Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

sábado, 30 de marzo de 2013

Cosmovisión Andina: La Chakana


La Chakana es la representación de un concepto que tiene múltiples niveles de complejidad de acuerdo a su uso.
La Chakana o Chaka Hanan significa el puente a lo alto. Es la denominación de la constelación de la Cruz del Sur, y constituye la síntesis de la cosmovisión andina, asimismo, es un concepto astronómico ligado a las estaciones del año. Se utiliza para dar sustento a la estirpe y es la historia viviente, en un anagrama de símbolos, que significan cada uno, una concepción filosófica y científica de la cultura andina.



Fue el cronista collagua Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua, quien en 1613 al escribir su "Crónica de Relación de Antigüedades de este Reino del Pirú" dibujó e insertó en ella, un grabado sobre la cosmovisión andina, que se encontraba en el Altar Mayor del Templo del Coricancha en Cuzco, el cual denominó Chakana, el puente o escalera que permitía al hombre andino mantener latente su unión al cosmos.
Sujeto a varias interpretaciones, compatibilizando la estructura básica proporcionada por Yamqui Salcamaygua, con los comportamientos del hombre andino, las conclusiones más aceptadas del mencionado dibujo son:
  • La Chakana (puente o cruce) aparece en la intersección o en el punto de transición de las líneas trazadas de arriba hacia abajo o viceversa, verticalmente, y de izquierda a derecha o viceversa, horizontalmente.
  • Habría dos "espacios sagrados" que se oponen mutuamente: el primero, de proyección vertical, dividido en una mitad masculina y en otra mitad femenina; el segundo, de proyección horizontal, dividido en una mitad de los "seres celestiales" y en otra mitad de los seres "terrenales y subterráneos".
  • La orientación de arriba hacia abajo tendría connotaciones masculinas, y la de abajo hacia arriba, connotaciones femeninas.
  • La Chakana tiene la forma de una X, las diagonales conectan las 4 esquinas de la "casa", es decir, del universo.
  • La Chakana es el símbolo andino de la relacionalidad del todo.
  • La línea vertical expresa la oposición relacional de la correspondencia entre lo grande y lo pequeño: "tal en lo grande, tal en lo pequeño".
  • El espacio sobre la línea horizontal es el Hanaq Pacha (mundo de arriba, "estrato superior").
  • El espacio que queda por debajo de la línea horizontal es el Kay Pacha (este mundo).
  • Los canales de comunicación que existen entre los dos mundos, son los manantiales, lagunas, montañas.
  • Hay en ella múltiples relaciones de correspondencia y complementariedad, como por ejemplo entre el techo y el suelo, entre el sol y el fuego, entre el día y la noche y entre el varón y la mujer, que nos indican el derrotero a seguir para descubrir que en su construcción no cuentan únicamente las razones utilitarias, que no es simplemente una casa para estar y protegerse de las inclemencias del clima y que sus ocupantes no son únicamente quienes la construyen directamente.
  • Todos los objetos en ella tienen razón de ser, ninguno está por demás.
La Chakana: su simbología más aceptada

El Qhapaq Ñan (Camino de los Justos)
Siguiendo su marco cosmogónico; huacas, templos y caminos estarían construidos sobre una inmensa Chakana.
El Qhapaq Ñan (Camino de los Justos) es una línea recta de ciudades Incas ubicadas geográficamente en una diagonal a 45° del eje Norte-Sur.
Si no se tratara de una casualidad, la ruta sería una expresión de sabiduría Inca.
Si tomamos un cuadrado y su diagonal o "Qhapaq Ñan" a 45°, luego un circulo que lo circunscriba y un circulo más otro cuadrado inscritos, pero este último cuadrado con sus vértices en los puntos medios de cada lado, obteniendo los puntos A y D, luego trazamos la otra diagonal de nuestro cuadrado original y obtenemos los puntos B y C, cruzando líneas por estos puntos haremos surgir una Cruz Cuadrada inscrita en el círculo mayor, pero que tiene su mismo perímetro.
Este metodo es una de las fórmulas para obtener la Chakana. Esta Cruz Andina, nos arroja en su construcción 2 diagonales, además de las 2 del cuadrado inicial que tienen un ángulo de 45°, estas últimas trazan uno de 22° 30’ con respecto a la horizontal del dibujo.
Si superponemos este diagrama al globo terráqueo, el Qhapaq Ñan estará a 45° del eje Norte-Sur y la "línea o camino de la verdad" Chekaluwa prácticamente quedará superpuesta sobre el eje de rotación de la tierra que tiene un ángulo de 23° 30’. Lo cual nos lleva a concluir que esta "Línea de la verdad o de la vida"fue originalmente el ángulo del eje de rotación de la tierra que hoy en día tiene una inclinación de 23° 30’. Es de suponer que el ángulo "óptimo" u original del eje de rotación fue de 22° 30’, y que esta es la inclinación exacta que crea la vida y la biodiversidad en la tierra, al ser la causa de los solsticios, de las estaciones y la diversidad de climas.



