cómo afectan estas causas a los polinizadores, que preservan la fertilidad de los suelos y son controladores naturales de plagas. “Los informes sobre las pérdidas de las colonias de abejas están en aumento; el 16,5% de las especies polinizadoras de vertebrados están amenazadas”, indica el texto, que indica que están “gravemente amenazadas” las abejas, las mariposas y los murciélagos.
Las especies silvestres, que también inciden en los organismos del suelo, se evalúan como “en rápida desaparición”. “El 24% de casi 4.000 especies silvestres alimentarias, sobre todo plantas, peces y mamíferos, disminuye en número. Pero es probable que la proporción de alimentos silvestres en declive sea aún mayor, ya que se desconoce el estado de más de la mitad de las especies de alimentos silvestres existentes”, detalla el texto. “Si el ser humano entiende la alimentación como industria se basará en incrementar la producción a corto plazo sin importar la salud o el medio ambiente”, concluye Esquinas, que coincide con Da Silva en aumentar el poder de los pequeños agricultores, que son los que producen el 80% de los alimentos mundiales, y a la vez sufren inseguridad alimentaria. “Ellos son los que más contribuyen a la preservación de la biodiversidad, solo in situ, en fincas, en sus explotaciones se puede preservar”, ha declarado el director general. “Los pequeños agricultores son los que alimentan al mundo, pongamos sus intereses por encima de los demás”, ha reclamado Normita Ignacio, directora ejecutiva de la organización Searice Filipinas. 
Fuente: El País (España) - 22 de Febrero de 2019

viernes, 16 de febrero de 2018

Los otros Machu Picchu


Ni Machu Picchu es la única ciudadela de Perú ni los incas lo hicieron todo. El país andino pone en valor otras construcciones grandiosas para diversificar el turismo. Aquí van tres de las mejores

Vistas de la ciudadela de Choquequirao. SHUTTERSTOCK

Hay dos errores recurrentes entre los viajeros a Perú. Creer que Machu Picchu es único. Y confundir la historia precolombina de Perú con la de los incas. El Imperio inca duró 100 años, desde 1438 hasta 1532, cuando Pizarro hizo preso a Atahualpa en Cajamarca. Imposible en tan corto periodo de tiempo aprender y desarrollar semejantes técnicas constructivas, agrícolas y de organización territorial como de las que hicieron gala los quechuas. En realidad los incas solo fueron la punta de un iceberg de más de 5.000 años de historia en los que sucesivos pueblos, desde los paracas a los huari, pasando por los mochicas, los chancas o los chimu fueron acumulando conocimientos y sabiduría para domesticar un territorio tan vasto. Los incas heredaron esos conocimientos y los mejoraron, pero digamos que el copyright no es completamente suyo. Por eso hay muchos machupicchus en Perú y no todos hechos por los incas. Estos son tres yacimientos arqueológicos de suma importancia que también deberías conocer:

Muralla de la ciudadela de Kuelap. SHUTTERSTOCK

Kuelap
En marzo del año pasado el presidente Pedro Pablo Kuczynski inauguró la primer telecabina del país. La infraestructura -de 26 góndolas- permite a los visitantes acceder en 20 minutos a la ciudadela de Kuelap, ahorrando un viaje de 32 kilómetros por pistas de tierra que demoraba 90 minutos. Kuelap es la mayor ciudad conocida de la cultura chachapoyas, un pueblo que floreció en la ceja de selva en lo que hoy es el departamento de Amazonas, entre el siglo VIII y el XVI. Es decir, muchos antes de que aparecieran los incas. Fueron unos grandes maestros de la piedra y levantaron en un cerro de forma alargada a 3.000 metros de altitud, en el valle del río Utcubamba, afluente del Amazonas, la increíble ciudad-fortaleza de Kuelap. Nada más llegar impresiona la muralla de sillar de piedra caliza que rodea todo el conjunto. Tiene 20 metros de alta y se encuentra en buen estado de conservación. Tres estrechos pasadizos, por los que un hipotético ejército atacante hubiera tenido que pasar de uno en uno, dan acceso al interior.

