lunes, 18 de enero de 2016

El aporte Guaraní a la cultura mundial, la invención del fútbol



Escrito: Julio Cantero (Historiador)

Recientemente trascendió, a partir de un documental producido por la Secretaria Nacional de Cultura del Paraguay estrenado en el festival de cine independiente de Mar del Plata 2014  y fue creciendo en popularidad, una tesis que sostiene que serían los “Guaraníes” quienes habrían inventado el Fútbol o más bien el “balón pie”, al parecer que los pueblos originarios del Paraná superior practicaban originalmente el juego que habría inspirado el fútbol moderno como hoy lo conocemos.

Esta noticia relatada con tono anecdótico circuló por la prensa internacional con inusitada rapidez y alcanzó a los medios más importantes, podemos encontrarla en la prensa europea, norte americana y hasta incluso en el Vaticano donde el  famoso Osservatore Romano, que pocas veces se dedica a temas relacionados con el fútbol, le dedicó un meticuloso artículo.

En la realización del documentalista paraguayo se expone la idea a partir de testimonios de  distintos entrevistados. Quien en nuestra opinión más aporta a la tesis, es el investigador Bartomeu Meliá, es él quien desliza de manera coloquial las fuentes históricas que a ciencia cierta sustentan la hipótesis.


Como decíamos antes, la cobertura fue muy extensa, pero los términos en que se divulgó una y otra vez la noticia fueron, en nuestra opinión, muy repetitivos. Hurgamos entre los resultados de la búsqueda para saber más sobre el tema, pero en uno y otro artículo sólo hallamos casi las mismas palabras, en distintos formatos y caracteres, que se leen en los principales medios de comunicación on line, ya sean británicos, estadounidenses, españoles, argentinos y por supuesto paraguayos. Las fechas de publicación hacen pensar en una onda expansiva con epicentro en Asunción.

Pero aquí nos dedicamos a la historia y no al análisis de los medios y mucho menos al fútbol, y notamos con esta perspectiva histórica que siendo tan interesante la línea de investigación iniciada por el realizador paraguayo Marcos Ybañez y producida por Agu Neto para la Secretaria de Cultura de Paraguay, esta puede perder la fama inicial si no se le acompaña o anexa una investigación histórica propiamente dicha, por lo que fuimos tras los testimonios enunciados por Meliá y los exponemos aquí para fomentar el debate histórico o simplemente para todos aquellos que quieran profundizar en las fuentes que avalan esta hipótesis.

En muchos de estos casos, en los artículos sobre el tema de la prensa digital, incluso la ilustración es la misma, un fragmento de la obra de Léonie Mathis, “la plaza de San Ignacio Miní”.

Según el investigador y divulgador de arte argentino, Ignacio Gutiérrez Zaldivar, en esta obra se observa que los guaraníes del pueblo “juegan al ‘fútbol’ con una pelota hecha con una vejiga de vaca inflada”[1]. Aunque esta obra es de fines de la década de 1930 está basada en las investigaciones de Guillermo Furlong de quien Mathis era amiga y en dibujos de Nadal Mora con quien el hijo de Léonide trabajó en San Ignacio Miní (Misiones, Argentina) a principios de la década de 1930. Éstos dos prestigiosos investigadores del jesuitismo, Furlong y Nadal Mora, prestaron asesoría a Mathis, Furlong además es responsable de una re edición del libro de José Manuel Peramás “La república de Platón y los Guaraníes”, donde se expone el comentario más extenso que conocemos que relaciona muy tempranamente a los guaraníes con el "juego de la pelota", testimonio que resulta ahora fuente principal y que citaremos luego.


Deseamos aquí retomar la tesis “los guaraníes inventaron el fútbol” y dejar asentado nuestra adhesión a la propuesta inicial de la Secretaria de Cultura del Paraguay citando las fuentes que se mencionaron inicialmente y contextualizándolas para así poder brindar un punto de partida que permita profundizar la temática.

Las fuentes que menciona Meliá son: Montoya, Cardiel y Peramás;  vayamos en busca de sus respectivas obras y analicemos sus testimonios.

