Un espacio destinado a fomentar la investigación, la valoración, el conocimiento y la difusión de la cultura e historia de la milenaria Nación Guaraní y de los Pueblos Originarios.

Nuestras culturas originarias guardan una gran sabiduría. Ellos saben del vivir en armonía con la naturaleza y han aprendido a conocer sus secretos y utilizarlos en beneficio de todos. Algunos los ven como si fueran pasado sin comprender que sin ellos es imposible el futuro.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Andrés Guacurari y sus sueños de justicia y libertad


 “Me quitarán la vida por justiciero y perseguidor de la iniquidad, pero no por traicionero….” – Andrés Artigas.

Existen personajes históricos que rondan lo legendario. Andrés Guacurarí es uno de ellos. Por sus características de austeridad y entrega resulta muy difícil no enamorarse de una figura como la de Andresito, por lo que aún para aquellos que no presumimos de imparcialidad en el análisis histórico, resulta ser un problema.

Para ubicarlo en su tiempo y ambiente es necesario decir que fue un indio de pura sangre guaraní, nacido presumiblemente en San Borja, actualmente Brasil, en lo que fueron las antiguas misiones Jesuíticas. Ese mismo año -1778-, muy cerca de ese lugar pero en la otra banda del río, en Yapeyú, nacía también un niño llamado JOSE FRANCISCO. Este, hijo de un funcionario de la corona Española, con destino de héroe. El otro, uno más de los tantos desarrapados de América, negado, y silenciado siempre por la historiografía oficial.


La jurisdicción originaria de las Misiones Jesuíticas abarcaba un extenso territorio: Corrientes, Misiones y el Alto Uruguay, hoy Río Grande Do Sur, hasta allí llegaron los luso brasileños en su afán expansionista en búsqueda de tierras fértiles y de carne humana para someterla a la esclavitud.

El Gran sueño de Artigas -entre otros- fue recuperar para sus legítimos dueños los siete pueblos de las Misiones orientales. Es así que los guaraníes adhirieron fervientemente a esta causa y nutridos contingentes se unieron a las tropas Artiguistas. Hombres como Andrés Yabacú, Manuel Cahiré, Juan Asencio Abiró, Blas Uré, Ignacio Mbayaé, Manuel Curaeté fueron destacados capitanes indígenas, además de Andrés Guacurarí quien fue adoptado por el Protector, por ello también se lo conocía como Andrés Artigas. Los Potugueses  lo llamaban Artiguinhas.

De acuerdo al “Plan Militar” de Artigas, en 1816 Andresito inicia la marcha desde Santo Tomé con la misión de recuperar los siete pueblos misioneros situados en la banda oriental del río. Así, da a conocer una de sus fantásticas proclamas. Esta dice: “Andrés Guacurarí y Artigas, Capitán de Blandengues y Comandante General de la Provincia de Misioneros por el Supremo Gobierno de la Libertad (….) concurría para liberar los siete pueblos de esa banda que desde hace quince años atrás están en manos del portugués que hizo gemir a los infelices indios en la más dura esclavitud“, y ofrece “derramar hasta la última gota de sangre por su liberación”.

“¡Ea, pues copaisanos míos: levantad el sagrado grito de libertad, destruid la tiranía¡“… Como no sumarse a esta causa?. La causa de los “Pueblos Libres”. Como no prestar la lanza y el corazón? en donde ellos: “los mas infelices”: los negros, los zambos, los indios y criollos pobres “serán los más privilegiados”?. ¿Cómo no adherir a esta genuina revolución americana?.

Pero la potencialidad del proyecto Artiguista fue proporcional a los esfuerzos por derrotarlo. Su ley agraria llegaba al hueso en la cuestión social. Es así que los grandes terratenientes y la burguesía comercial porteña no dudaron en utilizar todos los medios para aplastarlo; desde el soborno y la calumnia a ponerle precio a su cabeza, desde la traición y la mentira a entregar nuestro territorio y sus pueblos al esclavista Imperio Lusitano. Esa fue la forma de acabar con el proyecto alternativo, republicano e igualitario de Artigas.
Andresito encarna estos sueños y sintetiza los intereses genuinos de la América criolla que pujaba por nacer. Pero dejemos que algunos hechos  ilustren sus ansias de justicia y libertad.

Monumento a Andrés Guacurari en Santo Tomé
Los hermanos John y William Parish Robertson, comerciantes y agentes del Imperio Británico fueron  testigos de muchos acontecimientos de aquella época y escribieron un libro titulado “Cartas de Sudamérica”. En este libro, aparte de sus informes, transcriben en forma textual los escritos de su amiga “Mrs. Cartwright, (antes señorita Postlethwaite)” que vivía en Corrientes cuando la invasión de los indios de Artigas, 1818 –1819. No podemos sospechar que esta fina señora simpatizara por los desaliñados guaraníes, no obstante ello nos deja una interesante y a mi entender desinteresada visión de los hechos: Así lo cuenta:
“Como consecuencia que Francisco Bedoya (…) se había declarado a favor de Buenos Aires… el general Andresito (indio, e hijo adoptivo de Artigas) recibió órdenes del Protector para marchar sobre la ciudad y posesionarse de ella (…) La noticia de su proximidad había colocado a los vecinos en gran alarma;(…). Dos hombres murieron de miedo (…) Se decía que los indios, a medida que avanzaban, venían dando muerte a hombres, mujeres y niños. Esto último no tenía nada de verdad; pero lo cierto era que Bedoya había hecho asesinar cruelmente a todos los habitantes de una aldea indígena pocas semanas antes, por que se negaron a incorporársele y a tomar armas contra Artigas. Los Correntinos temían y con razón que los indios tomaran venganza”.