Restos de viviendas circulares de la ciudadela en la ciudadela de Kuelap.

Allí se despliegan las evidencias de más de 500 viviendas circulares, además de torreones, observatorios astronómicos, restos de viviendas de sacerdotes y nobles y el templo Mayor, en forma de cono truncado e invertido. Kuelap estuvo comida por la selva hasta 1843, cuando un funcionario enviado desde Lima se percató que aquella montaña de piedras era una construcción hecha por el ser humano.

Choquequirao en quechua significa "cuna de oro". SHUTTERSTOCK

Choquequirao
Le llaman la hermana de Machu Picchu, y de hecho no está muy lejos de esta. Es de origen inca y se eleva en otra montaña selvática del departamento de Cusco, a 169 kilómetros de la capital. Choquequirao, que en quechua significa "cuna de oro", fue un centro cultural y religioso. Probablemente más importante que Machu Picchu, solo que esta última está ahora excavada, accesible y puesta en valor, mientras que muchos secretos de Choquequirao están aún bajo la maleza. Y más importante aún: no hay carretera para llegar a ella; la única manera es a pie o en mula, salvando 63 kilómetros (entre ida y vuelta) desde la aldea de Cachora, un pueblito colonial de casas de adobe en la cuenca del río Apurimac. Esa inaccesibilidad ha mantenido a Choquequirao al margen del frenesí del turismo y hace de su visita una verdadera aventura, solo para viajeros con ganas de salir de rutas trilladas. Funcionó como una especie de puesto avanzado entre la selva amazónica y la capital del imperio, Cusco.

Se le considera también uno de los últimos bastiones de resistencia de los fieles a Manco Inca cuando los españoles sitiaron y tomaron Cusco en 1535. Quedan evidencias de lugares de culto, del complejo sistema de riego, de viviendas para sus casi 10.000 habitantes y, como en Machu Picchu, de los andenes que servía para cultivar y como soporte de las edificaciones.

Templo Mayor de Chavín de Huantar. SHUTTERSTOCK

Chavín de Huantar
Mil doscientos años antes de Cristo —contemporáneo por tanto de la Babilonia asiria y el Egipto faraónico—, creció en los Andes peruanos una civilización considerada la madre de todas las demás: Chavín. Su poder se extendía desde Lambayeque al norte, hasta Ayacucho e Ica, al sur (un territorio de más de 1.500 kilómetros de longitud).

El Lanzón, ídolo tallado en piedra en el interior de Chavín. SHUTTERSTOCK

Las ruinas de lo que fue su capital pueden visitar aún en las cercanías de Chavín de Huantar, un pueblito encantador de la provincia de Huari, departamento de Áncash, en la vertiente este de la cordillera Blanca de los Andes, a 86 kilómetros de Huaraz. Para llegar hay que salvar el paso de Ka­huish, el segundo túnel de montaña más alto del mundo, situado a 4.516 metros de altitud. El yacimiento arqueológico no es tan espectacular como Kuelap o Choquequirao, pero lo que impresiona es su edad y la calidad de las estructuras. Se aprecia muy bien la gran plaza principal del conjunto y buena parte del templo Mayor, además de otras edificaciones menores.

Al excavar el templo Mayor apareció un ídolo de cinco metros de altura tallado en piedra – el Lanzón- que una vez acabados los trabajos se dejó en el mismo lugar en el que sus constructores lo colocaron hace ya más de 3.200 años. Chavín de Huantar no está construido en un valle de suelos fértiles por lo que se cree que tuvo una función de centro ceremonial y de peregrinación. Otra visita inexcusable a ese otro Perú arqueológico que va más allá de Machu Picchu y los incas.