Fuente: Pueblos Originarios
(http://pueblosoriginarios.com/sur/andina/inca/chakana.html)


domingo, 24 de marzo de 2013

Overa, la rebelión del cacique luminoso (Oberá)


La historia “oficial” de la Conquista de la región altoparanaense (Paraguay, Brasil, Noreste Argentino actuales), por los españoles en los años 1.500, escrita por las clases dominantes, siempre intentó esconder o minimizar las bravas luchas de resistencia de los pobladores originarios, principalmente de los guaraníes.
Una de ellas, prácticamente desconocida por los pobladores de esta región fue comandada por el Cacique Overa (Vera en guaraní: Luminoso, Resplandeciente).
Consciente de la dificultad de vencer a los europeos por las armas, Overa generó una de las primeras “huelgas” de las que se tiene noticia en América.
Una huelga general, total, en la que los guaraníes se negaron a continuar trabajando para los españoles, dedicándose exclusivamente a danzar y cantar durante días, semanas y meses.

Las pocas informaciones existentes sobre la llamada Rebelión de Overa (Oberá) las heredamos principalmente de los poemas de Martín del Barco Centenera, publicados en 1.602, clasificados por muchos estudiosos como artísticamente ruines e históricamente tendenciosos, pro-hispánicos.

Imágen: Alex Soares
Según Bartomeu Meliá, en su libro El Guaraní Conquistado y Reducido (1.993), el movimiento indígena comenzó entre los años 1.578-1.579 en la región de Guarambaré, en las proximidades de Asunción, capital del Paraguay. Más luego se expandió en todo el territorio de la región del Río Paraná –probablemente en la región de la Provincia del Guairá y también en las regiones central, norte y noroeste del actual estado de Paraná en Brasil.

“Intérprete de la opresión en la vivían los Guaraníes, Overá, con rara elocuencia, verdadero señor de la palabra, ofrecía a su pueblo la liberación de la sujeción a los españoles”, dice Meliá.
Liderados por este Cacique cuyo nombre guaraní era Verá, el Luminoso, el Resplandeciente, los indígenas protagonizaron una revuelta extremadamente singular. Una especie de “huelga general”, a través de la cual rechazaban seguir trabajando en favor de los conquistadores, pasando a cantar y danzar ininterrmpidamente.

Meliá dice que los guaraníes practicaban la conocida “danza ritual guaraní”.

Para dimensionar los escritos desde la conquista y con óptica euro-etnocéntrica basta leer estos versos extratados de largo escrito de Martín del Barco Centenera donde refiere a Overa (Oberá).

Obera, como digo, se llamaba,
que suena resplandor en castellano.
En el Paraná Grande éste habitaba,
el bautismo tenía de cristiano.
Mas la fe prometida no guardaba,
que con bestial designo a Dios, tirano,
su hijo dice ser y concebido
de virgen, y que virgen lo ha parido.

La mano está temblando de escribillo,
mas cuento con verdad lo que decía
con loca presumpción aquel diablillo,
que más que diablo en todo parecía.
Los indios comenzaron de seguillo
por todas las comarcas do venía,
atrajo mucha gente así de guerra,
con que daños hacía por la tierra.

Dejando, pues, su tierra y propio asiento,
la tierra adentro vino predicando;
no queda de indio algún repartimiento
que no siga su voz y crudo mando.
Con este impío pregón y mal descuento
la tierra se va toda levantando,
no acude ya al servicio que solía,
que libertad a todos prometía.