Cuenta más adelante “que cerrando la marcha venían doscientos muchachos indios .Estos indiecitos habían sido apresados antes por los Correntinos y tenidos como esclavos. Andrés los había ido liberando donde los encontraba, apoderándose al mismo tiempo de igual número de hijos de aquellos hombres a cuyo servicio habían estado los indios. Los padres de los niños blancos apresados de esta manera, no sabiendo la suerte que podía esperar a sus hijos, vivían naturalmente en gran angustia y zozobra. Después de mantener prisioneros a estos niños una semana, Andrés hizo comparecer a las madres. Les reprochó duramente la crueldad e injusticia de que se habían hecho culpables ante los pobres indios y apeló al sentimiento de angustia en que se encontraban como la mejor prueba del cargo que les hacía. Pueden llevarse ahora a sus hijos -concluyó- pero recuerden en adelante que las madres indias tienen también corazón”.

Era muy común el robo de niños guaraníes para ser vendidos en Buenos Aires como sirvientes; existe un parte de Andresito destinado a Pedro Campbell -jefe de la marina fluvial Artiguista- ordenando intercepte  un barco que bajaba el Paraná rumbo a esta ciudad puerto cargado de gurises  cautivos, a fin de liberarlos y devolverlos a sus familias.

El relato de la Señorita Postlethwaite también consiga el gusto de Andrés y su gente por la música y el teatro. Es así que el Comandante indígena  organizó una función en la plaza principal. Las obras eran de carácter religioso heredadas de los Jesuitas y los actores hombres de su tropa. En esta oportunidad representaron “La tentación de San Ignacio”. Enorme fue la sorpresa y enorme también la calentura de Andresito, pues la sociedad Correntina les hizo el vacío, no fue nadie. “¿Quién puede darse el trabajo de concurrir a bailes de indios?“, le decían. Esto lo ofendió mucho. Al otro día, los tambores tocaron a las armas para reunir la población. Esa calurosa mañana, el patriciado Correntino acostumbrado a mandar y ser servido carpió de punta a punta la plaza; la cronista aclara que la “ocurrencia del indio inspiraba risa también”. Seguramente las otras funciones de teatro tuvieron un lleno total.

Cuentan los mismos testigos que durante los siete meses que duró su poder en la ciudad de Corrientes, sólo existió el robo de un pañuelo.
Estos episodios -si se quiere risueño- en una época caracterizada por la violencia más brutal, fueron los  argumentos que los historiadores liberales tuvieron para denostar el gobierno de ANDRESITO y caracterizarlo como un bandolero. ¿Cómo no hacerlo? si durante este tiempo la provincia estuvo en poder de los indios, de los  peones y esclavos, además de evidenciar la  existencia de conflictos sociales en la historia argentina.

Este escrito -casi anecdótico- apenas roza la fenomenal importancia histórica de Andresito en su lucha por la emancipación americana. Sirva al menos para rescatarlo parcialmente del olvido junto a su arisco y altivo pueblo guaraní.



Escrito por: Osvaldo Delmonte en Diario El Dia el 26 de Septiembre de 2.010, Sección Cultural.

Bibliografía consultada:
- Parish Robertson, John y William, Cartas de Sudamérica, Buenos Aires, Emecé Editores, 2000.
-Cabral, Salvador ANDRESITO ARTIGAS en la Emancipación Americana, Buenos Aires, Ediciones Castañeda, 1980.
-Sánchez Ratti, Julio César, Andrés Guacurari el Indio Gobernador, Revista Todo es Historia, Nº 22.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Plantas usadas por los Guaraníes de Misiones (Argentina) para la fabricación y el acondicionamiento de instrumentos musicales

Por Héctor A. Keller
Instituto de Botánica del Nordeste, Casilla de Correo 209, 3400 Corrientes, Argentina.- Correo Electrónico: kellerhector@hotmail.com

Resumen
Se presenta un estudio etnobotánico en el cual se toman en consideración los recursos vegetales que utilizan los guaraníes de la Provincia de Misiones, Argentina, para elaborar los instrumentos musicales que utilizan en sus ceremonias religiosas y otros eventos propios de su cultura. Se describen los instrumentos, se detallan las plantas con las que se confeccionan y sus nombres vulgares. Asimismo, se brinda información sobre su obtención y aplicaciones.

Los guaraníes que habitan la Provincia de Misiones pertenecen a las parcialidades Mbya y Ava Chiripá, las cuales se distribuyen también en gran parte de la región oriental del Paraguay y del Sureste de Brasil, concordando con el área de distribución del Bosque Atlántico del Alto Paraná. La Etnografía ha abordado la riqueza de sus expresiones artísticas. Ambrosetti (1895) los calificó como apasionados por la música, dotados de un instinto y un gusto musical muy desarrollados. Los instrumentos musicales que emplean han sido descritos en reportes etnográficos generales (Müller, 1989), y también en artículos específicos sobre etnomusicología guaraní (Ruiz, 1984; Perez Bugallo, 2003). Sin embargo, hasta el presente, no se ha prestado debida atención a las especies vegetales que se utilizan en su confección y acondicionamiento, ya sea por tratarse de aportes de naturaleza etnológica, o porque han sido documentadas por sus nombres vulgares o han recibido un tratamiento taxonómico rudimentario o sin actualizar. En las misiones de la Compañía de Jesús establecidas en la región de la selva Paranaense entre los siglos XVII y XVIII, los guaraníes aglutinados en las reducciones trabajaban en la fabricación de instrumentos musicales, entre otras industrias (Viñuales, 2007). La reincorporación de guaraníes cristianizados al seno de las aldeas selváticas podría ofrecer una explicación acerca de las aptitudes que manifiestan integrantes de las comunidades actuales para la fabricación y ejecución de instrumentos alóctonos tales como guitarras y violines. Estos nuevos instrumentos, sumados a aquellos que pertenecen a su acervo cultural tradicional dependen para su elaboración del aprovechamiento de una variada gama de materias primas de origen vegetal. El objetivo de esta contribución es documentar la identidad botánica de dichos recursos florísticos y brindar detalles concernientes a su obtención y aplicación.