Fuente
Diario El Pais – Blog de Viajes – 16 de Febrero de 2.018

jueves, 15 de febrero de 2018

No hay indígenas sin bosques y no va a haber bosques sin indígenas



Los pueblos originarios de la Amazonía son los que más aportan para su conservación.
Durante la conferencia del clima de las Naciones Unidas en Bonn, un grupo de científicos brasileños presentaron un nuevo estudio que muestra cómo el país podría llegar a desmatamento zero (deforestación cero) antes de 2030. Una de las estrategias principales para lograrlo pasa por proteger un régimen ancestral, efectivo y con bajos costos. Pero también muy amenazado. Esta solución es el fortalecimiento de los derechos territoriales de los pueblos indígenas que viven en los bosques y que estaban ahí antes que llegaran los europeos al continente.

Revelan los datos que, con el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas brasileños —dueños del 30% de la Amazonia brasileña—, el país cuenta con la mejor manera de proteger sus bosques. ¿Y por qué son estos pueblos, y no los otros dueños de los bosques, los que nos proporcionan la única solución a gran escala que tenemos hoy para capturar carbono? Al comparar todos los territorios amazónicos en manos de diferentes dueños, los investigadores revelan que donde viven pueblos indígenas del Brasil, los bosques están en pie. Así, ellos son los mejores guardianes, pero también son los que más sufren por la expansión de la agroindustria, las hidroeléctricas, la minería y de la tala ilegal.

Este papel protector que ejercen los pueblos indígenas es poco conocido. Incluso para mí, una ecóloga que trabajó durante años por toda Latinoamérica para la clasificación y el mapeo de cientos de ecosistemas, mostrando con mis colegas su estado de conservación, los factores que los amenazan y la reducción de su extensión a lo largo del tiempo.

Siempre, en todos estos estudios, la presencia de las áreas protegidas y su delimitación fue un factor a considerar. Asumíamos que eran los sitios libres o con menos de deforestación, capaces de proteger componentes claves de la biodiversidad, en definitiva, los sitios que considerábamos más seguros hacia el futuro.

Todo esto parecía lógico… Al menos, hasta que empecé a trabajar con la Fundación EcoCiencia en Ecuador que forma parte de RAISG, una Red regional en la que siete organizaciones de los países amazónicos cumplieron ya 10 años generando y publicando información consistente a través de los nueve países de la cuenca amazónica.

Gracias a la información socioambiental que aporta esta Red comprendí que uno de los componentes fundamentales, claves para cualquier análisis de la Amazonía, es justamente su gente, los pueblos indígenas, ocupantes ancestrales de estas tierras.

Los pueblos indígenas ocupan y manejan tierras que equivalen al 33% de la Amazonía y la mayoría de estos territorios son igual o mejor conservados que las áreas protegidas.

Días antes que empezara la COP23 en Bonn, lanzamos con RAISG los resultados del análisis de 15 años de deforestación en la Amazonía y mostramos que los datos revelados en Bonn sobre el Brasil se reproducen en toda la región amazónica. Los presentamos a medida que crece el consenso entre los científicos de que los objetivos climáticos internacionales sobre la mesa en las próximas conversaciones sobre el clima en Bonn no podrán cumplirse a menos que incluyan el papel único que juegan los bosques en absorber carbono.

El estudio de RAISG revela que los pueblos indígenas ocupan y manejan tierras que equivalen al 33% de la Amazonía y que la mayoría de estos territorios son igual o mejor conservados que las áreas protegidas. Con esto me di cuenta de que nosotros, el mundo occidental preocupado por los bosques, por el ambiente, por el futuro de la humanidad, sin querer, o por ignorancia, hemos dado la espalda a estos pueblos, que deben convertirse en actores fundamentales y activos de todas las decisiones que se tomen sobre cómo conservar en el largo plazo los bosques amazónicos y los servicios ambientales globales que prestan.

Al fin y al cabo, se trata de pueblos indígenas que han vivido allí por milenios. Ellos ven su propia identidad, la de sus ancestros y la de su descendencia totalmente ligada a su territorio. Ellos afirman: “No hay pueblos indígenas sin bosques y no va a haber bosques sin pueblos indígenas”.

