martes, 20 de enero de 2015

Rescatando la lengua guaná del olvido

Escribe: Oscar Lescano Barreto
La lengua guaná –aparece como kashika en la literatura etnográfica– pertenece a la familia lingüística maskoy y es la que encuentra en mayor riesgo de quedar en el olvido, a diferencia de las otras cinco que la Secretaría de Políticas Lingüísticas (SPL) ha catalogado como “en riesgo de extinción”.

Río Apa se denomina la única comunidad indígena que alberga a los últimos guanahablantes. Posee una población actual de aproximadamente 100 individuos y se encuentra situada a unos 7 kilómetros de Vallemí, distrito de San Lázaro (departamento de Concepción). Según datos históricos, este pueblo perdió su práctica de subsistencia al convertirse en mano de obra asalariada durante su inserción en las tanineras de Alto Paraguay, de la cementara de Vallemí y de otras caleras ubicadas sobre la ribera del Río Paraguay, en Concepción, viéndose obligados a mezclar su lengua con el guaraní.

Nieves Montiel, directora de Documentación y Rescate de Lenguas Indígenas de la SPL, sostuvo que solamente cuatro abuelas lo hablan en su forma nativa en la citada comunidad, “donde solo viven ellos, no están mestizados con otros”, lo que permitió encontrar en forma natural este dialecto, aunque al borde de la extinción. “Existen otros hablantes (del guaná), escasos también, pero están muy mezclados, en la región Occidental y hay relación multiétnica, por lo que la lengua ya está muy mezclada. Solo estas 4 mujeres la hablan de forma pura”, precisó Montiel.

Con relación a la historia de la lengua, Montiel sostuvo que “existen escasos registros escritos de un lingüista que trabajó con ellos llamado Hannes Kalis y escritos que datan del año 1800 más o menos de otros estudiosos por la región de aquella época. Es una lengua que de pronto estaba muy debilitada cuando se empezaban a registrar, ya muy pocos hablaban, por lo que ya no fue de interés de expertos”.

La directora explicó que, como Estado paraguayo, recién desde 2009 el Ministerio de Educación atiende la educación indígena, lo que marcó el inicio oficial del proceso para registrar las lenguas nativas con el fin de crear materiales didácticos para maestros y alumnos. Como Secretaría –explica– "trabajamos desde finales de 2013, el tiempo que estamos es muy corto y este trabajo va un poco lento porque se requiere muchos recursos, tanto humanos como financieros".


Al rescate
Con el fin de volver a popularizar el guaná en la comunidad, las únicas cuatro hablantes se encargan de impartir clases a niños y adultos. “La comunidad hace un esfuerzo por volver a hablar la lengua, las abuelas dan clases de una hora los fines de semana. Las abuelas son un poco mayores y analfabetas, por lo que la enseñanza es oral, lo que vuelve más dificultoso el proceso”, contó Montiel.

Al respecto, señaló que se encuentran “con muchas esperanzas con el Ministerio de Educación para tener un curso de alfabetización para las abuelas”, con lo que perfeccionarán la escritura y podrán optimizar la enseñanza del guaná. Mientras tanto, fueron especializadas en metodología de la enseñanza para impartir las clases.

Para el poco tiempo que tienen trabajando con esta lengua, Montiel ha destacado que se pueden apreciar los primeros resultados. “Los niños ya utilizan la lengua, hacen diálogos breves, ya se escucha nuevamente en la comunidad, pero a los adultos les cuesta un poco más aprender”. Asimismo, sostuvo que para mediados de este año proyectan que tendrán listo el abecedario de la lengua guaná, ya que actualmente solo poseen registros orales de parte del vocabulario.
Conscientes de lo que significa para la comunidad indígena centrarse en la recuperación de su lengua original, la Secretaría ha ofrecido a cambio una serie de asistencias para sus pobladores. En ese sentido, detalló que todos los miembros han sido beneficiados con el programa de subsidio de Tekoporâ, de la SAS, además de acercarles asistencia sanitaria con el Ministerio de Salud, así como insumos y herramientas por parte del MAG, para que cultiven, vendan y comercialicen su propia producción.

“Nosotros somos muy conscientes de que se puede salvar (el guaná) o podemos simplemente quedarnos en registrarlo. Desde la Secretaría podemos influir en el registro, documentaciones orales y audiovisuales, pero la decisión de volver a hablarla es comunitaria y ellos aún no han asumido como pueblo. Podremos decir que se ha salvado cuando los niños lo transmitan a sus hijos. Ellos sufrieron ese corte generacional, porque sus padres dejaron de hablarles en ese idioma, ahora hablaban en guaraní. Si lo volvemos a recuperar, como Estado, hemos rescatado esa lengua”, puntualizó.

Fuente: ABC Color (Asunción) 16 de Enero de 2.015

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