Materiales y métodos
La información que aquí se da a conocer es el resultado de un prolongado período de campañas etnobotánicas llevadas a cabo entre los años 1998-2009 en trece comunidades guaraníes de la Provincia de Misiones, Argentina, situadas en los Departamentos Guaraní, San Pedro, Montecarlo, Eldorado, Libertador Gral. San Martín, Concepción y San Ignacio. Pueden consultarse detalles sobre la relación de estas comunidades con los recursos naturales en varias contribuciones precedentes (Keller, 2000, 2003, 2006, 2007a, 2007b, 2007c, 2008a, 2008b, 2008c, 2008d, 2009a, 2009b; Keller & Prance, 2008).
Durante el trabajo de campo se hicieron entrevistas a cerca de cien personas, de diferente sexo y rango etario. Ello permitió detectar a las personas vinculadas con cada categoría de uso y profundizar en temas específicos para esta investigación. Se aplicó la observación participante durante la elaboración cotidiana de diversos productos de la cultura material de cada comunidad, incluyendo la obtención y aplicación de materiales para la confección y acondicionamiento de instrumentos musicales.
Se coleccionó material de herbario con el fin de identificar las especies empleadas, dicho material se halla depositado en el herbario CTES del Instituto de Botánica del Nordeste, Corrientes, Argentina.

Instrumentos Musicales en la casa de oración. Foto: Indianara Guaraní

Resultados
Contexto general de los eventos musicales

La música tradicional de los guaraníes de Misiones fluye en el contexto de ceremonias reli giosas, reuniones festivas y manifestaciones personales. Las ceremonias religiosas están destina das a obtener auspicios y augurios de los benefactores celestiales. En este caso la música busca generar un efecto hipnotizante, ya que el líder religioso debe entrar en trance para tener comunicación con lo divino. Durante las transiciones relativas al ciclo vital de los integrantes de la comunidad (nacimiento, iniciación, matrimonio y muerte) o en otros acontecimientos especiales de crisis o prosperidad, este tipo de eventos puede durar muchas horas y hasta días enteros, pero en la cotidianeidad, lo más usual es que ocurran al anochecer y no se prolonguen más allá de un par de horas. También se da una marcada influencia del ciclo anual, ya que las ceremonias son más frecuentes en primavera y verano, atenuándose en temporada invernal. Las únicas vocalizaciones que se escuchan en las ceremonias corresponden a cierto sonido lastimero que emiten las mujeres de manera sincronizada.

Otra situación común de expresión musical actual son los coros de música guaraní. En éstos se emplea mayor diversidad de instrumentos que en las ceremonias antes descritas. Las canciones tradicionales guaraníes, que son interpretadas principalmente por niños en coro, suelen desplegarse en reuniones o festividades especiales, muchas veces como una demostración de aptitud musical de una aldea hacia otra. Sus letras hablan de los dioses o se refieren a hazañas de líderes espirituales y tienen mensajes que exhortan a purificar el espíritu y seguir los mandatos de los dioses, los profetas y los chamanes guaraníes. En dichas oportunidades suelen desplegarse todos los instrumentos que poseen en la comunidad, incluyendo, cuando las hay, varas de entre choque, látigos de resonancia, tambores y flautas. En tiempos pretéritos y en raras ocasiones de la actualidad, hombres y mujeres que en su vida personal se encuentran atravesando circunstancias especiales, como la necesidad de conseguir pareja, pueden declarar públicamente su situación ejecutando flautas de bambú, de una sola pieza en el caso de los hombres y de tres o cinco piezas en el caso de las mujeres.

Instrumentos de cuerda (guitarras y violines)

Las guitarras y los violines son de origen alóctono y ambos instrumentos musicales requieren la mayor inversión en tiempo, esmero y variedad de materiales para su confección.
Las guitarras se denominan "mbaraka", nombre antiguo aplicado al sonajero y su uso en las ceremonias se limita a un sonido monótono que marca el compás, similar al de los sonajeros o maracas. Las confeccionan con especies maderables fáciles de trabajar y de buena durabilidad. Al igual que otros instrumentos y artefactos que conocen los guaraníes, los nombres de sus partes corresponden a denominaciones antropomórficas. La caja de resonancia se denomina "tye" (estómago), las clavijas: "nambi" (oreja), el oído u orificio de la caja de resonancia: "ijuru" (boca) y el mástil: "ijyva" (brazo). La tapa de la caja de resonancia se hace generalmente con madera de Cedrela fissilis Vell. (Meliaceae), pues su leño rojizo brillante y veteado es muy atractiva para conformar piezas visibles, ocasionalmente también se utiliza madera parda de Ocotea puberula (Rich.) Nees. (Laurace ae) y Balfourodendron riedelianum (Engl.) Engl. (Rutaceae), que presenta una coloración blanca homogénea. Para el fondo se suele usar la misma madera que para la tapa y más raramente en combinación. Los aros se confeccionan con leños maleables de las especies que suelen emplearse para los aros de las cestas artesanales, la madera más usada para este fin es la de un árbol pequeño: Sorocea bonplandii (Baill.) W.C.Burger, Lanj. & Wess. Boer (Moraceae) y en ocasiones se emplea también de Chrysophyllum gonocarpum (Mart. & Eichler) Engl., de menor calidad pero que ofrece mayores dimensiones para elaborar la pieza con comodidad. Para el mástil y el clavijero se mencio na también el uso de B. riedelianum. Las clavijas suelen hacerse con el leño de S. bonplandii y también de Cordia americana(L.) Gottschling & J. S. Mill. (Boraginaceae). Actualmente las cinco cuerdas que componen sus guitarras se obtienen del mercado o se usan líneas de pescar, algunas veces trenzadas para obtener mayores diámetros. Se menciona para tiempos pretéritos el empleo de fibras de las vainas foliares tiernas de Syagrus romanzoffiana (Cham.) Glassman (Arecaceae), fibras liberianas de Urera baccifera (L.) Gaudich. (Urticaceae) y fibras de las hojas de Bromelia balansae Mez. (Bromeliaceae). También algunos informantes recuerdan el uso de tripas de animales tales como el hurón mayor (Eira barbara). Como amuleto para tocar mejor este instrumento, algunos colocan los crótalos de la serpiente de casca bel (Crotalus terrificus) en el interior de la caja de resonancia, o bien ramitas de Ocimum selloi Benth. (Lamiaceae) llamada "mbói chini ka'a" es decir, la “hierba de la cascabel”.