Esta afirmación es clave y es muy seria ya que el modelo de desarrollo que se está imponiendo en la Amazonía para beneficio de los de afuera, excluye o utiliza a los pueblos indígenas, no los eleva, no mejora su condición, pone en riesgo su identidad y esto, aparte de no respetar sus derechos, significa poner en riesgo los bosques amazónicos, un bien común vital para la humanidad.

Sin querer, o por ignorancia, hemos dado la espalda a estos pueblos, que deben convertirse en actores fundamentales en la conservación de los bosques.

A nivel nacional, en la región amazónica, las evidencias siguen la misma tendencia, que señala a los pueblos indígenas como un actor indispensable en las mesas de implementación de los compromisos asumidos con el Acuerdo de París.

Ahora que ya pasó la etapa de preparación de los países para revelar sus estrategias nacionales para proteger a los bosques, su implementación debe hacerse con consulta, total participación y beneficios para los pueblos indígenas amazónicos.

Carmen Josse es científica de la Fundación EcoCiencia en Ecuador y coordinadora del proyecto Territorios indígenas amazónicos: reconociendo y respondiendo a los riesgos de la pérdida de bosques, en el que participa RAISG.

Fuente
Diario El País (España) – 8 de Febrero de 2.018

viernes, 5 de enero de 2018

El ADN de una niña reescribe la historia de los primeros americanos


El hallazgo de los restos de una bebé fallecida hace 11.500 años han modificado las hipótesis sobre cómo ocurrió la llegada de los primeros humanos al continente.

Los restos hallados en Alaska datados hace 11.500 años pertenecen a un pueblo desconocido hasta ahora
Una niña está reescribiendo buena parte de la historia de los primeros americanos. Sus restos, hallados en Alaska, tienen una antigüedad de unos 11.600 años. Un grupo de investigadores ha logrado obtener su genoma completo. Al compararlo con el de nativos americanos tanto ancestrales como actuales, han comprobado que pertenecía a un pueblo desconocido hasta ahora. Más importante aún, los genes de la pequeña señalan que los primeros americanos son más antiguos de lo que se creía y cruzaron desde Asia antes de lo que se pensaba.

La teoría más aceptada sobre los primeros americanos mantiene que cruzaron a América desde Asia por un puente terrestre que quedó sumergido al final de la última glaciación. Lo que no está tan claro es si aquellos primeros colonos pertenecían a un mismo grupo o vinieron en distintas oleadas. Tampoco se sabe con certeza cuándo cruzaron y qué paso en los milenios siguientes hasta llegar a la amplísima diversidad genética, lingüística y cultural de los actuales nativos americanos.

"En 2015 mostramos que los ancestros de los nativos americanos entraron en una única oleada desde Siberia y que fue en América donde divergieron en dos grandes ramas", dice el investigador en paleogenómica del Museo de Historia Natural de Dinamarca, el mexicano Víctor Moreno Mayar. Aquel trabajo, publicado en Science, señalaba que la división americana se produjo hace unos 13.000 años, cuando los hielos de la última glaciación estaban en retirada. Ahora, el nuevo estudio liderado por Moreno desvela que la niña de Alaska era una nativa americana "pero su ADN nos dice que formaba parte de una población externa, diferente de las otras dos ramas".

ADN recuperado de un bebé que murió hace 11.500 años ha revelado una población desconocida de nativos americanos tempranos. Se cree que los Antiguos Beringianos se separaron de los ancestros de todos los nativos americanos vivientes hace 20,000 años, y se han quedado en Beringia.


Los investigadores pudieron secuenciar el genoma completo de la pequeña.

La niña, nombrada Pequeño Amanecer, solo vivió entre seis y doce semanas y fue enterrada en las cercanías del río Upward Sun, en la parte central de Alaska. El yacimiento ya ha dado algunos frutos, como el registro más antiguo de consumo de salmón en suelo americano. Su datación por radiocarbono la sitúa como uno de los fósiles humanos más antiguos localizados más al norte.

