Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

jueves, 30 de abril de 2020

Andrés Guacurarí, nuestro guaraní gobernador




Sobre Andresito como se lo conoce entre quienes lo quieren y lo han convertido en el máximo prócer de nuestra provincia de Misiones, algunos dicen que nació en San Borja (ubicada en el actual Estado brasileño de Rio Grande do Sul) y otros en Santo Tomé, actual Corrientes en una fecha que, presumiblemente, sería el 30 de noviembre de 1778, unos meses después que su vecino José de San Martín. Su infancia transcurrió en Santo Tomé donde pudo educarse desarrollar un muy buen nivel de lectura y escritura y aprender a ejecutar diversos instrumentos musicales.

Tampoco está muy claro cuándo conoció a quien sería su padre adoptivo y del corazón y su jefe político-militar, José Artigas. Aunque seguramente tiene razón uno de sus principales biógrafos, Jorge F. Machón, cuando afirma que la relación era ya de larga data al momento de nombrar a su hijo Andrés en 1815 Comandante general de Misiones, un cargo equivalente al de gobernador. Su primera misión militar fue recuperar los pueblos misioneros ocupados por los paraguayos.

Lo hace al mando de su ejército indígena de 500 combatientes armados como pueden, con lo que tienen que no es mucho y que compensan con coraje y su conocimiento del terreno palmo a palmo. En poco tiempo recupera Candelaria, Santa Ana, San Ignacio, Loreto y Corpus.

El único gobernador indígena de nuestra historia ejerce una conducción humana, justa y socialmente revolucionaria, recordando y aplicando la máxima artiguista al anunciar la primera reforma agraria de América “que los más infelices sean los más privilegiados”. Ante todo abolió la servidumbre en todas sus formas y repartió tierras a los que las habían perdido a manos de la conquista, el saqueo, la estafa o todo eso a la vez. Durante su gobierno, se eliminaron del territorio bajo su jurisdicción todos los símbolos, escudos y emblemas que pervivían de la colonización española, y recobraron su vigor los cabildos de los pueblos originarios que tenían una función central en la administración del territorio fomentando la producción y comercialización de la yerba mate y la fabricación de pólvora y hasta la instalación de hornos para fabricar puntas de lanzas.

En aquel año 1816, se desató sobre la Banda Oriental la devastadora invasión portuguesa, realizada por 30.000 soldados con el mejor armamento de la época y bajo el asesoramiento de nuestro viejo conocido, el otrora invasor inglés William Carr Beresford, contratado por la corte de Río para reorganizar su ejército. Iban por Artigas y su gente, a poner fin a la experiencia más democrática y popular de esta parte del mundo, a exterminar de raíz ese “mal ejemplo” que podía acarrear el riesgo de contagio. El 12 de septiembre de aquel año el jefe guaraní al mando de 1.000 valientes en varias pelotones cruzo el río Uruguay por Itaquí. Obtuvo sus primeros triunfos en San Juan Viejo y en Rincón de la Cruz donde derrotó a 300 portugueses. Esto le permitió avanzar a Sao Borja y sitiarla el 21 de septiembre. El ejército indígena ya sumaba unas 2.500 voluntades. Andresito demoró quizás demasiado el ataque para no dañar a la población local ocupada por los lusitanos y esto le dio tiempo al enemigo de rearmarse y recibir refuerzos y derrotar al ejército popular artiguista.

La derrota de Andresito y las instigaciones porteñas animaron a los portugueses a pasar a la ofensiva al mando del brigadier Farancisco das Chagas Santos. Un primer intento fue abortado por Tiraparé el 19 de enero de 1817 lo que le dio tiempo a Andresito y sus hombres a replegarse en La Cruz que sería ocupada por los portugueses tras la retirada de Andresito a la ciudad natal de San Martín, Yapeyú. Poco después ambos pueblos fueron arrasados y destruidos por los portugueses que en otros frentes habían destrozado Concepción, Santa María la Mayor, San Javier y Mártires, Apóstoles, San José y San Carlos. Cuando todo parecía perdido, Andresito y sus heroicos paisanos se lanzaron a la contraofensiva y para mediados de año Andresito había logrado recuperar buena parte del territorio provincial y el milagro de recomponer en parte un ejército de 1.000 hombres que concentró en Apóstoles, San Carlos y San José. Das Chagas fue a su encuentro con sus mejores 500 hombres. Aquel 2 de julio de 1817 tras varias horas de combate Andresito y sus jinetes indígenas lograron el repliegue portugués. Apóstoles fue recuperada. Tras el triunfo de Apóstoles, José Artigas le pide marchar sobre Corrientes para reponer en su puesto a su aliado el gobernador Juan Bautista Méndez, derrocado por un golpe apoyado por Buenos Aires dirigido por José Francisco Vedoya. Su presencia no fue bien recibida por los sectores latifundistas de la provincia, herederos muchos de ellos de los encomenderos españoles, quienes se negaron a asistir a una representación en su honor brindada por “ese indio”. Andresito desairado los obligó al día siguiente a debutar en estas cosas del trabajo y a limpiar minuciosamente la Plaza.

De Corrientes Andresito volvió a Misiones y contra todos los pronósticos, pasó a la ofensiva desde San Nicolás derrotando a Chagas Santos hasta obligarlo a replegarse a Palmeiras. Los portugueses no tardaron en lanzar una poderosa contraofensiva y Andresito decidió marchar al encuentro de Artigas pero al intentar cruzar el Uruguay fue capturado por una patrulla enemiga que lo tomó prisionero y llevó caminando junto a muchos de sus hombres a Porto Alegre y luego a la prisión de la Lague. Fue liberado en abril de 1821 pero tras una riña callejera fue nuevamente encarcelado. Tras un nuevo calvario y un nuevo sumario aquel hombre que había dicho El derecho es el ídolo y objeto de los hombres libres por quien se ven empapados en su propia sangre, poco se sabe sobre su destino y mucho sobre la paciente labor de quienes siguen tratando infructuosamente de enterrarlo en el olvido para siempre.

Escrito: Felipe Pigna
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

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