Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

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domingo, 18 de enero de 2026

Guaraníes: Mujeres del río, la palabra y la semilla / Por Roberto Arnaiz



Guaraníes: Mujeres del río, la palabra y la semilla.
Foto del escritor: Roberto Arnaiz
Escrito por: Roberto Arnaiz
En el corazón verde del noreste argentino, donde los ríos hablan y los ceibos se elevan como torres vivas, los guaraníes tejieron una cultura profunda, sensorial y espiritual. Habitaron lo que hoy son Misiones, Corrientes y partes del Chaco y Formosa, en un territorio que también se extendía al Paraguay, el sur de Brasil y el este de Bolivia. Para ellos, la selva no era obstáculo: era madre, maestra y refugio.
La organización social guaraní tenía una estructura matrilocal, lo que significa que el varón, al casarse, se integraba a la familia de la mujer. Este dato doméstico revela una lógica relacional distinta al modelo patriarcal europeo. Las mujeres no estaban subordinadas: ocupaban un lugar vital en la estructura familiar, política y espiritual del pueblo.
Eran guardianas de la lengua y tejedoras de la memoria. La historia, los mitos, las genealogías y las enseñanzas pasaban de madre a hija, de abuela a nieto, en cantos, cuentos y relatos. Decían que la palabra era semilla, y ellas sabían sembrarla. En su lengua, el ayvu no solo nombra: crea realidad. Como sostiene Bartomeu Melià, jesuita y estudioso de esta cultura, “la palabra guaraní es memoria viva del alma colectiva”.
En lo cotidiano, las mujeres eran pilares de la economía agrícola. Cultivaban la mandioca, el maíz, el poroto, el tabaco. Controlaban los ritmos de la siembra y la cosecha, sabían leer los ciclos de la luna y el comportamiento de los animales. Recolectaban frutos, raíces, plantas medicinales y actuaban como pohãná —curanderas—, expertas en las propiedades del monte. Combinaban infusiones, baños, dietas, cantos de sanación y contacto espiritual con Ñande Sy, la Gran Madre, fuerza primordial y protectora de los pueblos.
La educación no era formal, sino oral y afectiva. Las abuelas eran las maestras invisibles: enseñaban con el relato y el ejemplo. Iniciaban a niñas y niños en los principios del respeto, el equilibrio con la naturaleza y la ética de la reciprocidad. La comunidad entera era una escuela abierta, donde el saber se respiraba en el aire del monte.
El parto se realizaba en chozas especialmente dispuestas, con ayuda de mujeres sabias que conocían las posturas, los rezos y los cuidados necesarios. La sexualidad no era condenada ni moralizada, sino integrada a un ciclo natural, con mujeres mayores guiando a las más jóvenes en los tiempos del cuerpo y el deseo. No existía el concepto cristiano de culpa: existía la armonía.
Aunque la figura del cacique era masculina, muchas decisiones importantes se consultaban con mujeres mayores del clan. Había mujeres de prestigio, llamadas kuñakarai, que oficiaban en rituales, curaban, educaban y orientaban. Su autoridad no dependía de la fuerza, sino del saber y la templanza.
En tiempos de conquista, muchas fueron raptadas, forzadas, silenciadas. Pero otras resistieron desde el lenguaje. Guardaron los cantos. Tradujeron los sueños. Sostuvieron las raíces de un pueblo que, golpeado pero vivo, aún canta a su madre espiritual.
Hoy, mujeres como María Rosa Andrade —líder espiritual en Ka’aguy Poty— o maestras bilingües como Delia Villalba y Lidia Amarilla, mantienen viva la llama del guaraní en la educación formal y en la espiritualidad. Como ellas, tantas otras siguen sembrando palabra en tierra ancestral.
Cuando hablamos de los guaraníes, no se puede hablar de cultura sin hablar de mujeres. Ellas eran la voz, la medicina, la tierra, la raíz.
Ellas eran —y son— el alma del río.
Bibliografía
"El universo simbólico guaraní", Bartomeu Melià, CEADUC, 1991, Asunción.
"Estudios antropológicos sobre los indígenas del Paraguay", Branislava Susnik, Museo Etnográfico Andrés Barbero, 1981, Asunción.
"La palabra sagrada: oralidad y ritual en el mundo guaraní", León Cadogan, Fundación León Cadogan, 2002, Asunción.
"Etnobotánica guaraní en Misiones: saberes y usos tradicionales", Ricardo L. Fortunato, Editorial de la Universidad Nacional de Misiones (EDUNaM), 2015, Posadas.
"La infancia guaraní: comunidad, juego y aprendizaje", Ana María Portaluppi, Editorial Biblos, 2007, Buenos Aires.
"Ayvu Rapyta: textos míticos de los Mbya-Guaraní del Guairá", León Cadogan, Editorial El Lector, 2004 (ed. original 1959), Asunción.
"Mujeres indígenas: poder y resistencia en América Latina", Anne Christine Taylor y otros, IWGIA – Ediciones Abya-Yala, 2001, Quito.
"Guaraníes y jesuitas: una historia de resistencia", Carlos M. Degregori, Fondo Editorial PUCP, 2004, Lima.

martes, 18 de noviembre de 2025

El origen guaraní del mate




El origen del mate se remonta a los nativos guaraníes, ellos utilizaban las hojas del árbol como bebida, objeto de culto y moneda de cambio con otros pueblos.

Durante las largas travesías por las selva, los conquistadores notaron que los guaraníes tenían mayor resistencia luego de tomar esta bebida sagrada.

Caá en lengua guaraní significa yerba, pero también significa planta y selva. Para el guaraní, el árbol de la yerba mate es el árbol por excelencia, un regalo de los Dioses.

Los nativos guaraníes fueron los primeros en tomar mate. Los españoles notaron que llevaban con sus armas, una pequeña bolsa de cuero con hojas trituradas y tostadas. Mascaban estas hojas de yerba mate, o las ponían en una calabaza y tomaban la infusión usando los dientes como filtro o una caña ahuecada, que hoy conocemos como bombilla.



martes, 19 de agosto de 2025

Mbya Guaraníes


En el corazón de Misiones, una familia de la comunidad Andrés Guazurarí resiste y florece.
Entre la deforestación y los pinos que avanzan, cultivan orquídeas. La selva les habla y cada planta tiene un nombre, un remedio, un secreto que hasta los más pequeños aprenden y transmiten. La medicina vive en su palabra.