Mandoles que cantasen y bailasen,
de suerte que otra cosa no hacían,
y como los pobretes ya dejasen
de sembrar y coger como solían,
y sólo en los cantares se ocupasen,
en los bailes de hambre se morían,
cantándoles loores y alabanzas
del Obera maldito y sus pujanzas.

Un hijo que éste tiene se llamaba
por nombre Guiraró, que es palo amargo.
Del nombre Papa aquéste se jactaba.
Con éste el padre, dice: «Yo descargo
la grande obligación que a mí tocaba
con darle de pontífice el encargo».
Aquéste es el que viene bautizando,
y los nombres a todos trasmutando.

No quiero más decir de sus errores
de que andaba la tierra alborotada
en todo el Paraná y sus rededores;
y así se fue tras él de mano armada.
Mas como éste tenía corredores,
y gente puesta siempre en gran celada,
en viendo la pujanza conocida
del enemigo, pónese en huida.
Cacique Overa (Oberá-Misiones) Autores: Gerónimo Rodriguez y Humberto Díaz
 Meliá relata: los guaraníes hicieron inumerables ceremonias de “debaustismo”, renegando de los nombres “cristianos-europeos” que habían recibido de los opresores y volvieron a utilizar sus nombres indígenas.

Aún hoy los rituales de nominación son muy importantes dentro de la cultura guaraní. Bartolomé Meliá explica que, distintos a los occidentales, los originarios guaraníes no son llamados o nombrados por este o aquel nombre sin que el “es” su propio nombre.

En cuanto a las autoridades de Castilla, mostraban su desconcierto frente a tan inusitada rebelión, ésta se expandía rápidamente no solo rumbo al Paraná sino también al sur y al norte de la capital paraguaya, llegando hasta el río Ypané.

Fue solamente con la llegada de Juan de Garay que los españoles reaccionaron. Las tropas irrumpieron en las aleas para traer nuevamente a los guaraníes al trabajo. Pero, al contrario de lo que planeaban los atacantes, el líder de los “rebeldes”, el Cacique Luminoso, nunca fue encontrado.

Overa, simplemente desapareció sin dejar rastros –dice Meliá. Pero es posible que haya continuado actuando de algún modo, pues se registra como hecho interesante de que cuatro mestizos –entre ellos el hijo de un portugués- intentaron mantener la rebelión del Cacique Overa durante algún tiempo luego del ataque de Garay.


El ejemplo de Overa permaneció ya que en 1.589 en el Paraguay, los indígenas Acahay, Tevikuary e Yvyturusu se rebelaron en los mismos moldes que el primero. Todo “por causa de ciertos cantores que, con sus cantos, los lleva a realizar algunas ceremonias y ritos a través de los cuales se “apartan del servicio de Dios y no van más a servir a sus patrones encomenderos (patrones españoles)”-relata el antiguo diario de un capital, reproducido por Juan Francisco Aguirre en 1.949 en la Revista de la Biblioteca Nacional de Argentina.


Fuente:
Extraído de: Rosana Bond, Año IV, Nº27, Noviembre de 2.005. La rebelión del Cacique Luminoso http://www.anovademocracia.com.br/index.php/A-rebeliao-do-cacique-Luminoso.html en lengua portuguesa.

Traducción: José Javier Rodas







sábado, 16 de marzo de 2013

La Leyenda del Maíz – Aztecas


Cuentan que antes de la llegada de Quetzalcóatl, los aztecas sólo comían raíces y animales que cazaban.
No tenían maíz, pues este cereal tan alimenticio para ellos, estaba escondido detrás de las montañas.
Los antiguos dioses intentaron separar las montañas con su colosal fuerza pero no lo lograron.
Los aztecas fueron a plantearle este problema a Quetzalcóatl.
-Yo se los traeré- les respondió el dios.

Quetzalcóatl, el poderoso dios, no se esforzó en vano en separar las montañas con su fuerza, sino que empleó su astucia.
Se transformó en una hormiga negra y acompañado de una hormiga roja, marchó a las montañas.
El camino estuvo lleno de dificultades, pero Quetzalcóatl las superó, pensando solamente en su pueblo y sus necesidades de alimentación. Hizo grandes esfuerzos y no se dio por vencido ante el cansancio y las dificultades.
Quetzalcóatl llegó hasta donde estaba el maíz, y como estaba trasformado en hormiga, tomó un grano maduro entre sus mandíbulas y emprendió el regreso. Al llegar entregó el prometido grano de maíz a los hambrientos indígenas.
Los aztecas plantaron la semilla. Obtuvieron así el maíz que desde entonces sembraron y cosecharon.