Ruiz de Montoya
En  su célebre obra “Tesoro de la Lengua Guaraní”, define las dos palabras  que se mencionan en el documental:

“Mangaì . Árbol que da las pelotas que llaman de neruio. Mangaá: fruta deste árbol. Mangaici, recina de que hacen las pelotas.”[2]

Queda claro que Montoya entiende que no hace falta mayor explicación con respecto a “las pelotas” pues no explica para que eran usadas ni como, esto nos da a entender que su uso era extendido y naturalizado, tan común que describirlo hubiera resultado impertinente.
Y para el término Ñembosarai da una más contundente definición expresada por el famoso jesuita en una sola palabra:

 “ñemboçaraÎ. Jugar”…[3]
Luego de terminar sus estudios en Córdoba, Montoya fue destinado al Guairá donde llegó en 1612, para 1620 era designado auxiliar del Superior de las misiones para esta misma región y poco después pasó a ser el Superior a cargo de todas las reducciones. En total vivió 25 años en estas misiones de guaraníes durante los cuales fundó 13 pueblos, a saber: San Javier (Tayatí), Encarnación (Nautingui),  San José (Tucutí), San Miguel (Ibianguí), San Pablo (Iñieay), San Antonio (Biticoy), Concepción y San Pedro (Gualacos), Siete Ángeles (Tayaoba), Santo Tomás y la reducción de Jesús María. Pero quizás la hazaña por la que adquirió mayor fama fue el traslados de los habitantes de estos pueblos del Guairá, para protegerlos de las invasiones reiteradas de los bandeirantes, quienes capturaban a los nativos para venderlos como esclavos. En esa ocasión, en 1628, organiza la migración de más de 12.000 guaraníes que aceptaron trasladarse, aguas abajo del río Paraná hasta lo que hoy es territorio de Misiones (Argentina), donde funda las reducciones de San Ignacio Miní y Nuestra Señora de Loreto.

Este religioso aprendió y manejó el idioma y las costumbres de este pueblo con un grado de maestría que no pasó desapercibido entres sus co-hermanos. Hacia 1636/37 se estima tenía terminada su obra “El Tesoro de la lengua guaraní”, una suerte de diccionario y gramática del guaraní con grageas de costumbrismo, geografía, botánica y lo que llamaríamos etnografía de este pueblo. En 1639 la obra es editada en Madrid con todas las licencias pertinentes.

Montoya se encontraba en Madrid, pues la compañía le encomendó tramitar en la corte del rey Felipe IV una autorización para que los guaraníes ejercieran su legítima defensa y mantuvieran a raya a las invasiones luso-portuguesas, obtenidas estas licencias para el uso de armas de fuego de parte de los guaraníes se retira de Madrid en 1642. Una vez en América se le pide en 1646 que asuma como procurador en la famosa causa que Cárdenas mantuviera contra los jesuitas, desde entonces y cumpliendo estos trámites litigantes su salud comienza a deteriorarse hasta que fallece en 1652. Se dice que guaraníes de Loreto caminaron hasta Lima para traer sus restos y enterrarlos en el altar principal de la iglesia de este pueblo.

Cardiel  
Otro autor mencionado es José Cardiel, famoso misionero jesuita que recorrió gran parte de América del sur y estuvo en contacto directo con varios pueblos originarios, su obra es de gran valor heurístico, este religioso escribió en 1780 desde el exilio en Faenza.

“se van a comer y jugar a la pelota o a la chueca que son sus ordinarios juegos”[4]
En este escueto pero contundente enunciado, Cardiel al igual que Montoya nos lega el testimonio de una práctica del “juego de la pelota” como un accionar cotidiano y natural, que no precisa mayor descripción, el autor no ve la necesidad de ahondar en un tema, quizás por juzgarlo trivial, pero también puede verse en esta oración que los conceptos vertidos no merecen para el autor mayor profundización, no considera necesario explicar a qué se refiere cuando dice “se van a comer” y de igual manera “jugar a la pelota” es para Cardiel una actividad natural y conocida en la que no profundiza.


¿De qué experiencia de su vida toma Cardiel la imagen que luego relata? Puede ser de muchos los sitios. Estando en Asunción en 1751 se trasladó poco después a San Ignacio Guazú (Paraguay), sitio en el cual el documental sitúa, aunque sin mayor explicación, el origen del futbol, poco después Cardiel, partió hacia Itapúa (Encarnación Py.) luego de esto estuvo en san Borja, San Miguel, San Nicolás, (Brasil) en todas esta reducciones permaneció lapsos breves y sin ser el cura encargado de ellas.

