Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

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miércoles, 21 de enero de 2026

Argentina y el lobizón



"El lobizón!
Por qué Argentina es el único país que legisló “contra el hombre lobo”
Argentina transformó una superstición ancestral en un sistema legal único en el mundo, donde el Estado interviene para proteger al séptimo hijo del estigma social.
La figura del lobizón, ese séptimo hijo varón destinado a transformarse en bestia según el mito guaraní, encontró en Argentina una respuesta administrativa inesperada. Lo que comenzó en 1907 como un gesto tradicional del presidente José Figueroa Alcorta ante el pedido de un inmigrante ruso, terminó cristalizándose en un andamiaje jurídico complejo.

A través del Decreto 848/1973 y leyes posteriores, el país decidió que la mejor forma de enfrentar el miedo y la marginación que rodeaba a estos niños no era la persecución, sino la integración oficial bajo el ala del Poder Ejecutivo.
Esta reglamentación se terminó de pulir en décadas recientes, adaptándose a los tiempos modernos y a la diversidad de cultos. En 2009, el Decreto 1416 permitió que el padrinazgo se extendiera a hijos de madres solteras, familias adoptivas y personas de cualquier religión registrada, rompiendo con la exclusividad del bautismo católico.

Hoy en día, la tradición sigue vigente incluso bajo la gestión de Javier Milei, demostrando que la estructura burocrática creada para “desactivar” al monstruo se ha transformado en una política pública de becas educativas que persiste a pesar de los cambios de signo político.

Una rareza institucional comparada
Al analizar este fenómeno a nivel global, Argentina destaca por haber dado forma jurídica nacional a una creencia popular, algo que pocos países han hecho con tal rigurosidad. Si bien existen parientes cercanos como la tradición real en Bélgica, donde los monarcas apadrinan al séptimo hijo, allí se mantiene como un “favor real” sin el respaldo de una arquitectura legal que garantice derechos educativos.

Comparado con otras leyes insólitas del mundo, como la británica que sanciona la manipulación de pescado en “circunstancias sospechosas”, el caso argentino tiene un trasfondo humanitario profundo. No se trata de una norma punitiva, sino de una medida preventiva contra el estigma y la discriminación rural.

Al convertir al supuesto “lobizón” en un ahijado del Presidente de la Nación, el Estado borra la sospecha del monstruo y coloca en su lugar a un ciudadano con derechos garantizados, demostrando que a veces la burocracia puede ser el mejor remedio contra la superstición.

jueves, 19 de marzo de 2015

El Lobizòn

El lobizón (del portugués: luis-homem), es conocido en ciertas regiones sudamericanas como lobisón, lobisonte o lobisome y es un equivalente sudamericano del hombre lobo europeo.

La Mitología Guaraní dice que es el séptimo y último hijo de Tau y Kerana, sobre quien cayó la mayor maldición que pesaba sobre sus progenitores. Basado en esto la leyenda cuenta que el séptimo hijo varón seguido, del mismo padre con la misma madre sufre una escalofriante transformación, los días martes y viernes, de los meses impares.

Es pálido, flaco, alto, escuálido, enfermizo, muy solitario y poco sociable desde niño. Al revolcarse sobre la arena, ceniza o una tumba, gira tres veces sobre su cuerpo; y se transforma en un animal inmenso mezcla de perro y cerdo, patas enormes, con grandes orejas sobre la cara, pelaje tan oscuro como las tinieblas, que echa fuego por los ojos. También despide un fétido olor a podrido. Luego se levanta para vagar hasta que caiga el día y recuperar su forma humana.


Se alimenta de carroña en los cementerios y heces de gallinas. En los peores casos come mujeres jóvenes o algún bebé sin bautizar. Cae siempre enfermo del estómago por comer inmundicias y es por eso que los sábados no se levanta de la cama.

Traspasa su mal pasando entre las piernas de alguien; así él queda curado y la victima maldecida. Si quiere alejar; ha de ser arrodillado rezando un padre nuestro, haciendo la señal de la cruz, o arrojándole agua bendita, un tizón al rojo vivo o botellas rotas.

Hay que herirlo con un arma blanca o con armas de fuego benditas, de lo contrario es inmune. Si ve su propia sangre se convierte en hombre de nuevo, pero será enemigo de muerte de quien descubre su secreto.

Para romper el hechizo se bautiza al niño en siete iglesias distintas o con el nombre de Benito, apadrinándolo el hermano mayor, aunque lo recomendable es que lo haga el Presidente de la Nación. Actualmente hay en Argentina un promedio de 300 padrinazgos anuales, de los cuales sólo el 30 por ciento corresponde a mujeres amparados bajo el decreto 848 legalizado por el presidente Perón en 1973.


Fuente: Dulce Pesadilla Blog