El preciado grano, aumentó sus riquezas, y se volvieron más fuertes, construyeron ciudades, palacios, templos...Y desde entonces vivieron felices.
Y a partir de ese momento, los aztecas veneraron al generoso Quetzalcóatl, el dios amigo de los hombres, el dios que les trajo el maíz.

Nota: El significado del nombre Quetzalcóatl es Serpiente Emplumada.
Fuente: Ciudades Virtuales Latinas 

martes, 12 de marzo de 2013

Quinua, alimento ancestral sagrado de los Pueblos Originarios – 2.013 Año Internacional


Que tu alimento sea tu medicina dijo Hipócrates, considerado el padre de la medicina. ¿Y qué mejor alimento que la quinua (también conocida como quinoa) para aplicar esta sabia frase? La quinua es el único alimento vegetal que posee todos los aminoácidos esenciales, oligoelementos y vitaminas para la vida, además de no contener gluten. También tiene una elevada lisina en sus semillas y hojas y un alto contenido de calcio y hierro.
La quinua no es solamente interesante por sus cualidades alimenticias sino por su historia y por la labor de varios pueblos originarios  andinos por conservar este alimento. Llamada “grano madre” por los Incas, la quinua, así como la papa y el maíz, era uno de los alimentos diarios de los pueblos de los Andes. El conocimiento acumulado por estos pueblos ha permitido preservar sus diversas variedades, mejorar su rendimiento y desarrollar una gastronomía en torno a este grano, incluso con la fuerte influencia de nuevos cultivos introducidos en la región.
Es rico en proteína vegetal, vitaminas E y B, calcio, aminoácidos esenciales, fibra, fósforo, magnesio y hierro; posee propiedades cicatrizantes y antiinflamatorios; carece de gluten, contiene poca grasa y es fácil de digerir.
Más aún, la quinua, en sus diferentes variedades, puede ser cultivada en diferentes climas, soportando temperaturas entre los -8°C y los 38°C y elevaciones desde el nivel del mar hasta los 4.000 metros. Asimismo, requiere poca agua, haciéndola resistente a ambientes secos y sequías, cada vez más frecuentes hoy en día, debido al cambio climático.
La idea de que el año 2.013 esté abocado a la concientización sobre las propiedades beneficiosas de la Quinua fue propuesta por el gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia – uno de los principales productores de Quinua a nivel mundial junto a Perú-; apoyada por Argentina, Azerbaiyán, Ecuador, Georgia, Honduras, Nicaragua, Paraguay, Perú y Uruguay; respaldada por la FAO; y aprobada por la Asamblea de las Naciones Unidas en Diciembre de 2.011.
Las Naciones Unidas, por intermedio de la FAO, su Organización para la Alimentación y la Agricultura, declararon hace unos días oficialmente el 2013 como el Año Internacional de la Quinua “en reconocimiento a las prácticas ancestrales de los pueblos andinos, quienes han sabido preservar a la quinua en su estado natural como alimento para las generaciones presentes y futuras, a través de prácticas ancestrales de vida en armonía con la naturaleza”. La FAO promueve su campaña con el eslogan “un futuro sembrado hace miles de años”, presentando este alimento como una opción para las generaciones presentes gracias a su alto valor nutritivo y potencial aporte a la seguridad alimentaria.
Los granos de quinua se tuestan para hacer harina con la que se pueden fabricar distintos tipos de panes, también pueden ser cocinados como arroz o añadidos a sopas, usados como cereales, pastas e incluso se fermenta para obtener cerveza o chicha.
La quinua ha venido ganando popularidad en diversos países, pero aquí en Colombia es todavía poco conocida y por eso los invitamos a probarla si no lo han hecho. La quinua que distribuimos en La Canasta viene de la zona rural de Usme, donde Omar, un ingeniero agrónomo e investigador, ha venido cultivándola por cerca de 12 años. Omar es un conocedor y promotor de la quinua y ha trabajado en varios procesos participativos con campesinos en Boyaca, Usme y Sumapaz entre otros. En Boyacá ya hay un grupo de unas 35 personas con un proceso bastante consolidado que comenzó con semillas traidas de Nariño, pues en Boyacá había desaparecido la quinua.
Fuentes: la-canasta.org
                 Discovery Noticias

miércoles, 6 de marzo de 2013

Los Guerreros – Toro Sentado



“Los guerreros no son lo que pensamos como guerreros. El guerrero no es alguien que lucha, porque nadie tiene el derecho de tomar otra vida. El guerrero, para nosotros, es uno que se sacrifica por el bien de los demás.