Resistir es permanecer en el monte, es sanar con hierbas, es sembrar vida donde otros solo ven negocio y desmonte.

Misiones. Argentina

Escrito poe Erica Voget


domingo, 10 de agosto de 2025

LA EXPANSIÓN GUARANÍ: REDEFINIENDO UN LEGADO MILENARIO.


La historia de las migraciones humanas está repleta de relatos de resiliencia y adaptación, pero pocas son tan impresionantes como la expansión guaraní.

Un reciente estudio publicado en Archaeological and Anthropological Sciences por Loponte et al. (2025) nos ofrece una perspectiva actualizada y rigurosa sobre este fenómeno extraordinario, redefiniendo nuestra com-prensión de cómo una sociedad canoera de forrajeros-horticultores se extendió por más de 2500 km en un período relativamente corto. Este trabajo no solo contextualiza la relevancia de esta migración, sino que tam-bién desvela sus fases, tasas y las profundas implicaciones para la arqueología de Sudamérica.

● CONTEXTUALIZANDO LA MIGRACIÓN GUARANÍ: UN VIAJE HISTÓRICO Y ARQUEOLÓGICO

El corazón de este estudio reside en la unidad arqueológica guaraní, un concepto que agrupa la cultura mate-rial y los comportamientos asociados a las antiguas poblaciones de forrajeros-horticultores del Holoceno tardío. Estas poblaciones, intrínsecamente ligadas a la familia lingüística Tupí-Guaraní (subgrupo Guaraní), protago-nizaron una de las expansiones más notables registradas entre las sociedades preindustriales conocidas. Su viaje los llevó desde la Amazonia suroccidental hacia las vastas tierras bajas de América del Sur, abarcando gran parte de la cuenca del Río de la Plata y la vertiente costera del Atlántico en el sureste de Brasil.

El objetivo central de la investigación es refinar la cronología y las dinámicas de esta expansión. Los autores buscan una mejor alineación con los modelos de dispersión lingüística y, al mismo tiempo, ofrecer nuevas perspectivas sobre cómo sociedades con un dominio tan avanzado de la navegación en canoa pudieron cubrir territorios tan extensos en un lapso arqueológico relativamente breve.

Para comprender la magnitud de este fenómeno, es fundamental conocer el modo de vida de estas poblacio-nes. Los guaraníes eran forrajeros-horticultores, lo que implica una estrategia de subsistencia combinada: la recolección de plantas silvestres y la caza en los jardines se complementaba con una agricultura de tala y quema (policultivo). Sus cultivos principales incluían tubérculos tropicales como batatas, ñame y mandioca, así como cacahuetes, frijoles, calabazas y, de manera crucial, maíz. Sus asentamientos se ubicaban típicamente adyacentes a cursos de agua, en bosques tropicales y subtropicales de tierras bajas, evitando las zonas áridas o elevaciones superiores a los 600 metros sobre el nivel del mar. En este contexto, el uso de canoas no fue meramente una facilidad, sino una tecnología fundamental que les permitió cubrir amplias distancias y facilitar la cooperación entre asentamientos distantes, un factor clave en su éxito expansivo.

LA INVESTIGACIÓN AL DETALLE: DESVELANDO LA EXPANSIÓN
Para desentrañar las complejidades de esta migración, los investigadores compilaron una extensa base de datos cronológica. Esta base incluye 228 dataciones por radiocarbono ($^{14}$C) y 85 dataciones por termo-luminiscencia (TL), sumando un total de 313 fechas. Es crucial destacar el riguroso enfoque del estudio en la fiabilidad de estas fechas. Se excluyeron aquellas con atribuciones incorrectas a sitios o capas guaraníes, así como los valores atípicos extremos o las dataciones de baja calidad que podrían comprometer la robustez del marco cronológico. Las dataciones de radiocarbono se calibraron utilizando la curva SHCal-20 con el programa OxCal, proporcionando rangos en formato BCE/CE (Antes de la Era Común/Era Común).

Para el análisis de los datos, el equipo empleó diversas herramientas estadísticas avanzadas: Análisis de Coe-ficiente de Silueta (SCA), Análisis de Conglomerados Jerárquicos (HCA), Análisis de Componentes Principales (PCA) y Distribución de Probabilidad Sumada (SPD). Estas herramientas, complementarias entre sí, permitie-ron agrupar los rangos cronológicos y observar patrones de dispersión y densidad poblacional, revelando una narrativa mucho más compleja de lo que se había asumido previamente.

● HALLAZGOS CLAVE: CUATRO FASES DE EXPANSIÓN
La investigación reveló un patrón de dispersión de norte a sur, que se agrupa en cuatro fases cronológicas principales, cada una con sus características distintivas:

● FASE I (500 a 800 CE): LA COLONIZACIÓN INICIAL
Antigüedad y Origen: La evidencia más sólida para el inicio de la colonización guaraní en la cuenca del Plata se sitúa alrededor del 500 ± 100 CE. Los sitios más antiguos identificados (Ragil, João Batista, Lagoa Seca, Boreví) se encuentran estratégicamente ubicados cerca de la región de la triple frontera entre Mato Grosso do Sul, Paraná (Brasil) y Paraguay.

Naturaleza de la Ocupación: El registro arqueológico de estos primeros sitios ya muestra todas las característi-cas típicas de la cultura guaraní plenamente formadas, lo que sugiere un origen alóctono (de fuera), probable-mente desde la Amazonia suroccidental, en línea con los datos lingüísticos que indican la cuna de la lengua Tupí-Guaraní en esa región.

Densidad Poblacional: Esta fase no indica una aparición súbita y masiva de población. Por el contrario, parece corresponder a poblaciones fundadoras con baja densidad demográfica. La señal arqueológica es débil, y la ocupación del espacio fue discontinua, probablemente influenciada por la presencia de poblaciones preexis-tentes que competían por los recursos y el territorio.