Para confeccionar los violines (Fig. 1A) se emplean básicamente las mismas especies que para las guitarras. Para mejorar su sonido se aplican a las cuerdas resinas de los tallos volubles de Mikania lindleyana DC. (Asteraceae) y de los troncos de Myrsine balansae (Mez) Otegui y M. coriacea (Sw.) R. Br. (Myrsinaceae). El modo de extracción consiste en calentar estos tallos al fuego, haciendo previamente unas incisiones o cortes por donde fluye la resina (Fig. 1B). Estas especies reciben el nombre de "rave poã", es decir "medicina para violines".

Fig. 1. A, violín. B, extracción de resina de Mikania lindleyana (Asteraceae). C, pseudo bulbos de Catasetum fimbriatum (Orchidaceae). D, instrumentos de percusión, de izquierda a derecha: varas de entre choque, tubos de ritmo, látigo y tambor. E, tubos de ritmo. F, vara insignia blandida por un chamán. G, extremo del látigo enrollado al cuello de un niño.
Para pegar las piezas, tanto de guitarras como de violines, se emplea una cola elaborada con el contenido mucilaginoso de pseudo bulbos de varias orquídeas (Fig. 1C), algunas de ellas reci ben la denominación "mbaraka poã" que se traduce como "remedio para guitarras". Para extraer el fluido en cuestión, se calientan los pseudo bulbos en el fuego. La preparación algunas veces involucra la decocción de los mismos agregando el cuero de mamíferos, tales como la corzuela, Mazama sp. (Cervidae) o el tapir, Tapirus terrestris(Tapiridae). En la actualidad, estas especies se encuentran amenazadas por la destrucción del hábitat, la comercialización de plantas ornamentales y la caza furtiva. Por este motivo, es común el empleo de colas u otros pegamentos en el mercado.
Instrumentos de viento
Las flautas de los guaraníes son llamadas "mimby" cuando constan de una sola pieza y son usadas por los hombres. Las que constan de tres o cinco piezas son denominadas "mimby pu" y son ejecutadas por las mujeres. Ambos tipos se elabo ran con cañas de Merostachys clausseni Munro (Poaceae).

Instrumentos de percusión

Los tambores guaraníes usados por los varones (Fig. 1D) exigen diversos tipos de materiales para su confección, el cilindro se puede hacer de un trozo del estípite de Syagrus romanzoffiana (Arecaeae) o de tronco de Cedrela fissilis (Meliaceae). Las tapas se hacen de cuero de Corzuela, Mazama sp. (Cervidae) o de Agutí, Dasyprocta azarae (Dasyproctidae); prefieren en general animales machos y jóvenes. Algunas veces se colocan cuerdas debajo de las tapas para darles mayor vibración. Las tapas se unen al cilindro mediante sunchos de madera de las mismas especies que se usan para los aros de las guitarras y son sujetadas firmemente con sogas de A. romanzoffianum (Arecaeae) u otro material textil.
Los tubos de ritmo (Fig. 1D-E) son piezas simples de bambú de unos 10 cm de diámetro y unos dos o tres entrenudos de longitud, que las mujeres golpean contra el suelo, emitiendo un sonido grave. Para que suene mejor se eliminan los tabiques constituidos por los nudos, con excepción del basal. Los bambúes más usados para este fin son Guadua chacoensis (Rojas Acosta) Londoño& P.M. Peterson y G. trinii (Nees) Ness ex Rupr.. En ocasiones se emplean bambúes exóticos que obtienen de agricultores vecinos.
Los sonajeros o maracas son de uso masculino, se denominan "mba'e pu miri" o "mbaraka miri", que quiere decir "pequeño sonajero". El cuenco, un fruto de Lagenaria siceraria (Molina) Standl. es rellenado con piedritas o semillas de Maíz o de otras especies que se usan para elaborar cuentas de collar.

En muchas ceremonias o canciones ejecutadas durante la apertura y cierre de diversas reuniones al estilo tradicional de los Mbya, se emplean ciertos elementos que además de producir sonidos que acompañan la música, tienen un efecto intimidante y de demostración de poder. Dentro de este tipo se encuentra la vara insignia ó "popygua"; las varas de entre choque o "yvyra'i" (Fig. 1D) y el látigo de resonancia ó "tukumbo"(Fig. 1D). Los religiosos blanden sus "popygua" (Fig. 1F) expresión que se traduce como "manos del chamán" y que hace referencia a un instrumento constituido por dos piezas cortas y delgadas de madera dura de Holocalyx balansae Micheli (Fabaceae) o de Cordia americana (Boraginaceae). Estas piezas, unidas por un cordel, se entrechocan emitiendo un sonido seco y agudo. Estas especies son utilizadas para confeccionar los "yvyra'i" (palos) que son varas más largas y atemorizantes, no unidas por cordeles, que usan los jóvenes en demostraciones marciales al son de la música, emitiendo sonidos de mayor alcance. El sonido chasqueante del látigo "tukumbo" con mango de madera y extremo de cuero, se deja escuchar a veces durante el inicio de las canciones ceremoniales que entonan los niños de las comunidades en ocasión de recibir a comitivas de otras aldeas o a contingentes de turistas. La madera del mango corresponde a las mismas especies usadas para los palos de entre choque o las varas insignias "popygua". Una vez iniciadas las canciones, el portador del látigo ciñe el extremo de cuero trenzado a su cuello y se suma a los cánticos (Fig. 1G).
Todos los instrumentos que se confeccionan son para el uso propio; sin embargo un informante ha manifestado tener conocimiento necesario para la elaboración de un instrumento destinado a la comercialización. Se trata del "palo de lluvia", consistente en un recipiente de cañas de bambú con semillas de arroz en su interior. En el mismo se incrustan espinas de Acrocomia aculeata (Jacq.) Lodd. ex Mart. (Arecaceae), de tal modo que al poner la caña en posición vertical y luego invertirla, se escucha el suave sonido de las semillas que rebotan en los extremos de las espinas.