Su tarea es cuidar de los ancianos, los indefensos, aquellos que no pueden proveerse a sí mismos, y sobre todo, los niños: el futuro de la humanidad.” 



Toro Sentado 



sábado, 2 de marzo de 2013

ABYA YALA, el verdadero nombre de este Continente.


Esta denominación es dada al continente americano por el pueblo Kuna, desde antes de la llegada de los europeos. Este pueblo es originario de la serranía del Darien, al norte de Colombia. Y que hoy en día habita la región al sur de Panamá y el norte de Colombia. A los Kuna de la región Colombiana se les conoce como Kuna-Tule.


La cultura kuna sostiene que ha habido cuatro etapas históricas en la tierra, y a cada etapa corresponde un nombre distinto de la tierra conocida mucho después como América: Kualagum Yala, Tagargun Yala, Tinya Yala, Abia Yala. El último nombre significa: territorio salvado, preferido, querido por Paba y Nana, y en sentido extenso también puede significar tierra madura, tierra de sangre”. Así esta tierra se llama “Abia Yala”, que se compone de “Abe”, que quiere decir “sangre”, y “Ala”, que es como un espacio, un territorio, que viene de la Madre Grande.

Es así como hoy en día, diferentes organizaciones, comunidades e instituciones indígenas y representantes de ellas de todo el continente, han adoptado su uso para referirse al territorio continental, en vez del término “América”. Es por esto que el nombre de ABYA YALA es utilizado en sus documentos y declaraciones orales. Como símbolo de identidad y de respeto por la tierra que habitamos.

Enrique Dussel (Dussel, 1993) ya nos había advertido que el denominado "descubrimiento de América" fue, en verdad, el encubrimiento de los pueblos que aquí habitaban. ABYA YALA es, así, el verdadero descubrimiento de América.