● FASE II (800 a 1300 CE): EXPANSIÓN MODERADA Y ADAPTACIÓN COSTERA
Expansión Territorial: En esta fase, los guaraníes se expanden hacia los estados de Santa Catarina y Rio Grande do Sul. La costa atlántica fue alcanzada alrededor del 1000 CE, y la sección media del río Uruguay, algunos si-glos después. Curiosamente, la expansión en esta latitud favoreció el este (zonas de selva tropical) sobre el sur (bosques ribereños subtropicales más empobrecidos), lo que sugiere una preferencia por entornos que se ajustaban mejor a su modo de vida.

Crecimiento Poblacional: Aunque se observa un ligero incremento en el número de sitios, la señal arqueológica sigue siendo moderada y no se detecta una "saturación" del paisaje. La estrategia de ocupación continuó sien-do discontinua, indicando un crecimiento sostenido pero no explosivo.

● FASE III (1300 a 1600 CE): EL PICO DEMOGRÁFICO Y LA MÁXIMA EXTENSIÓN
Cobertura Territorial: Este período marca la mayor extensión territorial de la ocupación guaraní, con su llegada al Delta del Paraná y al Río de la Plata alrededor del 1300 CE. Esto demuestra la capacidad de esta sociedad para colonizar entornos geográficamente diversos.

Explosión Demográfica: Coincide con un aumento significativo en el número de sitios habitados, lo que sugiere un notable crecimiento poblacional que probablemente llevó a la saturación del espacio en varias áreas. Los análisis de SPD (Distribución de Probabilidad Sumada) muestran un crecimiento exponencial a partir de 1250-1300 CE, desmintiendo modelos previos que sugerían un pico demográfico alrededor del 1000 CE. Esta explo-sión demográfica es un testimonio del éxito adaptativo de la cultura guaraní.

● FASE IV (1600 CE EN ADELANTE): RESILIENCIA Y RETRACCIÓN EN TIEMPOS HISTÓRICOS

Contexto: Esta es la fase más reciente, que coincide con el inicio de la expansión europea en América del Sur. La llegada de los colonizadores representó un punto de inflexión que alteraría drásticamente las dinámicas de las poblaciones indígenas.

Patrón de Asentamiento: Los sitios guaraníes de este período se concentran en regiones que permanecieron fuera del control europeo (como el alto valle del río Uruguay, el Alto Paraná y partes del norte de Rio Grande do Sul). En contraste, los sitios guaraníes desaparecen o disminuyen significativamente en áreas bajo control europeo, como el Delta del Paraná o la costa atlántica de Brasil, evidenciando el impacto de la colonización.

Movimientos Poblacionales: Esta fase representa un período de resiliencia y una retirada geográfica abrupta ha-cia el interior. Sin embargo, también hubo una nueva diáspora, con reubicación en Misiones Jesuíticas (lo que alteró profundamente sus tradiciones culturales), dispersión en áreas marginales o previamente desocu-padas, e incluso integración en los centros coloniales, donde algunas prácticas culturales como la alfarería lograron persistir como testimonio de su legado.

TASAS DE MIGRACIÓN Y SU SIGNIFICADO
El estudio también calculó las tasas de expansión, proporcionando una medida cuantitativa de la velocidad de esta migración. En general, los resultados oscilan entre ~1.3 y ~2.8 km por año, con variaciones según la re-gión:

Desde la cuenca superior hasta el Delta del Paraná (cubriendo 1370 km en 826 años), la tasa fue de ~1.7 km/año.

Hacia las cabeceras del río Uruguay (cubriendo ~800 km en 331 años), la tasa fue de ~2.4 km/año.

Hacia la costa atlántica (cubriendo ~1400 km en ~500 años), la tasa fue de ~2.8 km/año.

Estas tasas, aunque variables, son sorprendentemente inferiores a las reportadas para otras migraciones que también dependían de la navegación. Esta variabilidad se espera y puede atribuirse a la diversidad de paisajes encontrados, la resistencia al movimiento impuesta por factores ecológicos y topográficos, y la presencia de poblaciones preexistentes que podrían haber ralentizado o desviado la expansión guaraní.

● IMPLICACIONES Y FUTURAS DIRECCIONES

Esta investigación no solo revisa la cronología y la geografía de la expansión guaraní, sino que también ofrece nuevas perspectivas sobre la dinámica demográfica y las estrategias de colonización. La evidencia de fases de baja densidad poblacional y ocupación discontinua, seguida de un auge demográfico y la saturación del espa-cio, desafía modelos anteriores que proponían una expansión más uniforme y temprana. Esto reconfigura nuestra comprensión de cómo las sociedades preindustriales lograron colonizar vastos territorios.

A pesar de los avances significativos, el estudio subraya varias limitaciones y áreas cruciales para futuras inves-tigaciones:

La distribución geográfica desigual de los datos cronológicos actuales deja grandes áreas, como el Pantanal, el interior de Mato Grosso do Sul, Paraguay, Bolivia y la provincia de Misiones, subrepresentadas. Es crucial obte-ner más muestras de estas regiones para lograr una imagen completa.

La falta de información sobre el tamaño de los sitios guaraníes impide evaluar tendencias de agrupamiento o dispersión poblacional a lo largo del tiempo, un dato que sería invaluable para entender la organización social.

Existen desafíos en la datación de la Fase IV (período colonial temprano) debido a la anchura de los rangos de calibración del radiocarbono y la posibilidad de que las muestras reflejen actividades de colonos europeos en sitios guaraníes abandonados. Aquí, la termoluminiscencia se presenta como una oportunidad prometedora para refinar esta cronología.

Se necesita una validación continua de las metodologías de datación y la obtención de datos paleoclimáticos más precisos para establecer conexiones más detalladas entre los cambios ambientales y la expansión guar-aní.

El estudio examina la expansión de los guaraníes desde el suroeste de la Amazonía hacia el sureste de Suda-mérica, cubriendo una gran parte de la cuenca del Río de la Plata y la vertiente costera atlántica del sureste de Brasil. Este proceso migratorio abarcó más de 2500 km.