Pero son sus genes los que más alegrías están dando a la ciencia. Al contar con los datos de todo su genoma, su ADN se convierte en un punto de referencia muy robusto a la hora de compararlo con otras poblaciones del pasado. Teniendo en cuenta mecanismos de diferenciación como la deriva genética, el flujo de genes entre grupos o la tasa de mutaciones, los investigadores lograron un reloj biológico muy preciso cuyos resultados publica la revista Nature.

Así, los investigadores confirmaron que los ancestros de los primeros americanos empezaron a diferenciarse de otros pueblos asiáticos hace más de 36.000 años. Doce milenios después, el aislamiento era completo, reforzado porque fue entonces cuando la Edad de Hielo marcó su máximo glacial, quedando muy pocas regiones del hemisferio norte libres de hielo y con presencia humana. "La niña nos dice también que hace 20.000 años los nativos americanos ya eran americanos", comenta Moreno. Estuvieran donde estuvieran (en Asia, América o entremedias), para entonces eran genéticamente diferentes de los asiáticos.

"Lo que no sabemos es dónde se originó el linaje americano", reconoce Moreno. Pero Pequeño Amanecer vuelve a dar pistas. Después de su separación inicial, los genes de la niña muestran que sus antepasados mantuvieron el contacto (hubo flujo genético) con las otras poblaciones americanas. Y para ello debían estar en la misma región, probablemente al norte de la gigantesca capa de hielo que cubría casi todo el actual Canadá y buena parte de los EE UU. Por entonces, la corriente del Pacífico norte hacía de Alaska un lugar más habitable y libre de hielo perpetuo.

ADN revela que los humanos llegaron al continente norteamericano hace 25,000 años antes de dividirse en tres grupos de nativos americanos. La niña pertenecía a un grupo previamente desconocido llamado 'Antiguos Beringians'

Sobre la relevancia del estudio, el investigador de las universidades de Cambridge (Reino Unido) y Copenhague (Dinamarca) y coautor del estudio, Eske Willerslev, afirma: "Hemos podido mostrar que probablemente entraron en Alaska hace algo más de 20.000 años. Se trata de la primera vez que tenemos una evidencia genética directa de que todos los nativos americanos pueden ser rastreados hasta una única población de origen, por medio de una única migración fundadora", afirma.

Queda sin responder dónde se formó la población fundacional de los primeros americanos.

Las palabras de Willerslev, y toda la investigación, vienen a confirmar parte de la conocida como hipótesis de la parada en Beringia. Postulada en 2007, en ella se sostiene que los ancestros de los primeros americanos se aislaron durante milenios de sus orígenes asiáticos y que aquella población fundacional encontró refugio en alguna región desconocida situada en el encuentro entre Asia y América hoy sumergida bajo el estrecho de Bering. El estudio de Nature corrobora el aislamiento durante milenios pero no dónde se produjo.
"¿Dónde estuvo viviendo esta población aislada de ancestrales nativos americanos hace más de 15.000 años? La cuestión se complica por el hecho de que este periodo de aislamiento se produjo durante el Último Máximo Glacial, cuando las condiciones eran tan frías y secas en el hemisferio norte que las poblaciones humanas de muchos lugares, como Siberia, tuvieron que abandonarlas por un clima tan extremo", recuerda el científico del Instituto de Investigación Ártica y Alpina de la Universidad de Colorado-Boulder (EE UU), John F. Hoffecker.

Para Hoffecker, que no ha participado en el actual estudio, la investigación aunque relevante, falla al no reconocer la existencia de pistas sobre la presencia humana en diversas partes de Beringia muy anteriores (de 30.000 a 25.000 años). "No tenemos ADN antiguo de estas zonas, por lo que no sabemos si eran en realidad nativos americanos ancestrales, pero no es ilógico suponer que lo fueran y, por tanto, que se tratara de la población que quedó aislada en Beringia de su origen asiático durante el último Máximo Glacial", afirma.

Fuente
Diario El País (España) - 4 de Enero de 2.018



¿Cómo llegó el hombre a América? El análisis del ADN del fósil de una bebé ayuda a resolver el misterio