Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Sabiduría Indígena



Antiguamente nuestro pueblo no aprendía de libros ni profesores. Toda su sabiduría y sus conocimientos le llegaban a través de los sueños. Ponía a prueba sus sueños y de esta manera descubría su propia fuerza.

Anciano indios

Fuente: La conciencia de los indios

sábado, 7 de noviembre de 2015

Hechos no palabras...

No es aquello que decimos o lo que pensamos lo que 

nos define,

Sí lo que hacemos...

Fuente: Povos Indígenas


Si te dicen india...


"Si te dicen india...
Si te dicen india...
dice el abuelo,
ellos no saben de estrellas

No importa que te digan india,
qué podrá enseñar
quien no conozca las cosas bellas,
y no querrán verte digna,
solo por vestir tu raíz,
tu divina esencia.

Tus ojos, saben esperar el mañana,
y platicarle al sol,
qué se siente mirar desde la más grande ventana,
tu cielo no tiene fronteras,
como el don que tienes para amar.


India, si, india a muchas leguas,
la que canta con los pájaros,
la que nuevas voces estrena,
la que hoy le arranca los versos,
a un juglar que le canta a las quimeras,
ser un sueño viviente es ilusión.

Así tú,
enseñando y aprendiendo,
bella entre la gente,
sobre todas las miradas,
si, sobre todas ellas.

Que importa que te digan india,
dice el abuelo,
que ellos no saben de estrellas..."

Erick de Jesús, 'Ocelotl'

lunes, 2 de noviembre de 2015

De cómo el Tamanduá (Oso hormiguero) enseño a bailar a los guaraníes – Leyenda Guaraní

Esta leyenda de Misiones atribuye al oso hormiguero el mérito de haberles enseñado, involuntariamente, la danza a los guaraníes.
De los guaraníes que habitan la selva misionera, Kadjurukré no fue solamente el fundador de la tribu, sino que también brotaron de él todos los animales que viven en la espesura.

El dios hacía esta labor creativa durante la noche, a la luz de las lejanas estrellas. Pero un amanecer, la claridad lo encontró dándole todavía forma al oso hormiguero, que los guaraníes llaman tamanduá.
Apurado por terminar esa criatura antes que el sol se elevara sobre el horizonte, tomó una ramita larga y delgada y la metió en su boca, diciendo: “Ya es tarde para hacerte dientes, así que usa esta larga lengua para capturar hormigas.”

Y fue gracias al tamanduá comedor de hormigas que los hombres aprendieron a bailar.
Ocurrió así:
Cierto día, un joven guaraní volvió a su aldea muy asombrado por una aventura que le había sucedido. Contó a sus amigos que, andando solo por la selva, se le apareció en sentido contrario un tamanduá, que venía con la cabeza gacha olisqueando la tierra.
Casi se atropellan. El oso hormiguero, al ver ocupado el camino, se paró sobre sus patas traseras y levantó el hocico amenazadoramente.
El jóven guaraní, que estaba sin armas, temió que quisiera atacarlo con esas zarpas larguísimas y tomando un palo, se preparó para defenderse.
Ninguno de los dos parecía dispuesto a ceder terreno.

El jóven guaraní trató de asustarlo con unos golpes. Pero el oso hormiguero resultó ser muy rápido. Cuando lo vio venir, esquivó el golpe saltando a la derecha, y el palo azotó ruidosamente la tierra. El indio volvió a golpear allí donde estaba el animal, y el tamanduá lo esquivó de nuevo saltando rápidamente a la izquierda. Y así siguieron un rato, el indio golpeando a derecha e izquierda, y el tamanduá saltando a izquierda y derecha. Hasta que el oso hormiguero comenzó a cansarse de tanto salto y con un gruñido decidió perderse en la espesura.
El jóven guaraní contaba la historia, y mientras contaba, trataba de imitar los movimientos del animal. Los amigos que lo escuchaban querían parecer serios, pero acabaron doblados de la risa. Uno de ellos se puso a imitarlo, y pronto se le unieron los demás. Descubrieron que era muy divertido dar aquellos saltos de tamanduá.
Así comenzaron a danzar los hombres en aquella aldea. Primero saltando como tamanduá, después imitando a otros animales y finalmente inventando sus propios pasos, acompañados del ritmo de los tambores y de otros instrumentos que crearon.

Recopilación: Graciela Repún

domingo, 1 de noviembre de 2015

Tu Alma...



Tu alma es como el Agua, nunca desaparece.
Tu alma es como el Aire, de límites no entiende.
Tu alma es como el Fuego, con amor se enciende.
Tu alma es la Tierra, un paraíso latiendo eternamente.

Arnau de Tera



La Leyenda del Venado Azul


Los ancianos nos contaban que hace mucho, mucho tiempo, en la Sierra Huichol los abuelos se reunieron para discutir sobre su situación. La gente se encontraba enferma, no había ni agua ni comida, no llovía y la tierra estaba seca. Ellos decidieron entonces, enviar a cuatro jóvenes de cacería, con la tarea de encontrar alimentos y llevarlos a la comunidad para compartirlos, no importando lo poco o mucho que obtuvieran cazando. Cada uno de los jóvenes representaría un elemento: fuego, agua, aire y tierra.

La mañana siguiente, los jóvenes comenzaron la jornada, cada uno cargando su arco y flechas. Caminaron durante días hasta que, una tarde, saltó detrás de unos arbustos, un venado grande y gordo. Los jóvenes se encontraban exhaustos y hambrientos pero, cuando vieron al venado, se olvidaron de todo y comenzaron a correr tras de él, sin perderlo de vista. El venado miró a los jóvenes y sintió compasión por ellos. Los dejó descansar una noche y, el siguiente día los incitó para que continuaran la persecución.


Pasaron muchas semanas antes de llegar a Wirikuta (en el desierto de San Luis, camino sagrado de los Huicholes). Cuando los, jóvenes se encontraban en el camino de la colina, cerca del cerro de las Narices, vieron al venado saltar en dirección al lugar donde habita el espíritu de la tierra. Juraban que habían visto al venado correr en esa dirección, y trataron de encontrarlo sin éxito. De repente uno de los jóvenes disparó una flecha que cayó dentro de la figura de un venado, formada por las plantas de peyote que había en la tierra que, con el sol, brillaban como lo hacen las esmeraldas, mirando hacia una sola dirección.

Los jóvenes se encontraban confundidos por lo que había pasado, pero decidieron cortar las plantas formado la figura del Marratutuyari (venado) para llevarlas al pueblo. Después de caminar durante varios días, llegaron a la montaña Huichola, donde todos les estaban esperando. Dirigiéndose inmediatamente a los ancianos, les contaron su experiencia. Los ancianos comenzaron a repartir el peyote entre la población y, después de un tiempo, y no sintieron más hambre o sed.

Desde entonces, los huicholes adoran al peyote que, al mismo tiempo es venado y maíz, su espíritu guía. Así que, cada año desde entonces, continúan peregrinando, manteniendo la ruta viva desde la sierra Huichola hasta Wirikuta, para pedirle a Dios lluvia, comida y salud para su gente.

Fuente: Teresa Delgado Luque. Blog: Querido Ser Humano

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