En última instancia, el estudio enfatiza la importancia de la cooperación internacional y la generación consis-tente de nuevos datos de campo y laboratorio bajo estándares compartidos para impulsar el crecimiento teó-rico y metodológico de la arqueología guaraní. La expansión guaraní, con su combinación de migraciones a larga distancia lideradas por poblaciones pioneras y movimientos más cortos, tiene profundas implicaciones para la dinámica de metapoblaciones, la evolución cultural y los sistemas de innovación y aprendizaje dentro de esta fascinante sociedad.
Colaboracion Carlos Settembrini 

#guarani #paraguay #brasil #Amazon #amazonas #argentina #aborigen #indigenas #PueblosOriginarios #america

domingo, 22 de septiembre de 2024

Curiosidades sobre la cultura tupí guaraní


Mistura de línguas
O termo tupi-guarani, como citamos acima, não se refere a apenas um povo indígena. Na verdade, esse termo contempla uma família de línguas indígenas da América do Sul. O Tupi, que significa “o grande pai”, originou-se do Tupinambá, uma língua que foi incorporada pelos missionários na época do Brasil Colonial e chegou a ser considerada a língua geral do País.

Já o Guarani, que significa “guerreiro”, é a língua falada, principalmente, entre povos da Argentina, Paraguai, Bolívia e, claro, do Brasil. Atualmente, o Guarani ainda é falado no Brasil por povos como os guarani, guarani-kaiowá, guarani-ñhandeva e guarani-m’byá.

Até o final do século XVII, de cada três brasileiros, dois só falavam Tupi-Guarani. Entretanto, como o passar do tempo e da influência da colonização portuguesa, essas línguas passaram a ser marginalizadas e até proibidas, pois, poderiam dificultar o avanço da colonização. Porém, o tupi-guarani influenciou bastante o português falado no Brasil e muitas das palavras que utilizamos na nossa rotina, como pipoca, abacaxi e até Copacabana têm origem nessas línguas, por isso as línguas que compõe a família tupi-guarani são estudadas até hoje, como forma de resgate e preservação histórica.

Mitologia
Um dos traços característicos mais marcantes da cultura tupi-guarani é a sua mitologia. Envolta em mitos e lendas que remetem às forças da natureza, essas crenças permanecem até hoje no folclore brasileiro.

Você já ouviu falar na Iara? Ela é descrita como uma linda sereia de cabelos esverdeados e que protege todas as criaturas que vivem no Rio Amazonas. E no Curupira, já ouviu falar? Ele seria o responsável por cuidar dos animais que vivem na floresta.

A mitologia tupi-guarani tinha como base a observação da natureza, sendo politeístas e que passagem suas tradições entre as gerações, principalmente de forma oral.

Arte
Não poderíamos deixar de falar das artes relacionadas à cultura tupi-guarani. A arte indígena é bastante diversificada, mas alguns elementos se perpetuam de forma mais corriqueira, sendo até símbolos de hierarquia social até diferença de gênero.

Fuente:
SABRA (Sociedad Artística Brasileira)

jueves, 12 de septiembre de 2024

El mágico arte de Ara Miri / Pueblo Mbya Guaraní


Ara Mirî es una artesana que habita el Valle Cuña Piru en Tekoa Ka'aguy Poty.
Desde la espesura de esta inmensa selva salen sus hermosos trabajos de cesteria (ajaka), trabajos que sintetizan y expresan los conocimientos ancestrales adquiridos por medio de los antiguos.
Rodeada de sus nietos/as e hijos/as que de muy pequeños/as van aprendiendo los secretos del monte y del oficio, ella encuentra en la cesteria un medio de expresión, que nos acerca un poco a la espiritualidad y a la cosmovisión Mbya Guarani.
Con su mirada, paciente y reflexiva, va dandole forma a cada punto originario, reflejando asi la simbiosis que el Pueblo Mbya sigue manteniendo con la naturaleza que lo rodea.
Aguyjevéte!

Fotografías: Mica Para Miri de Tekoa Kaaguy Poty - Misiones / Argentina






viernes, 16 de agosto de 2024

Los nombres de Ñande Rú -bautismo y bendición en los Mbya–Guaraní



Resumen: el texto se refiere a la articulación del lenguaje humano cuando un mito de origen se realiza en rituales sagrados. Se trata, en particular, de las costumbres de la etnia Mbya-guaraní, tal como aún se observan en las comunidades de la provincia de Misiones (Argentina) y Paraguay. De esa descripción, el autor construye una hipótesis sobre la nominación: de cómo el bautismo en tanto imposición de un nombre derivado del linaje de los dioses, emparentado con la bendición de los elementos de una naturaleza culturalizada, permite un buen vivir. A la vez, observa casos donde la eficacia simbólica de la palabra que introduce un alma en el cuerpo se trastoca, generando la enfermedad. Concluye con la demostración de la eficacia de ciertas curaciones donde magia y religión causan una transformación en los cuerpos por el acto de la palabra cuando se sostiene en un sistema de creencias.-

El viento como el agua, no tiene hueso,
pero tiene la fuerza para romper el alma del árbol,
si el árbol perdió su nombre,
que es su hueso

Verá Miri (después de la caída de un rayo)

Introducción
La pregunta central de este análisis circula sobre la lógica presente en la ceremonia de bautismo Mitá ery y en el ritual de bendición de frutos, Mbaé Ñemongaraí, siguiendo las prácticas sagradas de los mbya-guaraní. Ambas demuestran que las acciones rituales están encadenadas en un relato mítico, donde los nombres de lo humano son reversibles a los nombres de la naturaleza. Se trataría de un buen uso del lenguaje donde la palabra funciona de manera tal que lo real “habla” por boca de un Dios, haciendo bajar la gracia a partir de la nominación, condición para crear un modo de ser y luego, un buen vivir.