En la lengua del pueblo Kuna, ABYA YALA significa "tierra madura", "tierra viva" o "tierra en florecimiento" y es sinónimo de América. El pueblo Kuna es originario de Sierra Nevada, en el norte de Colombia, habitó la región del Golfo de Urabá y las montañas de Darien, y actualmente vive en la costa caribeña de Panamá, en la Comarca de Kuna Yala (San Blas). ABYA YALA se viene usando como una autodesignación de los pueblos originarios del continente en contraposición a América, expresión que, aunque usada por primera vez en 1507 por el cosmólogo Martin Wakdseemüller, sólo se consagra desde fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX como un medio de las élites criollas para afirmarse en contraposición a los conquistadores europeos dentro del proceso de independencia. Aunque los diferentes pueblos originarios que habitan el continente atribuyeran nombres propios a las regiones que ocupaban ‑Tawantinsuyu, Anauhuac, Pindorama‑, la expresión ABYA YALA es cada vez más usada por los pueblos originarios del continente objetivando la construcción de un sentimiento de unidad y pertenencia. Pese a que algunos intelectuales, como el sociólogo catalán‑boliviano Xavier Albó, ya habían utilizado la expresión ABYA YALA en contraposición a la designación consagrada de América, la primera vez que la expresión fue explícitamente usada con ese sentido político fue en la II Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas de ABYA YALA, realizada en Quito en 2004. Nótese que en la I Cumbre, realizada en México en el año 2000, la expresión ABYA YALA aún no era invocada, como se puede leer en la Declaración de Teotihuacán, cuando se presentan como "los Pueblos Indígenas de América reafirmamos nuestros principios de espiritualidad comunitaria y el inalienable derecho a la Autodeterminación como Pueblos Originarios de este continente". A partir de 2007, sin embargo, en la III Cumbre Continental de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas de ABYA YALA, realizada en Iximche, Guatemala, no sólo se autoconvocan como ABYA YALA, sino que también resuelven constituir una Coordinación Continental de las Nacionalidades y Pueblos Indígenas de ABYA YALA "como espacio permanente de enlace e intercambio, donde converjan experiencias y propuestas, para que juntos enfrentemos las políticas de globalización neoliberal y luchar por la liberación definitiva de nuestros pueblos hermanos, de la madre tierra, del territorio, del agua y de todo patrimonio natural para vivir bien". Poco a poco, en los diferentes encuentros del movimiento de los pueblos originarios, el nombre América va siendo sustituido por ABYA YALA, indicando así no apenas otro nombre, sino también la presencia de otro sujeto enunciador del discurso, hasta aquí callado y subalternizado en términos políticos: los pueblos originarios.
La idea de un nombre propio que abarcara todo el continente se impuso a esos diferentes pueblos y nacionalidades cuando comenzaron a superar el largo proceso de aislamiento político a que se vieron sometidos tras la invasión de sus territorios en 1492, con la llegada de los europeos. Junto con ABYA YALA hay todo un nuevo léxico político que también se viene construyendo, donde la propia expresión "pueblos originarios" gana sentido. Esa expresión afirmativa fue la que esos pueblos en lucha encontraron para autodesignarse y superar la generalización eurocéntrica de "pueblos indígenas". A fin de cuentas, antes de la llegada de los invasores europeos, en el continente había una población estimada de entre 57 y 90 millones de habitantes que se distinguían como maya, kuna, chibcha, mixteca, zapoteca, ashuar, huaraoni, guarani, tupinikin, kaiapó, aymara, ashaninka, kaxinawa, tikuna, terena, quéchua, karajás, krenak, araucano/mapuche, yanomami, xavante, entre tantos y tantas nacionalidades y pueblos originarios del continente. La expresión "indígena" es, en ese sentido, una de las mayores violencias simbólicas cometidas contra los pueblos originarios de ABYA YALA en la medida en que es una designación que hace referencia a las Indias, o sea, a la región buscada por los negociantes europeos a fines del siglo XV. La expresión "indígena" ignora, así, que esos otros pueblos tenían sus propios nombres y su propia designación para sus territorios. Paradójicamente, la expresión "pueblos indígenas", en la misma medida en que ignora la diferencia específica de esos pueblos, contribuyó a unificarlos no sólo desde el punto de vista de los conquistadores/invasores, sino también como una designación que, en principio, servirá para constituir la unidad política de esos pueblos por sí mismos, cuando comienzan a percibir la historia común de humillación, opresión y explotación de su población y la dilapidación y devastación de sus recursos naturales.

ABYA YALA se configura, por lo tanto, como parte de un proceso de construcción político‑identitario en el que las prácticas discursivas cumplen un papel relevante de descolonización del pensamiento, y que ha caracterizado al nuevo ciclo del movimiento "indígena" cada vez más como un movimiento de los pueblos originarios. La comprensión de la riqueza de los pueblos que viven aquí hace miles de años y del papel que tuvieron y tienen en la constitución del sistema‑mundo ha alimentado la construcción de ese proceso político‑identitario.

Considérese, por ejemplo, que hasta la invasión de ABYA YALA (América) Europa detentaba un papel marginal en los grandes circuitos mercantiles, que tenían en Constantinopla uno de sus lugares centrales. La toma de esa ciudad por los turcos, en 1453, propició la búsqueda de caminos alternativos, sobre todo por parte de los grandes negociantes genoveses, que encontraron apoyo político entre las monarquías ibéricas y en la Iglesia Católica Romana. Desde entonces, circuitos mercantiles relativamente independientes en el mundo pasan a estar integrados e incluso se constituye el circuito Atlántico con la incorporación del Tawantinsuyu (región hoy ocupada por Perú, Ecuador y Bolivia, principalmente), del Anahuac (hoy México y Guatemala, principalmente), de las tierras guaraníes (envolviendo parte de Argentina, Paraguay, sur de Brasil y Bolivia, principalmente) y Pindorama (nombre con que los tupí designaban a Brasil). El carácter periférico y marginal de Europa era tal que la expresión "orientarse" (ir hacia el oriente) indicaba la relevancia de Oriente en la época. Así, es con la incorporación de los pueblos de ABYA YALA y con su sometimiento político, junto con el tráfico y la esclavización de los negros africanos traídos a este continente, que se crea la oportunidad para la centralidad de Europa. En resumen, el surgimiento del sistema mundo moderno se da junto con la construcción de la colonialidad. Se trata, por lo tanto, de un sistema mundo moderno‑colonial. Y ese carácter contradictorio inscrito en el sistema mundo moderno, que busca olvidar su carácter también colonial, es lo que los pueblos originarios de ABYA YALA vienen buscando explicitar en la lucha "por la liberación definitiva de nuestros pueblos hermanos, de la madre tierra, del territorio, del agua y de todo patrimonio natural para vivir bien".

