martes, 17 de noviembre de 2020

El maní






Los aborígenes en Perú, utilizaban a este fruto además de un rico alimento, como medicina, y también como moneda.

Muchos de nosotros en nuestra infancia hemos tenido, mucha plaza con padres o con abuelos, y nos encantaba que nos compren, conitos de papel de diario con maníes, garrapiñadas, lupines, manzana e higos acaramelados, y cerraba el combo si en la plaza había calesita con sortija ¿no?...

¡Son tan ricos y no sabemos los beneficios y nutrientes que este pequeño grano con cascara roja tiene!

El maní es rico en nutrientes, como en vitaminas, minerales, antioxidantes, folatos, fibra, vitamina E, vitamina B 1, niacina, fitoquímicos, coenzima Q10, grasas saludables, resveratrol, hierro, cantidades significativas, de calcio y magnesio.

Para los vegetarianos, es un buen dato saber que el maní proporciona el 26% de proteínas vegetal, es uno de los frutos que más proteínas tiene.

Puedo agregar que es rico en potasio, y bajo en sodio, siempre que no lo comamos salado o con azúcar, ni que haya sido tostado.

¡Este tan preciado fruto seco se destaca por los múltiples usos, podemos utilizarlo para unos ricos postres, procesarlo para una exquisita mantequilla de maní para untar y por sobre todo para una tentadora Picadita!

Maní es una palabra de origen taíno y es el nombre que predomina en algunos países de habla hispana para la denominación tanto de la planta como de su fruto y su semilla. 
La denominación maní también puede provenir del idioma guaraní en el que se denomina manduví.

Historia del maní en América

El maní o cacahuete, es conocido desde hace miles de años y su origen se encuentra en las regiones tropicales de Suramérica hace 8.000 años.

Esto se conoce gracias a Tom Dillehay, arqueólogo estadounidense, que halló restos de cacahuetes en Perú que datan de hace 7.800 años. Aunque también existe una teoría menos aceptada que indica que el origen del cacahuete está en Brasil.

Posteriormente, gracias a los Incas, se expandió el cultivo del cacahuete desde la costa andina del Perú al resto de regiones del continente suramericano.

De aquí, los colonizadores españoles, que lo vieron por primera vez en un mercado de la capital mexicana (Tenochtitlan), lo llevaron a Europa y África.

El cacahuete, una de las plantas prehistóricas mejor conservadas, originaria de América del Sur, pasó a los actuales Estados Unidos antes de que los españoles llegaran a América; allí, pasado el tiempo, serviría para alimento de animales y de esclavos.

Hasta la Guerra Civil americana, no comenzaron a comer cacahuetes los blancos. Los estragos de la Guerra de Secesión, el hambre hizo que el cacahuete fuera conocido e incluso se aficionaran a ellos hasta el punto de que tanto los vencidos como los vencedores llevaban en sus zamarras cacahuetes y su planta de flor amarilla, como se le llamaba.

Sin embargo, hasta el último cuarto del siglo XIX no fue, al menos en la parte norte de la Unión, sino una curiosidad gastronómica.

Famosa es la crema de cacahuete en los Estados Unidos y otros países de América.

Su implantación y éxito vino de la mano de un singular personaje: P.T. Barnum, dueño del circo más famoso de su tiempo, que en 1880 tuvo la ocurrencia feliz de vender durante el espectáculo bolsitas de cacahuetes de modo que esta golosina llegó a ser tan consustancial al espectáculo como hoy los son al cine las populares y riquísimas palomitas de maíz.
Historia del cacahuete en Europa

En la España del siglo XVIII, fue el primer punto de Europa donde se cultivó esta planta. En concreto, Valencia, por iniciativa del canónigo Francisco Tabares de Ulloa, que en 1800 publicó los resultados de su plantación.

De allí fue llevada a Argelia y norte de África por agricultores valencianos emigrados a las plazas de soberanía española del Oranesado.

Su cultivo contemplaba la extracción del aceite, muy apreciado por tener la cualidad de no descomponerse ni alterarse, y por lo fácil de su conservación, sin tener que temer por su enranciamiento.

Aunque se puede comer cruda su semilla, tostada se torna olorosa y dulce, de un sabor que recuerda al de la almendra o la avellana. Con cacahuete se preparó antaño una horchata tan deliciosa como la de chufa, así como otras emulsiones refrigerantes.

De esta legumbre versátil se hacen pastas, cremas, confituras y natillas, y entra a formar parte de diversas salsas para carnes y pescados.

En cuanto a la harina obtenida a partir del cacahuete, mezclada a partes iguales con la de trigo se emplea para panificación o hacer galletas.

Los españoles hicieron, con anterioridad a la pérdida de los territorios ultramarinos, un excelente pan de cacahuete y yuca: el cazabe o torta a la que se añadía manteca, resultando un alimento muy nutritivo y gustoso que se conservaba en las largas travesías sin alterarse demasiado.

De la planta del cacahuete casi todo se aprovecha. La raíz es buen sucedáneo del paloduz o regaliz; las cáscaras pulverizadas son un excelente abono; los tallos verdes y secos sirven de forraje; el tallo y ramas secas suministran una hilaza fina cuyos hilos admiten el tinte y sirven para fabricar telas finas, consistentes y suaves; también se utiliza para la fabricación de pasta de papel.

Así, no sorprende que del cacahuete se haya dicho que es al mundo vegetal lo que el cerdo es al mundo animal: materia que no tiene desperdicio. Los cacahuetes fueron comida de clases humildes, de gallinas, pavos, cerdos y esclavos.
Historia del cacahuete en Asia

Los cacahuetes no se quedaron en América. Viajaron hasta la lejana China en los equipajes de los misioneros que en 1889, la introdujeron en aquel país. Al principio, los utilizaron para premiar a los catecúmenos que mostraban mayor celo en el aprendizaje y aceptación del cristianismo.

Cada pareja china que aceptaba el bautismo, recibía en premio una pequeña bolsa de cacahuetes. Triunfó también en aquellas lejanas tierras, siendo cultivado en todas sus provincias hasta convertirse en ingrediente necesario para la cocina oriental.

Etimología de la palabra cacahuete

Su etimología es amerindia, de la voz náhuatl tlalkakáwat,compuesta de tlalli= tierra + kakáwatl= cacao. Su primer uso escrito se decía ‘cacaguate’, en la obra del religioso Bernabé Cobo Historia del Nuevo Mundo(1653).

En el Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes, de Esteban Terreros, a mediados del XVIII, se lee ya el término en su morfología actual.

En Cuba y América del Sur sigue en vigor el término maní, de la lengua taína hablada en Haití en tiempos de la Conquista.

El madrileño Fernández de Oviedo, cronista de Indias, parece que fue el primero en emplear el término, que suele usarse tanto para el singular como para el colectivo, mientras que la forma plural designa normalmente los granos individuales del maní o cacahuete: maníes, que alterna con manís y con el barbarismo ‘manises’, surgido por tener el hablante in mente términos como ‘país, anís’.

En relación con la formación del plural, en partes de América, como Uruguay dicen maníes, y en Tenerife manises. A finales del siglo XIX se denominaba al cacahuete avellana americana en Andalucía, por el sabor de ambos frutos secos.


Fuentes: Serargentino.com - Liliana H. Almeida. Licenciada en Nutrición. / Wikipedia / Curiósfera.

https://www.serargentino.com/gastronomia/manies-suena-a-picadita

https://curiosfera-historia.com/historia-del-cacahuete-mani/

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