I
Ery mo´a: “aquello que mantiene erguido el fluir de su decir”
La costumbre cristiana que se conoce como imposición del nombre de un creyente, en la práctica sagrada Mbya guaraní toma una dimensión diferente y se denomina Mitá ery. Se trata de un ritual ancestral, vedado a la mirada del hombre blanco, que permite la filiación de un ser a una genealogía celestial y anticipa su destino. Este procedimiento demuestra su eficacia simbólica para el encuentro de la palabra con el organismo construyendo un cuerpo. En el sentido religioso mbya el nombre espiritual (Ery) es una interioridad secreta aunque intercambiable, que sirve como contraseña dentro del código de esa etnia, grupo o familia y por lo tanto no se corresponde con la identidad social como es el nombre que figura en un documento de identidad. Ese nombre de carácter íntimo, otorga un rasgo identitario a la “persona”, lo inscribe en la anterioridad de un orden simbólico, marcando el sello de lo divino en la carne de lo humano al nombrarlo como “hijo de Dios”. De ese modo el nombre como patronimia está disponible para ser usado en la memoria del antiguo panteón guaraní y puede funcionar como un Nombre-del-Padre que permite cierta filiación.[1] Después de la nominación, el niño se construye como “persona”, “gente”, es un verdadero mbya; anudando el organismo con un significante que organiza el cuerpo como armadura simbólica. Es un acto de carácter performativo y como tal la palabra sagrada engendra la potencia de otras significaciones: permite tanto unir alma/cuerpo como saber el lugar que ocupará ese “yo” dentro del “nosotros” como engranaje comunitario. En esa perspectiva el nombre otorga también una función social entre los otros yoes del grupo social a los cuales se identifica. El padre es una función que puede cumplir cualquier otro que nombre.[2] Los patronímicos sagrados que emplean los dioses (Tery) para nombrar, no se confunden con los Ery o Che rery que usan los hombres. Ese patrón proviene de cuatro paraísos: 1) Alguien que pertenece a la estirpe de la divinidad Tupá –dueño de las lluvias- será nominado Verá, Kuchuví o Guyra o femeninos como Pará y podrían acceder al saber hacer de los Mburuvicha, los caciques estrategas. 2) Por otro lado, alguien que se nombre con la pertenencia al dios Karaí –dueño del fuego- se llamará Karái–mirí o Karaí-tataendy o femeninos como Kerechú y podrían seguir el camino hacia la perfección de los Karai kuerey, la clase distinguida de los Opygua que pueden hablar el lenguaje sagrado y escuchar la palabra de Ñande Rú Eté Tenondé (Nuestro Padre verdadero, primero). 3) Las almas provenientes del paraíso de Ñamandú –dominio de la tierra -serán Kuaray –mimby, miri, juju– o femeninos Jachuká, Ará… 4) Si la patronimia depende de Jakaira –dueño de la bruma curativa- serán Atachi o Tatachi, o Ywa, y serán sabios de los remedios.[3] Esta nominación se puede leer lógicamente como una captación de lo real por el sentido, con su consecuencia en el organismo que se vivifica por el lenguaje. Se trata entonces en el bautismo de un acontecimiento en el cuerpo donde se realiza el símbolo. Ahí el sujeto identifica su “persona” a un nombre de Dios.[4] Efectivamente, en la cultura mbya el universo de los Tery, los nombres indistintos que danzan en el cielo y descienden como alma para cada uno, permite la creencia en un rito de pasaje a la vitalidad de un buen vivir –teko porá-. Eso es Mopyro “hacer que ponga el pie, hacer que se encarne, que esté situado”.[5] En oposición, el nombre que no se encarna, a veces por un “error de lectura” en la interpretación de los que ofician como mediadores, supone un fracaso de la operación simbólica y facilita el “mal vivir” –tekó achy-. Esto puede ser verificado en los casos que un sujeto “no se halla” con su cuerpo, motivo por el cual se asume la existencia de una enfermedad espiritual que puede causar la muerte y cuyo tratamiento posible es la reiteración del ritual hasta encarnar su verdadero nombre, una nueva referencia.

II
Preguntar, decir, escuchar… tomar asiento
Atendemos al testimonio del Opyguá Ciriaco Villalba (Tekoá Pindo Poty), cuando el sacerdote dice: [6]

Nosotros cuidamos las frutas, la palmera, la miel. Es la misma miel que usamos en el Opy (templo) para bendecir los frutos en el bautismo de los niños. Por eso cuidamos bien el monte. Cada Ará Pyahu (Año Nuevo) hacemos la bendición con las frutas, el gwembé y la yerba en la ceremonia del Mbaé Ñemongaraí. Ahí se cocina la torta del maíz (mbojapé). En el bautismo Ñande Ru me cuenta para que sepa nombrar a cada niño con el humo sagrado (Tatachiná). Recién entonces escucho lo que nuestro Padre dice. Tupá me cuenta y Jacairá nos ayuda.

Algunos no quieren escuchar su nombre, o ese no era un buen nombre… Debemos escuchar si pertenece a Karaí o si se llama Kuaray. Si no se escucha bien, es porque algunos no se hallan en este mundo, no se sienten bien y no se encuentran en su nombre. Entonces, tenemos que volver a preguntar y cambiar su nombre propio.