Riqueza de los recursos vegetales utilizados

En la Tabla 1 se listan 33 taxones de angiospermas de las cuales los guaraníes obtienen materiales para confeccionar, acondicionar y reparar instrumentos musicales. Un total de 19 taxones (58%) corresponden a monocotiledóneas y 14 (42%) a dicotiledóneas. Las familias que aportan mayor número de taxones son Poaceae (10) y Orchidaceae (5).

Tabla 1 . Lista de especies que usan los guaraníes de Misiones para confeccionar y acondicionar instrumentos musicales; nombres vulgares, usos, parte usada y material de referencia (K, Keller o Keller et al. T, Tressens et al. Departamentos: E, Eldorado; G, Guaraní; I, Iguazú¸ L, Libertador General San Martín; M, Montecarlo; S, San Pedro; SI, San Ignacio. 
Plantas utilizadas para la confección de intrumentos musicales por los Guaraníes de Misiones - Keller, Hector A.
Discusión y conclusiones

En el contexto actual de la sociedad global, las comunidades guaraníes afrontan problemáticas relativas al agotamiento de los recursos naturales y al abandono de las manifestaciones culturales tradicionales. Estos procesos erosivos se encuentran amalgamados entre si, y muchas veces uno es disparador y retroalimenta al otro.
La elaboración de pegamentos para confeccionar o reparar intrumentos musicales constituye un claro ejemplo de este hecho. Por un lado los recursos empleados para este fin son actualmente escasos y por otro, los productos sucedáneos que ofrece el mercado son relativamente accesibles. Un joven guaraní actualmente, antes de procesar los pseudo bulbos de Cyrtopodium palmifrons (Orchidaceae) para elaborar pegamento, opta razonablemente por vender el ejemplar en el mercado de plantas ornamentales, ya que con la renta obtenida puede comprar abundante cola de carpintero y hasta inclusive alguna guitarra usada.

Por último, es fundamental destacar que la música es un elemento central en la vida de los guaraníes y por lo tanto, se manifiesta tanto en el ciclo vital como en el ciclo anual. Al ser uno de los medios usados por los chamanes para obtener la inspiración que les permite entrar en contacto con sus dioses, es parte inseparable de su religiosidad. También está ligada a los protocolos de diversas actividades ocasionales y habituales. Las plantas que ellos emplean para elaborar los instrumentos musicales son recursos valiosos para la conservación de sus manifestaciones culturales.

Agradecimientos

A los integrantes de las comunidades guaraníes visitadas. Al CONICET (Argentina) y a Darwin Initiative (Reino Unido) por financiar el estudio etnobotánico. A la Lic. Sara G. Tressens por la lectura crítica del manuscrito. A Antonio Krapovicas y Pastor Arenas por sus aportes bibliográficos.

Bibliografía
1. Ambrosetti, J. B. 1895. Los indios Cainguá del Alto Paraná. Boletín del Instituto Geográfico 15: 661-744.
2. Keller, H. A. 2000. Lentinus velutinus (Lentinaceae - Poriales) Un indicador de maderas para pipas entre los guaraníes de Misiones. Bonplandia 10: 189-191.  
3. Keller, H. A. 2003. Mythical origin of Chusquea ramosissima Lindm. (Poaceae), the ancient knife of the Guaranis. Economic Botany 57(4):461-471.
4. Keller, H. A. 2006. Plant Resource Diversity in a Mbya Guaraní Community. Yale Forest Forum Series Publication 9(2): 19-21.        
5. Keller, H. A. 2007a. Notas sobre medicina y magia entre los guaraníes de Misiones, Argentina, un enfoque etnobotánico. Suplemento Antropológico de la Universidad Católica de Asunción 42(2): 345-384.        
6. Keller, H. A. 2007b. Origen mítico de la yerba mate, Ilex paraguariensis A.St.-Hil. (Aquifoliaceae), una versión mbya guaraní.Suplemento Antropológico de la Universidad Católica de Asunción 42(2): 335-344.       
7. Keller, H. A. 2007c. Unidades de vegetación y recursos florísticos en una aldea Mbya Guaraní de Misiones. Kurtziana 33: 175-191.         
8. Keller, H. A. 2008a. Importancia, conservación y manejo del agua en comunidades guaraníes de Misiones, Argentina.Suplemento Antropológico, Universidad Católica de Asunción 43(2):87-98.         
9. Keller, H. A. 2008b. Las plantas usadas en la construcción de viviendas y templos guaraníes en Misiones, Argentina. Bonplandia17: 65-81.         
10. Keller, H. A. 2008c. Thinouia mucronata (Sapindaceae), una especie ictiotóxica de los guaraníes de Misiones, Argentina.Bonplandia 17: 47-53.       
11. Keller, H. A. 2008d. Relación entre las dimensiones del cuerpo fructífero y el pseudoesclerocio de Lentinus velutinus(Lentinaceae-Poriales), validación de una hipótesis sugerida por los guaraníes de Misiones, Argentina. Bonplandia 17: 29-34. 12. Keller, H. A. 2009a. Plantas textiles de los guaraníes de Misiones (Argentina). Bonplandia 18: 29-37.       
13. Keller, H. A. 2009b. El "yvyraro", un árbol ictiotóxico de los guaraníes de Misiones, Argentina. Darwiniana 47: 31-34.        
14. Keller, H. A. & G. T. Prance. 2008. Plants associated with fish by Guaraníes of Misiones, Argentina. Ethnobotany 20:1-8.         
15. Müller, F. 1989. Etnografía de los Guaraní del Alto Paraná. Rosario: Editorial Socieatis Verbi Divini.       
16. Perez Bugallo, R. 2003. Las takuaras sagradas de las mujeres mbya. Scripta Ethnologica 25: 57-67.        
17. Ruiz, I. 1984. La ceremonia del Ñemongaraí de los Mbyá de la provincia de Misiones. Temas de Etnomusicología 1: 45-102.         
18. Viñuales, G. M. 2007. Misiones jesuíticas de Guaraníes (Argentina, Paraguay y Brasil). Apuntes 20(1): 108-125.        


