Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

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domingo, 2 de febrero de 2025

Apellidos


Los apellidos no solo reflejan la identidad de una persona, sino que también narran historias de migración, conquistas y fusiones culturales. Durante la expansión del Imperio Romano, muchos pueblos conquistados adoptaron nombres latinizados, lo que dio origen a apellidos que aún hoy perduran en diversas regiones de Europa. Con la caída del imperio, las culturas germánicas y celtas incorporaron sus propias formas de identificación, creando apellidos basados en características físicas, linajes guerreros y territorios.

En el mundo islámico, los apellidos han servido como una conexión con la tribu o el lugar de origen. Durante la Edad Media, con la expansión del islam en el norte de África y España, muchos apellidos árabes fueron absorbidos en la península ibérica, como Benavides (de “Ibn ’Abid”, hijo de Abid) o Almodóvar (del árabe “al-mudawwar”, el redondo). Esta fusión de culturas dio lugar a una amplia diversidad de nombres que aún pueden encontrarse en la genealogía de muchas familias.

En Asia, la influencia de las dinastías y los sistemas de castas influyó en la preservación de ciertos apellidos durante siglos. En India, los apellidos como Patel, Sharma o Gupta están vinculados a ocupaciones y linajes específicos dentro de la sociedad. En Japón, los samuráis y las familias nobles adoptaron apellidos con referencias geográficas, como Takeda (campo de bambú) o Yamamoto (base de la montaña), los cuales se convirtieron en parte esencial de la identidad nacional.

La colonización europea en América, África y Asia llevó consigo un cambio drástico en la estructura de los apellidos. En muchas regiones indígenas, los nombres tradicionales fueron sustituidos por apellidos europeos, a menudo forzados durante la evangelización. En América Latina, el uso del doble apellido se convirtió en una práctica distintiva, combinando el linaje paterno y materno en una sola identidad.

En la era moderna, los apellidos siguen evolucionando. Con el auge de la migración y la globalización, muchos apellidos han sido adaptados a nuevas lenguas, acortados o incluso cambiados completamente. A pesar de estos cambios, los apellidos continúan siendo una huella de la historia de cada familia y una conexión con sus raíces ancestrales.

Fuente:
FB Hombre Estoico

viernes, 11 de octubre de 2024

Nicolás Copérnico, el astrónomo que revolucionó la Visión del Universo



Nicolás Copérnico nació el 19 de febrero de 1473 en Torun, una ciudad en el Reino de Polonia. Pertenecía a una familia acomodada y quedó huérfano de padre a temprana edad, siendo criado por su tío, Lucas Watzenrode, un influyente eclesiástico que lo apoyó en sus estudios. Copérnico estudió en la Universidad de Cracovia, donde comenzó a interesarse por la astronomía y las matemáticas. Más tarde, continuó sus estudios en Italia, en universidades como Bolonia, Padua y Ferrara, profundizando en derecho canónico, medicina y filosofía.

Durante sus estudios y observaciones, Copérnico se sintió insatisfecho con el modelo geocéntrico de Ptolomeo, que colocaba a la Tierra en el centro del universo. Empezó a desarrollar una teoría revolucionaria: el modelo heliocéntrico, en el que el Sol se situaba en el centro, mientras que la Tierra y los demás planetas giraban alrededor de él. Esta idea contradecía siglos de tradición científica y religiosa, pero Copérnico estaba convencido de que este modelo era más sencillo y lógico para explicar los movimientos celestes.

Aunque Copérnico desarrolló su teoría en privado y realizó observaciones durante años, fue reacio a publicarla debido a las posibles repercusiones. Sin embargo, en 1543, poco antes de su muerte, su obra maestra, De Revolutionibus Orbium Coelestium (“Sobre las revoluciones de las esferas celestes”), fue finalmente publicada. En esta obra, Copérnico expone su modelo heliocéntrico y argumenta que la Tierra no solo gira alrededor del Sol, sino también sobre su propio eje. Este libro es considerado uno de los textos más importantes en la historia de la ciencia y marca el comienzo de la Revolución Científica.