Este testimonio describe al menos tres tiempos en la constitución del “nombre sagrado” que culmina en la puesta en acto de una nominación que permitirá la construcción de la “persona”, el modo-de-ser de un mbya. a) Primero el Opygua pregunta (porandú) a Ñande Rú. Es una demanda formulada en el rezo, cuando él pide que se le diga a qué ascendente de los cuatro dioses secundarios –Tupá, Jakaira, Karaí, Ñamandú- pertenece ese ser. b) En un segundo tiempo Ñande Rú cuenta (mombeú) y se pronuncia diciendo claramente el nombre que corresponde a ese niño en el linaje de esos cuatro dioses. c) Por último el Opygua comprende (e´endu) como médium entre la palabra-alma que escucha y el cuerpo del bendecido. Solo él porta esa autoridad por haber sido un elegido para escuchar, comprender y hablar la lengua sagrada llena de neologismos poéticos. d) Un cuarto momento, conclusivo, será cuando el alma se incorpore y se “asiente” en el cuerpo. Se trata de una analogía con el acto de “tomar asiento” en los banquillos zoomórficos (apyka apu´a i) donde se pone en práctica el relato de los mitos de origen con la memoria de los abuelos. Es cuando ocurre el ñeeychyro –la palabra en ronda- alrededor del fuego. Menos cotidiana, la ceremonia periódica del Mita ery en el Año Nuevo, adquiere la función de inyectar un nombre a cada cuerpo, incorporando la heráldica de una genealogía y el blasón del sujeto como marca a sus dioses. El ritual como despliegue imaginario, teatraliza en los gestos del chamán una conexión con el relato simbólico del mito[7]: en el origen –tal como cuenta el Ayvu Rapytá- donde Ñande Ru se inventa ex-nihilo con su propia lengua: “De la sabiduría contenida en su propia divinidad / y en virtud de su sabiduría creadora / creó nuestro Padre el fundamento del lenguaje humano / e hizo que formara parte de su propia divinidad”. En el bautismo se observa que el sacerdote fuma y su expiración del humo del tabaco[8] permite conducir el alma (ñe´é-porá), un gesto repetitivo en la ceremonia de Tatachiná. En esa fumata el Opygua remeda a Dios cuando cada amanecer derrama su neblina matutina, tan frecuente en la humedad de la selva, como una bruma diaria que vehiculiza las bellas palabras protegiendo a su pueblo. De modo que la bendición con la fumigación del Tatachiná que bañatanto a los frutos como a los niños, es también una suerte de exorcismo de los espíritus del monte o el alma de los muertos que no abandonan la tierra como los mboguá. El tabú a esa causa inmaterial que son los seres invisibles, es firmemente rechazado como conjuro en el ritual protector. El Tatachiná que bendice y cura, solo logra su eficacia en un contexto de creencia religiosa donde el otro comunitario genera un clima bien armonizado por el coro de voces en su canto –ñembo´é poraí– y la danza –jeroky- que imita en los pies al pájaro saltarín –Tangará-. Danza y canto demuestran la destreza del cuerpo sano, que habla y está erguido, condiciones para alojar el alma en la construcción de la persona. El nombre es entonces un bien-decir opuesto a la maldición. Otorga la salud ante el acoso permanente de la intencionalidad animista de otros espíritus como los dueños del monte (jara) o las almas de los muertos (mboguá). Esa relación a lo inanimado que se vuelve deseante aparece no tanto como la bondad de Dios, sino como un mal decir que viene del Ka´a guy, el monte como metáfora de un goce primero, paraíso perdido que enferma a quien no cumpla las prescripciones que supone el pasaje por la rueda de los nombres; o el ritual de Ñengué ante el tabú de la metamorfosis animal en la pubertad que tiene otra lógica nominativa. Decíamos que quien encarna la operación simbólica-imaginaria es el líder espiritual que debió transitar el camino de la sabiduría por sucesivas formas de abstinencia y ejercicios de dominio pulsional para acceder a un estado de perfección, el aguyje; un “estado de gracia” que sensibiliza a escuchar la lengua sagrada. Solo un sacerdote mbya en tanto es un “elegido” por Ñande Rú puede comprender el sentido intrínseco de las palabras-alma, las ñe´é porá, aquellas que producen la comunión entre un cuerpo con su correspondiente espíritu. Es también por estar en el aguyje que un Opyguá podría recibir en los sueños cotidianos un mensaje que se transforme en revelación, lo que no engaña acerca de lo predicho por Dios y que sirve en ocasiones para guiar a la comunidad frente a lo imprevisto. También los chamanes tienen laposibilidad de inter-decir, por ejemplo cuando leen un sueño y este adquiere el estatuto de una “revelación”.En el nombre bautismal la palabra deja la dimensión imaginaria del sentido comunitario que comunica a todos por igual y se vuelve una verdad aplicable a lo particular de ese nuevo ser. La voz escuchada como revelación toma la forma de la ñee-pyahu, la palabra “nueva”[9], una suerte de neologismo que no entiende cualquiera y que sigue la estructura de la invención poética ya que crea nuevas significaciones. Hay que destacar aquí que no se equivoca Dios –es un Otro que no engaña- sino el chamán que puede traducir mal el nombre verdadero. Hemos registrado casos que relatan cuando son muchos los niños que hay que dar el nombre y el mismo Opygua ante tanto trabajo de traducción sagrada, se puede confundir. Esta posibilidad de equívoco, será el factor provocador de la enfermedad espiritual como algo innombrable. Se trata de un real no captado por el símbolo que puede ser la causa de lo que llaman un “mal vivir” (teko achy), la enfermedad relatada como lo contrario a un “hallarse” (ayvu´a), un mal encuentro de la palabra con el cuerpo y la consecuencia de pérdida del referente nominativo que puede provocar la muerte.

III
Un niño de maíz y la cosa mbya: Mbae Ñemongarai
Hay que destacar la complementariedad no homogénea entre dos rituales: el momento del bautismo de los niños con la bendición de los frutos. Se usa el humo de tabaco sobre los frutos del Tiempo Nuevo donde se “fumigan” los cuatro elementos básicos de la alimentación para el buen vivir y se yergue el cuerpo donde puede tomar asiento el alma. Esos elementos vienen del monte o del cultivo mbya donde la ontología producida por el animismo introduce una naturaleza hablante, culturalizada, las palabras: algunos los árboles como el cedro (ygary) o algún animal como el yaguareté con los cuales los mbya establecen jerarquías de parentesco, tienen un Ángué (alma), es decir un deseo de algo que puede angustiar al mbya y cuyo máximo grado de alteridad se produce en la posesión del alma animal en una metamorfosis del humano (Jepotá)[10] Con respecto a la complementariedad de ambos rituales dice Alejandro Benitez, cacique de Pindo Poty:[11]

En el Ñemongaraí los varones acompañan con miel verdadera (eí eté) de la abeja Jateí, y las mujeres acompañan con mboyapé -torta de maíz- . Se lleva al Templo para hacer la bendición: para que cada uno, en cada familia tenga su nombre propio. Llevamos al Opy –el Templo- y hacemos un círculo para escuchar la palabra de Ñanderú Eté, el Creador de la Tierra y el Monte.