Formato Documento Electrónico (ISO)
KELLER, Héctor A. Plantas usadas por los Guaraníes de Misiones (Argentina) para la fabricación y el acondicionamiento de instrumentos musicales. Darwiniana [online]. 2010, vol.48, n.1 [citado  2012-12-23], pp. 7-16 .
 Disponible en: <http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0011-67932010000100001&lng=es&nrm=iso>. ISSN 1850-1702.

lunes, 17 de diciembre de 2012

El valor de la palabra – Pueblo Xururu


Para nosotros indígenas la palabra es de gran valor. Es a través de las historias contadas por los más ancianos que mantenemos viva nuestra identidad y firme la memoria de nuestra historia, el uso y cuidado de Nuestra Tierra Sagrada.

Pero descubrimos en estos 500 años de colonización que para los no indios la palabra no vale nada.

Carta del Ororubá; IV Asamblea General del Pueblo Xukuru de Ororubá.

Fuente: Guardiões De Atinis


Nota: Los Xucurus son un grupo indígena que habita la Sierra del Orurubá en el municipio brasileño de Pesqueira, estado de Pernambuco. Habitan la Tierra Indígena Xukuru y se autodenominan de dicha manera para distinguirse del Pueblo Xucuru-Cariri de Alagoas.   

martes, 11 de diciembre de 2012

Iwoka – Juego sobre la Tierra sin Mal


Tres jóvenes diseñadores apasionados por los juegos de mesa se propusieron crear juntos una innovación lúdica. Desempolvaron del olvido un viejo juego de estrategias que usaban los vikingos para ir a la guerra, desmenuzaron las técnicas y dinámicas de las tácticas empleadas. Y, en base a eso, idearon y diseñaron un nuevo juego de mesa que recrea la lucha en el siglo XV entre un pueblo originario de América Latina contra los conquistadores españoles. El trabajo obtuvo el 2º premio del Concurso Nacional de Diseño CAI Juguete (categoría profesional), pero además logró el cometido planteado desde el principio: que tenga una finalidad educativa y pedagógica.

El juego se llama “Iwoká, la Tierra sin Mal”. Se juega sobre el espacio de un tablero, entre dos jugadores: uno será el pueblo aborigen tupí-guaraní, y el otro el virrey con su ejército. Pero, mientras el juego se juega, los competidores -por las características propias del entretenimiento- estarán invitados a transitar por el camino del conocimiento histórico; podrán conocer las circunstancias de época; los rituales, leyendas y cosmogonías de los aborígenes; podrán adentrarse en la iconografía bélica de la época, las armas y barcos de los conquistadores, sus tácticas de guerra, etc. Y, también, algo de geografía continental.

“Pensado como complemento educativo, este juego de mesa podría ser un disparador para una clase de historia, como un complemento lúdico-pedagógico en un área disciplinar donde muchas veces los chicos se encuentran con complejidades teóricas”, contaron a El Litoral los autores de la iniciativa y profesionales premiados, la DGCV Silvia Torres Luyo (docente de Fadu/UNL, investigadora y ludotecaria), la LDCV Gabriela Davies y el DGCV Ignacio Yunis.

Iwoká, Tierra sin Mal (Foto gentileza de los autores)
Del trabajo

“La palabra Iwoká proviene del guaraní y alude a la cosmogonía de los tupí-guaraníes, al modo en que ellos veían a la construcción del universo. El Iwoká es una suerte de lugar espacial al que ellos querían llegar, es como una utopía. Y el Arete (el centro del tablero) es el lugar sagrado, la tierra prometida”, explicaron. “Participamos del concurso con el rediseño de un antiguo juego vikingo que era usado para pensar estrategias de guerra. Lo que hicimos fue retomar esta reliquia lúdica, reelaborarla y reinventarla dentro de una temática local, que fue el tema de los indígenas”, contaron los profesionales.

Para ello, investigaron exhaustivamente el campo histórico, gráfico y pedagógico. Analizaron las dinámicas y estructura de los modelos de juegos nórdicos antiguos, hicieron una creativa reelaboración y reorientaron el juego hacia la historia de los pueblos originarios de la Argentina y de países limítrofes. Así, se definió que el juego iba a tratar la lucha entre los tupí-guaraníes (que estuvieron en la zona norte del país, Paraguay y Brasil) y sus invasores extranjeros.

“Trabajamos sobre los contextos visuales, las referencias a la iconografía de los pueblos originarios. Sus representaciones de animales, sus tótems, sus máscaras o vasijas. Siempre se trató de ser muy fieles a la iconografía aborigen; de representar correctamente en el tablero la estética de un mapa antiguo, o las formas de los barcos (carracas y carabelas) que son volumétricos y se despliegan con la técnica del pop up”, precisaron Torres Luyo, Davies y Yunis. La introducción de juego (escrita sobre el tablero en tipografía antigua) apela a un relato épico con algo de español antiguo, “que también es un recurso que se está usando mucho para enseñar historia”.

“Nuestra intención es que esto pueda tener cabida en el mercado comercial como juego libre. Pero también sería interesante que se pruebe en las escuelas y espacios de educación no formal, como un complemento a las clases de historia y como un soporte para los docentes”, cerraron.

El diseño del juego recrea la estética de un mapa antiguo, con contextos visuales y referencias a la iconografía del siglo XV.

“Sería interesante que el juego pueda llevarse a las escuelas y espacios de educación no formal, como un complemento para los docentes de las clases de historia”.

