lunes, 5 de marzo de 2018

El tiempo del hombre - Atahualpa Yupanqui



La partícula cósmica que navega en mi sangre

Es un mundo infinito de fuerzas siderales.

Vino a mí tras un largo camino de milenios

Cuando, tal vez, fui arena para los pies del aire.




Luego fui la madera raíz desesperada.

Hundida en el silencio de un desierto sin agua.

Después fui caracol quién sabe dónde.

Y los mares me dieron su primera palabra.




Después la forma humana desplegó sobre el 

mundo

La universal bandera del músculo y la lágrima.

Y creció la blasfemia sobre la vieja tierra.

Y el azafrán, y el tilo, la copla y la plegaria.



Entonces vine a américa para nacer en hombre.

Y en mí junté la pampa, la selva y la montaña.

Si un abuelo llanero galopó hasta mi cuna,

Otro me dijo historias en su flauta de caña.



Yo no estudio las cosas ni pretendo entenderlas.

Las reconozco, es cierto, pues antes viví en 

ellas.

Converso con las hojas en medio de los montes

Y me dan sus mensajes las raíces secretas.



Y así voy por el mundo, sin edad ni destino.

Al amparo de un cosmos que camina conmigo.

Amo la luz, y el río, y el silencio, y la estrella.

Y florezco en guitarras porque fui la madera.



1 comentario:

  1. Qué aroma de flores acabo de recibir al leer tu poesía
    Qué alegria encontrar tanta belleza en tus palabras
    Qué fortuna sentir lo que escribes y comoartirlo generosamente. Gracias

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