Porque ahí no existen, para nosotros como espiritualidad, para el Opyguá; no existen los papeles del libro. No es como el blanco, que para saber la verdad tiene que ver dónde está la palabra de Dios. Es costumbre mbya, como pueblo indígena que el Opyguatrabaja en directo con el Creador. Siempre ellos, los Opygua, hablan entre ellos, no todos están escuchando, pero a través del sacerdote, estamos hablando con Dios. El Kochí-Pecarí- eso es sagrado también, es un don a compartir. En nuestra espiritualidad es sagrado porque es para nuestra “fiesta de unión”. Por ejemplo si se caza un Kochi tienen que juntarse todos a compartir el patio del Templo y después se hace un saludo para el Opyguá. Algunos no van a creernos; pero no somos ignorantes, nosotros tenemos la computadora en nuestra cabeza, eso que nos enseñaron nuestros padres y abuelos; siempre lo guardamos en nuestra cabeza; esa es nuestra computadora. Esa es la memoria que no va a olvidar.

Este relato muestra dos caras de una misma moneda, el bautismo y la bendición se yuxtaponen y el resultado es una naturaleza culturalizada: el cuerpo fruto y el monte parlante de las cosas que tienen “alma” que se designa con la voz ñe´e si es superior que supone el significado “palabra”; o angué, parte del alma que queda en la tierra, inferior. También observamos una lógica interna de usar en complementariedad los cuatro elementos de la alimentación a bendecir: (maíz, miel, yerba y gwembé) y los cuatro dioses del linaje posible de los nombres (Tupá, Karaí, Jakairá y Ñamandú). Pero un niño no tiene el mismo estatuto simbólico que el maíz. Así lo expresa Ñande Jary Victoria Almeida, Kuñá Karaí de Aldea Jejy, acerca del ritual de bendición y bautismo como modo de evitar que los espíritus se lleven lo que aún no tiene nombre: el niño que recién camina, como el primer maíz de estación que se cosecha: La ceremonia de Mbae Ñemongaraí es la bendición que nos dió Dios y que nosotros tenemos que hacer siempre, para no olvidar (…) Es una bendición para la salud de los niños, para bajar la gracia de la palabra en los nombres del mundo. En la tierra parece que no hay nada malo, pero hay cosas que nos quieren llevar a otro mundo. El Ñemongaraí es para que los niños se queden en esta Tierra y todos tengamos salud.

IV
La experiencia de curación y el resucitar: ery pyahu. Dos casos
El Año Nuevo consagra el maíz, la miel, el gwembé y la yerba /

Rezo con la danza de las abejas en el Templo /

El Señor escucha la voz del Padre Verdadero

que dice los Nombres: hijos de Tupá, Karaí, Jakairá, y Ñamandú./

El humo sagrado se asienta en el Alma del niño ya que camina /

Y aquellos que no se encuentren, serán vueltos a nombrar [12]

Por lo observado, el procedimiento religioso con la verdad ubica a Ñande Ru, la divinidad máxima mbya, como causa final y dador de los nombres reversibles. Como el inconsciente intérprete en la cura analítica de las neurosis, ese significante resuelve el conflicto de los nombres y re-significa su falla cuando la etiqueta del “ser mbya” declina en un síntoma. 1- Una joven de 30 años de Tekoa Arandú (Pozo Azul) relata lo siguiente:[13]

Ahora ando muy hallada, feliz, porque cuando era chica no me hallaba. Los abuelos Karai decían en la ceremonia del Ñemongaraí, que era porque no tenía mi nombre propio, el verdadero. Me acercaron al Opyguá para que cuenten cual era mi nombre propio. El Opyguá dijo que si Ñande Ru no me daba un nombre, yo podía morir…

Por eso me sentía muy mal. Recién cuando crecí (?) me pusieron mi nombre verdadero. Por eso ahora me siento hallada, sé que voy a vivir mucho, voy alcanzar a ver a mis nietos, por eso estoy orgullosa. Jachuká Reté Jera´ï me llamo y para el blanco mi nombre es Fermina.

2- Un hombre mbya de Tekoa Jejy relata que a los veinte años cambiaron su nombre propio después de sentirse muerto y sin alma durante un mes. Dice:[14]

Trabajaba en una changa cuando frente al fuego me desmayé, después de una discusión con el patrón polaco. El Opygua me despertó con las palabras sagradas. Después no debía salir del templo por un tiempo en ayunas. Luego solo podía comer mboyape, jety (batata) y beber kaaguyju. A los tres meses me levanté con un Ñemongaraí y pude bailar el Tangará… pero no cambiaron mi nombre, seguía débil.

Siete años después cuando fui padre y mi mujer se fue con el bebé a otra comunidad volví a enfermar de tristeza, perdí el sentido de nuevo…me empezaron a molestar los mbogua (almas de muertos), como el de mi madre y no me dejaban dormir en los sueños… El sacerdote me dijo que tenía el ñee vaí (espiritu maligno), el payé.

De eso me curó con Tatachiná el Opygua. Sacó algo de mi cuerpo, una piedrita y me dieron un che rete tëmbiu –una dieta para mi cuerpo- … pero recién en un Ñemongarai cuando cambiaron mi nombre me sentí fuerte. Los yvyraicha –ayudantes- me acompañaron en el cuidado y revivió mi alma. El Opygua vio como bajó una luz parecida a la del Sol –Kuaray rechaka– a mi cuerpo, luego vino el nombre nuevo (ery pyahu) Deje de ser un Verá y soy ahora de Karai: ahora puedo cazar y jugar al futbol… resucité.

El acto de nominación es decisivo tanto para fabricar la “persona” mbya (razón de identidad étnica) como para mantenerlo lejos de “la vida imperfecta” (pragmática de causa religiosa) y ambas son complementarias para responder a la misma “cosa”: al agujero de la falta-en-ser viene a suturar una causa final –Ñande Rú, Dios- quien organiza con sus nominaciones una ontología del “ser mbya”. Pero la pérdida del nombre –en los casos aquí registrados- y la caída vital que causa una enfermedad de características psíquicas mas que físicas, demuestra que lo innominado conduce a un estado de alteración identificatoria, plasmado en el ser social. Hay también un corte temporal de la vida, un antes y un después de la pérdida del nombre, hasta que se asiente otra alma nueva en su “resucitar”, luego de otra ceremonia del bautismo-bendición que designa el nuevo nombre (ery pyahu), liberando al enfermo que fuera atacado por el alma maligna (ñeé vai). De ese modo observamos que los nombres de Ñande Ru siguen la lógica de la religión que segrega un sentido infinito, donde quedan disponibles las palabras-almas para dar otra vuelta en la rueda de la vida mbya. Sin embargo en esta muerte y resucitar del nombre que altera el cuerpo innominado, deja una experiencia sobre los límites del lenguaje a cada mbya que caiga del paraíso de los dioses -de los nombres del padre- para saber quién es.