¿Cómo se juega al “Iwoká”? Pueden jugar desde los 9 años de edad dos jugadores o equipos (uno será el pueblo tupí-guaraní, y el otro será el virrey y su ejército). Se juega con fichas verdes y marrones, en movimientos circulares. En el tablero el lugar más importante es el centro llamado Arete (la tierra prometida del pueblo aborigen). El virrey está ocupando este lugar sagrado: su objetivo será salir a través de cuatro caminos o puntos de salida, desde el centro hacia afuera del tablero, y huir por barco con las riquezas robadas. En el escape, será protegido por su ejército.

Los tupí-guaraníes, que están alrededor del Arete, tienen la misión de evitar que el virrey y su ejército se escapen con sus riquezas. ¿Cómo evitan la huida de los conquistadores? Encerrándolos con fichas. Al ejército se lo puede ir “comiendo” con las fichas y eliminándolos, pero al virrey se lo debe encerrar con las fichas.
Los invasores ganan si el virrey llega a cualquiera de las cuatro casillas de salida, y huyen con las riquezas. Los nativos ganan si el virrey queda encerrado entre fichas.

Concurso

El juego obtuvo el segundo premio en el Primer Concurso Nacional de Diseño CAI Juguete “Ideando Juguetes”, en la categoría profesional, y en el rubro temático “Juegos de mesa y sociedad”. Formará parte del Festival Internacional de Diseño, a realizarse en breve. El trabajo premiado se enmarcó en un proyecto desarrollado dentro del ámbito de la ludoteca “Lakhu” (donde trabajan los diseñadores, ubicada en una de las galerías de la Peatonal santafesina), que es un espacio para la investigación y el desarrollo de juegos de mesa para adultos.

Fuente: Diario El Litoral (Santa Fe, Argentina) 28.10.2012

Link: http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2012/10/28/educacion/EDUC-01.html

Del blog: Yetem – Un espacio de intercambio sobre el apasionante mundo de los juegos de mesa.

jueves, 6 de diciembre de 2012

El buen vivir guaraní: tekó porã


Escribe: Bartomeu Melià

Más allá de la nostalgia

La relativa fascinación que ejerce en las sociedades modernas la idea del buen vivir ¿no sería un salto en el vacío? Porque se expresa en simples quejas, malestares y descontentos, pero no se asienta en hechos de memoria asumidos conscientemente, ni se proyecta en propuestas concretas. El sentimiento del «mal vivir» en el cual vive la mayoría de la población se presenta como una fatalidad de la que sólo salimos apelando a un buen vivir utópico, sin pie en la realidad de cada día.

No es la solución acudir a formas de vida exóticas, que por su rareza son irrealizables y ahistóricas. Poner a las sociedades indígenas como modelo del buen vivir, ¿no es una ilusión?

Los pasos que nos han conducido al mal vivir, son frecuentemente repasados haciendo una historia regresiva de nuestros errores y desviaciones –guerras, economías de mercado, capitalismo, dictaduras, consumismo, individualismo, empobrecimiento–, pero, ¿somos conscientes de que esos caminos no pueden ser simplemente desandados, borrando las ingratas huellas de nuestros «pecados»? La queja nostálgica no es camino de futuro.


 La filosofía guaraní de buen vivir

¿A dónde acudir, entonces? Pues sí, a las sociedades indígenas de América, pero no como imitación, sino como filosofía y modo de vida. Volver a los indios, como solución no se confunde con aspectos circunstanciales de andar desnudo o pintado, vivir en aldeas redondas, cultivar alimentos naturales o cantar y danzar en las fiestas del maíz. No volvemos a los indios como si estuviéramos de vacaciones, o por un tiempo.

El buen vivir es un modo de vida que los Guaraníes llaman tekó, esto es, «modo de ser y estar, es sistema, es costumbre, hábito», cuyo significado fue dado ya en el primer diccionario, el Tesoro de la lengua guaraní, de 1639, por el jesuita Antonio Ruiz de Montoya; significa incluso lo que llamamos hoy cultura. Y permanece hasta hoy entre todos los guaraníes que conozco.

Este tekó es un concepto que rebasa la particularidad de una lengua y se constituye en referencia filosófica global. Ahora bien, este tekóa su vez recibe varios calificativos y cualidades, siendo tal vez el primero y más importante el tekó porã: el buen modo de ser y vivir. Ese tekó porã, más que una idea o una concepción abstracta, es experiencia sentida que penetra el ser y el estar. Estar en un lugar que no es sólo habitación sino experiencia de vida compartida, es de suma importancia para los guaraníes.

Personalmente nunca hubiera sabido el significado de la expresión tekó porã si no me hubiera sido dada la ocasión de estar en ese modo de ser. ¿Qué hay en él? Hay pobreza de recursos, moderación en el consumo y paz en la convivencia. Esta experiencia de vida va desde el levantarse de la hamaca, tomar el mate junto al fuego, sentir cómo se disipa la niebla de la primera mañana, ir recorriendo el sendero donde se han colocado las trampas o llegar hasta los campos de cultivo, para cuidarlos, limpiarlos y rezar sobre ellos.

Más radical fue el buen vivir que experimenté cuando en los años 70 tuve la oportunidad de vivir por largos períodos entre los Enawené Nawé del río Juruena, en Mato Grosso (Brasil), ésos que llamaría los «benedictinos de la selva», por los largos rituales de canto y danza de 12 a 16 horas por día, en ciclos de uno a dos meses. En esta experiencia acompañaba a Vicente Cañas, asesinado por los latifundistas el 8 de mayo de 1987 (cfr. el martirologio de esta misma Agenda).

Bartomeu Melia en la presentación del Mapa Guaraní Retã en Posadas-Misiones

Reciprocidad de bienes y palabras

Lo más resaltante del buen vivir es la reciprocidad en el intercambio de bienes, que los guaraníes expre-san con la palabra jopói: manos abiertas uno para otro. Pero más importante que esa circulación generalizada de bienes, no regida por deudas que deban ser pagadas a sus tiempos ni en cantidades fijas, sino por el deseo de mostrarse generoso, está la del jopói o reciprocidad de palabras. No puede haber tekó porã donde la palabra no circula con libertad y sin recelo.

