viernes, 30 de marzo de 2012

Tupaj Katari, gran estratega y caudillo indiscutible: “Volveré y seré millones…”

Tupaj Katari, cuyo nombre adoptó Julián Apasa en memoria y honor al intrépido Tupaj Amaru (José Gabriel Condorkanqui) y al indomable chayanteño Tomás Katari, fue uno de nuestros más grandes mártires de la historia del mundo Aymara, insobornable líder, gran estratega del ejército indígena andino y caudillo indiscutible de la rebelión y asedio de la ciudad de La Paz.

Nació en la comunidad emporio agrícola de Sicasica en 1750 a 4 mil metros sobre el nivel del mar, casado con la igualmente gran jefa Aymara Bartolina Sisa, estuvo durante varios años en contacto permanente con Tupaj Amaru, el señor de Tungasuca, haciéndose eco de sus planes de liberación y emancipación de nuestros pueblos originarios.

Pese a algunos conflictos tácticos con los jefes supremos de la familia de Tupaj Amaru en lo que concierne al cerco y la posterior toma de la ciudad de La Paz, emprendió el primer cerco el 13 de marzo de 1781 con un ejército de 40 mil hombres y duró 109 días; luego procedió a un segundo cerco que duró 64 días.
Tupaj Katari
Esto provocó muchas bajas en el ejército español integrado por españoles, criollos y mestizos ( 10 mil de los 23 mil con que contaban).

El refuerzo de la Audiencia de Charcas al ejército español posibilitó la ruptura del cerco el 1 de julio de 1781 a lo que el ejército de Tupaj Katari se replegó sin mayores pérdidas. Sin embargo las hostilidades continuaron con guerrillas permanentes y a principios de agosto reanudaron el asedio, esta vez con el apoyo de Andrés Tupaj Amaru, hermano de José Gabriel, quién intentó anegar la ciudad con una compleja obra hidráulica en la cabecera del río Choqueyapu.

Los nuevos refuerzos realistas encabezados por el coronel Reseguín lograron, desde el 17 de octubre, finalmente vencer a nuestros aliados desde la ciudad El Alto.

Con el propósito de retomar la iniciativa, cuando nuestro gran jefe Katari reunía nuevas fuerzas en la costa del lago Titikaka, fue víctima de un engaño sin nombre y cobardemente traicionado por su colaborador Tomás Inca Lipe, quién luego lo entregó a los realistas en la localidad de Chinchaya. Así nuestro hermano empezó a sufrir la suerte atroz que corrió su antecesor Tupaj Amaru.

El fallo del 13 de noviembre de 1781 sentenciaba a muerte al caudillo, su cuerpo sería descuartizado, y su ejecución sería efectivizada, según algunos cronistas el mismo día y según otros, el 15 de noviembre del mismo año, en la plaza de la comunidad originaria de Peñas (Q’arq’a Marka), llamado también santuario Nuestra Señora de las Peñas, situada en el inmenso altiplano de la hoy llamada República de Bolivia.


"Nayaruw jiwayapxista, waranqa waranqanakaw kutt'anika -A mi solo me matarán, pero mañana volveré y seremos millones", les decía Tupaj Katari a sus verdugos en el momento de su dramática captura.
Instantes antes de su ejecución estaba rodeado de los representantes del poder opresor colonial: el cura, el delegado militar, el corregidor, y los notables criollos y chapetones, todos, símbolos de la mediocridad europea, destinada a destruir la armonía y vida de nuestras instituciones y de nuestras formas de organización social, económica, política, espiritual y cultural.

La sentencia se cumpliría no sin antes ser sometido a una despiadada tortura.

Luego de cortarle el pelo largo que simbolizaba la energía y rebeldía del caudillo, procedieron a cortarle la lengua en vida, lo que simbolizaba acallar su voz y mensaje de rebelión, luego se procedió al suplicio y destrozo del cuerpo cobrizo de Katari, aún en vida, por la fuerza de cuatro caballos atados a sus cuatro extremidades.

La orden fue dada y un desgarrador, estruendoso e imponente grito se diseminó como un eco interminable por los míticos Andes rompiendo el silencio que hasta ese momento se guardaba, al tiempo que cuatro caballos destrozaban en pedazos el cuerpo de Julián Apaza en dirección de los cuatro puntos cardinales.

El grito acongojado de la muchedumbre respondía impotente a aquél primer grito.

Al igual que Tupaj Amaru, su cuerpo despedazado en porciones y dividido por sus extremidades, fue expuesto por todo el territorio del Qullasuyu, en señal de “escarmiento a los indios rebeldes”.

Su cabeza fue expuesta en el cerro de K’ili K’ili (La Paz), su brazo derecho en Ayo Ayo, el izquierdo en Achacachi; su pierna derecha en Chulumani, y la izquierda en Caquiaviri.

Mas tarde, el 5 de septiembre de 1782, su esposa Bartolina Sisa, moriría también con espeluznantes detalles de tormento, estrangulada por los mismos verdugos que terminaron con la vida de su compañero de vida. Lo mismo ocurrió con su hermana Gregoria Apasa; luego en 1783, un hijo de Tupaj Katari y Bartolina Sisa, de diez años de edad, fue también aprehendido y nunca más se supo de él.

No hubo odio colonial más grande que el vertido en estas tierras. No hubo masacres y muertes más sangrientas que las cometidas contra nuestros pueblos y sus poblaciones, nunca hubo tanta saña y barbarismo enfermizo que el que se vivió en aquella época en contra de las comunidades originarias andinas.

¡Vencedores durante milenios!
¡Jallalla Jilata Tupaj Katari!!

Texto: Ivan Ignacio.


Fuentes:

http://www.pusinsuyu.com/html/tupaj_katari.html

http://compartiendoculturas.blogspot.com/2009/09/bartolina-sisa.html

2 comentarios:

  1. En verdad desgarradora y cruel la historia de los indígenas. Hasta el día de hoy. Que puedo decir yo, uruguaya, que por años se negó que hubiera descendientes de indios por aquí, jactándose de qe habían sido exterminados.

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  2. Unidos conquistaremos nuestra libertad y desfasaremos la gloria de los dioses!

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