El modelo heliocéntrico de Copérnico desafió no solo las creencias científicas, sino también las religiosas de su tiempo. La Iglesia Católica, que adoptaba el modelo geocéntrico, consideraba peligroso el pensamiento de que la Tierra no era el centro del universo. Aunque la obra de Copérnico no fue inmediatamente prohibida, causó debates y polémicas que se intensificarían en siglos posteriores, especialmente con las investigaciones de Galileo Galilei y Johannes Kepler.

Copérnico falleció el 24 de mayo de 1543 en Frombork, Polonia. Su teoría heliocéntrica no fue ampliamente aceptada en su tiempo, pero sentó las bases para futuros científicos. Su obra inspiró a generaciones de astrónomos y científicos a cuestionar los dogmas y a buscar explicaciones fundamentadas en la observación y el razonamiento. La llamada “Revolución Copernicana” transformó la astronomía, dando lugar al avance de la ciencia moderna.

Copérnico es recordado como uno de los padres de la astronomía moderna. Su teoría desafió la concepción tradicional del cosmos y abrió el camino para una comprensión más precisa del universo. La visión heliocéntrica no solo cambió la astronomía, sino que también impactó profundamente la filosofía y el pensamiento humano, desplazando al hombre de la posición central en el cosmos y dando inicio a una nueva era de exploración y descubrimiento científico.

Nicolás Copérnico dejó un legado como pionero de una revolución que transformaría la manera en que los humanos ven el universo, convirtiéndose en símbolo de valentía intelectual y búsqueda incansable de la verdad científica. 

Fuente:
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Newton y la Ley de la Graveidad



Mito
Isaac Newton descubrió la gravedad cuando una manzana le cayó en la cabeza.

Realidad
Si bien Newton se inspiró observando una manzana caer, no hay evidencia de que le haya golpeado la cabeza. Según la historia que él mismo contaba, ver la caída de una manzana lo llevó a preguntarse por qué los objetos caen hacia la Tierra y a desarrollar su teoría de la gravedad. Este relato fue popularizado mucho después, en gran parte gracias a su biógrafo William Stukeley, quien incluyó la anécdota en una versión más literaria de la vida de Newton.
La famosa “manzana en la cabeza” es un embellecimiento de la historia. Newton llegó a su teoría de la gravedad a través de años de observación, experimentación y razonamiento matemático, no por un golpe fortuito.

Fuentes:
Westfall, Richard S. Never at Rest: A Biography of Isaac Newton (1980)
Stukeley, William. Memoirs of Sir Isaac Newton’s Life (1752)
The Royal Society Archives – Documentos históricos sobre la vida y trabajos de Isaac Newton.

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jueves, 10 de octubre de 2024

Mayas: Mito y Realidad



Mito

Los mayas desaparecieron de la faz de la Tierra sin dejar rastro, víctimas de una catástrofe o evento único.

Realidad

La civilización maya no desapareció de repente ni fue destruida por una única catástrofe, como un meteorito o un cataclismo. En realidad, su declive fue un proceso largo y complejo que se dio en diferentes momentos y en diversas partes de su territorio. El llamado “colapso” maya del período Clásico, que ocurrió alrededor del siglo IX, afectó especialmente a las ciudades del sur, en la región de las tierras bajas, pero no significó la extinción de su cultura.

Las investigaciones señalan que una combinación de factores contribuyó al abandono de muchas ciudades mayas: sequías prolongadas, sobrepoblación, agotamiento de recursos naturales, conflictos internos y guerras, y la inestabilidad causada por estas condiciones. Estas tensiones hicieron que muchas ciudades colapsaran, pero otras en el norte, como Chichén Itzá, florecieron incluso después.

Además, la civilización maya nunca desapareció realmente. Aún hoy, millones de descendientes mayas mantienen viva su cultura, su lengua y sus tradiciones en México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador.

El “colapso” maya no fue una desaparición repentina ni completa, sino un declive en ciertas regiones y una adaptación en otras. La cultura maya sigue viva hasta el día de hoy, desmintiendo el mito de que desaparecieron sin dejar rastro. 

Fuente:
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