Lugar privilegiado de la palabra es el tekó marangatú, el modo de ser santo y religioso, expresado mediante las palabras buenas y verdaderas de los mitos y los relatos ejemplares. Del tekó marangatú es parte esencial también el ritual en su doble dimensión de canto y danza, lenguaje envolvente en el que participa toda la comunidad en espiral ascendente hacia Los de Arriba. En las fiestas rituales no faltan la bebida y los alimentos con los cuales se cierra de manera concreta y tangible la reciprocidad.

El tekó porã cuenta también con otro elemento que lo sustenta y al mismo tiempo muestra su propiedad; es eltekó katú, el modo de ser auténtico y legítimo, norma y ley del buen vivir. Todo ello constituye una verdadera filosofía –y teología- guaraní, formulada sistemáticamente, de la que la mayoría de ellos saben dar razón, no sólo los sabios y chamanes, los ancianos y ancianas, sino incluso niños y adolescentes

Es común que cada uno, a su manera, sea capaz de dar razón de sus propios conocimientos y experiencias. Profetas y poetas en el acto de cantar su inspiración, son también teólogos, que saben explicar el origen de la Palabra y las relaciones de las palabras entre sí. Es ésta una constatación que los etnógrafos registran con admiración.

La teología de la palabra-alma supone la filosofía de la morada terrenal como trasunto imperfecto de una perfección ideal, la fascinación por la tierra nueva y, sobre todo, la preeminencia del amor mutuo, cuyo símbolo es la fiesta ritual con bebida y canto a la manera de un banquete sin fin.

El lugar donde somos lo que somos

En la cosmovisión guaraní, la tierra habitada por los humanos es concebida como tekohá, lugar de vida y convivencia con todos los seres que en ella hay. Ñandé rekohá es el lugar donde somos lo que somos, el lugar de nuestro modo de ser y de nuestra cultura. La palabra tekohácontiene una visión holística, es decir, significa y produce al mismo tiempo relaciones económicas, sociales, políticas, ecológicas y religiosas, de tal manera que «sin tekohá no hay tekó » (sin lugar del ser no hay modo de ser). El guaraní necesita la tierra con toda su vida dentro, para poder vivir su cultura y para ser guaraní.

La vida guaraní está destinada a la interrelación, a la reciprocidad. El mito de los Gemelos destaca la interrelación entre la tierra y la humanidad como primer orden creacional: Ñanderuvusú (Nuestro Padre grande) llevaba el sol en su pecho. Él trajo la cruz originaria (yvyrá joasá), la colocó en dirección al Este, pisó encima y ya comenzó a hacerse la tierra. La cruz queda hasta el día de hoy como soporte de la tierra. En cuanto Él retire el soporte de la tierra, la tierra caerá. (Comienzo del mito de los Gemelos).

Suele atribuirse a los indígenas de América una concepción de la tierra como «madre», seno de fertilidad y pechos de abundancia. Esta imagen no es común ni típica de los guaraníes; la tierra es para ellos, más bien, un cuerpo cubierto de piel y pelos, revestido de adornos. El guaraní tiene de la tierra una percepción visual y plástica, y hasta auditiva. ¡Qué bonito es ver y escuchar la tierra con sus múltiples colores y sus innumerables voces! El monte es alto: ka’á yvaté; es grande: ka’á guasú; es lindo: ka’á porã; es aúreo y perfecto: ka’á ju; es como llama resplandeciente: ka’á rendy; es la cosa brillante. Los ríos son claros: y satí; blancos: y morotí; negros: y hu; bermejos: y pytã; o como una corriente de agua coronada de plumas: paragua’y. El mar es, en fin, el color de todos los colores: pará.



El mal en la tierra

Es cierto que la historia más reciente ha privado a los pueblos guaraníes de sus selvas, ha traído la deforestación a sus montes y el veneno de los agrotóxicos a sus ríos y arroyos; el tekó porã se ha tornado tekó vaí, mal vivir insoportable para el que no hay palabra.

La historia colonial es para el guaraní una progresión de males que parece no tener fin ni límite. El peor de todos los males coloniales será simplemente negarles a los guaraníes la tierra. ¿Ir adónde? Tanto a oriente como a occidente, la misma devastación, el mismo cerco. Aquella tierra que todavía no ha sido traficada ni explotada, que no ha sido violada ni edificada -que era una de las proyecciones ideales de la tierra-sin-mal: yvy marane’y, simplemente no existe ya. Desaparecen las selvas y los montes, todo se vuelve campo y el campo es reclamado por el blanco para sus vacas y para plantar soja. Toda tierra se ha vuelto mal; el mba’é meguã –la cosa mala– lo cubre todo.

Migrante y, por tanto, frecuentemente trans-terrado, el guaraní nunca había sido un des-terrado. Ahora, en busca de la tierra-sin-mal, sólo teme el día en que sólo habrá mal sin tierra; sería el destierro total.

Se ha hablado del pesimismo guaraní, del cual sería prueba la enorme cantidad de suicidios en los últimos años, especialmente entre jóvenes, ellos y ellas. Ahorcados o envenenados, niegan la palabra del buen vivir. Pero la memoria de tekó porã está todavía muy presente y se habla del buen vivir como algo posible que está por volver. Las palabras que refieren ese modo de ser y estar no han perdido fuerza. La búsqueda de la yvy marane’y, de la tierra-sin-mal, alienta el agitar incansable de sus maracas y el retumbar de sus bastones de ritmo en las noches de canto y danza.

Los pueblos de nuestra Abya-Yala están ahí y reclaman con paciencia y con firmeza al mismo tiempo la convivencia de la reciprocidad de bienes y palabras, un sistema justo de intercambio en toda nuestra vida; fue posible y es posible; y lo consideran válido para todos los tiempos. Los pueblos y naciones indígenas de América son memoria de nuestro futuro, y si no existieran, habría que inventarlos. Como todos nosotros, que estamos ya también en la hora de inventarnos de nuevo.