Pero luego de la guerra guaranítica desencadenada por el tratado de permuta al que Cardiel se opuso vehementemente y de la guerra con el Brasil que le siguió, Cardiel ya mayor pasó sus últimos años en América como párroco del pueblo de Concepción, hoy Concepción de la Sierra (Misiones, Arg.),  pueblo del que fue párroco por cinco años desde 1763, es de presumir que cuando en Italia escribiera su obra apelara a recuerdos de escenas vistas y vividas en este pueblo, donde vivió sus años más tranquilos, allí estaba cuando llegaron los soldados de Bucarelli a apresarlo a fin de expulsarlo de América junto a los demás jesuitas.

Peramás 

Por último se menciona a Peramás, Meliá lee una cita de este escritor en el documental, incluso se reproduce la portada de un libro de edición reciente de este autor. La cita que usamos aquí pertenece a una reedición de 1946, prologada por Guillermo Furlong, de donde tomamos varios datos de su biografía. La obra es: “La República de Platón y los Guaraníes”, en ella Peramás, también desde el exilio, nos comenta:

“solían jugar también a la pelota, la cual, aunque de goma maciza, era tan liviana y ligera que, una vez recibido el impulso seguía dando botes por un buen espacio, sin pararse, y repitiendo los saltos al rebotar por su propio peso. Los guaraníes no lanzan la pelota con la mano, como nosotros, sino con la parte superior del pie descalzo, enviándola y devolviéndola con gran ligereza y precisión”[5]
Es esta la explicación más extensa y clara del “juego de la Pelota”, no queda lugar a dudas de los elementos que lo componen y en qué se caracteriza su práctica, una “pelota […] de goma maciza [que da] botes […] repitiendo saltos al rebotar”. ¿Y cómo juegan los guaraníes con ella?, “no lanzan la pelota con la mano […] sino con la parte superior del pie”. Peramás está dirigiéndose aquí a un lector europeo, contándoles sobre el modo de vida en las reducciones de los guaraníes, que siente fueron difamadas en el viejo continente; es consciente que sus lectores desconocen los detalles y particularidades de la cotidianidad en estos pueblos y por ellos describe de modo didáctico esta práctica y otras que le son propias a los guaraníes. A diferencia de Montoya, Peramás da testimonios de hechos que tuvo oportunidad de observar en un periodo más reciente, ya con los pueblos asentados, no recién reducidos o migrados.

San Ignacio Guasu en la actualidad, lugar donde los guaraníes jugaban al fútbol
Este autor, proveniente de Cataluña, siendo estudiante de filosofía de la universidad de Cervera con solo 22 años pidió ser destinado a las misiones que tenía la orden entre los guaraníes. Llega a Buenos Aires en 1755 y de inmediato se dirige a Córdoba, allí le asignan una tarea que le permitirá empaparse de la realidad de la Compañía en la provincia del Paraguay, debe redactar las Anuas para ser enviadas a Roma, culmina ésta tarea con un éxito singular al punto que recibe el reconocimiento del historiador jesuita italiano encargado de recopilarlas. Luego de haber culminado sus estudios y ser ordenado sacerdote en Córdoba, es destinado a San Ignacio Miní, hoy Misiones (Arg.), la misma reducción que fundara Montoya después del traslado de los pueblos del Guairá. Menos de dos años permaneció Peramás en este pueblo, fue requerido por sus superiores para hacerse cargo de de la cátedra de retórica de la Universidad de Córdoba.

Se encontraba trabajando de rector del Colegio de Córdoba cuando éste fue invadido por los soldados de Bucareli y apresados los jesuitas para ser remitidos con escoltas a Buenos Aires, escribió un diario en el que relata este destierro, pero ésta no fue la única desgracia que le todo vivir pues nuevamente se encontraba dando clases de retórica en Faenza cuando recibió la noticia que su orden fue suprimida.