De este modo, la descolonización del pensamiento se vuelve central para los pueblos originarios de ABYA YALA. Como bien señaló Luis Macas, de la Coordinadora de las Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), "nuestra lucha es epistémica y política", donde cumple un papel fundamental el poder de designar lo que es el mundo. Varios intelectuales vinculados a las luchas de los pueblos de ABYA YALA han señalado el carácter etnocéntrico inscrito en las propias instituciones, incluso en el Estado Territorial, cuyo eje estructurante está en la propiedad privada y cuyo fundamento se encuentra en el Derecho Romano. A pesar de su origen regional europeo, los fundamentos del Estado Territorial, incluso la idea de espacios mutuamente excluyentes, como la propiedad privada, han sido impuestos al resto del mundo como si fueran universales, ignorando las diferentes formas de apropiación de los recursos naturales que predominaban en las mayores partes del mundo, casi siempre comunitarias y no mutuamente excluyentes. En América Latina, el fin del colonialismo no significó el fin de la colonialidad, como afirmó el sociólogo peruano Aníbal Quijano, explicitando el carácter colonial de las instituciones que sobrevivieron tras la independencia y que ilumina la declaración de Evo Morales Ayma al asumir la presidencia de la República de Bolivia, en 2006, cuando afirmó que era "preciso descolonizar el Estado". Para que no se piense que se trata de una afirmación abstracta, debe recordarse que los concursos de oposición para funcionarios públicos en ese país eran realizados exclusivamente en lengua española, cuando aproximadamente el 62 por ciento de la población piensa en quechua, aymara y guaraní, las lenguas que hablan predominantemente en su vida cotidiana. En países como Guatemala, Bolivia, Perú, México, Ecuador y Paraguay, así como en ciertas regiones de Chile (en el sur, donde viven aproximadamente un millón de araucanos/mapuches), de Argentina (el Chaco norteño) y de la Amazonia (brasileña, colombiana y venezolana), el carácter colonial del Estado se hace presente con todo su peso. El "colonialismo interno", expresión consagrada por Pablo González Casanova, se muestra actual, en tanto historia de larga duración actualizada. No es raro que esas regiones sean objeto de programas de desarrollo, casi siempre para (des)arrollar, de modernización, casi siempre de colonización (de hecho, esas expresiones casi siempre son sinónimos).

La elección del nombre ABYA YALA por los kuna recupera la lucha por la afirmación de sus territorios, de la que ellos fueron pioneros con su revolución de 1925, consagrada en 1930 en el derecho de autonomía de la Comarca de Kuna Yala, con sus 320.600 hectáreas de tierras, más las aguas vecinas del archipiélago de San Blas. La lucha por el territorio se configura como una de las más relevantes en el nuevo ciclo de luchas del movimiento de los pueblos originarios que se delinea a partir de los años '80 del siglo pasado (Myskitos en Nicaragua) y que logra su mayor expresión en los años '90 y a comienzos del nuevo siglo, revelando cambios profundos tanto del punto de vista epistémico como político.


Abya Yala se posiciona así como un atractor (Prigogine) en torno al que otro sistema puede configurarse. Eso es lo que los pueblos originarios están proponiendo con ese otro léxico político. No olvidemos que dar nombre propio es apropiarse. Es hacer propio un espacio a través de los nombres que se atribuyen a ríos, montañas, bosques, lagos, animales y plantas; por ese medio, un grupo social se constituye como tal, constituyendo sus mundos de vida, sus mundos de significación y convirtiendo un espacio en su espacio: un territorio. El lenguaje territorializa y, de esa manera, se revela una tensión de territorialidades entre América y ABYA YALA.

Fuentes:
Círculo Solar. El blog de Alvaro José Cano Mejía (Colombia).
Carlos Walter Porto- Gonçalves. Blog Otros Bicentenarios.
(Traducción Javier Lorca y Jorge Montenegro).

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