lunes, 19 de enero de 2026

Eres Medicina / Fernándo Emilio Flores



Hay un momento en la vida en el que el alma se cansa de gritar en silencio.
No porque sea débil… sino porque ya entendió que no vino a este mundo a sobrevivir: vino a recordarse.

Escúchame, caminante.

En las tribus antiguas no se le pedía al corazón que aguantara todo.
Se le enseñaba a respetarse.
Porque el espíritu no sana cuando alguien llega a salvarte…
sana cuando tú decides volver a ti.

Muchos creen que la medicina está afuera:
en la aprobación, en el abrazo que no llega, en la palabra que esperas, en el amor que siempre te hace esperar.
Pero esa es la trampa del desierto: correr buscando agua donde no la hay.

La verdadera medicina comienza el día que te eliges.
Cuando te escuchas aunque nadie te entienda.
Cuando te sostienes aunque el mundo te diga “aguanta”.
Cuando te abrazas con la misma ternura con la que cuidarías a un niño herido.

Porque sanar no es borrar el dolor.
Sanar es mirarlo sin huir.
Decirle: “Te veo… pero ya no me gobiernas.”

Y aquí viene la enseñanza, la que pocos aceptan:

A veces tu paz se pierde no por lo que te pasó…
sino por lo que sigues permitiendo.
Por quedarte donde tu energía se apaga.
Por dar amor como limosna esperando que te devuelvan migajas.
Por traicionarte para no estar solo.

Pero el lobo no se queda donde lo humillan.
El águila no baja su vuelo para que otros no se sientan pequeños.
Y tú… tú no naciste para encajar en lugares que te rompen.

Hoy tu espíritu te está llamando.
No para pelear… sino para regresar.

Regresa a tu centro.
Regresa a tu verdad.
Regresa a ti.

Porque cada vez que te eliges, te escuchas y te abrazas…
comienzas a sanar.

Aho. 

Fernándo Emilio Flores

No hay comentarios:

Publicar un comentario