Notas:

[1] Nos referimos a los desarrollos de Jacques Lacan sobre su teoría de los nombres en relación al sujeto del inconsciente como Otro simbólico. Es la inscripción en un significante primordial, el Nombre-del Padre, la que organiza la estructura de la neurosis en referencia a un Nombre-propio, que no es el nombre común sino un efecto segundo de su goce, la cifra no-sabida de su singularidad.-

[2] Cito aquí a J.-A. Miller: “El Padre tiene tantos Nombres como soportes. ¿Su función? La función religiosa por excelencia: unir el significante y el significado, la Ley y el deseo, el pensamiento y el cuerpo.” (Nota preliminar a “Los nombres del padre”, de Jacques Lacan)

[3] León Cadogan: Ayvu Rapyta –op.cit. pag. 81

[4] Jacques Lacan en “Función y campo de la palabra…” lo refiere así: “Es conocido el uso que se hace en las tradiciones primitivas de los nombres secretos en los que el sujeto identifica su persona a sus dioses hasta el punto que revelarlos es perderse o traicionarlos (…) no es raro que el niño vuelva a encontrarlo espontáneamente en virtud de este uso”

[5] León Cadogan: Ayvu Rapyta– op.cit. pag. 79

[6] Testimonio del Opygua Ciriaco Villalba de Aldea Pindo Poty registrado en el documental La sombra del jaguar- Kuaray´á Chivi- , en el apartado “Bendición y Bautismo”.

[7] Claude Levi-Strauss: “Sur le rapports entre la mitologie et le rituel”. Conferencia en la Sociedad Francesa de Filosofía, con una intervención de Jacques Lacan (1956).

[8] Destaco aquí que el medio vehiculizante de las palabras-alma puede ser también el agua, como en el ritual de profetización llamado “Mitákaraí”, tal como relatan los Ava Guaraní (Chiripá) de Paraguay en el documental Engaí –la verdadera compasión-(2010)

[9] Lucio Villalba, Aldea Pindo Poty; comunicación personal (2013)

[10] Ver Miguel A. Bartolomé: Parientes de la selva –los guaraníes Mbya de la Argentina, Capitulo IV; “Los Parientes del jaguar”.

[11] La sombra del jaguar- Kuaray´a Chivi– documental dirigido por Enrique Acuña- Producción: Asociación de Amigos Guaraníes –A.A.GUA.- 2012.

[12] Separata del capítulo “Bautismo y bendición” en el documental La sombra del Jaguar, 2012.

[13] Testimonio recogido en el film documental Tekoa Arandu, producido por Canal Encuentro. Argentina, 2008.-

[14] Testimonio de Karai , en Aldea Jejy –comunicación personal- 2012.-

Bibliografía:

• Cadogan, León: Ayvu Rapyta – textos míticos de lo Mbya Guarani del Guayra– Edición preparada por B.Meliâ, Biblioteca Paraguaya de Antropología, Asunción- Paraguay, 1997.

• Lacan, Jacques: “Función y campo de la palabra…” en: Escritos 1; Ed. Siglo XXI, Bs. As., 1985.

• Lacan, Jacques: “Intervención sobre una ponencia de C. Levi-Strauss” en El mito individual del neurótico, Ed. Paidos, Bs.As., 2006.

• Lacan, Jacques: De los nombres del padre, Ed. Paidós, Bs.As., 2005.

• Descolla, Philippe: Más allá de naturaleza y cultura, Ed. Amorrortu, Bs.As., 2012.

• Bartolomé, Miguel A.: Parientes de la selva –los guaraníes mbya de la Argentina– Ed. Biblioteca Paraguaya de Antropología, Asunción, 2009.

• Elizeche, J. Antonio: Mitakarai. La tradición espiritual Ava Guaraní, Ed. Fondec, Paraguay, 2008.

• Melià, Bartomeu y Temple, Dominique: El don, la venganza, C.E.P.Guasch, Paraguay, 2004.

• Levi-Strauss, Claude: “Las relaciones entre mito y ritual” (Inédito).Versión de traducción al castellano en: www.aplp.org.ar/etexts.

• Zanardini, José (comp.): Culturas indígenas, C.E.A.D.U.C. Biblioteca Paraguaya de Antropología, Vol. 87- Asunción, 2013.

• Cebolla Badie, Marily: Etnografia sobre la miel, Ed. Abya-Yala, Ecuador, 2009.

• Viveiros de Castro, Eduardo: Metafísicas caníbales, Ed. Katz, Bs.As., 2010.

• Remorini, Carolina: “Aporte a la Caracterización Etnográfica de los Procesos de Salud-Enfermedad en las Primeras Etapas del Ciclo Vital, en Comunidades Mbya-Guarani de Misiones, Tesis Doctoral”, UNLP, 2010. (Inédito)

• Fava, Ricardo: “La singularidad mbya y los derechos universales”, Revista Fri(x)iones Nº 2, Posadas, 2012.

• Testimonios del documental La sombra del jaguar, Dirección Enrique Acuña (2012). Véase: www.lasombradeljaguarmbya.blogspot.com .

Investigación por
Enrique Acuña
(1959-2021) Fue Psicoanalista, Miembro A.P. de la escuela de la Orientación Lacaniana (E.O.L) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (A.M.P). Director de Enseñanza de la Red A.A.P.P, del Instituto PRAGMA-APLP, Instituto Sigmund Freud, Biblioteca Freudiana de Bahía Blanca, Biblioteca de Oberá. Fundador y asesor de la Asociación Psicoanalítica Paraguaya Arandu. Fundador de las revistas: Conceptual, Fri(x)iones, Analytica del Sur (virtual). Autor de Resonancia y silencio y compilador de: Las paradojas del objeto en Psicoanálisis, Curarse del lenguaje, Locuras y psicosis y Vidas pulsionales.

Publicado en Analytica del Sur - Psicoanálisis y Crítica - 1ro de Julio de 2014

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