Lo que conocemos hoy como “La republica de Platón y los guaraníes” es parte de una obra más amplia[6] escrita y editada en el exilio en 1791, en Faenza (Italia). El mismo Peramás explica que en este trabajo refiere a “lo que se practicaba entre los guaraníes”[7], en contraste con lo que teorizaba el famoso filosofo griego.

Reflexiones que nos suscita este superficial análisis del las fuentes que cita el documental 

Estos testimonios nos dan una idea parcial pero clara de la práctica que los jesuitas describen como “jugar a la pelota”, una actividad perteneciente al rico, aunque poco documentado, repertorio  lúdico guaraní. Los testimonios son coincidentes a pesar de su distancia cronológica y geográfica, Montoya desarrolla su obra desde el Guairá y luego de la epica migracion funda San Ignacio miní y Loreto, en Misiones (Arg). Cardiel fue párroco de Concepción de la Sierra, Peramás colabora en San Ignacio Miní y fue rector del colegio de Córdoba, el denominador común de todos ellos es su conocimiento personal de muchos de pueblos reduccionales por sus reiterados viajes y servicios como misioneros, el espacio probable de donde cada uno de ellos pudo ser testigo de la práctica que luego describen como juego de la pelota, es abarcativo y dilatado por casi todo el territorio de las misiones, desde el Guairá hasta Yapeyú y desde San Ignacio Guazú a San Lorenzo.

En ningún caso en sus relatos se circunscribe la práctica de este juego a un sitio particular o a una de las reducciones determinada, de hecho si estamos ante la presencia de un juego anterior al contacto con la cultura europea, como se presume, es válido entender que su práctica se extendió por todo el espacio de ocupación guaraní en la Cuenca del Plata.

No es descabellado inferir que los autores de las fuentes que hoy son la clave de esta incógnita hayan basado sus testimonios en lo observado de las actividades recreativas de los guaraníes mientras servían como religiosos en los pueblos, los mismos hoy forman parte de nuestra provincia que debe su nombre justamente a la antigua existencia de estas reducciones, pueblos o Misiones... 

En el documental existe una breve mención a las Anuas como fuentes testimoniantes de esta costumbre guaraní de jugar a la pelota, lamentamos decir que no hemos logrado hallar referencia alguna  a esta práctica en las Anuas publicadas.  

Para finalizar aportamos interrogantes y ensayamos respuestas ¿Los guaraníes inventaron el fútbol? si lo entendemos, como lo entiende el documental paraguayo, como “balón pié” o juego a la pelota usando los pies, entonces la respuesta es positiva en nuestra opinión. ¿Colaboraron los jesuitas  con la expansión mundial de la práctica del juego de la pelota? Es probable… si bien los guaraníes se dispersaron por los territorios que hoy ocupan Paraguay, Brasil y Argentina luego de la expulsión (1768), luego de ésta también los jesuitas se dispersaron, aunque en su mayor parte por Italia. Si se pudiera establecer el destino que le cupo a cada jesuita que recibió la orden de expulsión estando en un pueblo Guaraní, o siendo conocedor del juego, y contrastar con los primeros relatos históricos del juego, quizás encontremos en algunos de los numerosos colegios jesuitas de Europa un viejo misionero enseñando a los pupilos un juego nuevo, para ellos, pero ya practicado hace siglos por los guaraníes en las Misiones.

Bibliografía consultada:
[1] Gutiérrez Zaldívar, Ignacio. Léonie Mathis. Bs. As.: Zurbaran, 1992. p. 149.
[2] Ruiz de Montoya, Antonio. Tesoro de la Lengua Guaraní. Madrid: Sánchez, 1639. p. 206. (Edición facsimilar. Leipzig: Teubner, 1876).
[3] Ruiz de Montoya, Antonio. Tesoro de la Lengua Guaraní. Ídem p. 250.
[4] Cardiel, José. Compendio de la historia del Paraguay (1780). Bs. As: Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 1984. p. 98.
[5] Peramás, José Manuel. La República de Platón y los Guaraníes. Bs As: Emecé, 1946. p. 93.
[6] “De vita et moribus tredecim virorum” (vida y costumbre de trece hombres) P. Peramás. Faenza. 1791.
[7] Furlong, Guillermo. En prólogo a la primera edición en español de “La República de Platón y los Guaraníes”. Emecé: Bs. As., 1946.

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